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UNA PSICOLOGA RURAL DA TESTIMONIO DE SU TRABAJO CON EMPRESAS FAMILIARES 
Padres-patrones en las pampas argentinas 

Una psicóloga que trabaja en una zona rural de la provincia de Buenos Aires escribe sobre la particular problemática de la empresa familiar agropecuaria, en cuya lenta evolución a través de las décadas perdura, como un peso irredimible sobre todos sus integrantes, la figura del padrepatrón.

Por Marina Eguren 

La empresa familiar es una entidad particular donde se encuentran dos estructuras diferentes: la empresa y la familia. Esto crea un espacio de intersección donde se entrelazan ambas dimensiones en sus aspectos conscientes e inconscientes. Se superponen dos tiempos que se procesan de manera distinta, con leyes y reglas diferentes. Y la empresa familiar agropecuaria tiene algunos rasgos distintivos. Generalmente no funciona como una entidad o sociedad de acciones, lo cual permitiría un acceso gradual a la empresa por la cesión de las mismas. El mayor capital patrimonial es la tierra, con lo cual su propiedad queda en manos del dueño; quienes vayan integrándose tendrán fuerza e injerencia en el trabajo y en las decisiones técnicas y productivas, pero el poder sigue recayendo en la figura del dueño. La propiedad usualmente no se traspasa, por lo cual a veces la integración de las nuevas generaciones es legítima pero no legal. El proceso de desprendimiento no se produce fácilmente, encontrándonos muchas veces con varias generaciones al mismo tiempo pero todavía ordenadas por edad, no por capacidad o manejo.Además de las connotaciones especiales de la tierra (en tanto fecunda, madre, fértil, dadora, productiva), la empresa agropecuaria es, por su dinámica y por las características de su producción, una entidad de funcionamiento lento, donde los ritmos responden a tiempos biológicos y ciclos climáticos.La otra particularidad tiene relación con valores históricos, sociales, económicos y culturales, donde la pertenencia al sector agropecuario (fundamentalmente en la zona de la región pampeana) genera una cultura particular ligada a espacios de pertenencia a un sector con poder social y económico.En una investigación que realicé entre productores de la zona oeste surgió que el acceso a la administración deja propiedades: por herencia abrupta; por herencia pautada; en algunos (muy pocos) casos, por compra. Entre los problemas frecuentes: dificultad en el consenso de los retiros de dividendos; poca asiduidad en el intercambio de información o en las posibilidades de discusión.Cuando se presentan desacuerdos, en casi todos los casos surgen dificultades en lograr espacios de encuentro para hablar, consultar, dar parte y realizar acuerdos. Eso habla de un desconocimiento y distanciamiento entre intereses, ideas y objetivos de los integrantes de la empresa. Aparecen muchos espacios diarios para las discusiones técnicas, de gestión empresarial, del nivel de riesgo o de endeudamiento, pero las cuestiones más íntimas y profundas van quedando afuera.

“Tonto, sensiblero” 

Cuando José me llamó, me sorprendí. Habíamos tenido largas charlas acerca de la empresa y la familia pero siempre parecía resistente a plantearlo como una consulta. Acordamos un lugar, y resultaba mejor el campo: estaba en medio de la cosecha y había muchas cosas a decidir en el lugar. Hasta allí fui e iniciamos un trabajo de algunos encuentros.José era un productor agropecuario de 68 años, padre de dos hijos, uno de los cuales trabaja con él en el campo. Sus hijos, Fernando (37) y Anita (34), siempre vivieron “encantados” en el campo y recién se fueron cuando estudiaron carreras universitarias. Fernando dejó en el último año de Veterinaria (José aún se lo reprocha) y Anita es médica pediatra. Ambos están casados. Fernando trabaja en el campo como administrador.José sigue tomando las decisiones y es quien regula y distribuye los retiros. Salvo que los precios este verano no están muy bien, no había grandes variaciones en la producción y el funcionamiento de la empresa. “Entonces, José, ¿por qué me llamó?”“Siento un gran dolor. Trabajé mucho para que esto pudiera disfrutarlo junto con mis hijos y nietos, pero no puedo... me siento injusto”, y agregó: “Fernando tiene su lugar en la empresa y en el campo. A veces me pregunto qué hubiera sido de él en otras circunstancias, si hubiera elegido lo mismo... Y Anita está muy lejos. Por momentos siento que aquí es una extraña. Que ella se fue y se quedó sin lugar. Para sus hijos ésta no es su casa, es la casa de su abuelo y de sus primos. Parecerá tonto o sensiblero, pero esa pequeña situación me duele mucho... Ana no me dice nada, pero lo veo en su cara, es como si me reclamara algo que yo no le doy y no me doy cuenta de qué es.”José siempre consideró natural que el varón siguiera trabajando en el campo, y lo alentó a ello. No se planteó demasiado si era lo que Fernando quería, aun cuando él abandonó sus estudios. Anita parecía pedirle algo más. Un pedido cada vez más imperioso, cada vez más exigente, como es el que se hace en silencio con miradas. A José le costaba descubrir qué le pedía: ¿un lugar en el campo, en la empresa, en las decisiones, en la familia? ¿Un lugar en su corazón?José, a lo largo de varios encuentros, no encontró una “solución”, sólo pudo decirse quizá por primera vez y en voz alta sus angustias. No estaba acostumbrado y, con sus primeras lágrimas, me pedía disculpas, mientras compartíamos el mate.

