Principal RADAR NO Turismo Libros Futuro CASH Sátira



Volver

1927


Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, esposados, durante el juicio
en que serían condenados a muerte

La balada de los libertarios

POR ENRIQUE MEDINA

El acromatismo de la imagen no los singulariza, ni ratifica la realidad: la diluye. Se asegura que una foto dice más que mil palabras, pero en este caso el dicho no alcanza. Porque aunque Vanzetti tenga el gesto desafiante y saque pecho, y el sobretodo abierto deje paso al aliento libertario, y tenga la gorra iluminada logrando un punto de oro referencial para ser el principal protagonista, aunque posea incluso el exquisito gusto del moñito �en lugar de la corbata universal� y el puño izquierdo plenamente iluminado como la gorra, opacando la lánguida mano derecha de Sacco y su puño izquierdo que en verdad no es puño sino pretexto para sostener un anónimo sombrero; aunque Vanzetti aún en su última afeitada cuidó el corte del bigote al estilo Nietzsche �del que conocía toda su obra y por lo cual estaba aprendiendo alemán para disfrutarla en su lengua original�; muy a pesar de todo ello y de otras elementalidades menos registradas, Vanzetti no pensó en el detalle que sí pensó Sacco, a pesar de su rostro achatado por la concentración de la luz en su frente, de su abrigo recto fuera de moda �que imponía el cruzado�, de su obediente posición enfrentando la cámara, sin mirarla, a pedido del fotógrafo Julien Loubet (inmigrante francés que siete años más tarde correría la misma suerte que los libertarios, por asesinar a la mujer y sus cuatro hijos). Lo que Sacco pretendía no pudo explicitarlo al juez de la causa, William Twickenham (a la derecha de Vanzetti): el magistrado aceptaba salir en fotos pero se negaba a mantener el mínimo diálogo con �esa gentuza extranjera�. Sacco pudo hablar con uno de los segundos del juez, Jack Gianneo (con sombrero, detrás de Sacco en la foto), italiano como ellos, que escuchó y transmitió el mensaje: �Quieren morir fusilados. El juez se reacomodó con parsimonia en su asiento y el silencio de la mirada estranguló las últimas palabras de Jack Gianneo: �Como hombres, dicen. La lámpara del escritorio emitía un brillo violáceo sobre los ojos del juez, que movió la mano mansamente en contraste con el cuello hinchado de furia. Este clima confuso convirtió a Gianneo en cautivo de lo que decía. Además de saberse imbécil, sentía una inmensa dificultad al tragar saliva, parpadeó como quien no entiende la inesperada contradicción de las cosas y, soportando la aguja en la carne, escuchó las palabras del juez: �Tráigame cigarrillos, y café. Aunque las pruebas del crimen eran insustanciales, Sacco (zapatero) y Vanzetti (vendedor ambulante de pescado) fueron sentenciados a muerte, acusados de asesinar al tesorero y al guardia de una fábrica de zapatos en Massachusetts y escapar con 16.000 dólares el 15 de abril de 1920. El jurado tuvo más en cuenta las actividades políticas y el origen étnico de los acusados que las evidencias. El caso se hizo célebre y emblemático y el Estado se vio en la obligación de crear una comisión para estudiar el caso. Pero el veredicto fue ratificado y el 23 de agosto de 1927, contra la voluntad de los reos de morir como hombres, fueron electrocutados �como ratas�, según la expresión del juez de la causa. A cincuenta años de la ejecución, en 1977, Michael Dukakis, gobernador de Massachusetts, declaró, luego de revisar el caso, que �toda deshonra sobre sus nombres debe ser eliminada para siempre�. Continúa

arriba