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Los papeles que Bagnasco no vio

El juez penal económico Vidal Durand allanó IBM y encontró documentación clave para conocer la táctica de la empresa informática.

Por Susana Viau

t.gif (862 bytes)  Nuevos documentos incorporados a la investigación de las megacoimas del caso IBM-Banco Nación probarían lo que el juez Adolfo Bagnasco, desde Estados Unidos, colocó en el plano de las sospechas indemostrables: que los americanos supervisaron el Proyecto Centenario y trazaron una estrategia tendiente a relevar de responsabilidades a la casa matriz, cargando los platos rotos en la cuenta de los ejecutivos locales.
Los papeles fueron secuestrados durante un allanamiento fortuito a IBM, realizado por el juez penal económico Bernardo Vidal Durand. El allanamiento a las oficinas de la corporación fue la medida que durante cinco años reclamó el fiscal Carlos Cearras y Bagnasco siempre se resistió a ordenar. El viaje del juez a Nueva York tuvo como objetivo tomar declaración testimonial a dos altos directivos de la empresa. Antes, los había liberado del pedido de captura internacional y arresto por “sugerencia del Ministerio de Justicia” y porque, sostuvo, podían ser víctimas de un eventual síndrome de “angustia procesal”. Generalizado, el argumento del juez puede tener efectos incalculables.
A mediados de agosto y después de historiar las dificultades que había enfrentado para interrogar a ambos ejecutivos, Bagnasco resolvió transformar las indagatorias de Steve Lew y Peter Rowley en declaraciones testimoniales.
Sin embargo, no fue ese el único aspecto llamativo de la resolución. En una clara expresión de independencia del Poder Judicial, el juez admitió que su decisión siguió la recomendación del ministro de Justicia, que vio en la anulación del pedido de captura y el cese de la condición de imputados la única alternativa para lograr los testimonios de los directivos rebeldes, calificados por Bagnasco como “trascendentes (...) para el descubrimiento de la verdad material”. Una vez eximidos de la prisión y la presión, Lew y Rowley se avinieron a declarar. Y el juez viajó. El fiscal Cearras declinó acompañarlo, tal vez para no convalidar medidas difícilmente digeribles.
Entre tanto, tres documentos relevantes se incorporaban a la causa. Eran los que Vidal Durand había obtenido en el allanamiento a IBM, a causa de una denuncia por evasión presentada por la Unidad de Inteligencia Fiscal. Uno de ellos contendría, al parecer, las instrucciones para la estrategia defensiva de la IBM. La receta era simple: evitar por todos los medios que el agua llegara a las puertas de IBM-Estados Unidos y envolviera a sus directivos (que estarían entonces obligados a rendir cuentas a las Justicia de su país). Las responsabilidades debían recaer, según el instructorio, en los ejecutivos de IBM Argentina.
Los otros dos documentos capturados por el juez penal económico llevan la firma del técnico californiano Steve Lew (uno de los declarantes ante Bagnasco) y del abogado de IBM para América Latina, David Cartenutto. Son los informes de auditoría hechos por los americanos en agosto de 1995, cuando estalló el escándalo. Terminado el relevamiento, los enviados por la casa matriz regresaron a su base. Cuando más tarde volvieron a Buenos Aires fue para desprenderse de Ricardo Martorana y Gustavo Soriani, en quienes recayó la responsabilidad procesal. El material deja mal parado a Wilmer Gueyçamburu, el ibemeísta jubilado que dejó su apacible retiro de Boca Ratón para sustituir –por decisión de IBM Estados Unidos– al presidente Martorana. Es que Gueyçamburu había respondido un pedido de la justicia con una nota donde aseguró que no había constancias escritas de aquellas auditorías. Los nuevos documentos podrían poner Gueyçamburu al filo del falso testimonio.
Lo cierto es que Bagnasco deberá traer resultados muy “trascendentes”. Lo bastante para justificar la supresión de los pedidos de captura y arresto que han dejado a IBM en el umbral del éxito de esa estrategia que el juez “intuye” y confirman los nuevos aportes al expediente.

 

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