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EL FUTURO DE LA ALIANZA DESPUES DEL ESCANDALO DEL SENADO
¿Hacia dónde se dirige el Frepaso?

Las declaraciones del jefe de la agrupación, el vicepresidente Carlos �Chacho� Alvarez, provocaron reacomodamientos internos. Los nuevos subgrupos. Lo que sucede en el ámbito provincial.

Por Eduardo Tagliaferro

t.gif (862 bytes)  “En política hay un antes y un después del escándalo por las presuntas coimas en el Senado”, suele repetir el vicepresidente Carlos Alvarez. El terremoto que provocó su embestida no sólo desorienta a sus aliados del radicalismo sino que también está llamado a cambiar los mandos y las líneas internas en su propio partido. Luego de haber apoyado casi todas las iniciativas presidenciales, Alvarez, reposicionado ante la sociedad al impulsar el esclarecimiento de la presunta corrupción en el Senado, empujó al ministro de Trabajo, Alberto Flamarique, hacia los bordes partidarios. Por su parte, Graciela Fernández Meijide comenzó un firme proceso de acercamiento a Chacho. Lejos de ser las únicas modificaciones, la crisis lleva a más de un dirigente a preguntarse: ¿hacia dónde va el Frepaso?
“Chacho no busca romper la Alianza, pero va a apostar fuerte para esclarecer el tema del Senado. No descarta que en esa movida se produzcan enfrentamientos con Fernando de la Rúa que pongan en riesgo la existencia de la Alianza. Ese riesgo no lo detiene”, afirmó un dirigente muy cercano a Alvarez.
El mismo día que Flamarique se presentó ante los senadores y les dijo que “si conocen una transacción horrorosa para aprobar la ley que me lo digan en la cara”, uno de sus seguidores, el diputado nacional Alberto Briosso, preguntaba a los diputados que participaban de la reunión de bloque: ¿adónde nos quiere llevar Chacho Alvarez?
Los memoriosos recuerdan que ese día el diputado rompió su habitual mutismo y antes de entrar a la reunión repetía una frase excluyente: “No seamos tan infantiles, no se puede ser oposición y oficialismo a la vez. No saben lo que es el poder”. Briosso, un ex bordonista que había ingresado al Frente de la mano de Flamarique en el año ‘97, luego de que la Alianza triunfara en las elecciones legislativas, era quien trabajaba en el armado de una línea que respondiera al ministro en la provincia de Buenos Aires. Línea para la que había logrado sumar los apoyos de los diputados nacionales Alfredo Villalba y Ricardo Vago, provenientes del grupo encabezado por el ex democristiano, Carlos Auyero.
De la mano de Briosso y del senador provincial, Pedro Courtial, Flamarique había logrado algunos adeptos en la denominada segunda sección electoral, esa que aglutina los municipios de la zona norte bonaerense. La movida incluyó la desactivación de un pequeño foro de concejales que venía manteniendo posiciones independientes.
“Se terminaron los partidos de masa, es hora de los partidos de cuadros”, solía repetir el ministro en los encuentros partidarios. En verdad eran tiempos en los que Flamarique estaba en el punto más alto de su estrella política durante el gobierno aliancista, por eso no dudaba en calificar a los “rebeldes” que se oponían a la ley de Reforma Laboral como “extraviados”.
Pero si una actividad es cambiante por definición, ésa es la política. Así es que hoy los hombres más cercanos al vicepresidente no dudan en decir que “en esta lucha los rebeldes están de este lado”. La lucha a la que se refieren los chachistas es la de la honestidad, valor que un importante dirigente del Frente Grande no duda en calificarlo como “la línea divisoria que se trazó luego de la crisis del Senado”.
“Flamarique se fue alejando de Chacho –continúa el frepasista– cuando se dio cuenta de que podía crecer políticamente siendo funcional a De la Rúa. Por eso creo que luego de los cambios ministeriales, Alberto (Flamarique) continuará vinculado al Presidente. Tal vez asesorándolo.”
La gestión es precisamente el talón de Aquiles del frepasismo. “Algunos compañeros se fueron acomodando a la comodidad del poder. Son quienes dicen que sin dinero ni estructura política no se puede hacer política”, afirma un dirigente del chachismo. “Chacho sostiene que ésta es una lógica perversa porque no sólo conviven con lo peor de la política sino que nopodrán superar el tercer puesto, por la ventaja que le llevarían los dos partidos tradicionales”.
