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Debate

Por Carlos Escude *.
La culpa fue palestina

Creo que el proceso de paz está sepultado. Lo que no significa que esto sea una guerra; la guerra puede ser evitada. Lo que es difícil de resucitar en el horizonte inmediato es el proceso de paz, que eventualmente tendrá que recomenzar de foja cero.
Desde el punto de vista del problema de fondo, aunque es cierto que a lo largo de la historia del Estado de Israel hubo muchos abusos israelíes frente a los palestinos, en las circunstancias actuales me parece claro que la mayor provocación proviene de los palestinos. 
No es aceptable que la presunta provocación de Sharon, que no era un miembro del gobierno, generara la reacción violenta que produjo entre los palestinos.
En la situación actual, noticias que llegan de Israel nos informan que a las familias se les está ofreciendo 300 dólares por cada chico que resulte herido en los enfrentamientos y 2000 dólares por chico que resulte muerto. De esta manera, se está alentando a las familias palestinas para que involucren a sus chicos en los enfrentamientos.
Como para colmo ellos creen que alguien que muere en esas circunstancias sale volando derecho al cielo, si encima su familia tiene una recompensa monetaria en esta tierra, el aliciente no podría ser más poderoso. Ese es el motivo por el cual se ha bombardeado a la estación de televisión del pueblo palestino de Ramalá, donde se produjeron los linchamientos de los militares israelíes. Desde esa emisora de televisión se enviaban mensajes de odio y de incitación a la violencia contra los israelíes.
La situación de Israel y Palestina es muy compleja. Es muy difícil decir quién tiene la razón histórica si uno intenta evaluar todo el proceso desde la creación del Estado de Israel hasta ahora. Indudablemente, Israel ha establecido colonias en territorios que pertenecen a los palestinos y esto es imperdonable. Pero la violencia actual que emerge principalmente del fundamentalismo religioso está más relacionada con quién ha de poseer la ciudad de Jerusalén. Y en lo que se refiere a ese tema, en mi opinión, la civilización judeocristiana tiene mayores derechos que los islámicos, porque Jerusalén es la ciudad sagrada para el judaísmo, es la principal ciudad sagrada para el cristianismo y es sólo la ciudad número tres para el Islam. La principal es La Meca y la segunda es Medina, donde nació el profeta.
No obstante, los israelíes han sido mucho más amplios de criterio �Barak lo ha sido� en lo que tiene que ver con la concesión de un enorme pedazo de la ciudad vieja de Jerusalén. Y los palestinos han sido recalcitrantes y han intentado imponer una posición maximalista que es inaceptable y que es lo que está en el fondo de este resurgimiento de la violencia. Así que, más allá de las complejidades del caso, en esta instancia puntual tiene razón Israel. 

* Especialista en Relaciones Internacionales.

Por Norberto Mendez.
La culpa fue de Sharon

El discurso del profesor Escudé destila pesimismo respecto del proceso de paz y un cierto prejuicio en detrimento del Islam. Sin embargo, Dios mediante y con la voluntad de los protagonistas principales, la paz es un camino inevitable en Medio Oriente. Principalmente, por razones prácticas: en el caso de Israel, éste perdería la �paz� (o Pax Israelí) que sucedería a la guerra abierta que ganarían seguramente sus invictas fuerzas armadas, ya que el número y la situación internacional les impedirían ejercer ese dominio. Recuérdese la condena generalizada que obtuvo Israel �tan sólo� por el uso excesivo de la fuerza en la represión de los disturbios consecuentes a la provocación de Sharon, tal como reza la resolución 1233 del Consejo de Seguridad de la ONU.
El proceso de paz puede retrotraerse a la situación anterior a la �visita� de Sharon a Haram al-Sharif (o Explanada de las Mezquitas como es usualmente traducido) si Estados Unidos toma la valiente determinación de tratar a Israel de manera más equilibrada, dejando de lado su doble patrón de medir con una vara a los israelíes y con otra a los árabes. Algunas señales del hastío norteamericano por la intransigencia israelí dio la propia secretaria de Estado Madeleine Albright cuando criticó la acción del ex canciller israelí.
Por el lado de los palestinos, la segura derrota que implicaría una guerra y la desafección que ella produciría sobre la conducción palestina no alientan a Arafat en esa dirección. No obstante, el haber dicho ¡Basta! con sus Tanzim le ha resultado muy eficaz para bloquear la alternativa de Hamas como única opción armada. Al Fatah, la fuerza nacionalista, demostró que puede defender a sus compatriotas si es preciso, sin convocar a la Jihad por la victoria final de Allah.
De todas maneras, los odios no son exclusividad de judíos ni de musulmanes ni de cristianos (minoritarios en Tierra Santa). Por ello, la �razón histórica que intente evaluar todo el proceso desde la creación del Estado de Israel� más que difícil es imposible como camino para alcanzar la paz. Todos los nacionalismos tienen sus �razones� y la realización de uno siempre es en detrimento del otro cuando se disputa un mismo territorio. La pelea es por la tierra y la realizan seres humanos actuales, con intereses mundanos y no cruzados ni mujahidines de una u otra de las religiones abrahamánicas hermanas. Antes de la anexión que realizara el gobierno nacionalista de Beguin en 1981, Israel consideraba a las ganancias territoriales producto de sus victorias militares como territorios negociables a cambio de paz y reconocimiento. A ese sendero hay que volver, diciendo la verdad a la gente y haciendo de la Santa Yerushalayim o Al-Quds un lugar de encuentro para la vida de sus habitantes y no un altar de sacrificios.

Profesor de Ciencias Políticas de la UBA y ex becario de la Universidad Hebrea de Jerusalén.


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