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GERARDO SOFOVICH YA ESTA EN PROBLEMAS CON EL RATING de sus envios
Un bar que enfría todos los cafés

Con nueve horas de programación en América, el hombre que está procesado por el vaciamiento de ATC parecía en su salsa. Pero la felicidad dura poco: su tira diaria se vino a pique, el programa dominical mide mal y su humor ha vuelto a ser el peor de todos.

“Polémica en el bar” está completamente corrida a la derecha, sobre todo por Ranni-González Oro.


Por Julián Gorodischer

t.gif (862 bytes) Frente a una manzana o un perro, Gerardo Sofovich quiebra su tono de villano. Para cualquier observador desapasionado está claro que el procesado ex interventor de ATC encuentra en el reino animal y vegetal más razones para conmoverse que en el trato con la raza humana. Sus ex asalariados Rolo Puente, Beto César, Roberto Pettinato y Guido Kaczka, que volaron de su lado, aunque ninguno tan pronto como Berugo Carámbula, que acaba de durarle dos programas, podrían dar testimonio de la fascinación por el mal trato que Sofovich tiene. La felicidad suele durarle poco, está claro: hace un mes era noticia que retornaba con tres programas a América, esta semana todo el mundo comenta cómo se le vino a pique el rating: el miércoles “Polémica en el bar” apenas midió 3,6 de promedio, la mitad del noticiero que lo antecede, cuando había empezado con 8. El muy mal rendimiento de Sofovich conspiró también contra los números de “PAF”, cuyos productores están a punto de plantearle al canal que para ellos es poco negocio heredar ese rating. En los pasillos de América es un secreto a voces que los días del ex hombre fuerte del canal oficial, del que se fue dejando una deuda de 70 millones de dólares, están contados allí. A fin de año terminaría la relación.
El negocio que Sofovich llevó al canal que ahora es de Carlos Avila fue “Hacete la América”. Fue raro que le dijeran que sí, si se tiene en cuenta que los nuevos dueños habían proclamado que querían una programación que apuntase al público ABC 1 y que por eso dieron de baja varios programas. Este clon de “La noche del domingo” está plagado de fórmulas de fácil factura y muy bajo costo, con lo que no tiene mucho que ver con aquello a los que el canal apuntaría. Es más aburrido que su par de los 90: la crisis precarizó los decorados, el monto de los pozos (que, como mucho, llegan a 7000 pesos) y la calidad de los chivos. Sin embargo, la tevé que atrasa parece seguir vigente en rentabilidad, gracias a las bondades de una línea 0600. 
Pese a que quería ponerse algo al costado de su proyecto, Sofovich terminó en el centro. En el juego de las preguntas y respuestas, es el “sabio” de lo trivial que felicita, enfático, cuando alguien acierta el nombre de un río. O se indigna cuando ese mismo no adivina la raza de uno de sus “cachorros”. Revela, luego, el dato ausente y corona con su frase más a mano: “Pero eso lo sabe todo el mundo”. Le encanta enviar una amenaza velada a sus colaboradores, cuando dice a Mechi: “Despertate o dormirás para siempre...”. Trata a Panam, secretaria de lujo, como a una mantenida: “Si supieras cuánto me costás”. Le gusta jugar al encarrilamiento del salvaje, junto a Miguel Angel Rodríguez en “Polémica...”. Y aprovecha cada uno de “sus” minutos para librar batallas personales, pero quiere dejar en claro que no es un rencoroso: “Yo no me alegro por la renuncia de Chacho...”, dice, y agradece el elogio a la nobleza que llega unos segundos después. 
La periodista Sylvina Walger puso su firma en un histórica querella por malversación de fondos que le inició un grupo de críticos a mediados de los 90, cuando Sofovich ejercía como interventor en el canal estatal. Fue un intento de detener una gestión severamente cuestionada en ATC, que hoy se tramita en la Justicia. El implicado grabó a fuego los nombres de sus “enemigos” y suele dirigirles agravios de alto calibre. Walger observa a Página/12: “‘Polémica en el bar’ es un programa muy antiguo y ni siquiera tiene la chispa de la versión anterior. Sofovich la utiliza para atacar, atado a sus propios rencores. Apunta a la subestimación absoluta de un espectador idiota. Es un hombre inteligente, pero no puede con su cosa perversa, con su ego y rencor personales...”. 
A diferencia de otras “Polémicas...”, ésta parece guionada. Sus cinco integrantes forman un frente homogéneo que debate tópicos tales como “si los machos deben decir baño o toilette”, o coincide en su tributo a Menem y su oposición declarada al gobierno de la Alianza. Rodolfo Ranni ¿compone? a un fascista desaforado que se queja contra todo. Rodríguez es el bruto que se deja enseñar y burlar por el patrón. Pipo Cipolatti, un desperdicio. “Oscar González Oro es más extremo que el propio Sofovich”, opina Walger sobre el último polemista. “Parece un comisario de la maldita policía. Además, es muy grosero.” La retórica del conductor de Radio 10 es, a veces, cuestionada por el mismo Sofovich: “A él no le traigas un aperitivo”, ironiza frente al Preso. “Traele un imperativo.”
“Si Sofovich sigue vigente es porque las propuestas creativas que surgieron fueron pequeñas”, señala la periodista Viviana Gorbato. “Lo de él huele a antiguo, pero no aparece nada importante a cambio.” La mirada hacia atrás es un eje de todas sus producciones: en “Operación Rodríguez”, el cómico recupera los recursos que usaba Minguito en “Operación Ja Ja”, cuando compone a un reportero procaz y maleducado que llega al living “prestigioso” de un famoso de turno. Estar fuera de sitio es su disparador para los chistes. Luego, vestido de policía, le dice a Panam: “Venga por aquí y se la hago de parado” (en referencia a tomar una declaración)..
¿Sería posible entender su permanencia sin reconocerle cualidades? “En primer lugar hay que señalar que es un personaje que conoce el medio y tiene acreditados éxitos notables de rating”, señala el crítico Pablo Sirvén. “Sabe manejar el piso y arma negocios televisivos de la nada. Es perspicaz para fabricar arquetipos porteños con muy poco y construye diálogos y frases con inmediata repercusión. Lo adorna con mujeres atractivas y aparece su santísima trinidad: humor, timba y chicas.” Cuando se le pide un perfil del personaje, Sirvén dice: “Es oportunista, acomodaticio, tiene actitudes y procedimientos muy cercanos al delito, como cuando fue interventor y se contrataba a sí mismo. Avila apuesta a sus programas baratos, con un público asegurado, adulto y popular, de hombres y mujeres con ciertas apetencias de televidente medio. Por eso le da esta amplia carta de crédito de nueve horas por semana”. Una generosa carga horaria en la que se lo puede ver reprochando éxitos ajenos: “Yo hago el corte de manzana y me condenan. Pero Nico organiza el tiro del corchito y eso es muy sofisticado”. O, como ritual, ensayando una defensa antes de que llegue el “palo”. Acaricia a una llama en el estudio y dice: “Ahora alguno me va a acusar de querer más a los animales que a las personas”.

