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EL NUEVO MINISTRO DE EDUCACION ES EL MEDICO CORBODES HUGO JURI
Llach se fue después de varios amagues

El Presidente le aceptó la renuncia a Juan Llach. El fracaso de su proyecto de Pacto Federal sumado al conflicto con las universidades y a las diferencias internas con su gabinete definieron el adiós. El lunes asume el rector de la Universidad Nacional de Córdoba.

En conferencia de prensa en la Casa Rosada, Llach felicitó a su sucesor, Hugo Juri.


Por Nora Veiras

t.gif (862 bytes) Fue el final anunciado. Después de amagar con la renuncia por lo menos dos veces en el último mes y medio, el ministro de Educación, Juan Llach, finalmente se alejó ayer del cargo. “Ha cumplido una tarea descollante, pero lamentablemente me ha informado su deseo de alejarse de las funciones”, lo despidió el presidente Fernando de la Rúa en lo que muchos interpretan como la primera ficha que cae del gabinete nacional. “He hecho todo lo que estuvo a mi alcance y como es público y notorio, hubo algunas dificultades”, repitió Llach. De inmediato, De la Rúa clausuró las especulaciones y anunció que el rector de la Universidad Nacional de Córdoba, el radical Hugo Juri, reemplazará a Llach. El médico cordobés entró entonces en escena. “Lo que no se puede hacer con dinero en Educación se hace con consenso”, declaró Juri al Canal 10 de su universidad y subrayó, de hecho, uno de los motivos del fracaso de Llach: la imposibilidad de armonizar diferencias. 
La debilidad del ministro se había acentuado desde que el primer día de setiembre trascendió su renuncia. De la Rúa confesó ayer que le pidió que se quedara hasta que él regresara de su gira por Estados Unidos y China y pudieran lanzar juntos el portal educ.ar. En ese lapso Llach no sólo no logró que relevaran al viceministro Andrés Delich, con quien no ocultaba sus diferencias, sino que tuvo que resignar su propuesta de Pacto Federal II ante la resistencia de los propios ministros de Educación de la Alianza. A la continuidad de los “problemas” que arrastraba se sumó en la última semana el conflicto con los 37 rectores universitarios. Sin distinción entre radicales y peronistas, el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) le envió una carta al Presidente alertando sobre posibles recortes en el presupuesto y los ministros radicales se reunieron con el presidente del partido, Raúl Alfonsín, para reclamar apoyo. Su otro viceministro radical, Juan Carlos Gottifredi, salió entonces a cuestionar en público la intención de que la cartera educativa retuviera 300 de los 1800 millones del presupuesto universitario. (ver aparte).
“A nadar como a hacer política no se aprende de grande”, ironizó uno del inquilinos del Palacio Sarmiento en alusión a la evidente torpeza que le impidió a Llach conseguir algún apoyo entre oficialistas y opositores. El ex viceministro de Domingo Cavallo cometió el primer error de su gestión al resignar la designación de sus viceministros. “No pude lograr un equipo homogéneo”, aceptó anoche ya como ex ministro.
–¿Renunció por factores externos o internos? –le preguntó Nelson Castro en su programa “Puntos de Vista”. 
–Externos.
–¿Por ejemplo?
–Algunos dirigentes de la educación aferrados a no cambiar nada.
–¿Marta Maffei?
–No quiero hacer nombres, pero la educación es aire fresco continuo.
–¿Puede hacer gestión un ministro hoy?
–En la medida que tenga muñeca y respaldo político, sí.
–¿Eso le faltó a usted?
