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Murió el jefe que batió el record
de denuncias por corrupción

Pedro Klodczyk fue el jefe favorito de Duhalde. En su largo mandato de 5 años la bonaerense pasó a ser “la Maldita”.


Ante la comisión que sigue la investigación de los atentados.
Fue la ocasión en que el jefe habló de los “porongas” de la fuerza.

Klodczyk tuvo una explosión de riqueza y de denuncias.
Las investigaciones en su contra se movieron con rara lentitud.

Por Raúl Kollmann

t.gif (862 bytes) “El mejor jefe de la mejor policía del mundo.” Esta fue la calificación que Pedro Anastasio Klodczyk le mereció al entonces gobernador Eduardo Duhalde. “El Polaco”, como le decían a Klodczyk, era titular de una fuerza, la Bonaerense, que en aquel momento aparecía vinculada con el tráfico de drogas, piratas del asfalto, grandes bandas de asaltantes de bancos y blindados, coimas por la prostitución y el juego clandestino, “arreglos” con delincuentes y el atentado contra la AMIA. Poco después, la Bonaerense también quedó involucrada en el asesinato de José Luis Cabezas. Ayer, El jefe sucumbió a un cáncer generalizado que lo mantuvo en silla de ruedas durante su último mes de vida. Tras una serie interminable de escándalos, El Polaco había sido desplazado de la jefatura en 1996, pero ya entonces la Bonaerense había cambiado de apodo: todos la mencionaban como La Maldita Policía. Curiosamente, casi ninguno de los grandes jefes, acusados por un enriquecimiento increíble, está hoy en la cárcel. Se produjeron maniobras judiciales poco explicables y hubo una notoria falta de voluntad por parte del poder político para sentar en el banquillo a los grandes “porongas”. El único que está detrás de las rejas es Juan José Ribelli, el preferido, el delfín, de Klodczyk, acusado –entre otras cosas– por el atentado.

Las acusaciones contra El Polaco no estuvieron referidas únicamente a su actuación como jefe:
Hay una causa judicial en la que se lo investiga por enriquecimiento ilícito. El expediente avanzó poco y nada, aunque Klodczyk se compró una casa de envergadura en Lanús y casi de inmediato otra en Lucila del Mar, además de un avión, camionetas importadas y una misteriosa fábrica, Ciklo, prácticamente la única de bulones de la Argentina que supuestamente dio ganancias. Los críticos del jefe dicen que la fábrica le sirvió para blanquear otros ingresos.
En una investigación contra la Dirección de Finanzas de la Bonaerense se detectó la compra de materiales de construcción que fueron enviados a su domicilio particular, es decir, que la fuerza pagaba la construcción de su casa. En ese expediente se acusaba a los hombres de Klodczyk de una estafa millonaria y apareció muerto un comisario retirado vinculado con el caso.
Un socio de Klodczyk, Rubén Ciroco, reveló la forma en la que se hizo un traslado de 700.000 pesos en efectivo desde una financiera hasta la fábrica de Klodczyk. Se trató de determinar si ese dinero era el producto de una comisión (coima) por la compra de aparatos de comunicaciones. 
Pese a estas cifras, los mayores cuestionamientos al Polaco siempre estuvieron referidos a su actuación como jefe. Es obvio que tenía una sintonía extraña con el gobernador Duhalde. Primero, porque su designación fue sorpresiva: por alguna razón pasó, de un día para otro, de titular de la Dirección de Narcotráfico a jefe de la Bonaerense. Se hablaba de muchos otros candidatos, pero inesperadamente el designado fue él. El otro dato es que fue el jefe de la Bonaerense que batió el record de permanencia en el cargo: casi cinco años. Y no fue un período cualquiera. La Bonaerense fue acusada de la mayor cantidad de atrocidades y casos de corrupción que se recuerde. Un breve listado, basta como prueba:
El estudiante Miguel Bru desapareció después de haber sido detenido en una comisaría de La Plata.
El joven Cristian Campos fue secuestrado por policías y apareció quemado y asesinado en Mar del Plata.
El albañil Andrés Núñez también desapareció y fue encontrado en un terreno de un familiar del poderoso comisario Mario “Chorizo” Rodríguez.
El programa de televisión “Edición Plus” mostró la relación entre policías y narcotraficantes. Paso previo a otra investigación periodística llamada los Narcopolicías.
A principios de 1994 se produce la llamada Masacre de Wilde, un triple asesinato en el que confundieron a un remisero y dos pasajeros con un”cobrador” de coimas policiales al que perseguían porque se estaba quedando con “un vuelto”.
En febrero de 1996 hubo una brutal represión contra estudiantes platenses. Además se acusó a Klodczyk de hacer espionaje sobre las organizaciones estudiantiles.
Más allá de este listado de casos puntuales, durante su mandato la Bonaerense se hizo famosa por aparecer reiteradamente vinculada con el delito. En la pesquisa por el atentado contra la AMIA, no sólo se acusa a cuatro policías de ser cómplices del ataque, sino que se revela la relación con una banda de armadores de autos truchos, extorsiones, piratas del asfalto y quedó probado que el hijo dilecto de Klodczyk, Juancito Ribelli, arreglaba dejar en libertad a delincuentes a cambio de distintos pagos.
Tal vez la mejor herencia que dejó Klodczyk fueron sus tardías reflexiones sobre los grandes porongas policiales. Fue ante la Comisión Bicameral de Seguimiento de la Investigación de los Atentados y cuando ya estaba retirado. Dijo entonces, por ejemplo, que al otrora poderoso Mario Naldi “le gusta hablar de sus bienes, que no tiene registrados a su nombre, sino al de su esposa”; que Mario “Chorizo” Rodríguez “es un pícaro que debe tener una posición económica más cómoda que la que se puede comprobar. En la policía se maneja la posibilidad de acceder a infinidad de cosas ilícitas, drogas, prostitución, apañar a alguien o manejar alguna causa”, y que Ribelli “es un pícaro y no hay dudas de que tenía un cierto juego en el manejo de autos mellizos”.
Klodczyk tenía 59 años, murió en un hospital de La Plata y fue enterrado en el cementerio municipal de Lanús.

 

 

 

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