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Murió Alberto Demiddi, el mejor
remero del deporte argentino

Fue medalla de plata en Munich ‘72 y bronce en México ‘68, y ganó títulos nacionales, sudamericanos, panamericanos y mundial.

Alberto Demiddi en su hora de gloria, a comienzos de los ‘70.
Falleció ayer en Buenos Aires aquejado por un cáncer de estómago.

Por P.V.

t.gif (862 bytes) Fue el más grande remero de la historia del deporte argentino, pero siempre lamentó haber perdido su mejor carrera. Fue campeón argentino, sudamericano, panamericano y mundial, pero llegó segundo en la carrera que no podía perder, la del oro olímpico. Y se lo reprochó siempre. No era sencillo tratarlo: él mismo admitía tener “un carácter de mierda”. Y esa frontalidad le bastaba para cruzar a la vereda de enfrente del poder dirigencial, para no prestarle atención a los periodistas o para pelearse cuando hubiera una causa que lo justificara. Ayer murió Alberto Demiddi. No porque se haya cansado de remarle a la vida. “Mi carrera fue bastante desgraciada”, dijo hace poco.
Su destino parecía ser la natación: su padre era entrenador en Newell’s y él llegó a echar brazadas junto a Luis Alberto Nicolao. Una disputa con el padre lo alejó de la pileta y lo acercó al bote. Corría 1960 y el club de Regatas Rosario lo recibió. Su temperamento no podía permitirle más que correr en solitario: “Era muy jodido”, reconoció siempre.
Llegaron los títulos nacionales, y la proyección sudamericana. Fue a los Juegos Olímpicos de Tokio y terminó cuarto. Winnipeg lo vio ganador panamericano en 1967, y en los Juegos de México escaló el peldaño más bajo del podio: fue una de las dos medallas que el deporte argentino logró en esos Juegos.
Las canchas europeas supieron de su calidad en 1969, cuando se consagró campeón continental en Austria. Al año siguiente, en Saint Catherine, Canadá, alcanzó aquello que parecía predestinado, parte del curso natural de su carrera: el campeonato mundial single scull. Era el 6 de septiembre de 1970.
“Era mi gran objetivo –contaría después–; me preparé como siempre lo hacía, con un entrenamiento progresivo. En las series anduve bien, pero Malishev hizo un tiempo más veloz. En la final tenía cinco rivales en la cancha y uno adicional: el calor. Hacía como 40 grados. Salí en punta y me asediaron hasta los 1200 metros. Después gané con cierta holgura. Agobiado por el calor, Malishev entró quinto.” 
No parecía haber barreras para Demiddi: luego de haber sido segundo en dos ocasiones en la Regata Real de Henley, en Inglaterra, en 1971 batió al estadounidense Jim Dietz para quedarse con el premio más tradicional del mundo del remo. Siguieron los títulos panamericano y europeo de esa temporada. Ya no había límites sino un único objetivo final. El único título que le faltaba. La medalla de oro olímpica.
Demiddi llegó fácilmente a la final de los Juegos de Munich, el 2 de septiembre de 1972. También lo hizo el ruso Malishev. Don Alberto Demiddi padre, el viejo entrenador de natación que se había enfrentado con su hijo porque éste fumaba, viajó en secreto a Alemania para ver la definición. Pero no se animó a entrar a la cancha: temió contagiarle mala suerte. Demiddi se había surtido de sus caros amuletos, medias rojas y una medallita de Rómulo y Remo amamantados por la loba. Era la primera vez que una regata de Demiddi se televisaba a la Argentina, y para Rivadavia relataba José María Muñoz...
“...Malishev picó en punta y me sorprendió –contó no hace mucho–. Como no estaba acostumbrado a ver botes delante mío y menos cerca de la largada, pensé que mi salida había sido lenta y quise alcanzarlo como fuera antes de los mil metros. Pero no podía. Entonces aflojé un poco, para rearmarme y tratar de pasarlo al final. En el sprint metí 35 remadas por minuto. Quería reaccionar con cada remada, y hasta el último momento estaba seguro de que lo alcanzaba, de que ganaba, pero cuando escuché la chicharra entendí menos porque creía que todavía me quedaba tiempo.”
Nunca hubo desquite. Malishev no corrió más contra él, y Demiddi sintió que lo apuraba el retiro. Se hizo entrenador en el club La Marina, en el Tigre, y desde allí alistó a remeros como Ricardo Ibarra y Sergio Fernández. Siguió peleándose por lo que creía que era justo para el deporte, como cuando se vino desde Rosario a Ezeiza, para viajar a Munich,con los remos dentro de su viejo Citroën, porque no creía en los dirigentes de entonces. Una frase quizás lo resuma mejor que cualquier recuerdo: “Me molestaba mucho perder, y por eso nunca disfruté demasiado de los triunfos”.

 

 

Lo doblegó el cáncer

Demiddi falleció a consecuencia de un cáncer de estómago, que lo aquejó en los últimos tres meses, en el Sanatorio Uninor de San Fernando, donde estaba internado, pocos minutos después de las 17.30. Sus restos serán enterrados hoy en el Parque Memorial de Pilar.
De 56 años, Demiddi estaba casado con Silvia Sivieri, y tenía cinco hijos, Alberto (27), Alejandro (24), Andrés (18), Alexis (17) y Alvaro (12). Desde 1974 hasta noviembre pasado fue entrenador en el club de Regatas La Marina, que bajo su conducción ganó más de 1500 regatas. 
Junto a Carlos Espínola y Humberto Selvetti, Demiddi fue uno de los tres deportistas argentinos que ganaron medallas en distintos Juegos Olímpicos.

Con los remos ganó de todo

Medalla de plata en Munich ‘72.
Medalla de bronce en México ‘68.
Fue cuarto en Tokio ‘64.
12 campeonatos argentinos de single scull consecutivos, entre 1962 y 1973.
1 campeonato del mundo (1970).
2 campeonatos europeos (1969 y 1971).
4 campeonatos sudamericanos (1964, 1965, 1968 y 1970).
Medallas de oro en los Panamericanos de Winnipeg ‘67 y Cali ‘71.
Ganó la regata de Henley en 1971; fue segundo en 1964 y 1966.
Olimpia de Oro en 1971.

 

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