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OPINION
Un balance negativo
Por Alfredo Allende *


El final del 2000 parece una fecha propicia para hacer un balance general del reinado neoliberal en Latinoamérica.
Desde 1987 el crecimiento ha sido del orden del 3 por ciento anual respecto del PBI, lo cual significa cero, o negativo, en la realidad si, como corresponde, descontamos el aumento demográfico y si se tiene en cuenta la concentración de las riquezas. Habría que agregar el deterioro de los términos de intercambio para las producciones básicamente primarias del continente. En lo que hace a las industrias, en general, el derrumbe ha sido patético, especialmente en nuestro país,. 
El endeudamiento público, comprendido de manera particular el externo, impide cualquier posibilidad seria de despegue. Se han pagado en América latina y el Caribe 700 mil millones de dólares desde fines de la década del 60 y se debe hoy otro tanto, pero con efecto bola de nieve proyectado hacia el futuro (es el �vivir pagando, morir debiendo� de Eduardo Galeano).
Desde la Argentina han salido no menos de 90 mil millones de dólares -lo dice el FMI� para mejorar la situación financiera de los países ricos. La desocupación y la subocupación constituyen el 60 por ciento de la población económicamente activa del continente.¿Qué más? Caída vertical de la investigación científica; deserción escolar alta y analfabetismo creciente. Inédita inseguridad callejera; desaparición para las mayorías de la previsión social; gobier-nos formalmente electos que se suceden sin alteración de los rumbos marcados por los centros del poder real. Varios países con luchas internas armadas y procesos graves de disgregación nacional.
Pero este resumen no puede terminar sin dejar abierta una ventana hacia el porvenir: los síntomas de rebeldía y de indignación crecen sin cesar, como la miseria. Las clases medias derrumbadas, los pobres sin otra esperanza que un cambio radical, los grupos lúcidos de la burguesía productiva, reclaman con apremio una solución material mínima, con economías planificadas para la producción y el trabajo; y con una presencia participativa en las decisiones que ahora toman, para el mundo, sólo los 5000 dueños del llamado �mercado� y que representan a las empresas transnacionales mayores. Es la hora de un nuevo proyecto, que nada tendrá que ver con las falacias de la �Tercera Vía�.
Proyecto de solidaridad social y de carácter regional, sobre el que los miembros de la Alianza no podemos continuar haciéndonos los desentendidos, so pena de ser arrasados por las marejadas populares que sobrevendrán.

* Diputado nacional (Alianza).


 

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