 

 

Un amigo de todo el mundo

En más de cuatro décadas de trayectoria televisiva, Gerardo Sofovich ha acumulado centenares de peleas, enfrentamientos, roces y polémicas con personalidades de todo tipo, hasta forjarse una fama que nadie en su sano juicio querría para sí. Con su propio hermano, Hugo Sofovich, estuvo 20 años sin hablarse, después de haberlo humillado cuando conformaban una dupla creativa. El cómico Jorge Porcel se levantó de un viejo “Polémica en el bar” y nunca volvió, después de que Sofovich lo saturara con sus recursos preferidos: el reto en público a los fritos. Cuando hace pocas semanas Mirtha Legrand le recordó esa historia, Sofovich se hizo el oso, e incluso pretendió contarla al revés. Con Bernardo Neustadt se enfrentó a dentelladas por el negocio que significaba ser parte del círculo íntimo de Carlos Menem. A Raúl Portal le reprochó su repetida inclusión en “PNP”, sobre todo con sus explosiones de mal trato al personal, cuando algo no funciona en cámara. Suele enviar dardos envenenados a periodistas como Osvaldo Quiroga, Pablo Sirvén y Carlos Ulanovsky, por atreverse a criticarlo y basta nombrar a Chacho Alvarez para que se desate una cascada de descalificaciones. Entre los encontronazos más recientes figura el que alejó a Berugo Carámbula de “Hacete la América” y dejó a Sofovich .-al menos por el momento– a cargo de la conducción. La versión oficial de la partida del uruguayo, tras sólo dos programas afirma que fue por un problema de estrés. Sofovich agregó otra perla a su collar, al intentar reemplazarlo por Jorge Rial. El canal lo impidió: no quería que un conductor que es relativamente creíble se quemara en la noche del domingo.

Uno nuevo en el viejo clan

Una de las grandes apuestas de Gerardo Sofovich en su retorno mientras la Justicia lo investiga es el cómico Miguel Angel Rodríguez, que creció en las huestes de Marcelo Tinelli: allí interpretó a Roberto Galán, Chacho Alvarez, Jorge Lanata y Fernando de la Rúa, entre otros. En “Operación Rodríguez” el cómico se saca las máscaras y su histrionismo decae. La partida de Rodríguez de “El show...”, tentado por lo que definió como “un montón de plata”, molestó a Tinelli, quien tuvo por eso una discusión interna en el canal. El fuerte del Rodríguez de Sofovich es hacerse el bruto en “Polémica...” y en el principal sketch de su programa de los viernes. Como un Minguito Tinguitella contemporáneo, no sale favorecido: su trazo es grueso; sus faltas de lenguaje suenan impostadas; su procacidad se excede. Su tono medio es el grito y su límite es la sumisión al productor. A diferencia de otros partenaires, Rodríguez –casado con una hija de Juan Carlos Altavista– jamás cuestiona a Sofovich: el respeto es reverencial. No puede entrar en la chacota con él como entraba con Tinelli, que era casi cómo su amigo. Gerardo es el patrón, en cambio.

 

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