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EN EL GOBIERNO RESURGIO LA PUJA INTERNA
PARA VER QUIEN SE QUEDA CON LA SEGURIDAD DEL PRESIDENTE
Otra de policías, militares y espías recién entrenados

Después del episodio “Videomatch”, en el Gobierno pusieron a la seguridad presidencial en su debate interno. Naturalmente, reverdecieron las internas: Policía federal, militares y la SIDE.

Belli irrumpió en “Videomatch” y generó una tormenta. No por los presos, sí por la seguridad.

El ex jefe de la SIDE Fernando de Santibañes pergeñó una custodia presidencial al estilo del Servicio Secreto de los Estados Unidos.

Darío Richarte, número dos de la SIDE con De Santibañes y ahora con Becerra, apoyó la idea que fue concretada por el mayor Alejandro Brousson.

El general Julio Hang es el jefe de la Casa Militar de la Rosada, de la cual depende la “Unidad Custodia”, integrada por miembros de la Federal.

Por Sergio Moreno

La histeria provocada en el Gobierno por la solapeada que Ernesto Belli le pegó al presidente Fernando de la Rúa en el programa de Marcelo Tinelli ha tenido, hasta el momento, dos consecuencias inmediatas: la realización de un sumario administrativo para los integrantes de la custodia presidencial y la avocación de algunos funcionarios a la búsqueda de una figura penal para castigar de alguna forma al audaz integrante de HIJOS. Pero, además, la falla en el sistema de seguridad del Presidente reavivó una vieja puja entablada entre los oficiales que comandan la Casa Militar –responsable de la custodia en la Casa Rosada–, la Policía Federal –de la cual se nutren los integrantes de la custodia– y la SIDE que, comoinformó en exclusiva Página/12 el 7 de julio de este año, tiene preparado una tropa de 40 agentes entrenados para reemplazar a los actuales guardaespaldas del jefe de Estado.
El general Julio Hang es el jefe de la Casa Militar, dependencia responsable de la seguridad del Presidente dentro de la Rosada y de la “Unidad Custodia”, un grupo de oficiales de la Policía Federal especialmente entrenados, entre los que se encuentran ex miembros de Interpol y abogados. Cuando la Alianza comenzaba a trajinar sus días en el Gobierno, hace poco más de un año, los militares realizaron un par de movimientos para desplazar a los federales de dicha unidad: propusieron que el Presidente utilice helicópteros del Ejército para sus traslados e intentaron ralear a algunos policías. Estos, ofuscados, denunciaron ante el ministro del Interior, Federico Storani –de quien depende la Federal– “malos tratos” por parte de los militares que trabajan en la Rosada. La mediación oportuna de Storani impidió que las chispas se transformen en fuego. Anteayer, luego del episodio en “Videomatch”, fueron precisamente Storani y Hang quienes decidieron, tras una larga reunión, solicitar al jefe de la Federal, comisario general Rubén Santos, que abra un sumario administrativo para investigar la conducta de los custodios que acompañaron a De la Rúa al estudio C de Telefé.
Con los federales y todo el aparato de seguridad en la picota, los viejos recelos –y anhelos– volvieron a florecer. “Ya se sienten los ruidos de los sables”, metaforizó ayer ante este diario un funcionario del Gobierno. Sables que habían vuelto a afilarse el 28 de octubre pasado, frente al Comité Nacional de la UCR, cuando el mismo Belli ingresó al auto de De la Rúa gritándole también por la libertad de los presos de La Tablada. La diferencia entre ambos episodios protagonizados por el militante de HIJOS y el Presidente es que este último fue presenciado en directo por tres millones de personas. La variación de ratings entre ambos incidentes fue directamente proporcional a las emociones desatadas en torno al cuidado de la espalda presidencial. Aquella vez, en el comité radical, la pelea no pasó de un módico enojo de un par de funcionarios. En esta oportunidad, los casi treinta puntos de “Videomatch” inflamaron los ánimos y la interna de los guardaespaldas.
