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Jenny Holzer en Buenos Aires

Problemas de cartel

Comenzó pegando afiches callejeros en Nueva York, pero durante los últimos veinte años se ha venido apropiando de los recursos publicitarios para transmitir sus frases impersonales y sus textos inspirados en la filosofía política a través de carteles electrónicos ubicados en la vía pública, spots televisivos, remeras, tallados en piedra y, últimamente, una página en Internet. Desde la semana pasada, una muestra que recorre buena parte de su carrera puede visitarse en Proa, luego de que las proyecciones inesperadas de sus textos en el Planetario y la Facultad de Derecho capturaran la atención de los transeúntes..

Por DOLORES GRAÑA

Martes, nueve de la noche en la 9 de Julio. El misterioso cartel que informa del estado del tránsito y el tiempo de pronto despliega una frase aparentemente incomprensible: “Usted es el otro de los demás”. No muy lejos de allí, en la Facultad de Derecho, Jenny Holzer proyecta desde una combi y para los sorprendidos transeúntes, una selección de sus textos sobre la fachada del edificio. No fue un efecto programado, pero sí fue algo revelador: hasta qué punto la voz anónima e impersonal que adaptó Jenny Holzer para sus obras es actualmente algo que parece funcionar sin necesitarla. “No elegí los carteles electrónicos por ser nuevos, ni siquiera en el comienzo. Hace diez años eran relativamente novedosos, pero sólo eran producto del desarrollo de una tecnología que ya tenía cuarenta años: esa que se usaba para pasar noticias en un cartel gigante ubicado en el Times Square neoyorquino. Decidí usarlos porque creo que son el medio perfecto para transportar el tipo de información que quiero transmitir”, dice Holzer, instalada en Buenos Aires para la apertura de una muestra que recorre gran parte de su obra.


Los textos de Arno en el Planetario

Select ions y Mother and Child (1990).

En sus comienzos, a fines de la década del 70, la artista norteamericana creó Truisms, afiches callejeros compuestos de oraciones de una línea, verdades o koan-zen modernos que borraban toda marca de identificación del autor (“de manera que fueran puro contenido, lo que sea que eso quiera decir”, comenta Holzer). A esa serie, le siguieron los Inflamatory Essays (también afiches de textos de exactamente cien palabras distribuidos en exactamente veinte líneas basados en célebres autores de filosofía política), Living (con una temática menos urgente y dedicada a la vida cotidiana) y Survival (la primera serie creada específicamente para carteles electrónicos). En todos ellos la artista norteamericana indagaba en la creencia en verdades universales a través del uso de técnicas publicitarias como los afiches callejeros y los carteles luminosos, interviniendo en los espacios públicos para resignificar sus mensajes, cuya fuerte impronta política (de concientización, de necesaria toma de postura, o de simple provocación contradictoria) hacía imposible permanecer indiferente mientras se estuviera expuesto a ellos. Los truisms se trasladaron con el tiempo a remeras, lápices, libros, tallados en piedra, spots televisivos y ahora pueden visitarse en Internet (www.adaweb.com/cgi-bin/jfsjr/truism) para ser modificados por el público, que también puede sumar sus propios aportes, que son ordenados alfabéticamente y agregados a una lista que ya suma más de diez mil frases de aparición aleatoria.
La selección de obras que Jenny Holzer traería para su primera muestra en el país debía incluir inevitablemente piezas que explicaran de manera cabal sus 25 años de carrera, dejando de lado sus preferencias personales (una decisión a veces ignorada a la hora de las retrospectivas). Explica Holzer: “Cuando llego a un país por primera vez, trato de armar una especie de exploración de mi trabajo, no tanto una retrospectiva, para que haya cosas viejas y cosas relativamente nuevas, así la gente puede descubrir las diferencias de temas, formatos y técnicas que he tratado de abarcar a lo largo de mi carrera. En realidad, creo que adivino y cruzo los dedos”. Y Jenny Holzer (la muestra, no la artista) es una afortunada y acertada recorrida por su carrera. En el primer piso, los Inflammatory Essays, Selections (nueve carteles electrónicos LED horizontales en castellano, inglés, francés e italiano con textos de Truisms, Living, Survival, Under a Rock y Laments, las últimas reflexiones de víctimas involuntarias de todo tipo de violencia). También puede contemplarse Mother and Child (por la que ganó el León de Oro de la Bienal de Venecia en 1990), una instalación de doce LEDs verticales con textos que reflexionan sobre la maternidad (“Salgo a caminar y espero que nadie tome a mi bebé gordo como un insulto”).


