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Chile y las dos caras de un golpe

Ayer se reiteraron los actos de homenaje a Salvador Allende a 27 años de su derrocamiento. El ejército también hizo su acto por los caídos en el golpe. También se repitieron las actitudes: los militares rechazan pedir perdón.


t.gif (862 bytes) ”Esta es una de las pocas veces que hemos podido mirar el 11 de setiembre con tranquilidad”, dijo ayer la diputada socialista Isabel Allende, hija de Salvador. Pero “la herida sigue abierta”, advirtió después su madre, Hortensia Bussi. Ayer continuaron las manifestaciones de anteayer para conmemorar el 27º aniversario del golpe que derrocó a Allende y que instaló los 17 años de la dictadura de Augusto Pinochet. Cientos de manifestantes, entre ellos integrantes del Grupo de Amigos Personales (GAP, ex custodia de Allende), dejaron una ofrenda floral en el monumento a Allende, al lado del Palacio de la Moneda. Por su parte, el ejército homenajeó a los soldados que murieron en el golpe. Pinochet, cuya presencia allí era probable, no fue por un dolor en un pie y estuvo representado por su esposa, Lucía Hiriart. También estuvo el jefe del Ejército, general Ricardo Izurieta. En Cuba fue inaugurada una estatua del ex presidente chileno.
De todos modos, la tranquilidad de “el 11” nunca es total: en la madrugada de ayer hubo incidentes en las “poblaciones” (como se conoce en Chile a las barriadas populares) de La Florida y Macul, algo habitual en la víspera y en la noche del aniversario del golpe militar de 1973. Pero estos incidentes son menores si se comparan con la jornada violenta en que se transforma, año a año, cada 11 de septiembre. El primer “11” “pacífico” coincide con un Pinochet desaforado y a punto de ser juzgado por los crímenes de la “Caravana de la Muerte”, una de las primeras acciones represivas a gran escala de la dictadura, dos meses después del golpe. Anteayer, el ministro del Interior, José Miguel Insulza, había expresado su deseo de que, como gesto de reconciliación, Pinochet “derramara una lágrima por todos mis hermanos muertos”. El general (R) Luis Cortés Villa, presidente de la Fundación Pinochet, respondió que “pedir perdón no tiene sentido”.
Ayer se repitió esta escena. Hortensia Bussi, la viuda de Allende, retomó las palabras de Insulza y dijo que “hace mucho tiempo que los chilenos queremos oír por una vez que Pinochet diga ‘perdón’, y ojalá derramara una lágrima”. A pesar del silencio que los militares quisieron imponer en sus declaraciones a la prensa, el ex vicecomandante en jefe del Ejército y vocero del desaforado senador Pinochet, Guillermo Garín, no pudo con su genio y declaró que “no hay que pedir perdón”. Los generales retirados, ex funcionarios de la dictadura, Ramón Vega, Rodolfo Stange y Fernando Torres Silva coincidieron. En la homilía en homenaje a los uniformados caídos el día del golpe, el obispo castrense Pablo Lizama hizo numerosas alusiones indirectas al escenario judicial que enfrenta Pinochet. Afuera de la Escuela Militar se habían concentrado apenas unos treinta pinochetistas.
El presidente Ricardo Lagos también repitió su postura de anteayer: ponerse por encima de la discordia. “Para mí éste es un día de trabajo. He estado trabajando todo el día. Espero que para el país sea un momento de mirar al futuro. Todo los demás es secundario.” Hasta 1998, el 11 de setiembre era feriado nacional. Luego, el feriado fue cambiado para el 4 de setiembre, que pasó a llamarse Día de la Unidad Nacional.
En La Habana, en la avenida de los Presidentes –en el barrio de El Vedado– fue inaugurado un monumento en bronce de Salvador Allende. Fue donado por chilenos radicados en España y es obra de la escultora chilena Mónica Bunster. En el acto estuvieron presentes el historiador cubano Eusebio Leal y el embajador chileno en Cuba, Germán Guerrero.

 

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