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OTRA CALIFICADORA BAJO LA NOTA A LA DEUDA ARGENTINA
El dedo sigue en el gatillo

No hubo caso. Por más que se hicieron los deberes, el ajustazo fiscal a las provincias y el blindaje, las evaluadoras de riesgo siguen desconfiando. Moody�s puso en duda las posibilidades de recuperación y avizora complicaciones sociales y políticas.

Daniel Marx, secretario de Finanzas. La prédica del mejor alumno no da los resultados esperados.

Por más que se esfuerza, el Gobierno no consigue ganar la aprobación de las calificadoras de riesgo internacionales. La agencia estadounidense Moody’s cambió ayer de “estable” a “negativa” la perspectiva de riesgo argentino. Lo hizo el mismo día en que el Gobierno en pleno festejaba la firma del acuerdo fiscal con las provincias, exigencia número uno del FMI para destrabar el crédito de blindaje. Es la segunda vez en diez días que el Gobierno prueba la misma medicina. El caso anterior fue cuando la agencia Standard & Poor’s bajó la calificación, en momentos en que el Ejecutivo también celebraba la obtención del préstamo –del que aún resta negociar el monto definitivo y algunas cuestiones técnicas– del FMI. En consecuencia, el Gobierno hizo todos los deberes que le pedía el mercado para recuperar su confianza, a costa de un altísimo costo político y, aun así, las calificadoras de riesgo no le dan su bendición y piden más.
El secretario de Programación Económica, Miguel Bein, tuvo a su cargo la respuesta oficial a la mala noticia. Sostuvo que Moody’s “se quedó atrás de la fuerte recuperación que reflejan los mercados de bonos de Argentina y la caída del riesgo país de 160 puntos básicos (1,6 por ciento) en la última semana”. De acuerdo con su interpretación, la redacción del informe “indica que fue realizado con anterioridad (a esos cambios), porque está claro que quedó atrasado respecto de la visión que tienen los mercados de Argentina en este momento”. El tono de la respuesta, al igual que en otras oportunidades, muestra la cautela que tienen los funcionarios para referirse a opiniones de las calificadoras, muy distinto al que utilizan en las discusiones políticas internas.
Moody’s, tan influyente entre los inversores como S&P, informó ayer que el cambio en la perspectiva de riesgo argentino obedece “al incierto potencial de crecimiento, así como a posibles complicaciones que podría tener el Gobierno en tanto intenta conseguir consenso social y político a las políticas para enfrentar la actual situación económica”. La agencia destacó que las restricciones fiscales pueden provocar un crecimiento del PBI “relativamente débil”. Por ende, eso “implicaría un pobre desempeño de ingresos tributarios en el mediano plazo”. El círculo se cierra como al principio de esta crisis: si no crece la recaudación, la situación fiscal tenderá a deteriorarse, y los inversores dudarán sobre la capacidad de repago de la deuda.
Esa línea argumental contradice la postura del FMI, de los propios inversores externos y de José Luis Machinea, quienes afirman que Argentina debe dar muestras de ortodoxia económica para recuperar el acceso al financiamiento internacional. Y una vez que entren capitales, la economía volverá a crecer. Es decir que, para crecer, primero hay que dar las señales que esperan los mercados, traducidas en el último paquete de medidas que anunció Fernando de la Rúa, como el congelamiento del gasto público nacional y provincial por cinco años y la reforma previsional. Moody’s advierte que el Gobierno podría encontrar obstáculos políticos y sociales para imponer las medidas, y que –si finalmente lo consiguiera– el crecimiento de la economía podría ser “débil” por el nuevo apretón al torniquete fiscal.
“La reticencia de los mercados internacionales a tomar una cantidad significativa de títulos argentinos implica que el Gobierno tendrá que depender más y más de bancos y fondos de pensión en el mercado doméstico para cumplir con su programa de financiamiento del 2000”, sentenció Moody’s. La mayor absorción de fondos del mercado interno –señala la agencia– hará más difícil y costoso el acceso al crédito al sector privado. Y ello repercutirá en un menor crecimiento.