Un alto funcionario del Ministerio del Interior se puso en alerta: “no vaya a ser que, a partir de este episodio quieran volver a colgarle alguna cuenta a Santos (jefe de la Federal). Para tratar de joderlo le sobredimensionan cualquier cosa que pasa”, dijo ayer a Página/12.
Tercero en discordia
El tercer lado del triángulo lo aporta –una vez más–la SIDE. El 7 de julio de este año, Página/12 reveló en exclusiva que los espías criollos estaban armando un grupo para ocupar el lugar de los guardaespaldas presidenciales. La idea fue del ex jefe del organismo Fernando de Santibañes que aspiraba a reproducir –en menor escala– el grupo de elite del United States Secret Service para rodear a su amigo el Presidente. El Servicio Secreto norteamericano depende del Departamento del Tesoro. Es un organismo cuya misión es velar por la seguridad del presidente, vicepresidente, familiares, candidatos presidenciales y jefes de Estados que visitan los Estados Unidos. Los “sordos” –mote recibido por los intercomunicadores que llevan permanentemente en sus orejas para dar y recibir órdenes– no se despegan de sus protegidos y son fácilmente identificables aunque visten de civil. De Santibañes, enamorado de todo lo que huela a Estados Unidos, pergeñó un cuerpo de elite, integrado por espías criollos, para que corran al lado de De la Rúa.
El tres de julio pasado se realizó el primer curso de entrenamiento de los 40 espías que quedaron tras una preselección entre 73 postulantes. El reclutamiento se efectuó dentro de la SIDE al que se apuntaron principalmente agentes operativos. El programa estuvo comandado por el director del área 85, Contrainteligencia, el mayor (R) del Cuerpo deIngenieros del Ejército Alejandro Brousson (alias Antonio Busquet) y el ex sargento Luis Campos, a quien llaman “Campitos”, fue el jefe instructor en los ejercicios de marras, efectuados en las dependencias del Primer Cuerpo de Ejército, en Campo de Mayo. “Campitos” es secretario inorgánico de Brousson en la base que la SIDE tiene en la calle Estados Unidos al 4000 y estuvo preso por integrar la banda de Máximo Nicoletti, un ex montonero devenido colaboracionista de la Marina durante los años de plomo.
Los planes de la SIDE revelados por este diario no fueron desmentidos en su oportunidad por el Gobierno. En esa época, mientras De Santibañes comenzaba a andar el camino que lo eyectaría del cargo –no de la intimidad del Presidente–, Storani anunció que opinaría sobre el asunto cuando se lo comunicaran oficialmente dando a entender que la idea de un reemplazo de la custodia presidencial no era una de sus prioridades y el proyecto pasó al freezer. No obstante, los cursos de entrenamiento de espías continuaron. Y finalizaron. Hoy en la Dirección de Contrainteligencia revistan 40 agentes supuestamente entrenados para ejercer el rol, listos para salir a la cancha.
De Santibañes ya no está en la SIDE, lo reemplazó Carlos Becerra. Quien sí está y sigue siendo el subjefe del organismo es Darío Richarte, heredado por Becerra de la gestión anterior. Richarte, integrante de la “juventud Antoniana” que comanda el hijo mayor del Presidente, ha sido un defensor del ex banquero y de Brousson, quien llegara a la Secretaría de Inteligencia luego de haber sido expulsado del Ministerio del Interior en 1993, cuando lo encabezaba Gustavo Beliz, acusado de haber mandado a espiar a organizaciones estudiantiles y sindicales.
Los planes de De Santibañes ejecutados por Brousson y “Campitos” eran también los planes de Richarte. Se cumplieron a medias: el cambio de mano en la custodia presidencial no se produjo, pero ahora tiene 40 espías listos para ocupar el lugar al que todos miran histéricamente gracias a un muchacho inerme que gritó su demanda frente las cámaras más calientes de la televisión argentina.

