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REPORTAJE A BERNARD CASSEN, DEL MOVIMIENTO ANTIGLOBALIZACION
“Sin moneda propia no vale la pena votar”

Después de Ecuador, en El Salvador empezó a discutirse esta semana una dolarización de facto, debate que también ocurre en la Argentina. En este reportaje, un referente antiglobalización examina la tiranía de los mercados.

Trabajadores salvadoreños defienden el colón ayer ante policías antimotines.

Por Darío Pignotti
Desde San Pablo

“Estamos bajo una dictadura global, no de dictadores clásicos, sino de los mercados.” La afirmación es de Bernard Cassen, uno de los directores periodísticos en Le Monde Diplomatique. “Ahora mismo los piqueteros argentinos y los trabajadores coreanos están resistiendo los efectos particulares de ese totalitarismo único”, ejemplifica Cassen y advierte acerca de la “amenaza de muerte” que pende sobre “la soberanía” de la democracia. “Es una cuestión de perímetros, si el control estatal no domina el perímetro de los flujos comerciales y financieros se pierde toda capacidad democrática de influencia sobre el poder. Cuando los gobernantes elegidos no tienen poder sobre el poder real, votar se vuelve estéril.” Cassen es también un activista de nuevo tipo, preside la sede francesa de ATTAC, organización que impulsa tasar la circulación financiera. De visita en Brasil para promover el Forum Social Mundial que tendrá lugar en Porto Alegre en enero, Cassen accedió a dialogar con Página/12. –Las concentraciones antiglobales de Seattle a Praga han convocado a ecologistas, granjeros, sindicalistas y anticapitalistas, zapatistas y punks. ¿Es posible organizar semejante heterogeneidad?
–No es sencillo. Después de la etapa de manifestaciones para decir No ahora debemos entrar en otra para decir nuestros Sí. Todavía estamos ladera abajo, pero creo que podemos empezar a levantar la cuesta.
–¿Cómo?
–El Forum de Porto Alegre será un hecho histórico porque marcará un salto en el movimiento antiglobal. En enero se va a completar el viraje iniciado en junio en Ginebra durante una cumbre paralela a la cumbre social de la ONU donde unos 200 movimientos empezaron a organizar cada lucha sectorial: unos se dedican a la deuda, otros a los paraísos fiscales, otros a las cuestiones de género, otros a la tasa sobre los flujos de capitales.
–Once años después al Consenso de Washington le sobran disensos.
–El neoliberalismo ha perdido la partida teórica, nadie se anima a defenderlo, los libros más vendidos en Francia y Europa son antiliberales. El discurso que desde hace 20 años defendemos en Le Monde Diplomatique ahora es defendido por otros medios.
–La hipótesis de una dolarización argentina ha abierto en Brasil el debate sobre la soberanía monetaria.
–Es que allí está la fuente de otras soberanías, porque emitir moneda corresponde a intereses particulares de un país y en el caso del dólar es algo que corresponde estrictamente a los intereses de EE.UU. A veces su política monetaria los lleva a tener un dólar bajo o no, ellos no tienen ninguna teología sobre el dólar fuerte o débil, hacen lo que les resulta más conveniente. El problema es que lo bueno para EE.UU. no siempre es bueno para Panamá, Ecuador o la Argentina. Si la Argentina sacrifica su moneda habrá renunciado a toda política monetaria, toda autonomía y toda independencia. Diría que renunciando a la moneda no vale la pena votar, porque quien fuera electo no tendrá casi instrumentos para actuar.
–El retroceso de los Estados quitó sustento al concepto clásico de soberanía nacional.Hay autores que hablan de otras soberanías, ¿cuál es su opinión?
–La soberanía no tiene que ser sólo nacional, puede ser plurinacional, hoy mismo se puede pensar en ciertos cuadros regionales en que se deleguen ciertos elementos de soberanía pero por consentimiento libre de los países, no por imposición. La Unión Europea podría ser un caso donde ciertos elementos de defensa son comunes. El problema no está en esadelegación sino en las nuevas soberanías que se ven amenazadas por la globalización.
–¿Como cuáles?
–Por ejemplo la soberanía y seguridad alimentaria. Los pueblos que no tienen autosuficiencia quedan sin ninguna soberanía alimentaria. Por eso hay que cuidarse de lo que hacen los grandes lobbys en favor de los transgénicos que inducen la dependencia alimentaria. Estados Unidos ya ha usado el arma alimentaria contra Europa, hoy ya no puede peroalgún día podría usarla contra Rusia o China.
–En términos de argumentos de poder mundial no todo parece ser mercado. Detrás del dólar fuerte, EE.UU. tiene un presupuesto militar de 300 mil millones de dólares. ¿Cuál es su lectura sobre el tema?
–El poder del Pentágono está por detrás de Wall Street, el Pentágono es el último recurso y lo saben hacer valer. EE.UU. quiso mantener la OTAN en Europa a pesar de la caída de la URSS y lo hizo aunque no tuviera ya ninguna razón de seguir existiendo. EE.UU. ahora la amplió a Hungría, Polonia, República Checa, es decir que la OTAN es la mano de EE.UU. en Europa, eso significa decir “aquí estamos, y no nos vamos”. Y Europa, que tiene un cierto margen de maniobra, debe aceptarlo en silencio, a pesar de que a veces Francia puede decir tímidamente que no, pero nada más. El déficit norteamericano aparece en su democracia interna.
–¿En qué sentido?
–Lo de EE.UU. es un escándalo, no por el recuento de Florida, sino porque a alrededor del 50 por ciento no le importa votar, y sólo el 20 por ciento de los jóvenes votaron. Eso dice que más de tres cuartas partes de los jóvenes están fuera del sistema, lo que es muy peligroso pero tiene sin cuidado a los poderosos. Diría que esa colectividad tiene desprecio por ese tipo de democracia donde vence el que tenga más dinero, donde se derrochan millones en marketing y las máquinas para votar no funcionan. EE.UU. es una caricatura de la A a la Z, es un ritual donde se elige entre iguales, como son Bush y Gore. Espero que algún día haya disensos en EE.UU., pero no sé cuándo será.
–¿Imaginó, 10 años atrás, un escenario latinoamericano como el actual?
–Hace unos años en Francia no se prestaba mucha atención a América latina, se decía que “no pasa nada”. Ahora está pasando mucho. Se está viendo la contradicción de los imperativos de la globalización financiera y las aspiraciones democráticas que vienen tras las dictaduras. Se pensó que la democracia iba a traer bienestar y, en cambio, vino una onda liberal incluso por parte de sectores de izquierda. Un fenómeno como el de Hugo Chávez en Venezuela es un tipo de reacción a la globalización, como lo son también los movimientos populares de Brasil, que son muy fuertes.
–¿Los movimientos populares amenazan la representatividad de los partidos?
–Hay un desfasaje entre la efervescencia popular y su traducción política, eso se ve tanto en América latina como en Europa. Los gobiernos de la socialdemocracia siguen haciendo exactamente igual que los conservadores y es así como aparecen nuevas formas de organización no partidaria.
–En estos días pararon los metalúrgicos de San Pablo y los trabajadores desocupados en la Argentina interceptaron rutas y avenidas.
–Creo que esta irrupción de fuerzas nuevas, inclusive de desocupados que se organizan, es un nuevo aspecto en el panorama mundial, y allí se debe articular la resistencia a la globalización.
–¿Qué amenaza más al poder económico: suspender la producción de 5000 automóviles por día o bloquear caminos?
–Ambos, yo creo. Estas nuevas fuerzas emergentes son una amenaza para el capital financiero que necesita muy poco para huir, ellos no gustan deun país con luchas sociales. Pero una lucha nacional no va a ir muy lejos. Lo importante sería coordinar luchas brasileñas, argentinas, etcétera.
–¿Cuál es su diagnóstico sobre la Argentina?
–No sé qué va a pasar en la Argentina pero va a pasar algo seguro, y será algo bastante fuerte.
–¿Puede haber un efecto tango repercutiendo en la región?
–Una crisis financiera argentina va a afectar por ondas a Brasil, Uruguay, el Mercosur. Puede suceder algo tal vez semejante a la crisis que comenzó en Tailandia con una moneda irrelevante, nadie sabía que el bath era la moneda tailandesa y, sin embargo, de allí se disparó la crisis asiática.
–¿La Argentina puede ser la nueva Tailandia?
–Es una posibilidad existente. Si estallara en la Argentina eso sería la continuación de la crisis asiática, hay un potencial muy serio porque es el mismo continente de EE.UU. Hay que leer la prensa financiera inglesa o norteamericana para ver que las inquietudes sobre la Argentina son muy serias.

