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LA ALMOHADA COMO CONCEPTO, EL HOMBRE
 GEISHA Y EL VIAGRA ANTIIMPERIALISTA DE FIDEL
El romance del Carlos y la Chechi

En Chile es espectacularmente famosa y hay una mezcla de fascinación y bronca con que se enamore “en el país de los ches”. De este lado de las montañas, Cecilia Bolocco despierta espíritus aguerridos cada vez que aparece del brazo del ex presidente Carlos Menem. Las historias de un culebrón de amores, celos, política y hasta micrófonos.

“Del árbol de O’Higgins pueden caer amapolas”, le dijo Menem cuando la vio. Bolocco le sonrió. 

Por María Moreno

t.gif (862 bytes) “La almohada es un concepto árabe”, declaró hace unos días Carlos Saúl Menem, mientras comía en la Asociación Arabe Islámica ante una mesa ocupada por platos de bateyen (berenjenas) y humus (garbanzos) con que su comunidad equipara el antipasto criollo. Todo el mundo pensó que en esa almohada estaba la cabellera rubia de la periodista Cecilia Bolocco. Porque durante el mes de octubre, y luego de oficializado el romance con una comida en casa de Eduardo Menem y una salida al balcón en La Rioja –en ocasión del triunfo de Angel Maza–, la Miss Universo chilena y conductora del programa “Viva el lunes” ocupó la tapa de las revistas representando un lugar diferente al que estaba acostumbrada. Entonces, con esa picaresca que la voz de la calle utiliza para espantarse de encima las encrucijadas políticas y los declives económicos bautizados cómodamente de “crisis”, la renuncia de Chacho Alvarez, las coimas en el Senado y la recesión retrocedieron ante este culebrón trasandino en el que hasta Fidel Castro, como la Susy Kent de las novelas de Migré, oficia un papel de reparto pero insidioso. El alguna vez fue entrevistado por la periodista, comió con ella, dio que hablar, entretuvo con protocolos diplomáticos a Zulemita cuando el padre chacoteaba en Miami con la ex miss y, en su momento, recomendó un Viagra antiimperialista llamado PPG para invertir cualquier desánimo erótico del ex presidente (la versión es de Olga Wornat, autora de Menem vida privada). 
El culebrón incluye una grabación donde Zulemita chantajea a su padre con que va a involucrarlo en un caso de corrupción si sigue mostrándose con la rubia. Por esa grabación, supuestamente en poder del recaudador de campaña del ex presidente, Mario Rotundo, éste habría sido agredido con una jeringa usada a la manera de un arma. Zulemita, puesta en el papel de Electra, habría extraído documentos de la casa de su padre. Los Yoma y sus abogados dijeron que algo hubo, pero que no fue así, ni para tanto.
El país-tribuna se muerde las uñas mientras se pregunta “El le lleva más de treinta años, ¿cómo hace?”; Olga Wornat sugiere que su biografiado es una mezcla de sultán con Sherezade.
–No sé qué hará Menem ahora. Pero yo hablé mucho con una de sus ex, de la que no te voy a dar el nombre como no lo di en el libro. Sólo le dejé el de pila: Marcela. Es una chica fina, licenciada en Letras, hija de un militar. Con la confianza que se va ganando en una entrevista le pregunté “¿Cómo es Menem en la cama?”. “Una geisha”, me contestó.
–¿...?
–Un hombre que conoce el cuerpo femenino a la perfección. Que a los sesenta y pico de años podía tener tres orgasmos por noche. 
–¿...?
–Es cierto que todo el gabinete se andaba sacando las pastillas de los bolsillos. Las PPG que venían de Cuba y es una especie de Viagra. Pero Menem es un hombre totalmente al servicio de la mujer. Yo escuché las grabaciones que tenía Marcela. El lloraba, ¡lloraba!, le cantaba tangos, le rogaba, la celaba: “¿Con quién me estás traicionando?”. Hasta se pone celoso de que sus ex rehagan su vida. En cambio, sigue ayudando a las que le siguen siendo fieles. Quiere el harén. A Ana María Luján la visita siempre. 