 

“Un lunar pequeño”

El vocero del presidente Fernando de la Rúa, Ricardo Ostuni, aseguró ayer que si bien la Casa Militar continúa investigando el incidente que protagonizó el presidente Fernando de la Rúa en el programa “Videomatch”, “parecería” que no hubo “negligencia grave” por parte de la custodia del jefe del Estado. Luego de afirmar que el episodio en el que un joven se abalanzó sobre el Presidente para reclamarle por los presos de La Tablada “fue un pequeño lunar dentro de lo que hubiera sido terminar el año con buena onda”, Ostuni intentó deslindar la responsabilidad en el episodio del secretario de Comunicación, Darío Lopérfido. “Presumo que todo se hace con la intención de coadyuvar a la difusión de imagen, a terminar este año con toda simpatía”, dijo Ostuni, y respondió así a las críticas que recibió Lopérfido por ser quien se ocupó de gestionar la aparición de De la Rúa en el programa de Tinelli. “Es un imponderable que nadie pudo haber previsto, excepto que el análisis que haga la Casa Militar arroje alguna negligencia grave, que pareciera que no la hubo”, agregó.

 

OPINION
Por Alicia Entel *

La imagen y la persona

Me parece que no funciona esta cosa de que Fernando de la Rúa sea interpelado desde el humor o desde programas de entretenimientos. Cuando se construye la imagen de alguien, esa imagen no puede estar alejada de los rasgos esenciales de esa persona. Tuvimos un presidente pícaro que iba a los programas de humor y hasta zafaba. De la Rúa no tiene esa imagen e incluso me parece bien que no la tenga porque la expectativa con él era otra. Por otra parte, el incidente que ocurrió en el programa de Tinelli me parece una cuestión sumamente paradojal: por un lado, es sabido que De la Rúa tiene asesores caros que intentan cuidar su imagen, pero por otro lo descuidaron físicamente. Recibió una agresión evitable. Ningún presidente, ningún funcionario jerárquico puede pasear por el espacio público sin saber que está poniendo el cuerpo. Y el cuerpo del Presidente ya no es sólo suyo: es un cuerpo social. Finalmente, mi deseo para las fiestas es que De la Rúa cambie imagen y contenido.

* Especialista en comunicación.

 

OPINION
Por Graciela Römer*

Efectos de la banalización

La modalidad de irrumpir en la escena del alto rating fue típica del esquema de comunicación de Carlos Menem, cuyo perfil de personalidad se adaptaba a los códigos de la televisión abierta. Pero lo del jueves demuestra que no existen formulas universales de comunicación. Las estrategias tienen que tomar en cuenta las fortalezas y las debilidades de las personas. En este marco, cualquier enfoque estratégico para mejorar la imagen oficial, que está claramente deteriorada, debería hacer un diagnóstico claro de la causa del debilitamiento más que de la utilización de fórmulas estereotipadas que no producen generalmente buen resultado. Los que le dijeron al Presidente que era una buena idea ir al programa de Tinelli no tuvieron en cuenta sus características propias: su manejo de los tiempos, sus actitudes corporales. Y no percibieron los niveles histriónicos que requiere enfrentarse a un personaje como ese conductor. Yo no le hubiera recomendado ese programa. Creo que estamos en un momento de neutralizar los efectos tóxicos de la banalización de la política tan fuertes durante los noventa y De la Rúa encarnó durante la campaña esa promesa. Sin embargo, el Presidente tiene atributos para reconvertir su imagen sin forzarse.

*Consultora

 

OPINION
Por Enrique Zuleta Puceiro *

Lista de desaciertos

El sofocón del Presidente ante la audiencia más importante de la televisión argentina debe ser apuntado en la larga lista de desaciertos de los importadores vernáculos de la idea del Presidente-Candidato-Permanente de moda hace algún tiempo entre los image makers de Madison Avenue o Washington, con Dick Morris a la cabeza. Fernando de la Rúa viene pagando demasiado caro los costos derivados de una inflación artificial y desmedida de expectativas.
La misma “imagen” que pudo ser decisiva a la hora de ganar votos pasa así a ser una pesada carga a la hora de gobernar. Una vez que el candidato triunfante está en funciones, las cualidades de honestidad, moderación, manejo cauteloso de los tiempos y gradualismo que atrajeron en su momento a un electorado moderado y harto de “pilotos de tormentas” pasan a ser interpretadas como carencia de liderazgo, falta de firmeza y debilidad.
La primera tentación es volver al terreno siempre familiar de la campaña permanente, cuando en realidad lo que la sociedad espera es algo muy diferente. De la Rúa es posiblemente el político más completo de la Argentina actual y no tiene nada que demostrar. ¿Qué fue entonces a buscar al vértigo de “VideoMatch”? Pregunta de muy difícil respuesta. La ansiedad suele ser muy mala consejera y ha vuelto a jugar una mala pasada. El castigo es injusto, cruel y desmedido para la imagen aunque no necesariamente para la investidura presidencial.

* Consultor.

 

OPINION
Por Luis Sthulman*

Un imitador dañino

No me parece mal que el Presidente haya ido al programa de Marcelo Tinelli. El personaje que lo imitaba ya se había hecho muy conocido, le estaba haciendo mucho daño a De la Rúa y había que hacer algo para enfrentarlo. Lo que sí creo que todo estaba mal organizado. La responsabilidad por el incidente con el chico es compartida entre el canal y la custodia presidencial. A nos ser que hayan pensando que al Presidente lo iba a cuidar el Oso Arturo. A partir del incidente, De la Rúa se puso nervioso. Tinelli no supo manejar la situación y la organización era mala al punto que cuando se fue el Presidente, nadie lo acompañó.

*Consultor

 

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