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“Las críticas que llegó a hacer
Chacho están complicando todo”

Ramiro Agulla, tras participar en la campaña presidencial y en la publicidad del gobierno, dejó de integrar los equipos de comunicación del oficialismo. Se lo comunicó ayer a De la Rúa. Responsabiliza a la prensa y a “operaciones” por su alejamiento.
Ramiro Agulla, junto a su amigo y cointegrante del Grupo Sushi, el hijo del presidente, Antonio.
“Si uno mira como está el Gobierno, desde adentro son muy pocos los que lo pueden ayudar”.
Por Fernando Cibeira

t.gif (862 bytes) El publicista Ramiro Agulla le anunció ayer al presidente Fernando de la Rúa que no trabajará más en el equipo de comunicación del Gobierno. Según explicó, Agulla está cansado de sentirse blanco, tanto de la prensa como de lo que genéricamente llama “operaciones”. Un paso al costado que le viene recomendando hacer a su amigo, Antonio de la Rúa, así puede vivir con comodidad su romance internacional con Shakira.
Igual, la intención de Agulla es mantenerse cerca del Presidente como hombre de consulta y confiesa que desde hace meses viene buscando su reemplazante. Es más: en el equipo de comunicación de Presidencia aseguran que desde principios de agosto que el publicista se desentendió del rumbo del gobierno que –en apariencia– le traía más problemas que beneficios. En diálogo con Página/12, el creador de “La llama que llama” evaluó que la prensa lo había frivolizado porque no habla de política en público. 
–El personaje que soy estaba bien para un tipo de periodismo, de economía, de negocios o de cultura. Pero al periodismo político lo desorienta un poco. 
–¿Siente que lo criticaron mucho?
–No me criticaron, era como el niño raro, el nuevo elemento. Tenía como demasiada exposición. Se analizaba si se hacía lo que yo decía o si no, si era todo marketing, si era todo operación. Se cargaba mucho las tintas.
–¿Lo complicó profesionalmnte?
–Pasar de ser lo que soy, a formar parte de un sistema o de tener la camiseta oficial, eso sí me complicó. Lo que quiero es irme del sistema, eso me va a permitir estar más cerca de De la Rúa. Tenés que hablar con personas, tenés que estar dispuesto a las críticas, a conspiraciones. Salgo de esto y dejo de ser blanco. 
–¿Hoy con el Presidente hablaron de esto?
–Sí, y de otras cosas también. Mañana voy a almorzar con él. El Presidente me pidió que no me aleje. Creo que entendió que así vamos a estar más cerca. Ahora voy a poder hablar mucho más con De la Rúa sin dar tantas explicaciones a todo el sistema.
–¿Hubo algo que lo molestó en estos últimos días?
–Me cansó. Yo no quiero hacerle daño al gobierno y creo que desde afuera lo voy a ayudar más que desde adentro. Si uno mira como está el Gobierno, desde adentro son muy pocos los que lo pueden ayudar.
–¿Le molestó que gente del Gobierno como el vicepresidente Alvarez criticaran la comunicación?
–Cuando ellos criticaron ya no estábamos haciendo comunicación. La comunicación del Gobierno fue siempre exitosa y por eso siempre tuvo tan alto perfil. Cuando trabajamos fue una gran explosión: todo es imagen, todo es marketing. Y cuando no trabajé más, decían que el Gobierno comunicaba mal. En realidad, las críticas vinieron cuando el Gobierno ya no comunicaba. Cuando trabajo se nota. Las críticas de Chacho no eran para la comunicación. Empezaron siendo la comunicación porque lo que estaba en el tapete era eso, pero adonde quería llegar Chacho era adonde llegó.
–¿A dónde llegó?
–Y, a una crítica que está complicando todo. 
–¿Cuál era exactamente su función?
–Era asesor ad honórem. Y tuve que salir a hacer esto para decir “Bueno, muchachos, usen de blanco a otros para agarrársela con la comunicación porque no soy más el responsable directo”. Igual, como me dijo el Presidente –porque le dije que me preguntarían qué opinaba él–, “Deciles que cuando necesite un buen consejo te lo voy a pedir a vos”. 
–¿Lo contrataban cada vez que había que hacer una campaña?
–A mí no me contrataban nada. Perdía guita y mucho tiempo con esto. Yo cobraba en las campañas para elecciones, del Gobierno no cobro un mango. 
–¿Y escribía discursos? 
–Sí, he escrito discursos. Pero De la Rúa sabe muy bien qué quiere decir. Yo sé muy bien cómo lo tiene que decir. Pero que no parezca que yo pongo palabras en boca del Presidente. Yo hago el delivery.
–¿Con Antonio de la Rúa también habló?
–Voy a comer con él esta noche. Antonio también tiene que salir de esto. Dejar de ser un blanco y va a poder estar mucho más cerca de su padre. Y no aparecer con un título de responsabilidad sobre la comunicación. Tiene que dejar toda actividad que parezca oficial y dedicarse si quiere a su amor con Shakira y hablar con su padre cuando le dé la gana. De hecho ya lo está haciendo. Nos tenemos que sacar el blanco que tenemos pintado en el medio del pecho. Todos los que queremos estar más cerca de De la Rúa queremos estar más lejos del sistema. 