–¿Eso tiene que ver con su cultura?
–El, cuando hace el amor, se transforma. Le gustan mucho los rituales. Prende velitas. Pone música. Prepara un baño de espuma.
–¿Para “ella”?
–Se bañan juntos. Usa esas bolitas de Martha Harf. 
–¿También en los momentos difíciles?
–Con Marcela tuvo que pasar cosas pesadas. La muerte de Carlitos, la renuncia de Cavallo, el suicidio de Yabrán. Cuando está con una mujer hace meditación trascendental o cualquier otra cosa y ¡clic! la corta para estar totalmente con ella. 
El país-tribuna pone una sonrisa canalla como la de los personajes que Calé retrataba en Buenos Aires en camiseta y cree y no cree esta clase de testimonio. Es el mismo país que construyó ídolos a los que sueña asexuados como Borges o Gardel –aunque salte si alguien se mete con la sexualidad de Carlitos–, pero entonces ensaya una pregunta menos procaz que “¿Cómo hace?” Y es: “¿El la ama? ¿Ella lo ama a él o será por interés?”. La periodista y escritora Cecilia Absatz, que es una aguda observadora de las vicisitudes entre amor y poder, es realista:
–¿Enamorados? Enamorados es un término un poco juvenil. A cierta edad no se busca la mina del planeta sino una propuesta de vida. Uno se pregunta más bien ¿qué panorama me ofrece esto? Y él ofrece seducción con un toquecito árabe. El dinero es la cosmética. 
No se trata de elegir entre el amor y las conveniencias sino que tanto Menem como Bolocco parecen haberse enamorado de la persona conveniente.
Silvina Walger, la creadora de la fórmula “pizza con champagne” que definió a la cultura menemista en más de un best seller, es más dura.
–¡Qué van a estar enamorados! Son dos perversos, tal para cual. Claro que la Bolocco estuvo muy astuta cuando dijo en el programa de Susana que la comprendía a Zulemita porque ella también tiene un hermano muerto. Que estaba bien que amara a su padre porque ella también ama al suyo. Pero ojo que es una experta en testas coronadas sólo que fina. Porque con Bolocco Menem rompe el modelo de las minas que tuvo. Pero la libido la sigue teniendo en el Poder, eso no lo ha aflojado. Yo le dije al Tata Jofré “¡No me digas que está metido!” Y él me dijo “Muy”. Esa chica es miel pura, salvo que cobra.
Cobró 35.000 dólares por aparecer en el programa de Susana Giménez, negociando con soltura la cifra inicial que era de 25.000. Y tuvo 24 puntos de rating, siete más que el Presidente, durante el mismo programa. Olga Wornat se adelanta con una profecía a la decena de brujas que solían rodear a Menem antes que la Bolocco lo sumergiera en la lectura de Pablo Coelho mientras le tenía la manito en la casa de ella en Biscayne Point Circle de Miami.
–Se casan. No hay duda. En ese sentido éste es un vínculo sano. Por fin Menem puede cortar esa cosa enfermiza que tiene con Zulemita. Una Electra que sabe siempre la clave secreta de dónde está el padre. Que le da piquitos en la boca. Menem y Bolocco son dos ególatras, pero también almas gemelas. Pero a él ella le conviene. Imaginate que pasar de ser presidente y salir todos los días en todas las portadas, a estar a lo sumo en un recuadrito del Hola, debe haber sido terrible. Ella lo sacó del ostracismo. No creo que sea amor, aunque él es de decir “te amo” al día siguiente. Fijate que es muy pijotero –de mandar comprar frasquitos de perfume en los free shops para repartir entre las chicas– y a la Bolocco le compró un corazón de oro y diamantes de Bulgari de 6000 dólares.

