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acerca de los nuevos
acuerdos vinculares y politicos entre los generos
El sordo antagonismo de mujeres y varones 

Ultimas noticias sobre la lucha contra “el enemigo común, el sistema patriarcal, que afecta por igual a ambos géneros”.

Amor: “Muchos hombres entienden la inequidad del sistema de género a través de la relación amorosa con una mujer que defiende los derechos femeninos”.

Por Irene Meler *

El hecho de que mujeres y varones se tomen de modo recíproco como objetos de deseo (como ocurre en la mayor parte de los casos) no ha impedido la existencia de un sordo antagonismo entre ambos colectivos sociales. Ellas han callado, como lo prescribieron las costumbres, mientras que ellos fueron locuaces, creando un subgénero literario caracterizado por la denigración de las mujeres.
Recordar concepciones propias del mundo antiguo, tales como la creencia de que la mujer era un hombre menor o fallido, el resultado lamentable de una claudicación de la potencia plena de su padre o el castigo al que los dioses sometían a los guerreros cobardes, parece, en los albores del nuevo milenio, puro resentimiento. Las buenas conciencias gustan creer que la opresión de género es sólo un mal recuerdo, y desmienten la persistencia de inequidades económicas, educativas y políticas, que afligen no sólo a los pueblos pobres, rezagados del tren del desarrollo, sino que además se manifiestan de un modo sutil entre los sectores posmodernos.
El amor y el odio son gemelos, tal como lo descubrió Freud al describir la ambivalencia emocional o el sentido antitético de las palabras primitivas. Jekels y Bergler consideran que, cuando se hace el amor, también se hace el odio, o sea que el coito sirve al fin de la descarga de hostilidad. La violencia sexual, drama en el cual los varones desempeñan en su mayoría el papel de victimarios y las mujeres el de víctimas, revela de modo siniestro con cuánta facilidad el deseo erótico se intrinca con la pulsión de dominio, o más aún, con la destructividad aniquiladora.
La masculinidad social tradicional ha exhibido como uno de sus emblemas identificatorios, como blasón narcisista, la capacidad viril de hacer daño. En principio, se supone que el daño se inflinge a los enemigos y que, por lo tanto, más vale tener un buen varón amigo o amante que defienda a mujeres y niños de los depredadores, que en general han sido otros varones. Pero el caballero de brillante armadura mostró más de una vez un rostro de villano, abusando física, sexual, emocional y económicamente de las mujeres y niños que estaban a su cargo.
Pues bien, si el Papa pide perdón, los varones también pueden hacerlo, y de hecho existen sectores (minoritarios) que ya están presentando sus excusas. Este es un fenómeno de gran interés actual, que afecta los vínculos de intimidad y los estados saludables o patológicos de los sujetos contemporáneos.
Se trata de un acontecimiento dentro del campo de lo que se ha denominado en los 70 “política sexual”. Algunos adelantados se caracterizaron en un principio como feministas, en el sentido de compartir la defensa de iguales derechos para mujeres y varones. Recientemente se planteó que sólo las mujeres pueden ser feministas, reservándose para sus compañeros de ruta masculinos la denominación de profeministas.
John Stoltemberg es autor de escritos muy interesantes, donde analiza con lucidez y coraje los orígenes y composición de este sector de “arrepentidos”. Plantea que con frecuencia se considera que los varones solidarios con la defensa de los derechos de las mujeres son homosexuales, o sea, en última instancia, se sospecha que los anima una identificación patológica con la femineidad. Sin embargo, muchos hombres se acercaron a una comprensión de la inequidad del sistema de género por la relación amorosa o conyugal con una mujer que defiende los derechos femeninos. Esa sería una vía de transmisión heterosexual. La compañera los esclarece, les proporciona bibliografía, y un día amanecen con una lucidez irrenunciable acerca de las manifestaciones capilares y sutiles de la dominación masculina.
