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Por Eduardo Aliverti

Artificios


Tres episodios de la obra Escándalos se precipitaron en los últimos días como para inferir, si no asegurar, que el final de la pieza es el más previsible de todos.
En primer lugar, la situación de Cantarero. Tras deshojarse la margarita respecto de si separación o licencia, no sólo se optó por esto último sino que además el peronismo amenazó con �Menem Presidente� (el Hermano Eduardo al frente del Senado como alternativa) en caso de un forzado paso al costado de José Genoud. Una movida que, según todos los indicios, contó con el secreto beneplácito de la bancada radical, en dirección a la batalla contra el vicepresidente Alvarez.
Casi simultáneamente, un tramo de grotesco: De Santibañes le pide a De la Rúa que lo habilite a abrir las cuentas de la SIDE. Podría uno imaginarse el diálogo de esos compañeros de country, acerca de cómo encarar el protocolo informativo. ¿A quién se le puede ocurrir que el íntimo amigo presidencial, o el propio jefe de Estado, podrían encarar esa medida si no estuvieran seguros de que los fondos de los servicios son �intachables� en este caso? Más tiempo perdido.
Y la reunión del Presidente con Menem, claro. Porque se pueden tejer innumerables hipótesis sobre el verdadero motivo de ese encuentro, y sobre sus ganadores y perdedores. Pero hay un dato que no se presta a la subjetividad: el gesto ratificó que De la Rúa apuesta a licuar el escándalo del Senado desde la lógica de la corporación partidocrática. Los tiempos muertos de la Justicia, a la cabeza.
Así, todo sugiere que el actor interpretado por Alvarez se encontrará al cierre con que el resto de los protagonistas grita a coro que �aquí no ha pasado nada�. ¿Y entonces vendrá el portazo de despedida?
Es difícil imaginar que así sea por el corto tiempo que lleva la gestión aliancista, pero es aún más complicado pensar que Alvarez tenga retorno, después de su ofensiva, si se queda como si tal cosa en un gobierno del que pasaría a ser antes cómplice que partícipe. De allí nacen las calientes versiones de estas horas, que llegan al extremo de dibujar un reposicionamiento político donde el vice se va con la música a otra parte �una suerte de remake del Grupo de los 8� y la Nueva Alianza queda conformada por el radicalismo orgánico, sectores del peronismo y hasta cavallistas.
Ahora bien: ¿Suena todo esto a algo que no sea una gigantesca intriga de palacio? ¿Alguno de los escenarios posibles significa discusión y conflicto de fondo sobre la arrasadora crisis económica, el futuro de país, soluciones estructurales?
No. Apenas se trata de ataques y defensas personales en las que algunos, en el mejor de los casos, se acordaron de la moral personal. Si es que de ésta queda algo cuando se participa de un modelo de exclusión.


 

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