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QUE DICEN LOS RADICALES Y FREPASISTAS CUANDO NADIE LOS ESCUCHA
Cómo están las fichas en el tablero

Nosiglia, Alvarez, Alfonsín, los Sushi, cada uno tiene su receta y balance de la crisis. Estos son sus panoramas.

Por Susana Viau

t.gif (862 bytes)  En el entorno de Enrique �Coti� Nosiglia prefieren decir que su estrategia consiste en �llenar el gobierno de UCR�. Para Carlos �Chacho� Alvarez, Nosiglia es el impulsor de un pacto a mediano plazo entre el Presidente y el menemismo. Ambos coinciden, sin embargo, en el rol que cumplen los �sushi�: según el nosiglismo, son �un grupo faccioso�; los intérpretes del pensamiento del ex vicepresidente afirman que los ve como �operadores en el palacio�. La diferencia es que el silencioso ex ministro del Interior ha elegido utilizarlos como polea de transmisión. En la correlación de fuerzas al interior del Gobierno, Nosiglia ha ganado espacios colocando algunos de sus alfiles en puestos clave, pero después de una resolución no calculada de la crisis. Será cuestión de observar con atención hasta qué punto la desaparición de lo que consideraban su principal hipótesis de conflicto no resquebraja la unión transitoria configurada por los �sushi�, el jefe de la SIDE, Fernando de Santibañes, y el responsable de relaciones institucionales del radicalismo. En la visión del dimitente, dicen, �al grupo la cuenta le salió mal, pero eso no significa que no sigan creyendo que la jugada era correcta�. Una jugada que consistía más que en remociones, en la revaluación de los protagonistas. �Alberto Flamarique rompiendo con el Frepaso, Graciela Fernández Meijide aislada, el vicepresidente desautorizado y los senadores reacomodados, desapareciendo del centro de la tormenta.� El altísimo perfil del que hizo gala Alvarez en relación a los acontecimientos en la cámara alta había puesto �al rojo vivo el terror al crecimiento de la figura vicepresidencial y al opacamiento de la del Jefe del Estado�. Alvarez está cada vez más convencido de que, en ese momento, la campaña que se había iniciado con la difusión de versiones sobre su vida familiar, tomó vuelo con la consigna que en el fondo significaba �Todo el poder a De la Rúa; el modo: esmerilarlo al segundo�. La opinión de un brillante analista político de cuño radical coincide con esa hipótesis. �El Presidente �explicaba� es un hombre introvertido, buen político, pero personalista y a veces se ciega. En el partido hay quien dice que `no deja crecer ni a su sombra�. Y no se debe olvidar un dato de primer orden: en el círculo íntimo del delarruismo siempre se evaluó que había sido él quien ganó las elecciones y no la Alianza.� En ese cuadro, el alerta sushi sobre el empinamiento de Alvarez habría sido el fósforo arrimado a la nafta. Para muchos de una y otra franja de la Alianza, �el esquema que alientan los allegados al Presidente es también sustitutivo del radicalismo porque los mercados le temen a Alfonsín. Por otra parte, le temen a una posible coincidencia con Alvarez y a la consecuente proyección futura de éste�. En cuanto a Alfonsín, en las cúspides del Frepaso se opina que, �aunque no ve como perversa una confluencia con el menemismo, no la apoyaría en esta emergencia por varias razones: porque Alfonsín está en contra de la dolarización, porque no quiere un abandono del Mercosur y, además, porque entrarían a peligrar sus posibilidades senatoriales para el 2001�. Alvarez, se asegura, trabaja en varias direcciones: �reconstruir la Alianza para no darle justificación al esquema de poder De la Rúa-Menem; no instalar la idea del doble comando; desvirtuar las especulaciones con que se trabaja desde el nosiglismo de que, con la crisis del senado, construyó un escenario para irse�. Desde la trinchera de Nosiglia el panorama, si de contar soldados se trata, muestra un aumento de su influencia en el seno del gobierno: Carlos Becerra y Chrystian Colombo (aunque lo niegue) son sus amigos y Colombo puede ser considerado un eventual recambio del ministro de Economía, José Luis Machinea. Pero tampoco es de desdeñar lo que el operador radical puede hacer manejando algún resorte vital de la Secretaría de Inteligencia del Estado. Tiene un representante (Vila) en la Dirección General de Análisis, un área sin demasiada relevancia. Pero ha logrado colocar también a quien fuera su secretario privado cuando asumió, durante elgobierno de Alfonsín, el ministerio del Interior: Ezequiel Lanusse, responsable de la �Ojota�, la Dirección de Observaciones Judiciales, la zona de las escuchas y los pinchazos telefónicos. Darío Richarte sigue siendo el candidato sushi ante el inevitable relevo de Fernando de Santibañes, quien ayer tuvo un prolongado encuentro gastronómico con Fernando de la Rúa en la quinta de Pilar.