 

�La situación social se ha deteriorado�

Por D. C.
Mauro Leos fue el autor del informe de Moody’s que bajó la perspectiva de calificación de Argentina. Desde Nueva York, dio las siguientes explicaciones a Página/12.
–El Gobierno dice que el cambio en la perspectiva de la calificación no toma en cuenta el acuerdo con el FMI, por un crédito de blindaje.
–Nosotros consideramos que el apoyo que del FMI y otros organismos ayudará a la Argentina a cubrir sus necesidades de financiamiento del próximo año. Sin embargo, se plantean interrogantes sobre la posibilidad de volver a acceder al mercado financiero privado.
–¿El crédito de blindaje no sería suficiente para recuperar la confianza de los inversores externos?
–Si bien el panorama actual no es tan pesimista como hace dos semanas, aún no es favorable. El mayor interrogante, todavía no despejado, es cuándo, por qué montos y a qué tasas el Gobierno podrá volver a financiarse en el exterior. Esto es muy relevante, porque sin ese mercado el Gobierno deberá recurrir a los bancos y fondos de pensión domésticos. Y ello secará la plaza para el sector privado.
–El informe de Moody’s menciona los problemas sociales como un condicionante al crecimiento económico. ¿Qué importancia le atribuye?
–El punto es cuántos problemas tendrá el Gobierno para conseguir apoyo político y social a las medidas que acaba de anunciar. Después de dos semanas de tira y afloje, ayer (por anteayer) logró el acuerdo con los gobernadores. Pero el proceso de ajuste tendrá lugar a lo largo de todo el próximo año. Es claro que la situación social se ha deteriorado, y eso complica el apoyo a las medidas de austeridad fiscal.
–¿Cuál es la estimación de crecimiento de Moody’s para 2001?
–Hemos señalado que existe un fuerte interrogante sobre el dinamismo que tendrá la economía. No definimos un número, pero decimos que será muy complejo que la economía crezca como necesita el país para resolver sus problemas.

 

PROPUESTA PARA BAJAR IMPUESTOS
Un acuerdo de mínima

Por separado o a través de algunos contactos informales entre los distintos gremios empresarios, industriales y banqueros siguieron ayer trabajando en una propuesta para que el Gobierno baje impuestos a la producción sin producir un descalabro fiscal. Para conseguir aquel beneficio y no aumentar el déficit, los empresarios imaginan desde gravar la renta financiera –confrontadora propuesta sostenida por la Unión Industrial Argentina– hasta arancelar las universidades o achicar drásticamente los cuerpos legislativos –idea más seductora para los bancos–. La UIA, cuya cúpula es poco proclive a avanzar en un documento común, resolvió ayer organizar una misión al Fondo Monetario Internacional para discutir en Washington cómo puede Argentina pagar su deuda y crecer al mismo tiempo.
El Comité Ejecutivo de la UIA habría ayer acordado sostener un documento muy irritativo para los bancos, que hasta última hora del lunes sólo convalidaba una parte de los dirigentes de la entidad fabril. El texto recoge planteos ya formulados por el Grupo Productivo que, en algunos casos, puede resultar inaceptable para los banqueros: que éstos vuelvan a pagar los aportes patronales, que se grave el interés sobre los plazos fijos y que bajen compulsivamente las tasas de interés para Pymes. Los bancos, a su vez, se oponen terminantemente a cualquier suba a los aranceles de importación, medida de protección que anhelan los industriales.
Al menos los hombres de la Unión, Ignacio de Mendiguren y Diego Videla, ayer terminaron el cónclave fabril con la idea de que se abrirá un compás de espera hasta tanto la Asociación de Bancos de la Argentina elabore su propia propuesta acerca de qué debe hacer el Gobierno para estimular el crecimiento, luego de que consiga el prometido blindaje financiero del FMI. Sólo entonces cobraría cuerpo una propuesta común para presentarles a José Luis Machinea y al propio Fernando de la Rúa.
Aún no está dicha la última palabra sobre esa dificultosa iniciativa común, a la que se opone un sector de la UIA, tanto como de Confederaciones Rurales Argentina y de la Cámara Argentina de la Construcción. Reticencia al margen, siguen los trabajos para elaborar un documento conjunto aunque, por ahora, la coincidencia básica está limitada al afán empresario de que se bajen impuestos sobre la producción y se instrumenten programas que alienten las exportaciones “sin aumentar el costo fiscal”. Este parece ser otro punto decisivo.
Según comentaba ayer uno de los responsables de la elaboración de ese paper, la clave para que los empresarios consigan un beneficio sin que se aumente la brecha fiscal es la “reasignación de gastos” que le permita al Estado generar ahorros para subsidiar la producción vía baja de impuestos. Para lograr este cometido, algunos hombres de empresa imaginan, por ejemplo, que las universidades podrían cobrar aranceles, que hay tela para cortar tanto en el Congreso Nacional como en las legislaturas provinciales, o recuerdan que el PAMI tiene personal sobrante, a decir del propio Gobierno.
Mientras estas ideas se debaten en Buenos Aires, algunos directivos de la UIA planean un inminente viaje a Washington para discutir con el FMI cómo superar la recesión. “No tiene sentido que nos presten 20 mil millones para salir de la crisis ahora, si en poco tiempo más la crisis se habrá agudizado.”

 

 

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