–Sinceramente, sí. 
La incongruencia entre las ideas de Llach y la plataforma aliancista era insalvable. Durante los primeros meses de gestión se mantuvieron aplacadas pero apenas descolló el proyecto de Pacto Federal Educativo con su impronta la grieta comenzó a abrirse. 
Llach apuntó sus críticas hacia el gremialismo que “se resiste al cambio” como uno de los escollos de su paso por Educación. A pesar de la resistencia inicial a su designación tuvo a favor el Fondo de Incentivo Docente que posibilitó el levantamiento de la Carpa Blanca. Sin embargo, el diálogo se cortó más rápido de lo esperado. Sin atribuciones para incidir directamente sobre el manejo del sistema educativo, el ministro propuso en el Pacto Federal la reformulación de la carrera docenteincorporando el presentismo, la capacitación y la evaluación como variables de incidencia salarial. Los gremios, curtidos por el avance de las políticas flexibilizadoras prendieron el alerta. Los ministros de Educación provinciales sintieron tocada su autonomía en un sistema absolutamente descentralizado y vislumbraron más conflictos ante una promesa de recursos insuficientes.
En la intención de repartir el presupuesto por escuela, muchos entrevieron el avance de las escuelas charter. Era evidente que las ideas del ministro no cuajaban en la realidad político social. Se avino a modificar el borrador que a principios de junio provocó el desconcierto primero y el rechazo después de sus pares provinciales en el Consejo Federal, pero ya era tarde. El desgaste no tenía retorno.
Al mando de un ministerio sin escuelas y con un sistema universitario con autonomía garantizada por tradición y por ley, las posibilidades de maniobrar sin una sólida trama de acuerdos son nulas. En nueve meses quedó en evidencia que no había podido pelear el gabinete que deseaba y había fracasado en los proyectos propios: primero el Instituto de Financiamiento Educativo (IFE) que no consiguió seducir a los empresarios para que aporten sumas relevantes para desarrollar proyectos educativos y, por último, el vapuleado Pacto Federal II. Hace tiempo que quería irse pero tampoco estaba dispuesto a caer en un recambio signado por las sospechas de pagos de sobornos al Senado. Consiguió alejarse primero y De la Rúa prometió que “por su capacidad y talento al servicio del país, espero contar con él en alguna otra tarea en los diversos campos de sus especialidades”. 
“Juri es una gran persona, pero además es un hombre de la Alianza, así que las cosas serán más fáciles para él”, pronosticó anoche al referirse a su sucesor. El médico cirujano que fue decano de Medicina, secretario de Salud de la capital cordobesa y actual rector de la UNC llegó a la Casa Rosada de la mano de Jorge de la Rúa, el hermano del Presidente. En su currículum se destacan los pergaminos académicos y las buenas relaciones con la Iglesia y el empresariado de su provincia. “De momento”–dijo– continuará con el gabinete radical de su antecesor: Delich y Gottifredi. 
De esta forma, la conducción del Palacio Sarmiento será sin fisuras radical. Evidentemente, la fórmula combinada con un cavallista a la cabeza no funcionó. Fueron nueve meses en los que las discrepancias se reflejaron en parálisis. El riesgo ahora es que reine la armonía en un escenario donde, en definitiva, nada cambie. Por lo menos habrá un rediseño: en los pasillos del Ministerio aseguran que la secretaría de Ciencia e Innovación Tecnológica volverá al ámbito de Educación. 

