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LA RENUNCIA DE CHACHO ALVAREZ CAMBIO EL ESCENARIO DE LA POLITICA
“Es una crisis terminal en el vínculo con la gente”

El vicepresidente renunció a última hora de la tarde pero el día fue un hervidero. El secretario general de la Presidencia, Alberto Flamarique, dejó el cargo con apenas 24 horas de gestión. Lo reemplazó Carlos Becerra. Fernando de Santibañes y José Genoud siguen en sus puestos. El presidente Fernando de la Rúa habló por cadena nacional y dijo: “Aquí no hay crisis”. 

Después de leer la histórica renuncia a la vicepresidencia se abrazó con su esposa, Liliana Chiernajowsky.

Por Fernando Cibeira

t.gif (862 bytes) Luego de un día para el recuerdo, el vicepresidente Carlos “Chacho” Alvarez renunció ayer a su cargo como consecuencia del cambio de gabinete dispuesto el jueves por el presidente Fernando de la Rúa. Chacho confirmó su decisión –que se conoció al mediodía– por la noche, con un duro discurso en el Hotel Castelar. “Respeto las determinaciones del Presidente, sin embargo no puedo acompañarlas en silencio porque son contradictorias con las decisiones que vengo reclamando en el Senado”, argumentó. Tanto el Gobierno como Alvarez aclararon que la Alianza seguirá existiendo, aunque la fortaleza de lo que quedó de la coalición se verá en los próximos días. La determinación de Alvarez provocó una crisis en la Rosada, donde, por momentos, se vivieron escenas de sainete. En los veinte minutos previos al comienzo del acto de Alvarez, corrió la versión de tres renuncias aunque luego sólo quedó firme la del efímero secretario general de la Presidencia, Alberto Flamarique. De la Rúa cerró la jornada con un mensaje por cadena nacional. “Aquí no hay crisis”, aseguró.
Alvarez habló junto a su mujer, la legisladora Liliana Chiernajowsky, la primera en saludarlo cuando terminó. El segundo fue el jefe de Gobierno porteño, Aníbal Ibarra, quien llegó junto al ahora ex vice. Chacho parecía emocionado y ya en algún momento le había flaqueado la voz. Agradeció a quienes desde temprano habían ido hasta su casa a darle su apoyo. También a los que estaban en el Castelar, en su mayoría simpatizantes y dirigentes del Frepaso. Aunque aclaró que su renuncia debía interpretarse como un gesto de lealtad al Presidente, luego no abandonó el tono áspero. “Estoy convencido de que estamos en una crisis terminal en la forma de hacer política, del vínculo entre la política y la gente”, enunció. A cada párrafo, lo interrumpían con aplausos. 
El jueves, después de la jura del nuevo gabinete, Chacho se había reunido con su círculo íntimo para analizar la movida de De la Rúa que lo había desairado abiertamente, confirmando en su cargo al jefe de la SIDE, Fernando de Santibañes, y promoviendo a Flamarique. Ambos son los principales implicados en el escándalo por sobornos y Alvarez entendía que la respuesta política del Presidente a la crisis debía ser removerlos. Cuando se encerró con su gente de confianza, Chacho no tenía ánimos ni para hablar y quedó en esperar un poco para tomar una determinación. Pero le bastaron un par de horas de sueño para comprender qué quería hacer.
A De la Rúa le habían llegado rumores, pero la confirmación la tuvo a eso de las 11 cuando habló con Chacho por teléfono. Poco después, la noticia la hacía pública la ministra de Desarrollo Social, Graciela Fernández Meijide, quien también había hablado con el todavía vice. Graciela remarcó que ella seguiría en su cargo y que la Alianza “no se rompe”. En cuestión de minutos, la Casa Rosada se convirtió en un hervidero. Los ministros ingresaban, hacían alguna declaración de circunstancia ante las cámaras, y seguían rumbo al primer piso.
Mientras, Alvarez, recluído en su departamento en Palermo con sus principales colaboradores, recibía diverso tipo de presiones para que revea su decisión. Primero lo llamó al presidente de la UCR, Raúl Alfonsín, y luego Alfonsín lo llamó a él. “¿Te puedo convencer? Voy a tu casa”, le dijo el ex presidente, pero no encontró quórum. “Es irreversible”, le respondió Alvarez. También se comunicó la vicejefa de gobierno porteño, Cecilia Felgueras. 
A media tarde, el jefe del bloque de diputados de la Alianza y mano derecha de Chacho, Darío Alessandro, fue hasta la Casa de Gobierno en son tranquilizador. Si bien confirmó la renuncia, adelantó que en su discurso Alvarez haría un llamado a fortalecer a la coalición y que los demás funcionarios del Frepaso seguirían en sus puestos. Chacho se preocupó especialmente en no quedar en público como un factor de desestabilización. El ministro del Interior, Federico Storani, se convirtió entonces en laprimera voz oficial en lamentar la partida del vicepresidente y aclarar que “la gobernabilidad no se verá resentida”.
Para entonces, la oposición ya había hecho distintas evaluaciones. El ex gobernador Eduardo Duhalde se mostró en contra del cambio de gabinete de De la Rúa pero tampoco estaba de acuerdo con que Chacho renunciara. El ex ministro Gustavo Beliz, en cambio, redactó un comunicado felicitándolo por su determinación. El gobernador Carlos Ruckaf minimizó la cuestión calificándola como “una pelea entre políticos”. El Consejo Nacional del PJ, presidido por Carlos Menem, acusó a Alvarez de “abandonar el barco frente a la primer tormenta”. 
El Presidente volvió a comunicarse con Alvarez alrededor de las 17 con un ofrecimiento concreto: dijo que si se quedaba en el Ejecutivo, le pediría la renuncia a los funcionarios involucrados en las coimas. Alvarez insistió con lo irrevocable de su determinación. A medida que los minutos pasaban y se acercaba la hora del discurso de renuncia de Chacho –estaba anunciado para las 19–, la tensión crecía hasta que llegó a un clímax: entre las 18.40 y las 18.50 se anunciaron tres dimisiones. 
Flamarique anticipó su renuncia indeclinable a la secretaría que había asumido el día anterior. El presidente provisional del Senado, José Genoud, puso su cargo a disposición de la UCR. De Santibañes le acercó su dimisión a De la Rúa. Pero, para entonces, el investigado secretario parlamentario de la Cámara alta, Mario Pontaquarto, comentaba que ya tenía la renuncia de Alvarez en sus manos. Después, ni la renuncia de Genoud ni la de De Santibañes se comprobaron veraces. En cambio, en reemplazo de Flamarique fue designado el viceministro del Interior, Carlos Becerra, amigo del operador radical Enrique “Coti” Nosiglia, quien ya se había anotado un poroto con Chrystian Colombo en la Jefatura de Gabinete. 
De la Rúa quiso ser el encargado de cerrar la jornada –¿histórica?–, a las 22.30, con un mensaje por cadena nacional. El Presidente buscó dejar en claro que la salida de Alvarez no afectaría la marcha del Gobierno y dejó entrever su preocupación porque su ex vice se fuera con la bandera de la ética. “Estoy al frente de la lucha contra la corrupción”, afirmó. 