Quién es esa rubia

Cuando el escritor y periodista Miguel Briante se encontraba con una de esas mujeres que utilizaban su lecho como peaje de celebridades, le decía socarrón: “Vos sí que volteás muñecos grandes”. Las bellas coleccionistas internacionales de peces gordos fueron Jackie Kennedy, que logró que le pusieran un anillo en el dedo un presidente y un empresario naviero, y Françoise Giraud, que pasó de Pablo Picasso a Jonas Salk y recicló los dividendos en un par de libros. Cecilia Bolocco es, según los rumores, una experta en trípodes (léase hombres casados), pero las páginas de Internet que lo atestiguan suelen estar bloqueadas. Su casamiento legal fue con el productor Michel Young. Sus comidas con Alberto Fujimori y Fidel Castro han levantado rumores de romance, pero puede tratarse sólo de chismes latinos. Según Silvina Walger, una cadena de suspiros choca contra las paredes de los Andes porque Bolocco, a quien en Chile llaman “Chechi”, tiene la esperanza de dejar de ser La Otra para transformarse en Ella. El popular diario La Cuarta, haciendo la crónica de la vuelta a Santiago como si fuera el comentario de un matrimonio que acaba de casar bien a su hija, afirmó en su edición del 19 de octubre que “los ches del país de los bifes de chorizo” se remecieron con Chechi y se refirió derecho viejo a Bolocco como “la novia de Menem”. También anunció que el programa “Casi en serio” mostraría una sátira de la entrevista con Susana Giménez. Leo Caprile encarnaría a Su y Marcos Charola Pizarro a la Chechi. El cronista demostró preocupación por la nueva salida al aire de “Viva el lunes”, programada para el 30 de octubre como si temiera que la enamorada anduviera en babia por el vecino latin lover y descuidara sus obligaciones con Canal 13. Pero se tranquilizó con la información de un integrante del equipo de producción del programa: “Cecilia es tan responsable que de seguro aparecerá por el canal en cualquier momento”. Luego llegaría la noticia de que el contrato, que vence en enero, no sería renovado. A los directivos del canal, manejado por la Iglesia Católica, no les caen bien los divorciados. 
Pasarela, en su número del 20 de octubre, contó la historia de amor de Menem y Bolocco en cinco episodios de sátira gruesa que comienzan con el del flechazo: “Voló Charlie a Santiago de Chile en misión oficial. Fue un viaje rutinario como tantos. Habló con su colega Frei de negocios y bueyes perdidos. Jugó al golf, morfó exquisiteces, bailó la cueca, se mandó unos piscos. Pero en la obligada recepción ofrecida en la embajada argentina, sucedió lo inesperado: estaba el Presidente conquistando viejas calandracas para matar el tiempo, cuando, de repente, apareció ella, la Cecilia, po. Fue verla y al Charlie cambiarle la cara. Saltó y se puso a la orden. Charlaron, se intercambiaron piropos y rapidita como toda chilena, la Cecilia, po, se consiguió un viajecito a Buenos Aires con el pretexto de entrevistarlo para su nuevo programa. Dicen los presentes que fue amor a primera vista. El presi, un caballero, le susurró al oído haciendo gala de sus conocimientos de historia: ‘Del árbol de O’Higgins pueden caer amapolas’. La Cecilia, po, no entendió un joraca, pero chapó que era un piropo y le sonrió. Ahí nació el amor”. 
Si bien en Internet hay una encuesta donde se pregunta a los chilenos “¿dónde quiere que viva Chechi?”, alrededor de la hija del fabricante de heladeras Bolocco no todo es amor. Muchos recuerdan que ella fue la Miss Universo del período en que Chile boqueaba para alcanzar la democracia, cuando el general Pinochet se enguantaba las manos ensangrentadas para servirle scons al crítico Paul Johnson y éste escribía para un diario inglés el elogio del Chile del florecimiento económico y de los embotellamientos de tránsito que atestiguaban la modernidad de Santiago. El feroz cronista Pedro Lemebel, en su crónica Cecilia Bolocco “besos mezquinos para no estropear el maquillaje”, que forma parte de su libro Perlas y cicatrices, recuerda a la amiga del ex presidente con la corona de Miss Universo 1987 ladeada, y el grito emocionado de “Viva Chile” en los labios. Luego la mujer que Lemebel describe como una “belleza aguachenta de Barbie sin drama” y que, a los minutos del triunfo, tiraba por televisión besos a la dictadura, se fotografió con Pinochet para que muchos chilenos la dejaran pegada a esa imagen.
