Principal RADAR NO Turismo Libros Futuro CASH Sátira


KIOSCO12

HABLA AHMED SOBEH, FUNCIONARIO INTERNACIONAL DE LA AUTORIDAD PALESTINA
�No vamos a negociar nada en absoluto�

La convocatoria a una cumbre tripartita para mañana en Sharm-elSheik pareció descomprimir la tensión israelo-palestina, pero los palestinos esperan muy pocos resultados, y sus movimientos estarán limitados. Aquí uno de ellos explica por qué.

Un soldado israelí apunta contra manifestantes palestinos ayer en Hebrón.

Palestinos armados de Al Fatah muestran sus emociones contra Barak en Gaza.


Por Eduardo Febbro
Desde París

t.gif (862 bytes) Tras varios días de sangrientos enfrentamientos, israelíes y palestinos aceptaron a regañadientes la opción diplomática. Ehud Barak y Yasser Arafat aceptaron acudir este lunes a la cumbre que debió realizarse en Egipto �Sharm el-Sheik� hace una semana, es decir, justo después de que ambos firmaran en París una suerte de preprotocolo de paz que, al final, quedó en palabras muertas. En víspera de esta cumbre, las perspectivas son ambiguas: Arafat continúa reclamando una comisión internacional independiente para investigar lo ocurrido en la Explanada de las Mezquitas tras la provocativa visita de Ariel Sharon, mientras que Israel asegura esperar ver qué �medidas operativas� Arafat piensa tomar para poner término a la violencia. 
Odio, reproches, irresponsabilidad, desigualdad entre los adversarios, la suma de incomprensiones es enorme. Los palestinos se muestran como nunca dispuestos a todo, incluso si hay que volver a pagar el precio de muchas vidas humanas. Algo fundamental perece haberse roto entre ambos. En esta entrevista exclusiva con Página/12, Ahmed Sobeh, director general de la Cooperación Internacional de la Autoridad Palestina, adelanta las pocas esperanzas que tiene frente a la cumbre del lunes al tiempo que acusa de parcialidad a la comunidad internacional y puntualiza lo que está en juego en las negociaciones.
�Lo que parecía imposible se realizó: Arafat y Barak protagonizarán una nueva cumbre. ¿Cuáles son las expectativas de la Autoridad Palestina? 
�Acabamos de tomar una decisión bastante difícil al aceptar que vamos a participar en la cumbre que se llevará a cabo en las próximas horas en Egipto. En primer lugar, se trata de una decisión altamente impopular en los medios palestinos, ya que el sentimiento general de nuestro pueblo es que estamos pagando un precio altísimo por los esfuerzos políticos mientras que, del lado Israelí, no vemos la misma actitud. Pero estamos obligados política y moralmente a darle una nueva oportunidad a la paz y escuchar los términos de la gestión política internacional encabezada por el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, quien desplegó muchos esfuerzos en los últimos días. 
�Usted habla de obligación política y moral, con lo cual da a entender que esa cumbre no encierra ninguna negociación trascendente. 
�Efectivamente, no se va a negociar nada en absoluto. No tenemos grandes expectativas sobre el resultado posible o presumible de esta cumbre. Solamente sería conveniente parar la agresión israelí contra nuestro pueblo, parar la agresión de los generales israelíes que están matando a niños palestinos todos los días. Pero hoy en día, el sentimiento general palestino es de mucha tristeza por la posición internacional, la cual está presa en los conceptos norteamericanos, presa de conceptos inadecuados que terminan por poner en el mismo plano al verdugo y a la víctima. Los esfuerzos internacionales fueron intensos cuando tres soldados israelíes fueron secuestrados en el sur del Líbano, pero no hubo gestiones diplomáticas cuando más de 90 palestinos murieron bajo las balas israelíes. En las últimas dos semanas murieron 121 palestinos y cinco israelíes. La comunidad internacional, es decir, Occidente en general, tiene una posición que consideramos como inmoral. Lo único que ha hecho Occidente es pedir a las dos partes que retomen las negociaciones como si las dos partes fuesen responsables por igual de lo que está ocurriendo. No hubo valentía política en Occidente para decirle a Barak que es un asesino y que su gobierno lo es también, y doblemente: al matar a los niños palestinos y al llamar a Sharon, otro asesino reconocido, a formar parte de un posible gobierno. Como si no bastara con un asesino nos traena otro. Estamos realmente decepcionados por la enorme cantidad de países occidentales que, en vez de ayudar a la víctima, han premiado al verdugo y han puesto al mismo nivel a la víctima y al verdugo. Consideramos que esto fue un estímulo directo para que los asesinos siguieran matando. Pero a pesar de todo vamos a esta cumbre con la intención de parar la masacre contra nuestros niños. Pero no esperamos grandes cosas. 
�Ahora, ¿qué pasó exactamente entre la cumbre que se llevó a cabo en París hace una semana y el desenlace posterior? En París se vio una intención de negociar que después quedó sepultada. ¿Cómo explicar esta serie de cumbres y violencias sucesivas? 