 

 

Claves

Como consecuencia de los cambios en el gabinete, Carlos “Chacho” Alvarez renunció a la vicepresidencia con un duro discurso en el que dijo que el presidente De la Rúa hacía lo contrario de lo que él pedía en el Senado.
De cualquier forma, aseguró la continuidad de la Alianza y del resto de los funcionarios frepasistas. 
La renuncia conmovió al Gobierno. El propio Presidente realizó infructuosas gestiones para que Alvarez reconsidere su decisión.
La UCR ratificó la continuidad de la coalición mientras que el Consejo del PJ que encabeza Carlos Menem atacó a Chacho por “abandonar el barco”.
Poco antes del discurso de Alvarez, Alberto Flamarique renunció a la Secretaría General de la Presidencia, que había asumido el día anterior. En su reemplazo fue designado el viceministro de Interior, Carlos Becerra.
De la Rúa cerró el día con un mensaje por cadena nacional en la que garantizó la gobernabilidad. “Aquí todos estamos jugados contra la corrupción”, sostuvo.

 

 

El texto completo

En primer lugar quiero agradecerles mucho a la gente que hoy vino a nuestra casa, que no la pudimos saludar porque no quise, no quisimos que se confunda esto con un acto político, y quiero transmitirles, los fundamentos de mi decisión. Presento mi renuncia indeclinable al cargo de vicepresidente de la Nación. Lo hago para poder decir con libertad lo que siento y lo que pienso. Y al mismo tiempo para no perjudicar al Presidente ni alterar la vida institucional. Sobre todo, en una etapa donde la mayoría de la gente, nuestra gente, sufre una situación difícil desde lo laboral y lo social, y la Argentina necesita confianza interna y externa para volver a crecer. Voy a seguir defendiendo el proyecto de la Alianza, y a nuestro Gobierno. Voy a seguir bregando por las cosas que les prometimos a la gente el 24 de octubre del año pasado. Quiero con este gesto, con mi renuncia, alejar las interpretaciones intermictas, o de lucha por el poder. He sido y soy leal al Presidente, y esto tiene que ir de la mano con la lealtad a mis convicciones, a la de mi fuerza política, y los compromisos con la ciudadanía que nos votó. De aquí que mi renuncia, les pido por favor, deben tomarla también como un acto de lealtad; no soy parte de ninguna pulseada por el poder, no me empuja ningún ánimo de debilitar la figura presidencial, siempre tuve presente, muy presente, que las expectativas de nuestro pueblo se centran en la figura de nuestro Presidente. Así lo entendí desde que fui nominado en la fórmula, y así lo sigo y seguiré entendiendo, y también sé que el cargo de vicepresidente no permite mayores desacuerdos en un tema tan sensible como el de los sobornos en el Senado. Y no renuncio a luchar, renuncio al cargo con el que me ha honrado la ciudadanía, fundé una fuerza nueva para, entre otras cosas, cambiar la forma de hacer política en este país, en nuestro país; estoy convencido de que estamos ante una crisis terminal de hacer política, en la relación entre el poder político y el poder económico, y del vínculo entre la política y la gente. Lo vengo sosteniendo, no es de ahora, sino de más de diez años, cuando me fui del Partido Justicialista. Parece paradójico y a la vez resulta cada vez más chocante, cuando más avanza la pobreza, la desocupación, el escepticismo y la apatía, desde no pocos lugares se responde con dinero negro, compra y venta de leyes, más pragmatismo y más protagonismo para quienes operan en la política como si fuera un gran negocio para pocos. Esta realidad no acepta medias tintas, no se puede tratar el cáncer con aspirinas, ni alcanzan los discursos que remiten a la acción de una Justicia, y muchos de los que deben investigar los actos de corrupción