Otros son efectivamente gays. El autor se declara incapaz de determinar si su proporción es más elevada que el 10 por ciento que se supone compone la población general, pero no acepta que la defensa de la paridad se sustente en un deseo, en última instancia delirante, de ser mujeres. Los varones homosexuales han tenido ocasión de comprender que la discriminación de la que son objeto se sustenta en el culto fálico y en la denigración de la femineidad. Por lo tanto, las mujeres son aliadas estratégicas en la lucha contra la dominación masculina, que no sólo las oprime a ellas, sino también a todos los hombres que no alcanzan a cumplir con los requisitos del ideal viril. Una película actual, Belleza americana, ilustra acerca del rostro oculto de la masculinidad misógina y homofóbica, que constituye una formación reactiva crispada contra los deseos pasivos de recibir amor y protección por parte de otros varones.
Algunos hombres profeministas han sido víctimas de abuso durante su infancia, como es el caso de un conocido intérprete musical que tuvo el coraje de hacer público su padecimiento. Conocen el aspecto ofensivo de la masculinidad hegemónica y eligen, en lugar de una identificación con sus agresores, la lucha contra el estilo de vida que los nutre y alienta.
Así como la década de los 70 se caracterizó por la proliferación de grupos de mujeres, que encontraron en su reflexión conjunta una herramienta eficaz para el cambio social y para la promoción de su salud mental, en los 80 surgió un fenómeno comparable entre los hombres. Al ponerse en cuestión las concepciones tradicionales acerca de la femineidad, la masculinidad tradicional no podía permanecer incuestionada.
Pero no todos los varones reflexivos son amigos de las mujeres. Muchos hombres que se agrupan en defensa de sus derechos como padres, en especial en casos de divorcio, extrapolan su conflicto conyugal íntimo a la arena política, logrando en algunos casos, como ocurrió en nuestro país, penalizar a las madres que no les permiten ver a sus hijos, mientras que los reclamos femeninos para una adecuada labor de policía respecto de la evasión de las obligaciones alimentarias espera aún un eco solidario.
Otros no atacan legalmente a las mujeres, pero compiten en una especie de maratón de sufrimientos, donde se declara que el enemigo común es el sistema patriarcal, que afecta por igual a ambos géneros. Podemos coincidir en que existe un malestar masculino en la cultura, derivado del hecho de que no todos los varones alcanzan a ser efectivamente dominantes, y por lo tanto afrontan la sanción del desprecio. Los que logran ubicarse en una posición de predominio social, económico y erótico, con frecuencia pagan su triunfo con una disminución de su esperanza de vida.
Sin embargo, un sistema inequitativo no oprime por igual a ambos participantes. Sostener lo contrario es negar la existencia de la dominación social masculina, que los organismos internacionales han reconocido hace más de dos décadas.
Pero la presencia de estos varones solidarios y democráticos nos acerca hacia un modelo de relación entre los géneros donde, sin que se pierdan aquellas características diferenciales que suscitan el deseo, se dejen atrás los estilos vinculares asimétricos y complementarios.
En esto es fácil comprender que la ética, la política y la salud mental van de la mano. Muchos de los padecimientos a los que asistimos como profesionales que trabajan en el campo de la subjetividad encuentran una clave para tornarse comprensibles, y por lo tanto abordables, cuando damos lugar a la articulación fecunda entre los desarrollos psicoanalíticos y los aportes de los estudios de género. Esa es una pareja que hace el amor y hace el odio, pero tiene cría.

* Coordinadora del Foro de Psicoanálisis y Género de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires (APBA).

 

POSDATA

Niño. “Problemáticas del niño: dilemas éticos”. Unidad de Psicopatología del Hospital Gutiérrez, desde abril. 4964-0731.
Badiou. Seminarios sobre Badiou, Foucault, Deleuze con Rubén Ríos, 4863-0193.
Obstáculos. Seminario “Obstáculos en la dirección de la cura”, con María C. del Villar, Adriana Dreizzen, Patricia Leyack y David Szyniak en la EFBA. 4802-1803.
Difíciles. “Tratamientos de inicios difíciles”: seminario por Sergio Rodríguez. 4774-0205.
Psicodrama. Reunión informativa en la Sociedad Argentina de Psicodrama, el 20 a las 19.30. 4854-8742.

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