“Los años pasaron, atenúa Lemebel, porque después de todo ella nunca prometió que sería Tania la guerrillera. Llegó la democracia y Cecilia se fue a Estados Unidos donde la contrataron para hacer televisión. Vino la Guerra del Golfo y ella apareció por la CNN narrando con simpatía el vuelo de los cadáveres destrozados en el aire. Como si contara una película, su acento Miami describió fríamente el horror de esas escenas negadas por la cadena de tv. Ahí supimos que nuestra reina había dejado atrás la timidez del colegio de monjas, se veía más segura hablando con ese timbre de cubana exiliada.” 
Por supuesto que la Bolocco siempre fue algo más que una chica de tapa que la red ofrece entre las modelos tops chilenas. Tiene un currículum: Dos Emmy a la mejor animadora y a la mejor productora de la tv latina. Hizo de malísima destructora de inocentes para Univisión en el teleteatro”Morelia”. Su programa “Viva el lunes” le garantiza un sueldo de 50.000 dólares que gasta sin discreción mientras conduce su Mercedes Benz azul SL 320.
“Es divina sin objeción, aunque un poco estructurada en su discurso y sin ningún sentido del humor”, opina Cecilia Absatz. “¿35 años? Yo le doy 40. Porque cuando se es joven no se tiene un contorno de la cara, se tienen un par de manzanas como mejillas, una especie de desdibujo. Yo diría que esa cara ya tiene el carácter de los 40.”
Ese discurso estructurado es el que el cronista Lemebel atribuye a las misses Universo caretas que jamás se pronuncian sobre al aborto, viven con los padres y leen “todo lo que me cae en manos”. Por ejemplo, de Menem Bolocco dice: “Es un hombre que disfruta de la vida y no oculta nada. Es cálido, cauto, católico y muy profundo”. De su cena en casa de Eduardo Menem extrajo la siguiente conclusión filosófica: “Cuando la gente es sencilla y es honesta y te abre el corazón, conmueve”. Y de la posibilidad de que su amigo sea reelegido en el 2003 observa: “Es lo que él quiere. Por lo tanto me gustaría que, por él, así fuera”. 
Esa oratoria tautológica deberá afilarse cuando las dos Zulemas continúen con la ofensiva.
“Creo que es astuta pero no sabe dónde se mete”, profetiza Olga Wornat. “La suite del Alvear adonde paró está tapizada de micrófonos. Porque para Menem lo privado es público. Hay todo un entorno que controla. No sólo Zulema y Zulemita. Un entorno donde las cosas se resuelven como en Siria, en el interior de una carpa. ¿Cuánto hay para mí? Esto hay para vos. A Zulema le cayó pésimo la comida en lo de Eduardo, que justo es el hombre que la quiso internar. Y como dice Zulema, la venganza se sirve en plato frío.” 
Cuando las mujeres advierten en los conflictos políticos una dimensión que parece situarse en un más allá de la política, suelen evocar las historias infantojuveniles en las que los miembros del sexo viril jugaban a medirse los genitales con una regla o hacer carreras con el chorro de orina. En esa vertiente evaluadora, a la imagen de un De la Rúa haciendo el abuelito en el lloradero de Susana Giménez –en su living lloró Palito, y hasta la misma Bolocco, notó Jorge Rial– rodeado por su esposa y sus nietos, le gana la de un ex presidente de setenta que anda con una de 35. Y al que un chiste lo llama “Vieja película argentina” porque “está por Volver”. La pregunta es si, de volver, volvería con una primera dama chilena. Claro, el hecho no contradiría una tradición argentina pletórica de identidades nacionales equívocas ¿Acaso Cortázar no era belga y Gardel uruguayo o francés?

 

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