Principal RADAR NO Turismo Libros Futuro CASH Sátira


KIOSCO12

Murió Luis Rubén Di Palma y no se habrá sorprendido

Uno de los últimos ídolos del automovilismo nacional se estrelló 
con su helicóptero en Carlos Tejedor. Tenía 55 años, cuatro hijos corredores como él y un récord único de más de cien victorias.

Luis Di Palma toma mate junto a su hijo ayer a la tarde en Santa Rosa, en la clasificación de Top Race.


Por Pablo Vignone

t.gif (862 bytes) Luis no tendría que haber sido tan fiel a sus convicciones. Cuatro años atrás estábamos haciendo una entrevista para El Gráfico sentados en un semirremolque que estaba en el hangar, el mismo hangar desde el que ayer partió para siempre, cuando soltó esa frase que decidió cumplir al pie de la letra. “Me voy a morir mucho antes de volverme viejo”. A los 55 años, Luis Rubén Di Palma seguía siendo tan pibe como sus cachorros, soñaba con terminar el Torino para volver a correr, a competir contra sus hijos, a los que quería entrañablemente aunque le costara mucho demostrarlo. 
Sus hijos lo llamaban públicamente el Viejo. Pero siempre fue, para cualquiera, el Loco. Especialmente desde aquel episodio mítico, cuando el aire, Luis y la aventura ya eran compañeros inseparables, en el que con su pequeño avión pasó por debajo del puente de hormigón del balneario de Arrecifes. La locura por los aviones, con los que llegaba en una hora desde su casa a la Fortaleza de Alta Gracia, cuando corría con Oreste Berta, dejó paso con los años al idilio con el helicóptero. 
Con el aparato cumplió alguna vez una misión heroica, cuando en la espantosa inundación de Pergamino salvó vidas rescatándolas desde el aire. Con el mismo Robinson que ayer cayó a tierra, alguna vez le pasó algo similar. A mí me lo explicó así en esa nota: “Lo que pasa es que el helicóptero acelera al revés que una moto (...) Por instinto le di potencia al helicóptero como si fuera una moto, así que en realidad corté el motor. Cuando escuché que se paraba, le di a fondo... como si fuera otra vez la moto, y lo paré del todo. Pero lo fui aterrizando y aunque se me dio vuelta, salí caminando. Hice una maniobra acrobática en las peores condiciones, lo puse en el suelo y me salvé”. Es probable que ayer haya ocurrido lo mismo en las altura. Pero el final fue doloroso, inexplicablemente distinto.
Luis le había ganado a todo y a todos. Campeón de lo que cuadrara. Dos veces en TC, una en TC2000. Dos títulos en Sport-Prototipo, otros dos en la Mecánica Argentina Fórmula 1, en los ‘70. Bajó a la F-2 y venció. El último título en Supercart, en 1993. Ganó ¡más de 100 carreras! en el automovilismo local. Con Ford, con Chevrolet, con Dodge, con Torino. Cuando Reutemann iniciaba su camino en Europa, Di Palma prefirió quedarse en la Argentina, a brillar con el éxito y a recoger los frutos. Sin embargo, nunca se arrepintió de no haber intentado la empresa. “Podría haber ganado mucha más plata y estar peor que ahora”, decía en 1996. 
Fue poderoso y lo perdió todo, de la misma manera en que lo había ganado. Seguramente porque, como él mismo admitía, jamás pensó que iba a dejar de ganar dinero grande. Nunca hizo un buen negocio y su vida privada no fue probablemente un buen ejemplo, pero él jamás quiso serlo. Sin embargo, la devoción de sus hijos fue un premio a su actitud paterna que supo apreciar. Hacia el final desandó el desfiladero de la política. “Sin abusar, que no es mi costumbre” me dijo el año pasado, como si fuera el slogan. 
El Di Palma piloto de los ‘70 no tuvo rival en la Argentina, y su estrella continuó brillando hasta bien entrados los ‘80. Era aguerrido, duro de pasar, imprevisible. Punteó en Le Mans con el Nene García Veiga. Y con Berta en el taller formaron una dupla imbatible. Era, también, un alma simple. Cuando viajó a Nurburgring para correr las 84 Horas de 1969, volvió misteriosamente una tarde al hotel de Adenau con dos valijas y se encerró en su cuarto. Al rato, cuando abrieron la puerta, se encontraron con Luis tirado en el piso rodeado de innumerables autitos, camioncitos, grúas, de colección. 
-¿Y eso?
-Son para los pibes...
- Pero estás jugando vos...
-¿Qué quieren? Hay que ablandarlos...
Sus pibes, José Luis, Patricio, Marcos, Andrea, le dieron un gusto con aroma a definitivo. Se prendieron a correr con él, en febrero pasado, las 84 Horas porteñas, con un Torino que el Loco armó en su taller. Y se pelearon en familia, como tanto los satisfacía. Luis corrió su última carrera en Buenos Aires, en mayo. 
Se murió Di Palma. Es como si se hubiera muerto Bochini. O Locche. O De Vicenzo. Se fue con él un pedazo de historia grande del deporte argentino. Uno de los dos últimos ídolos que le quedaban al automovilismo nacional, junto a Traverso. “Para practicar cualquier deporte, no sólo automovilismo -.me explicó esa tarde–, es preciso tener humildad y paciencia. Sin humildad no vas a ningún lado. La paciencia te salva cuando no ganás.” 
Qué terrible pena que quien solía ser copiloto suyo hubiera elegido esta vez bajarse una parada antes.