“Como si fuera tuyo”

 “No puedo más”, me dijo Gonzalo. “Tengo 41 años, soy el segundo de cuatro hermanos, soy veterinario y, a la muerte de mi padre, hace seis años quedé al frente de la empresa que era de él y que manejaba él. Murió en un accidente de autos que dejó con secuelas también a mi madre. El era un tipo muy activo y personal, montó una empresa agropecuaria que fue agrandando con el tiempo. El no participaba a nadie en la toma de decisiones, porque decía que debíamos ser libres: ‘Ustedes estudien, ya podrán elegir a qué dedicarse’. Yo desde chico sentí que todo lo relacionado con el campo y los animales era mi vida. Cuando terminé mi carrera, considerando que entre el estilo de mi padre y el mío no lograríamos mucho entendimiento, trabajé de manera independiente. Y no me fue mal. Administraba campos. Si bien trabajaba como veterinario en el de mi padre, era un trabajo estrictamente técnico. Me permitía llevarme bien con mi padre, porque no había decisiones de por medio. Si bien los dos habíamos discutido sobre la necesidad de intensificar y profesionalizar la producción y la administración, este tema ya no se hablaba.”“A él le gustaba cada tanto entregarnos un cheque que todos aceptábamos como un regalo. El decía que todos los cheques eran iguales, pero sospecho que daba ayudas especiales según la situación por la que cada uno de nosotros pasaba. Sobre todo a Juana, la menor. Y todo iba así, muy cómodo, fluido, sin problemas: bien.”Pero “se acabó el día que él murió: ¿quién se iba a hacer cargo de la empresa? Todos pensaron en mí. Mamá no estaba en condiciones de ocuparse, además nunca lo había hecho. Mis hermanos no podían o no sabían. Y así, me hice cargo de algo que pasaba a ser de todos. Cosa que además significó abandonar mis otras tareas. ‘Vos sos el que sabés, no preguntes, hacelo como si fuera tuyo’”.“Y esto es lo que me angustia y no puedo resolver. Hay cosas que no sé, lo que administro no es mío, necesito la opinión de todos, y no sé cómo lograrlo. Seguir con el estilo de mi padre sería traicionar sus convicciones, pero cambiarlo es traicionarlo a él... Cuánto quisiera estar en el lugar de mis hermanos y esperar que alguien me entregue cada tantoun cheque de regalo... ¿Este es mi proyecto, yo quería esto para mi vida, o es el proyecto de mi padre?.” Gonzalo pudo definir de qué estaba cansado o abrumado. No de sus hermanos o de su madre, como creía, sino de esta dificultad de clarificar el perfil de esta empresa, que para su padre era unipersonal y ahora es familiar, porque todos son, a partir de la herencia, propietarios. Todos seguían funcionando como antes, como en una empresa personal. Gonzalo también había caído en esta trampa, haciéndose cargo de la empresa sin encontrar la forma de compartirla.

* Psicóloga. Ejerce su profesión en General Villegas, provincia de Buenos Aires.


Derechos del niño

El Foro de Instituciones de Profesionales en Salud Mental denunció el “incumplimiento de la Convención de los Derechos del Niño” y convocó a los trabajadores de la Salud Mental para movilizarse al respecto. “A diez años de la aprobación de la Convención de los Derechos del Niño y a seis de su inclusión en nuestra Constitución nacional”, dice la declaración del Foro que observa “el crecimiento alarmante del desamparo de la niñez: niños que viven en la calle desarticulados de sus familias, niños que trabajan, niños que realizan actividades marginales para la obtención de ingresos, que viven en hogares con necesidades básicas insatisfechas o en instituciones de ‘protección’”.“Sabemos del efecto negativo del desempleo y la pobreza en la familia: la desarticulación de los vínculos, la alteración de las funciones parentales, la inversión de dicha función (niños que sostienen económicamente a sus padres)”, dicen la Comisión de Niñez del Foro.El Foro está constituido por más de 30 entidades de psiquiatras, psicólogos, músico-terapeutas, asistentes sociales y psicopedagogos de distintas orientaciones como el psicoanálisis, el psicodrama, la psicoterapia sistémica, la terapia cognitiva y la terapia gestáltica.

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