�Simplemente porque Barak quiere imponer por la fuerza militar lo que no puede imponer en la mesa de negociaciones. Este señor está intentando salvar su pellejo formando cualquier tipo de gobierno y no importa si con ello mata a los palestinos y el proceso de paz. En París lo que ocurrió es que llegó la secretaria de Estado norteamericana y se puso a defender a Barak. ¿Sabe por qué?: porque quieren a Barak a pesar de Barak, ya que no pueden perder los votos judíos en las próximas elecciones. 
�¿Pero qué es lo que quiere Barak y qué quiere Arafat? 
�Arafat quiere un Estado palestino independiente con Jerusalén Oriental como capital, es decir, de acuerdo con los estatutos internacionales. Barak quiere salvar su gobierno sin importarle si mata el proceso de paz, quiere seguir imponiéndose como ocupante y no ve a los palestinos como socios dentro de un proceso de paz. Barak sigue pretendiendo imponerse en nuestro territorio con la vieja mentalidad de general ocupante. 
�Otro misterio es el que rodea los resultados de la cumbre de Camp David y los encuentros posteriores. Incluso el presidente francés Jacques Chirac dijo que hace 15 días se estaba más cerca que nunca de la paz. ¿Qué ocurrió? 
�Es todo un espejismo. En Camp David no hubo acuerdo sobre nada. Se habló de todo pero con la diferencia de que Israel habló en términos de ultimátum, como lo estamos viendo ahora. Si tomamos en cuenta que los territorios palestinos ocupados en el �67 son territorios de los que Israel debe retirarse, Barak en ningún momento se mostró dispuesto a cumplir con ello. Si hablamos de que en Camp David Barak avanzó mucho con respecto a lo que pensaba Netanyahu, claro que sí, es cierto, avanzó... pero igual estaba muy lejos aceptar lo mínimo de nuestros derechos, esos derechos aprobados y reconocidos por la comunidad internacional. En otras palabras, si toda Cisjordania, incluyendo Jerusalén Oriental y Gaza, es un ciento por ciento del territorio ocupado ilegalmente por Israel, y así lo reconoce el mundo entero, ¿por qué el señor Barak nos ofrece únicamente el 80% de ese territorio, quedándose con el 20 por ciento? Eso nos parece una aberración, ya que equivaldría a dar un premio a alguien que nos ocupó durante 33 años. Nosotros firmamos un acuerdo con Israel para que, en un plazo de siete años, los israelíes se retiraran del ciento por ciento del territorio. Ahora, si usted piensa que nos dan el 80 por ciento seguramente parece gran cosa. Pero nosotros vemos que tardó siete años y aún no quiere devolver todo lo que tomó. Como ve, Barak está muy lejos de cumplir. Este es el panorama. No estamos dispuestos a que, después de tantos años de ocupación y sufrimiento, se cambien las reglas del juego a la mitad o al final del juego. Ya hemos firmado con los israelíes un acuerdo que estipula que el estatuto final debe ser el cumplimiento de las resoluciones 242 y 338 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Eso quiere decir recuperar toda Cisjordania, incluyendo Jerusalén Oriental y Gaza. Barak quiere que los palestinos, que fuimos víctimas de la ocupación, sigamos siendo víctimas de la paz. Los israelíes confiscaron nuestras tierras para colocar aquí a colonos retrógrados y extremistas armados hasta los dientes. Están en medio de nuestra población, en el territorio ilegalmente confiscado, y Barak pretende que los palestinosadmitamos a los colonos anexando parte de nuestro territorio. Quiere su soberanía por encima de nuestras mezquitas e iglesias más sagradas. Ha habido un mal enfoque de lo que ocurrió en Camp David. Como nosotros no aceptamos, ahora, con sus armas y sus tanques, Barak nos dice: bueno, si no aceptan, ésta es la opción que les queda. Ambas son inaceptables. Nosotros respetamos el derecho internacional: Cisjordania y Gaza deben ser evacuadas totalmente para dar lugar a un Estado palestino independiente. Pero este Estado no tiene que ser enemigo de Israel. Será vecino para siempre y cooperará con el Estado de Israel. Pero no será un lacayo de Israel sino un socio y un vecino. Ese es el problema. 
�El Estado de Israel acusa no obstante a Arafat de haber liberado a los 150 prisioneros de Hamas..., una decisión que no arregla en nada la perspectiva de la paz. Son como bombas vivientes. 
�Espero que así sea porque Sharon es una bomba ya probada, los palestinos ya la probamos en Shabra y Chatila. Ni Barak ni nadie tiene la moral suficiente para decirnos si soltamos o no soltamos a los hombres de Hamas. Israel bombardeó con aviones y helicópteros los centros policiales donde estaban presos los hombres de Hamas. No podíamos correr el riesgo de que los mataran. Pero decir esto como acusación y al mismo tiempo coquetear con Sharon es algo inmoral e inaceptable. 
�Israelíes y palestinos parecen decir al unísono que el proceso de paz está muerto. 
�No puedo ser más que pesimista en cuanto a la posible reanudación del proceso. 
�Entonces, ¿hacia dónde se va...?, ¿cuál es el camino? 
�Nosotros sabemos a dónde vamos, quienes no lo saben son los israelíes. Eso depende hasta qué punto este mundo es capaz de convencer a Barak de que si hay inestabilidad en esta parte del mundo no seremos los únicos perjudicados. Si alguien llega a convencer a Barak de que la paz no puede ser la imposición del fuerte realmente podremos avanzar. De lo contrario me temo que estaremos en la víspera de una confrontación total.