 

A quiénes ataca ATTAC

Surgida en Francia luego de un editorial publicado en Le Monde Diplomatique en diciembre de 1997 ATTAC es la Asociación por una Tasa a las Transacciones financieras especulativas para Ayudar a los Ciudadanos.
La organización ya existe en varios países, incluyendo la Argentina. Paradójicamente la tasación del circulante es una idea tomada del Premio Nobel de Economía de 1981 James Tobin. “Un profesor que no tiene nada de revolucionario”, dice Bernard Cassen, presidente de la ATTAC francesa.
–¿Es técnicamente aplicable la tasa Tobin?
–La tasa Tobin es perfectamente viable, técnicamente. No amenaza el funcionamiento del sistema financiero internacional para nada y mucho menos al capitalismo. Pero tiene tanta resistencia por su valor simbólico. Es un rechazo político, es el miedo a que se caiga el símbolo de la libertad de circulación de capitales, es casi teológico: no pueden permitir ninguna heterodoxia. El capital no va a librar alegremente su mayor conquista política. Sería el grano de arena del que hablaba Keynes y ahora retomó Tobin. Y también sería el trampolín para saltar más allá y para crear consenso en que es posible detener al neoliberalismo. Demostraría que lo político estaría recuperando un poco de poder sobre el mercado financiero.

 

 

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