Selections, una instalación que reúne textos de las obras Truisms (1977-79), Living (1980-82), Survival (1983-85), Under a Rock (1986)
y Laments (1988-89) en cuatro idiomas

En la planta baja, un letrero electrónico que recorre todo el salón, de treinta metros de largo, lleva textos de los más recientes escritosinstalaciones de Holzer: Lustmord (1993, textos presentados en una revistaalemana en colaboración con Tibor Kalman, escritos sobre cuerpos humanos y con sangre en la tapa), Erlauf (1994/5), Arno (1996) y Blue (1998). En el centro, yace la obra Lustmord (una palabra alemana que significa, aproximadamente, “asesino-lujuria”), compuesta por una serie de huesos y dientes humanos ordenados por tamaño, con brazaletes de metal. Dice Holzer: “Empecé a trabajar en Lustmord cuando mis padres estaban muriendo y creo que me sirvió para pensar la muerte con las manos. La instalación fue originalmente una respuesta a la guerra en la ex Yugoslavia, a las violaciones y la tortura a mujeres. Pero cuando llegaron aquí, me di cuenta de que podían representar también el estado de terror y represión que lamentablemente es parte de la historia de este país. Las piezas están pensadas para ser levantadas, pero hasta ahora nadie quiso tocar los huesos. Es algo habitual en todos los lugares en los que presenté esta muestra. Los únicos que los levantan son los viejos, como si quisieran entender algo, como si necesitaran saber”.
La contaminación visual que afecta a las ciudades modernas parece ser un escollo complejo para el arte público de Holzer, que logró apropiarse de técnicas y recursos publicitarios sólo para comprobar que la publicidad terminó aniquilando la capacidad de sorpresa (y atención) del público. La ubicación de los carteles electrónicos en espacios privados (como galerías o museos), también representa necesariamente un cambio en la recepción y el planteo de sus textos. Holzer, en sus últimos trabajos, fue abandonando progresivamente sus experiencias con las “verdades” universales para acercarse a textos más urgentes sobre las encarnaciones más extremas del sufrimiento humano (la guerra, la violencia, la muerte), tratando de ubicarse dentro de ellas para encontrar una forma de comprenderlas y exponerlas. Pero, para esto, es necesario conseguir que la gente preste atención a carteles que ve todos los días en el colectivo, el subte y cualquier negocio. Explica Holzer: “Los LEDs son actualmente la forma habitual en la que se transmite la información bursátil y publicitaria, es cierto. Pero creo que eso no hace más que aumentar el contraste de los contenidos que intento introducir en la discusión pública. Actualmente, lo que puede llamar la atención de la gente, tanto en la calle como en una galería o museo, es la fuerza de los textos. Para mí, lo importante es descubrir qué es lo que hace que la gente pare y mire fijo algo, porque eso es cada vez más difícil. Por eso estoy experimentando más que nada con el Xenon”.


Arno (1996): la primera proyección de los textos de Holzer
con el sistema Xenon, en la Bienal de Florencia.

El sistema Xenon (un sistema que comenzó a utilizar para proyectar los textos de Arno sobre el río florentino) con el que se realizaron varias proyecciones inesperadas durante la semana pasada (el del fin de semana en el Planetario, el martes en la Facultad de Derecho y el miércoles en la inauguración de la muestra) parece ser el camino elegido por la artista para continuar consiguiendo ese chispazo de reconocimiento, de introspección y de diálogo con el público que está en el centro de todas sus obras. Para ello, Holzer prepara y elige con mucha anticipación los sitios en los que proyectar sus textos. “El año pasado vine a Buenos Aires para conocer diferentes espacios de arte, donde tenía sentido instalar las obras `normales’, y dar vueltas por la ciudad para descubrir edificios y estructuras que podían servir para proyectar los textos. Los criterios que tengo para elegir los lugares son varios. El primero es siempre: ¿podemos conseguir el permiso para usarlo? El segundo es cómo funciona físicamente esa pantalla para los textos, si es lo suficientemente clara, o lisa. Y el último es qué función cumple el edificio, cuánto le agrega a las proyecciones, cómo las contradice, las mejora o las equilibra. La Facultad de Derecho me parecía apropiada, porque el estado de derecho es generalmente algo deseable, aunque puede abusarse de la ley, y funcionaba bien con la noción de `arte público’, ya que pertenece o debería pertenecer al pueblo. El caso del Planetario fue distinto, porque es un edificio muy extraño, casi delirante, como un OVNI amarrado al piso. Primero probamos proyectar en el frente, pero no funcionaba demasiado, asíque lo trasladamos al lago y entonces la gente empezó a bajar de los autos. En ese momento supe que habíamos acertado.”


Una parte de la instalación Lustmord (1993) y un cartel luminoso
de treinta metros de largo con fragmentos de Lustmord, Erlauf (1994-95),
Arno y Blue (1998).

Cuando la muestra termine en Buenos Aires, Holzer volverá a la Bic y las hojas rayadas que hace treinta años la acompañan para terminar una muestra que debería haber estado lista en el ‘98. “Me estoy esforzando por escribir sobre lo que me produce mirar el cuerpo de mi hija. No es realmente sobre ella o sobre mí, en el sentido que mis obras no son ni siquiera parcialmente autobiográficas. Es cierto ese lugar común que dice que siempre es más fácil escribir como si se fuera otro. Pero sigue siendo complicado: el proyecto es para la Galería Nacional de Berlín y es un gran desafío tratar de lograr algo por lo menos la mitad de bueno que ese edificio increíble.”

Jenny Holzer puede visitarse hasta fines de junio, de martes a domingos de 11 a 19 en Proa, Pedro de Mendoza 1929.

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