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HISTORIA, HOMENAJE, TEORIA DE LA MEMORIA
El libro de las Abuelas

Rita Arditti es bióloga, docente y militante por los derechos humanos. Su interés por las Abuelas la llevó a investigar su historia durante casi siete años. En 1999 publicó su libro en inglés para poder explicar lo increíble en Estados Unidos, país donde vive desde 1965. Esta exploración del coraje de las mujeres se edita este mes en Argentina.

Tarea: “Es necesario que la sociedad reconozca que hay un vacío que es de toda esa sociedad y que mediante la concientización se intenta llenar”.


Por Andrew Graham-Yooll
Desde Boston

t.gif (862 bytes) Recuperar la memoria de los desaparecidos es igual que el esfuerzo por no perder conciencia del Holocausto. Hay cierto peligro de que la “memoria” se convierta en una industria, pero es mejor arriesgar eso que caer en el olvido. Con esta idea y un enorme afecto personal, Rita Arditti, judía, argentina nacida en 1934, emigrada a Italia en 1955 y reemigrada a Cambridge, Massachusets, en 1965, escribió y publicó el libro De por vida: las Abuelas de Plaza de Mayo y los niños desaparecidos. Doctora en ciencias biológicas, profesora de estudios graduados en el Union Institute de Boston, publicó su libro el año pasado con el sello de la Universidad de California. En este mes lo edita en Buenos Aires Grijalbo/Mondadori. Entrevistada en Estados Unidos, la autora habló de la investigación que insumió el libro. La edición argentina incluye un capítulo de actualización.
–Cuando se hizo la edición inglesa no hubo mucho interés en la Argentina.
–El libro lo escribí en inglés. Cuando lo preparaba, visité algunas editoriales en Buenos Aires y no mostraron mucho interés. Una me dijo que si me lo publicaban en el extranjero podía haber más interés. Yo lo escribí igual, me lo publicaran o no. Aquí en EE.UU. tres editores mostraron interés, pero dejé de intentar en la Argentina, ya que hasta pedir una cita para hablar era un via crucis. No me atendían, me hacían esperar. Bueno, en octubre se presenta en Buenos Aires.
–La idea de hacer un libro sobre las Abuelas de Plaza de Mayo parte de tu rol accidental como anfitriona cuando visitaron Boston.
–Y también a partir de mi trabajo sobre mujeres. Hace veinte años que trabajo en el campo de las mujeres en la salud, en la política, como parte de mi trabajo en una universidad donde doy cursos y seminarios sobre el rol de la mujer. Con las Abuelas lo que sucedió es que las conocí aquí cuando llegaron como caídas del cielo. Empecé a escuchar sus historias. Después cada vez que viajaba a Buenos Aires iba a su oficina a verlas. De ahí salió la idea de hacer un libro sobre su lucha.
–¿Cuál es tu impresión de esta búsqueda de dos generaciones de argentinas, cómo es tu percepción de estas mujeres?
–Varias tienen otros nietos, pero aunque tengan diez, si les falta uno hay casi un vacío en ese estado de abuela. Estela Carlotto tiene varios nietos, pero piensa en el vacío que deja la ausencia del que falta. Lo que pasa, creo, con Berta Shubaroff, Amelia Herrera de Miranda, Otilia Algañaraz, con todas las Abuelas es que no se puede separar la desaparición de los hijos de la de los nietos. Por lo tanto ellas están buscando a esos nietos para continuar la línea y la labor de sus hijas o nueras. Hay un trabajo de maternidad interrumpida. Es decir, si uno piensa en la responsabilidad de una madre, es la maternidad. Preservar, ayudar a crecer, socializar, darle los valores de la familia en que nació un chico. Todo ese trabajo social, no biológico necesariamente, pero lo social que hacen las madres es una labor de aculturación del chico a la familia en que nace, a la cultura y a la sociedad. Eso puede parecer una descripción académica del rol de madre, pero es el que asumieron las Abuelas cuando empezaron su búsqueda como Madres, y luego se fue proyectado a otra generación. Es necesario que la sociedad a su alrededor reconozca que hay un vacío que es de toda esa sociedad y que mediante la concientización se intenta llenar. Si uno mira los documentos que incluían en su boletín de informaciones y lo que decían, mucho tenía que ver con el deseo de ver crecer a los chicos en el ámbito familiar si el ciclo no se hubierainterrumpido por razones políticas muy traumáticas. Yo no sé si ellas lo verbalizarían así, pero de mis entrevistas y de sus documentos surge. 
–Esto es parte de nuestra sociedad, que tiene más olvido que memoria. Por ejemplo, en su prólogo menciona un científico, Antonio Missetich. Es casi imposible recordar que fue uno de los primeros “desaparecidos” junto a su mujer Mirtha Missetich, el 13 de julio de 1971. 
–Yo conocí a Antonio Missetich aquí en el Massachusetts Institute of Technology (MIT). A poco de regresar a la Argentina desapareció. Yo no lo podía creer. ¿Cómo se explica al mundo exterior que una persona simplemente “no está”, en esa famosa frase de Jorge Rafael Videla, “son gente que no está” y para él no era necesario decir más? Ese es un proceso que debe haber vivido la gente en el exilio. Tuvieron que explicar que un Estado hacía desaparecer gente. En un momento eran gente, al tiempo, no. Es casi imposible dar este tipo de explicaciones. Más allá de la simple atribución al hecho político, a la actividad militante, al conflicto y a una ideología que se propuso desaparecer a sus enemigos, el hecho de que se fabricó algo como un gran embudo para que las personas indeseables para el gobierno simplemente dejaran de estar en un lugar, como si nunca hubiesen existido, requiere una exploración que casi pertenece al género del horror. Primero, yo no lo creí. Me tomó mucho tiempo elaborarlo.