 


 

ALIANCISTAS Y PERONISTAS APOYARON A JURI
Los universitarios festejan

Por Cecilia Sosa

Sin distinciones políticas, la renuncia de Juan Llach fue recibida con algarabía por la comunidad universitaria. La elección de Hugo Juri, rector de la Universidad de Córdoba, como sucesor acentuó aún más el festejo. “Con Juri, la relación es excelente. Es una persona históricamente ligada a la universidad pública y muy propicio al consenso. El recambio abre grandes expectativas”, sintetizó Manuel Terrádez, presidente de la FUA. Llach se ganó el repudio unánime de los universitarios cuando envió al Congreso un proyecto presupuestario que proponía reasignar 311 de los 1800 millones destinados a las universidades en base a “criterios objetivos”. Criterios, que para muchas universidades, significaban un golpe de gracia a sus magros recursos. Ahora nadie duda de que habrá marcha atrás.
“Un economista no tenía buen destino a la cabeza de la cartera de Educación. Llach nunca demostró vocación de construcción de políticas progresistas en el ámbito de la Educación. Mostró un profundo desprecio por todos los actores de la comunidad universitaria”, reprochó Guillermo de Maya, titular de la FUBA.
La intención de retener el 20 por ciento del presupuesto provocó la ruptura del Llach con su propio secretario de Educación Superior, Juan Carlos Gottifredi. “Me enteré 48 horas antes. Si se pensaba abarcar una parte tan importante de los fondos, yo debería haberlo sabido y consensuado con los rectores”, confesó Gottifredi a este diario.
Ahora, con la elección de Juri, las cartas se repartirán de nuevo. El rector de Córdoba, además de formar parte de la comitiva que se enfrentó al ex ministro, es recordado como uno de los conductores de las protestas contra el recorte impulsado por el gobierno de Menem. “Juri siempre estuvo de nuestro lado”, dicen los universitarios. “Al fin alguien del palo en el ministerio”, siguen. “Con Juri tenemos una amplia coincidencia. Estoy convencido de que habrá marcha atrás. El fue uno de los que planteó la irracionalidad de la propuesta”, dijo un contento Oscar Shuberoff, rector de la UBA. 
También el bloque de rectores del PJ celebró la doble noticia. “Llach tenía todas las condiciones para hacer una gran labor. Pero se llegó a una situación de inoperancia. El reemplazo es positivo. Juri conoce muy bien la problemática universitaria”, afirmó Aníbal Jozami, rector de la Universidad de Tres de Febrero. “A Llach le faltó diálogo ágil con los distintos sectores. Y Juri tiene las condiciones para mejorarlo”, coincidió Daniel Malcolm, rector de la Universidad General San Martín.
Para la Alianza estudiantil, el recambio anuncia un retorno a su plataforma electoral. “Más educación y mejor calidad. Es una noticia excelente. Abre expectativas muy grandes”, festejó Terrádez. “Ahora se puede empezar a hablar en serio”, festejó Raúl Sánchez, del MNR (Frepaso). “La política de Llach fue muy agresiva hacia las universidades y los trabajadores docentes. Esperamos que traiga un aumento del presupuesto de 2001”, siguió Daniel Ricci, secretario general de Aduba. Ahora, la Alianza no dudará en insistir con su propuesta. “Queremos que el ministerio desista de los juicios que llevan adelante las universidades por la adecuación a la Ley de Educación Superior”, dijo de Maya. “Córdoba es una de las universidades que tiene ese problema. Es una garantía de que el tema va a ser resuelto”, confió Shuberoff.

 

 

Cuando una mano no borra lo que hizo la otra

Por M.W. 
Días antes de aceptar ser ministro de Educación de la Alianza, Juan José Llach seguía repitiendo que jamás volvería a la gestión pública. Valoraba positivamente lo que –a su ver– había sido la transformación producida por Domingo Cavallo, de quien fuera número dos en Economía y seguía (sigue siendo) admirador. Pero también reconocía la existencia de crueles herencias: desocupación, desigualdades flagrantes. Explicaba a sus amigos que había tenido un cincuenta por ciento de acuerdos y otro tanto de desacuerdos con el gobierno de Carlos Menem y que estaba conforme de lo hecho, pero que no iría a otro gobierno en iguales circunstancias.
Sin embargo, se tentó con la oferta de ser ministro de la Alianza. En parte porque le fue presentada en tono por demás halagüeño por Carlos “Chacho” Alvarez y Fernando de la Rúa. En parte, porque pensaba que tendría la oportunidad de paliar algunas de las zonas erróneas de su anterior gestión. No lo logró. No pudo capitalizar el envión inicial que le dieron los 600 millones de pesos para el Fondo de Incentivo Docente. Sucumbió a la interna de su propio ministerio, jamás pudo articular con los sindicatos docentes ni con los ministros de Educación provinciales, ni siquiera con su amigo José Octavio Bordón. Su buena voluntad sistémica con el ministro de Economía, José Luis Machinea, derivó en recortes a su cartera. Lo cierto es que le faltó política, inventiva y potencia a su gestión. 
Llach es un hombre honesto, austero y hasta ascético que no se enriqueció durante la gestión menemista. Es también un profesional riguroso que añade a sus dos títulos universitarios el permanente estudio y la búsqueda de información. No son estas virtudes usuales en la clase dirigente nativa.
Es también un liberal en lo económico que predica valores sociales cristianos, animado por una voluntad de reparar algunos de los desquicios que dejó el modelo. No es ése el bagaje habitual de los fundamentalistas liberales locales. Todas esas cualidades, que lo ponen en un rango cualitativo diferente a muchos de sus pares, no le bastaron para rectificar dichosamente desde la mano izquierda del Estado lo que había ayudado a construir con su mano derecha. Toda una metáfora acerca de lo complejo que es hacer política en la Argentina, aun para cuadros capaces y no corruptos, cuando hay que lograr algo más que equilibrios macroeconómicos. 

 

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