Principal RADAR NO Turismo Libros Futuro CASH Sátira
ESPACIO PUBLICITARIO


LO PROTAGONIZO EL POLACO ANDREW GOLOTA
El papelón no fue de Tyson

La pelea no fue pelea: el europeo no salió a disputar el tercer round y consumó una de las estafas más grandes de la historia.

Mike Tyson celebra su victoria por nocaut técnico. Le alcanzó con dos rounds para asustar al polaco.

Andrew Golota está en el suelo, alcanzado por Tyson. Una derecha voleada lo volteó en el primer round.

Por Daniel Guiñazú

t.gif (862 bytes) Sólo Andrew Golota sabe lo que le pasó a Andrew Golota. Sólo algún texto de Freud o de Lacan puede empezar a explicar qué cosas detonaron en la cabeza del gigante polaco al momento de abandonar su pelea ante Mike Tyson al comienzo del tercer round de la pelea celebrada en Auburn Hills, Michigan, en la madrugada de ayer. Golota se bajó del ring herido (tenía tres cortes, uno en la ceja izquierda, otro en el pómulo del mismo lado y el restante en el entrecejo). Pero no eran graves sus cortes como para impedirle seguir en combate ni estaba vencido sin remedio cuando decidió su propia borratina. Quizá le haya temido al papelón de un nocaut que se suponía cercano. Tal vez le costaba demasiado soportar los mazazos de Tyson y haya creído inútil seguir oponiendo una resistencia sin futuro. Lo cierto es que Golota se fue sin grandeza. Y Tyson terminó envuelto en otro escándalo, esta vez no por su culpa, luego de seis minutos de acción que dejaron a todos en todo el mundo con ganas de más, de muchísimo más.
Cuesta entender la huida del polaco porque en los dos rounds que duró el pleito Tyson fue menos Tyson que otras veces. No tuvo la fiereza desborada que mostró ante Julius Francis en Manchester y frente a Lou Savarese en Glasgow. No fue por Golota con la salvaje agresividad que es su marca registrada. Estuvo controlado, lento en la concepción y en la ejecución de sus maniobras de ataque, poco explosivo, pero lo suficientemente fuerte como para hacerle sentir su rigor a Golota en cada cruce. Lo sentó en la lona con una derecha voleada imponente en el primer asalto y después, en el segundo, lo movió con un par de impactos cortos, pero nunca lo conmovió. Le costaba a Tyson achicar distancias a base de cintura y piernas. Cada vez que lo intentaba, Golota hacía valer sus 13 centímetros más de estatura (1,93 m contra 1,80 m de Tyson) y lo recibía con profundos ganchos al cuerpo y a la cabeza. Y en esa imposibilidad de Tyson para desbordarlo y pasarle por encima estaban las principales chances de supervivencia del mastodonte europeo.
Sin embargo, imprevisible, Golota se fue. En el intervalo entre el segundo y el tercer round, discutió duro con su segundo Al Certo, salió disparado de su rincón, empujó al árbitro Frank Garza que quería saber de qué se trataba la cosa, se negó a que le pusieran el protector bucal y decidió salir de pelea ante la estupefacción del mundo con Tyson en la primera fila, como víctima inocente de su propia victoria. Del ring huyó antes de que lo proclamaran perdedor por quinta vez en 41 peleas y camino a su vestuario, la gente, sintiéndose estafada, le tiró a Golota cuanto tenía a mano. Después, el polaco balbuceó explicaciones y excusas, ninguna de ellas convincente. �No he tenido una buena noche, no era mi noche�, dijo manso y entregado, el mismo Golota que, en otras noches de furia, violó reglamentos y hundió genitales con la fuerza desatada de sus golpes bajos y cabezazos de mala entraña.
Haya existido miedo o resignación ante lo que pintaba como una derrota inevitable (Tyson iba a quebrarlo no más allá de los próximos tres o cuatro rounds), lo cierto es que Golota hipotecó su campaña y su credibilidad. Nadie más lo llamará para nada importante en su futuro por temor a que se le vuelvan a cruzar los cables en cualquier pelea.
¿Y cómo quedó Tyson después de la vergüenza en la que quedó envuelto, esta vez por culpa ajena? Sumó su 43ª victoria antes del límite en 52 peleas, pero lo breve del trámite y lo abrupto del final encerraron entre paréntesis cualquier juicio sobre su actuación y cualquier proyección sobre su futuro. Quedó dicho: Tyson no fue el de otras noches. Pero ratificó, por si hacía falta, que su potencia está intacta y que esa potencia, mayor a la de cualquier otro boxeador sobre la Tierra, le seguirá permitiendo soñar con grandes triunfos, aunque los episodios de una vida descontrolada hayan dejado huellas indelebles en su cuerpo y en su mente.
Curiosamente, no se habla ahora de una pelea inminente y multimillonaria con Lennox Lewis para el primer trimestre del 2001. El manager de Tyson,Shelly Finkel, quiere antes, que el Hombre de Acero enfrente en China a Evander Holyfield, el campeón de la AMB. Y Tyson no quiere porque, como le dijo en la semana al diario USA Today, �Evander está viejo. No me interesa la revancha porque no soy de los boxeadores que quieren igualar marcadores� y porque a Holyfield lo maneja Don King, su ex manager, a quien acusa de haberle birlado 100 millones de dólares de sus bolsas. Lewis o nada, parece ser entonces la apuesta de Tyson de cara a su futuro. Eso, si continúa boxeando. En la última conferencia de prensa previa a la pelea, Tyson dijo que pasara lo pasase, ante Golota iba a hacer su último combate. Nadie le creyó. Pero con Tyson hay que estar preparado para cualquier cosa.

 

 

A Laila le bancaron 6 rounds

Por primera vez una rival le aguantó toda la pelea a la Tigresa Laila Alí. La boxeadora de la categoría supermediana ganó en la noche del viernes en Auburn Hills, cerca de Detroit, su octava pelea profesional consecutiva. La hija de ex campeón mundial Mohammed Alí derrotó por puntos a su compatriota Kendra Lenhar, la única rival que enfrentó a Alí que, hasta ahora, oyó el gong final de la pelea, y aguantó los seis rounds del combate. El duelo femenino, ante 16.000 espectadores, fue uno de los combates preliminares del fiasco Tyson-Golota. 

 

KIOSCO12

PRINCIPAL