 

UN NUEVO DATO DEL DEBILITAMIENTO DEL GRUPO
El sushi está cada vez más crudo

Por F.C.
La renuncia del publicista Ramiro Agulla marca un contratiempo más para el grupo Sushi –los jóvenes dirigentes nucleados en torno a Antonio de la Rúa– que desde hace tiempo viene en caída libre, impotente cuando se trata de sumar casilleros en el esquema de poder. La última apuesta de los sushis es un audaz –y para algunos funcionarios como el ministro Nicolás Gallo, “descabellado”– proyecto de Ley de Ministerios, al que el presidente Fernando de la Rúa le negó entidad oficial. Si la iniciativa naufraga, se convertirá en un traspié más de la agrupación inorgánica, que en diez meses pasó de ser considerado el núcleo selecto de poder a una deshilachada formación de jóvenes con alguna influencia. 
Por diversos medios, el grupo había anticipado con bombos y platillos su lanzamiento como corriente interna de la UCR en un acto que se haría el 15 de septiembre en la Federación de Box. La fecha coincidió con uno de los clímax por la crisis de sobornos en el Senado por lo que, en el mayor sigilo, el acto se levantó por orden del Presidente. Ahora parece difícil que el grupo haga otro intento por elevar el perfil. Máximo si se tiene en cuenta las diferentes realidades que vive cada uno referente sushi: 
Su jefe, Antonio de la Rúa, siempre admitió estar más interesado en las campañas que en la política en sí, prueba de ello es que cada vez pasa menos tiempo en los pasillos de la Rosada. El hijo del Presidente le tomó el gusto a los viajes y la vida a gran nivel de la mano de su novia Shakira. Igual, su padre le sigue encomendando algunas negociaciones delicadas. En el reportaje a Agulla que se publica en esta página, el publicista revela que le aconsejó a Antonio abrirse de toda actividad que parezca oficial para poder vivir con mayor tranquilidad. 
Su líder “espiritual”, el jefe de la SIDE, Fernando de Santibañes, tiene fecha fijada de salida del Gobierno, como consecuencia del escándalo de sobornos en el Senado. Luego que le pidió al Presidente quedarse hasta aclarar los manejos de fondos que hizo en la secretaría, De Santibañes volvería al llano hacia fin de año.
El secretario de Cultura y Comunicación, Darío Lopérfido, debe afrontar a diario que se publiquen listas sobre sus posibles reemplazantes, a tono con las críticas comunicacionales que se le hacen al Gobierno. Lopérfido echó a dos funcionarios del área acusándolos de operaciones en su contra.
El viceministro de Educación, Andrés Delich, ganó la pulseada que venía manteniendo con su ex jefe, Juan Llach. Pero De la Rúa no lo premió con un ascenso, sino que sacó de la manga al cordobés Hugo Juri.
Lo mismo sucede con el dos de la SIDE, Darío Richarte, a quien nadie da como candidato a ocupar el cargo que dejará vacante De Santibañes. 
Al subsecretario de Asuntos Institucionales, Lautaro García Batallán, se le frustró su intento de ocupar el viceministerio de Desarrollo Social que dejó libre Cecilia Felgueras. La vicejefa de Gobierno fue una de las que primero se alejó del grupo, aprovechando la llegada directa que mantiene con el Presidente.

 

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