–Y usted es argentina, puede establecer un puente social, de afinidad y de lenguaje. Pero, la gente aquí, los gringos de Cambridge, ¿lo creen?
–Medio medio. Hay gringos más sofisticados que han viajado, que han leído, que están más al tanto, que tratan de comprender. Muchos norteamericanos pueden tratar de relacionar los hechos porque han trabajado o conocen trabajos en El Salvador o Guatemala. Ese grupo puede creer. A mí me han invitado a dar charlas sobre este libro en varios lugares y en algunos me miraban como si yo hubiera escrito una fantasía, como diciendo “pero, ésta ¿qué está contando?”. Les parece totalmente imposible. La pregunta de ellos es “si fue tan tremendo, ¿cómo es que no lo supimos? ¿Cómo es que acá no se habló de esto?”. La prensa acá es muy limitada, de América latina se escribe muy poco. Esto se cubrió muy mal y la gente tiene derecho a dudar.
–Está ante un problema, como autora y como argentina residente en el exterior. El problema es explicar lo incomprensible.
–Me remito mucho a las experiencias personales de las Abuelas. Cuando me invitan a hablar sobre el libro, tengo que empezar con unos diez minutos de fondo histórico. Luego cuento historias personales. Es decir, cada hecho tiene el nombre de una persona que vive, que estuvo de visita acá en Massachusetts, por lo tanto el auditorio puede empezar a relacionarse a personas que pueden parecerse a ellos, por ser mujeres o de edad parecida, o porque tienen abuelas. La historia de Estela Carlotto... Es la forma más fácil e inmediata para que la gente pueda creer que esto realmente pasó. Es un tema de mujeres; yo soy mujer y me interesa el hecho de que estas mujeres, las Abuelas, son en su mayoría mujeres muy tradicionales, no cuestionan la división de trabajo por género, no tienen una perspectiva feminista, la militancia no era común en sus familias. Me interesaba comprender cómo mujeres realmente tradicionales, convencionales, se armaron de coraje tan enorme para hacer este trabajo. Esto engancha a los públicos de mujeres. La conversación pasa entonces a la pregunta de, si esto me hubiese pasado a mí, ¿qué hubiera hecho?
–Así que la única forma fundamental de explicarlo es como mujer...
–Parto de eso, de la experiencia de mujeres de familia. Luego, de cómo se movilizaron individualmente, cómo se organizaron. Recién ahí se pueden encarar temas más amplios, como ser la cuestión del derecho a la identidad que ellas impulsaron en las Naciones Unidas, a la cuestión del banco de datos genéticos como forma de establecer la identidad, a la cuestión deimpunidad, pero partiendo siempre de la experiencia personal de cada una de las Abuelas.
–Descubrir cómo explicarlo es una forma de prevenir que se repita.
–Desde un punto de vista académico, lo encaro como work in progress. Cada vez que trato de explicar este libro me pongo a pensar con quién estoy hablando, quién es esta gente, cómo me acerco a ellos. No descubrí la receta, la sigo explorando...
–¿Cuánto tiempo tardó en escribir este libro?
–La idea comencé a desarrollarla en 1991. Pero empecé a hacer las entrevistas en 1993. Finalmente, el libro se publicó en 1999.
Conocí a las Abuelas en 1986, pero la idea de hacer un libro sobre ellas tardó un tiempo en madurar. Al principio lo que hacía acá en Cambridge era trabajo de apoyo. Juntaba dinero, me movilizaba con grupos de derechos humanos, escribía artículos acerca de la búsqueda de las Abuelas. Realmente llegó un momento en que los artículos no alcanzaban para explicar el trabajo muy complejo de ellas. Además, no trabajaba en eso sólo, porque soy profesora en una universidad. El primer viaje pasé dos meses y medio en Buenos Aires en 1993 y a partir de ahí cada año un mes. Serían más de siete meses de trabajo en Buenos Aires y después la elaboración de la información y de las entrevistas las hacía de regreso en Estados Unidos. Además, las Abuelas visitaron los Estados Unidos, así que el trabajo se mantuvo a lo largo de casi siete años, por carta y correo electrónico y entrevistas.
–La historiadora Marysa Navarro dice en su contratapa que “por fin, el libro tan esperado sobre las Abuelas de Plaza de Mayo.” Convengamos que es un libro importante sobre la época y la labor de un grupo, pero que no abarca el total. ¿Cuál es el camino para rescatar la memoria? ¿Vamos a llegar a una industria de la memoria andando por el camino del rescate educativo del pasado?
–Es el mismo problema que hay con la memoria del Holocausto. En mi capítulo sobre la “Política de la Memoria”, cito al historiador judío Yosef Yerushalmi, en su libro Zakhor. Dice: “Mi terror a olvidar es mayor que mi terror a tener demasiado para recordar. Que los datos del pasado continúen multiplicándose. Que la ola de libros y monografías crezca, aun cuando sólo la lean los especialistas. Que las páginas no leídas permanezcan en los estantes de muchas bibliotecas: si algunos son destruidos, quedarán otros. Que cada uno que busque, halle que esa persona vivió, esos hechos existieron, esta interpretación del pasado no es la única.” Lo digo yo también. Va a venir la época de la memoria, se va a exagerar y se va a perder la perspectiva. Mejor eso que el olvido. Que se hable hasta el cansancio, porque siempre va a haber gente que va a negar lo que pasó. Por eso escribí este libro sobre las Abuelas.

 

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