Casi nadie duda de que uno de los primeros lugares en el que los realineamientos se modificarán sustancialmente será la provincia de Buenos Aires. Por caso, la semana pasada un grupo importante de diputados provinciales desconoció la conducción del jefe del cuerpo, Alejandro Mosquera, y formó un bloque aparte. Mosquera quedó en el centro de los cuestionamientos luego de que Chacho lo descalificara públicamente en un reportaje concedido a este diario.
El cuestionamiento se acentuó luego de que Página/12 revelara que, merced a una ley secreta (10.370), existía en la Legislatura un financiamiento paralelo de la actividad política. Financiamiento que era posible por la cordial connivencia de todos los partidos. Los “fondos especiales” comprometían más de 40 millones para los bloques y aproximadamente otros 20 millones en subsidios, becas y otras contribuciones.
“A pesar de que nos haya criticado, estoy de acuerdo con la embestida de Chacho para transparentar la política. Me anoto ahí”, dijo Mosquera a este diario. Para el dirigente bonaerense, “no sólo se debe atacar la corrupción sino también escuchar las demandas sociales”.
Hombres cercanos a Mosquera comentaron a Página/12 que luego de que éste impulsara la derogación de la ley secreta, está en el centro de las críticas. “En la defensa de la ley secreta, radicales y peronistas se unen contra Mosquera”, afirmó un asesor.
Dentro del Frente Grande bonaerense conviven tres grandes lineamientos, con sus respectivos subgrupos. El mayoritario y responsable de la conducción partidaria lo integra la asociación de los seguidores del diputado Rodolfo Rodil y de Alejandro Mosquera, la denominada lista celeste, dirigida por Mary Sánchez, y los seguidores del vicepresidente de la Cámara de Diputados, Juan Pablo Cafiero.
En los ámbitos cercanos a Chacho Alvarez se especula que el grupo conducido por “Juampi” está llamado a tener un mayor protagonismo. Incluso sostienen que el único diputado que puede disputarle el liderazgo a Mosquera es Guillermo Oliver, un dirigente identificado con Cafiero.
Además de los reacomodamientos internos, la conducción frepasista tiene un ojo puesto en nuevas alianzas y acuerdos que les permitan insertarse en algunos puntos del país. En San Luis, el Frepaso está impulsando la conformación de un gran frente contra los Rodríguez Saá; por ese motivo, son constantes los encuentros entre Darío Alessandro y el intendente de San Luis, Carlos Ponce, un ex peronista que rompió con el gobernador puntano y que en la última elección se alzó con casi el 70 por ciento de los votos.
En Neuquén, el Frepaso respalda a Oscar Massei y apuesta a la buena llegada que éste tiene con la senadora Silvia Sapag, con la que compartió más de uno de los difíciles momentos de los años ‘70.
En Río Negro, el Frente incorporó orgánicamente al actual intendente de Cipolletti, Julio Arriaga, un ex radical que integró el Movimiento Patagónico Popular, a quien las encuestas de intención de voto para gobernador le resultan muy favorables. Similar es la situación de la ciudad de Bariloche, donde Leonardo de Ferraris, presidente del Instituto de Investigaciones Aplicadas (Invap), creó un partido vecinal que se incorporó formalmente al Frepaso.
“Todas las conversaciones que venimos manteniendo con dirigentes provinciales son para lograr un crecimiento lícito del Frepaso dentro de la Alianza”, afirmó a Página/12 el jefe del bloque de diputados, Darío Alessandro. Si bien la forma de crecimiento “no es ortodoxa”, ése fue también su nacimiento como fuerza política. De hecho, la transversalidad es uno de los habituales argumentos del discurso de su líder. Antes de que se iniciara el escándalo del Senado, en una charla sobre “la gobernabilidad y el papel de los partidos políticos”, Chacho Alvarez -hablando sobre la necesidad de construir un nuevo tipo de Estado– dijo que “hay muchos dirigentes que trascienden las fronteras de la Alianza, que están pensando en estos consensos y ésa es una agenda que nosotros tenemos que abrir al diálogo, pero no a una política defensiva sino a una política ofensiva que diseñe un modelo de país”.

 

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