difícilmente podrían soportar una investigación a fondo sobre su patrimonio, de aquí que esta situación debe enfrentarse con una enorme cuota de decisión: o se está con lo viejo, que debe morir, o se lucha por lo nuevo, que esta crisis debe ayudar a alumbrar. Atravesamos tres crisis los argentinos, la crisis política social, la crisis moral y la crisis económica. Para combatir la primera he manifestado que los senadores que protagonizaron las decisiones de los últimos años del Senado debían renunciar; lejos de ello, han intentado la política del avestruz, se han atornillado a las bancas y a los cargos, y ahora seguramente se amparan, como ya lo señalaron políticamente algunos, en las decisiones del Presidente para decir que nada ha pasado. Confío en que mi renuncia contribuya a que tomen las decisiones que la sociedad y la gente espera, que se den cuenta de que deben hacer gestos, que aun en la decadencia nos acerque el nivel de dignidad que no tuvieron en el ejercicio de la función. 
Nunca pretendí ocupar el lugar de la Justicia. No he culpado a nadie judicialmente, no es mi función. Eso sí: pedí gestos políticos contundentes, que den cuenta de lo que piensa, siente y demanda la mayoría de la gente. Muchos senadores creyeron que el conflicto se dirimía en términos personales; no quisieron darse cuenta de que su desprestigio es ante nuestros compatriotas. No se enfrentan conmigo, están enfrentados con la gente. Respeto las determinaciones del Presidente, sin embargo, no puedo acompañarlas pasivamente o en silencio, porque son contradictoriascon las decisiones que vengo reclamando en el Senado de la Nación. Sigo teniendo la convicción de que hacer gestos políticos fuertes es lo que está esperando la sociedad para resolver la crisis política. 
Por último, nadie debe entender que esta renuncia significa abandonar mis compromisos y responsabilidades. Voy a seguir trabajando sin descanso por los valores y contenidos que fundaron la Alianza. Porque constituye esta garantía de cumplir con el contrato social y ético que establecimos con la mayoría de nuestro pueblo, el 24 de octubre de 1999. Muchas gracias. 
(A continuación, Alvarez dejó el texto escrito e improvisó lo que sigue.)
Quiero decirles a todos mis compatriotas que no se necesita ser vicepresidente para luchar por una Argentina mejor. Para luchar por lo que hemos soñado, para luchar por lo que sentimos, les quiero decir a mucha gente, que me dijo o que me puede decir que no renuncie, que voy a seguir peleando por los mismos ideales que peleé en mi vida. Construir una Nación más autónoma, construir una sociedad más justa, más igualitaria; lo voy a hacer desde el llano. Con la misma voluntad, con la misma vocación, con la misma firmeza y el mismo compromiso que tuve en mi larga vida militante. Y que voy a seguir defendiendo la Alianza, para que la Alianza siga siendo el instrumento que pueda mejorarles la vida a los argentinos, que eso es lo importante, todo lo demás, es anécdota; lo importante es que cumplamos con lo que le dijimos a la gente, que mejoremos su vida, su nivel de ingreso, su dignidad, su participación. Y siempre he creído que, para lograr estas condiciones, teníamos que tener otra política. Me da mucha vergüenza que un joven de 16, 17, 18 años sienta que la política sea similar al delito, sienta que los que hacemos política, y los que tenemos cargos, los tenemos para incrementar nuestro patrimonio. Me da mucha vergüenza que se sigan promocionando figuras que son las responsables de que la gente asocie la política al delito. No lo vamos a permitir. Y vamos a seguir luchando para cambiar esta situación. Muchas gracias. 

 

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