 


 

EL HELICOPTERO CAYO A LA TARDE EN CARLOS TEJEDOR
Iba solo, de regreso a su Arrecifes

Luis Rubén Di Palma, uno de los ídolos más grandes del automovilismo argentino, murió ayer a los 55 años al caer el helicóptero en el que viajaba en una zona rural de la localidad bonaerense de Carlos Tejedor. Fuentes policiales y de bomberos informaron que Di Palma retornaba hacia Arrecifes, su ciudad natal, desde Santa Rosa, donde había estado junto a su hijo Marcos, que tenía previsto correr hoy en Top Race. La caída del helicóptero de Di Palma ocurrió cerca de las 18 y la muerte del piloto fue instantánea.
La nave cayó en terrenos del establecimiento 10 de Noviembre, perteneciente a la estancia Lafuente Hermanos, ubicada a unos 30 kilómetros de Carlos Tejedor, según comentó José Luis Zanetti, segundo jefe de bomberos de esa ciudad. Di Palma viajaba solo en el helicóptero Robinson R-44 de cuatro plazas color azul, matrícula LV-WIF, según informó la Policía. La caída del helicóptero fue vista por un peón de la estancia, quien alertó a la policía sobre el suceso. Apenas llegados al lugar, policías y bomberos de Carlos Tejedor encontraron el cuerpo al lado de la aeronave, que se incendió tras caer a tierra. Uno de los hijos de la víctima, José Luis, confirmó a la policía que el número de matrícula del helicóptero y los documentos hallados en el lugar de la tragedia correspondían al helicóptero de la familia.
Di Palma había partido por la mañana desde su hangar privado de Arrecifes hacia Santa Rosa, en cuyo autódromo aterrizó el helicóptero. Sin embargo, ninguna torre de control de la zona tenía conocimiento del vuelo, ya que solamente se comunicó con el aeroclub de Junín a las 10.30, aunque luego no se supo nada más. Desde el mediodía, el corredor estuvo con su hijo Marcos, que con un Chevrolet Vectra marcó el mejor registro en la Top Race. “El auto mejoró desde la carrera de Río Cuarto. El viejo Di Palma trabajó muy bien”, había dicho Marcos cuando se le preguntó por el rendimiento de su Chevrolet, antes de conocer la muerte de su padre. Luego de presenciar la clasificación, tomar mates con su hijo y darle un vistazo al Chevrolet, Di Palma emprendió el regreso a Arrecifes, aunque nunca llegó a destino. Con consecuencia de la tragedia, los pilotos y los organizadores decidieron suspender la carrera de hoy.

 

 

Los números de un ídolo

Luis Rubén Di Palma

Nació: el 23 de octubre de 1944.
Debut: 30 de noviembre de 1963, a los 19 años en TC
Primer triunfo: 31 de mayo de 1964, en la Vuelta de Arrecifes
Victorias: 103, En TC: 23
En Sport Prototipos: 18
En Mecánica Argentina F1: 22
En Mecánica Argentina F2: 7
En Fórmula 2 Codasur: 1
En TC2000: 15, En CAP: 9
En Supercart: 8
Títulos: TC (1970 y 1971), Sport Prototipos (1971 y 1972), Mecánica Argentina F1 (1974 y 1978), TC2000 (1983), Supercart (1993).

 

PRINCIPAL