VARELA VARELITA, SCALABRINI ORTIZ ESQUINA PARAGUAY
El bar de las señoras enamoradas

Por Marta Dillon

Hay un nuevo rito que hace reír a los mozos y clientes del Varela Varelita. Lo cumplen, en general, mujeres maduras que repiten sin conocerse un mismo gesto: llegar a las ventanas del bar, agacharse para esquivar el marco y buscar con la mirada al hombre que hizo famosa a la esquina de Scalabrini Ortiz y Paraguay, Carlos “Chacho” Alvarez. Del lado de adentro, los hombres que toman su café a la misma hora y en la misma mesa desde hace años les hacen un guiño y las desconciertan. “Es que ahora las señoras están todas enamoradas”, dice Ramón, el rotisero de la vuelta, Moncho para esos amigos que él confiesa entrañables aunque nunca haya pisado sus casas. “La conferencia de prensa la habrá hecho enfrente –dice Angel, empleado y con veinte años de riguroso café vespertino– pero Chacho es de acá, es como nosotros.” Este señor que no se quita la corbata ni siquiera en sábado marca con un gesto la diferencia entre este bar y el Oporto, abierto hace siete meses. Angel se toca la nariz despectivamente y marca una diferencia de clase, de clase media, “no como los de enfrente que son todos nariz parada”.
Angel se confiesa “chachista” pero desilusionado: “no se abandona el barco a mitad de camino, eso es dejarle el camino abierto al rubio de ojos celestes”. ¿Quién es el rubio? “Carlitos Menem, que se cree blanco pero es un groncho.” Tiene 65 y todavía conserva un empleo del que no quiere hablar como no quiere dar su apellido. Es fiel a su tradición de boliche y por eso se siente un poco molesto por el abandono de Chacho, en la política y en el bar, porque desde que abrieron el Oporto el ex vicepresidente alterna tecito de hierbas a ambos lados de la avenida. Moncho, en cambio, con sus 50 años de edad y 30 de barrio, lo disculpa: “¿Y qué querés? Acá se lo veía mucho, se le venían los vecinos a hablar. Enfrente no lo conocen tanto”.
Enfrente, donde ninguno de los hombres que frecuentan el Varela Varelita cruzaría jamás –y no sólo porque el precio del café es casi un peso más caro– los mozos todavía no se reponen de sus cinco minutos de fama. Son veinte empleados del local donde Chacho organizó el lunes pasado su conferencia de prensa del día (hábil) después de la renuncia, y ninguno está autorizado a hablar. Sin embargo, se deslizan los chismes, como que Christian, uno de los mozos, ya es un sex symbol. Fue el que tuvo “el orgullo de atender al vice” mientras hablaba con los medios. “Yo lo atendí pero sé perfectamente que Chacho nació enfrente, es del Varela y si yo tuviera que elegir iría allá”, dice Christian en voz baja. Con ese estilo impersonal con que se ha uniformado a la mayoría de los bares de Buenos Aires –detalles de neón, falsas plantas colgantes, grandes espejos y mesas de caño– el Oporto es el otro extremo del Varela Varelita, separado por mucho más que la avenida Scalabrini Ortiz. Este bar resiste con su estética de boliche el cierre generalizado de esos míticos lugares de encuentro donde en décadas pasadas se discutían ideas y se acuñaba esa palabra cuyo significado hoy está en discusión: progresismo.
En el Varela Varelita el ánimo es otro y hasta el tiempo parece correr distinto. Si algo agradece la mayoría masculina que se sienta en sus mesas antes y después del trabajo es la vuelta de la discusión, un género que hasta hace poco en el bar quedaba restringido al fútbol. “Hablar de política es para problemas”, dice Moncho, sin dejar de criticar a Hugo Moyano que desde la pantalla de la tele le habla a la gente reunida en Plaza de Mayo. José, el dueño del kiosco de diarios pegado al bar, se asoma por la ventana y sentencia “Chacho es el número uno”, con una frase que parece copiada de la bailanta. José, treinta y cinco, pasa sus días sentado en la ventana del bar y resume en pocas palabras un estado de cosas con el que todos acuerdan: “Yo voté a Chacho porque lo veo, es un vecino, siempre estuvo acá y sigue estando”. Es esa cercanía lo que lo hace creíble y querible para los vecinos, seguros de haber asistido a la última epopeya. “Yo me enteré de la renuncia en este bar, antes que lo supieran los medios”, dice Moncho sin dar más datos. Y José, sin saber queese quiosco por el que cada mañana Chacho pasa y compra el diario es el que alguna vez ayudó a Ernesto Che Guevara a pagar sus estudios de medicina como repartidor, pregunta: “¿vieron los afiches que muestran los ojos del Chacho? ¿No tiene pasta de héroe?”.

 

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