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JUAN PABLO II BEATIFICO AYER A SU ANTECESOR PIO IX
Un antisemita en los altares

Los ex papas Pío IX y Juan XXIII fueron beatificados ayer en el Vaticano. Israel protestó por Pío IX, antisemita reconocido.

Por A.G.B.

t.gif (862 bytes)  En una solemne ceremonia celebrada ante unas 100.000 personas congregadas especialmente en la Plaza vaticana de San Pedro, el papa Juan Pablo II proclamó ayer la beatificación de Pío IX (nono, o noveno) y Juan XXIII, dos de sus predecesores en el trono de la máxima autoridad de la Iglesia. Si el segundo fue el papa que convocó el Concilio Vaticano II y alentó la modernización en el seno de la religión católica, el segundo fue en el siglo XIX el último Papa-Rey de Roma. De familia aristocrática, Pío IX guillotinó a los patriotas que buscaban la unificación de Italia y condenó la democracia como sacrílega. Difundió doctrinas racistas; de acuerdo con ellas, confinó a los judíos en un gueto de Roma. La respuesta israelí había sido anticipada, y no se hizo esperar: ayer mismo las autoridades expresaron oficialmente su más “profunda queja” por la elevación a los altares beatíficos de un antisemita convencido.
Junto a los dos ex pontífices fueron declarados beatos tres religiosos. Pero todas las repercusiones se concentraron en la polémica por el ultraconservador Pío IX. Famoso como cocinero (se le atribuyó el llamado pionono), su pontificado (1846-1878) fue el más largo en la historia de la Iglesia Católica y coincidió con la pérdida del poder temporal de los papas y la cesión de enormes extensiones de tierra de propiedad eclesiástica durante el proceso de la unificación italiana. Pío IX, que condenó férreamente la tolerancia religiosa y definió la Doctrina de la Infalibilidad papal, se refería a los judíos calificándolos de “perros” y aprobó que el niño judío Edgardo Mortara fuera secuestrado de su casa paterna para brindarle una educación adecuadamente cristiana.
Los católicos progresistas, por su parte, también se opusieron a la beatificación, aunque añadieron otros argumentos: Pío IX centralizó el poder de la Iglesia y combatió el modernismo. En su homilía dominical, el Papa se refirió a la polémica sobre Pío IX expresando que la santidad no es inmune a las influencias históricas. “La Santidad vive en la historia y cada santo no está exento de las limitaciones y el condicionamiento personal de nuestra naturaleza humana”, dijo ayer Juan Pablo II, quien parecía cansado. “La Iglesia venera a Pío IX por la gracia divina que brilla en su persona”, resumió. Juan Pablo II no aludió al secuestro de Mortara, y repitió la posición expresada por la Iglesia Católica de que se beatificaba a Pío IX porque se le había acreditado un milagro: la cura de una monja francesa que apenas podía caminar y comenzó a andar sin dificultades después de rezarle al Papa decimonónico.
El ministro israelí encargado de las relaciones con la Diáspora judía, el rabino Michael Melchior, en un comunicado “lamentó profundamente que el Vaticano haya vinculado la beatificación del papa Juan XXIII con la de Pío IX”. “Juan XXIII era un Justo entre los Gentiles (los no-judíos), mientras que la beatificación de Pío IX puede ser interpretada por el mundo judío como la aceptación por parte de la Iglesia Católica Romana de la prolongada práctica de la conversión forzada”, agregó. “No tengo intención de interferir en las decisiones del Vaticano, pero esperaba sensibilidad hacia los creyentes de otras religiones, especialmente viniendo de un papa (Juan Pablo II), al que tuve el honor de acoger en el Muro de los Lamentos”, añadió el ministro. “Para los judíos”, comentaba ayer el Jerusalem Post, “la beatificación (de Pío IX) simplemente no es compatible con las últimas excusas de la Iglesia Católica por el antisemitismo pasado”. Durante su pontificado, los judíos vivieron “como los judíos durante los años ‘30 bajo la dominación nazi”, concluía el comentario.
Con las beatificaciones de ayer, la política religiosa del papa Juan Pablo II quedó nuevamente ratificada. Las beatificaciones elevan a 990 el número de “servidores de Dios” (o beatos, el paso previo a la santificación) proclamados por Juan Pablo II en sus casi 22 años de pontificado. Es decir que un solo papa aportó más de la mitad de los beatos inscriptos (1797) en el calendario universal de la Iglesia Católica. En tiempos amenazados por la secularización y el laicismo, JuanPablo II sigue insistiendo en que el destino de todos los cristianos debe estar en una atención mayor prestada a la eternidad sobrenatural que a la historia con sus urgentes reclamos. Y en esto Pío IX, beatificado ayer, fue sin duda un ejemplo.

 

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