Principal RADAR NO Turismo Libros Futuro CASH Stira


BUZIOS

Una pequeña península en cuyas costas se abren calas y ensenadas que albergan lugares para cualquier deseo. Y una pequeña guía para saber cuál elegir entre la veintena de playas de este rincón brasileño donde aún se percibe la estela francesa que hace ya 40 años dejó Brigitte Bardot.

Ariel Abramovich

En pocas palabras a Búzios se lo podría describir como la sucesión de una veintena de playas diferentes, aunque toda definición será incompleta sin la presencia de ciertos adjetivos imprescindibles, como relajado, placentero, sosegado, suave.... Algunas, misteriosas y encantadoras, están en reductos escondidos; otras se enfrentan al mar abierto y son muy espaciosas. Las hay tranquilas, frecuentadas por grupos y familias, y también las que reúnen a la gente joven, que exhibe sin pudor un toque de sensualidad y color. Entre tanta variedad hay sin embargo un elemento común que las amalgama: el clima tropical, que brinda calor y brillo durante casi todo el año.
Las playas están desparramadas a lo largo de una península de silueta caprichosa que no tiene más de ocho kilómetros de extensión, a la que se llega por una ruta que atraviesa colinas de vegetación exuberante. Durante el viaje la vista acompaña el vuelo rasante de las aves que recorren las praderas de tierra colorada y al llegar, la mirada se pierde en los detalles de un pueblito que mezcla lo rústico de una colonia de pescadores con el refinamiento de un balneario francés.

Piratas y portugueses
A lo largo del siglo XVI las numerosas ensenadas y calas tentaron a piratas y a los traficantes de esclavos ingleses, franceses y holandeses, que encontraban un refugio seguro, y por cierto placentero. Hasta ese momento las tribus de tamoios y goiatacases habían compartido los encantos de la península. Recién al finalizar una larga serie de guerras con Francia, los portugueses pudieron retomar el control definitivo de la región. Al comienzo la exportación de madera ayudó al crecimiento, pero al agotarse las reservas del pai brasil, la actividad económica se concentró en la pesca artesanal y la caza de ballenas.

Y entonces llegó Brigitte
Desde mediados de la década del 60 los europeos, esta vez atraídos por el turismo, volvieron para conocer el paraíso que se escondía a sólo 180 kilómetros de Río, y que eligieron Brigitte Bardot y Mick Jagger, entre otros huéspedes ilustres. Actualmente casi 10.000 habitantes integran un verdadero mosaico cultural, una especie de síntesis del Viejo y el Nuevo Mundo, que se formó cuando la imagen de la diva francesa en Búzios recorrió el planeta. Fue entonces que una catarata de aventureros llegaron desde casi todos lados, en especial de la Argentina, para instalarse definitivamente.

De Armaçao a Olho de Boi
Gracias a su geografía e infraestructura, Búzios ofrece una gran variedad de paisajes y servicios. Hay actividades deportivas, como buceo en aguas privilegiadas con una temperatura de unos 22ºC, circuitos ecológicos, paseos en barco y hasta turismo aventura. Alrededor de la zona urbanizada, las playas moldean una especie anillo en los bordes de la península. Cerca del centro se extiende Armaçao, que al atardecer compone una de las mejores postales cuando el sol baja por detrás de los botes de pescadores y cruceros de lujo. En la vecina Praia dos Ossos, una de las más conocidas, el mar está moteado con los veleros coloridos que recorren las islas y balnearios buzianos.
Hacia el norte se encuentra Joao Fernandes, una playa de arena suave y marea agitada de tono verde esmeralda. Al borde de la orilla hay una serie de barracas, ideales para deleitarse con los tira-gostos preparados con frutos de mar. Al final de un trecho arbolado se esconde Joao Fernandinho, una versión reducida y solitaria de la anterior, con aguas claras y cristalinas. La playa Brava es la preferida por los surfistas por sus olas grandes pero es algo ventosa; a poca distancia hay otra completamente virgen y apacible llamada Olho de Boi.

Aldeas y calas
La arena dorada de Forno moldea una herradura, con una espléndida vista de la península, decorada con botecitos que se mueven al ritmo de la marea suave. En el balneario Foca, la orilla clara contrastacon el azul turquesa del mar, y es tan chica y encantadora que parece ser la maqueta de un lugar diseñado para deleitar los sentidos. Ferradura es una clásica aldea buziana, con marea calma para bañarse durante horas. La cala cerrada de Ferradurinha explota con el color de una especie de piscina verde rodeada por arena blanca y grandes peñones negruzcos. En el extremo sur, Geribá es frecuentada en especial por la gente joven, y muestra un panorama totalmente diferente porque se ubica frente al mar abierto y es la más extensa y ancha de todas.

A noite en Rua das Pedras
Búzios es un verdadero paraíso para los que aprecian la buena comida. Hay restaurantes franceses, italianos, japoneses, tailandeses, árabes, carne argentina, pizzerías, spetto corrido, y como no podía faltar en un lugar rodeado por el mar, los mejores pescados y frutos marinos. Además de organizar el Festival de Gastronomía, que propone un verdadero paseo por los paladares de todo el mundo, en la confortable sala Bardot tiene lugar el famoso Cine Festival que reúne a las mejores producciones y estrellas de la industria cinematográfica internacional.
Fiestas a la luz de la luna, shows de música popular brasileña y jazz, bares, discos, galerías de arte, grupos que tocan rock y blues, pubs. En la Rua das Pedras, la calle peatonal donde pasa todo, se instalaron en un desorden exótico y delicado las mejores boutiques y restaurantes. Los grandes bloques de piedra que forman el camino, dificultan un poco el paso pero le dan un aire distinguido a un paseo que combina colores, sabores, aromas y sonidos refinados y exclusivos. El espíritu de Búzios llega a su apogeo cuando termina el día. Es el momento de no planear nada, de no respetar horarios; la gente simplemente se relaja, desfila, se conoce, pasea y disfruta las noches cálidas.

Datos útiles
Cómo llegar: vía Río de Janeiro, el aéreo se consigue desde $ 295. Después se llega en transfers que cuestan unos $ 30.
Buceo y excursiones: el bautismo de agua en la playa cuesta $ 25, y en barco llega a $ 45. Un curso básico de 5 días está a $ 265. Las salidas al mar con el equipo incluido vale $ 25 a la mañana y $ 30 a la noche. Los paseos en barco que recorren las playas y las islas vecinas, incluyen servicio a bordo con bebidas y el equipo de snorkel, cuestan entre $ 8 y $ 12. Para visitar todas las playas se puede hacer una excursión corta que vale $ 10.
Transporte: entre las playas se puede viajar en lanchas. El precio no supera los $ 1,5. Alquilar un coche mediano cuesta $ 45 por día y un buggie, lo ideal para recorrer Búzios, se consigue a $ 35 y llega a $ 140 por semana. Una bicicleta cuesta $ 8 la jornada.
Más informaciones: Oficina de Turismo de la Embajada de Brasil, Cerrito 1350, de lunes a viernes de 9.30 a 12 y de 15.30 a 17. Tel.: 4815-8737/40. Las páginas de Internet son:www.buziosturismo.com y www.buziosonline.com.br. En Brasil se puede consultar al toll-free de la Secretaría de Turismo de Búzios: 0800-24-99-99