 

 

opinion
Por Claudio Uriarte

Votando en Yanquilandia

La cumbre israelo-palestino-americana de mañana en Sharm-el-Sheik �si no llega a hacerla abortar hoy algún nuevo desborde de cualquiera de las dos primeras de sus partes� sólo puede aspirar a establecer algún tipo de cese del fuego, seguramente monitoreado y garantizado por la CIA; el proceso de paz no está muerto, pero tendrá que esperar, y esto por tres razones: 1) la inminencia de las elecciones norteamericanas (el 7 de noviembre); 2) la inestabilidad política en Israel y 3) la confianza entre las partes ha sido destruida, y no hay forma en que Ehud Barak ni Yasser Arafat puedan vender a sus respectivos auditorios internos un acuerdo que implique la mínima concesión con respecto a sus posiciones de máxima.
Si se observan los tiempos políticos en cada uno de los vértices del triángulo de Sharm-el-Sheik, puede concluirse que algunas de las violencias de las dos a tres últimas semanas no carecen del todo de cierta intencionalidad política. Por ejemplo: la visita del líder ultranacionalista israelí Ariel Sharon a la Explanada de las Mezquitas, que disparó el incendio subsiguiente, fue permitida por el premier israelí Ehud Barak porque le posibilitó relanzar dentro del opositor partido derechista Likud la figura de Sharon �a quien puede ganarle en eventuales elecciones anticipadas� contra la del ex premier Benjamin Netanyahu �que aventaja a Barak en las encuestas�. Esto es porque Barak está en minoría dentro del Parlamento, y puede caer cuando éste se vuelva a reunir en cuestión de semanas. La invitación a Sharon a participar en un gobierno de urgencia también batalla contra las elecciones anticipadas, que se celebrarían recién en abril, congelando toda la dinámica política por cinco peligrosos meses.
Pero la apuesta principal tiene que ver con las elecciones norteamericanas. Aquí todo es clarísimo: los israelíes juegan a un triunfo del vicepresidente demócrata Al Gore, que en el último debate subrayó su apoyo al Estado judío; los palestinos, al del gobernador republicano de Texas George W. Bush, que en el mismo debate protestó por la discriminación a unos árabe-americanos �que aportarían unos tres millones y medio de votos, nada despreciables en una elección tan reñida�, y cuyos vínculos con la industria petrolera lo impulsan a una política exterior más proárabe. Por eso, ni a palestinos ni a israelíes les conviene ir más allá de un cese del fuego en Sharm-el-Sheik, y quizá a alguno �o a los dos� incluso le convenga quedarse más acá.

 

PRINCIPAL