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Es un conjunto de edificios nobles y antiguos, recuperados como hoteles de especial encanto. Cada uno es un monumento histórico, perfectamente decorado, cómodo de modernidad y bello de antigüedad, que insiste en mostrar lo mejor de la cocina regional. Es la vieja España que se muestra en su Red de Paradores.

Por Alejandra Arlette
Barrionuevo

La Coruña, con su parador de frente seco y acceso plateresco, con armas nobiliariasSólo un pragmático podría decir que la comodidad actual es preferible a la opulencia de antaño. A los demás nos queda tratar de cumplir la vieja fantasía de estar en un palacio entre tapices, encajes y sedas. La Red Nacional de Paradores de España supo resolver la contradicción: sus edificios históricos son un sueño, con todas las comodidades modernas. No hace falta ser noble para alojarse en castillos medievales, ni ser monje para dormir en antiguos monasterios. Estos paradores ofrecen la historia en habitaciones decoradas con murales y muebles de época, con vinos y manjares regionales preparados por prestigiosos chefs y servidos en mantelería de hilo puro.
El parador de Bayona, en PontevedraDesde hace décadas España es uno de los países que lidera la actividad turística mundial. Junto a la excelente infraestructura, los servicios y el transporte, los paradores se llevan buena parte del crédito. Mucho antes de que las grandes cadenas hoteleras impusieran un modelo global de hospedaje, basado en la similitud de sus establecimientos y en la igualdad de sus servicios, la red ya ponía en práctica estos conceptos innovadores. La idea de dotar al país de una estructura hotelera moderna y suficiente se desarrolló durante el reinado de Alfonso XIII. En 1926, el marqués de la Vega Inclán –comisario regio de turismo– dispuso la construcción del parador de Gredos, un imponente edificio de piedra emplazado en la sierra del mismo nombre, que se constituyó en un magnífico mirador hacia los bosques de pino, los macizos y los valles circundantes. Con el tiempo el plan del marqués se volvió más ambicioso e interesante. Se recuperaron castillos, palacios, conventos, hospitales, posadas y edificios públicos en estado de abandono, que poco a poco se convirtieron en hoteles.
La red cuenta hoy con un total de 86 establecimientos que se extienden a través de todo el territorio continental español, las islas Canarias, y Ceuta y Melilla, en el norte de Africa. Dentro de este número están incluidas las hosterías de Alcalá de Henares y de Cruz de Tejeda que sólo funcionan como restaurantes, pero igual que el resto están emplazadas en recintos históricos y brindan gastronomía típica.

El más antiguo del mundo

Uno de los paradores más bellos y lujosos es el Hostal de los Reyes Católicos, en Santiago de Compostela. Desde su fachada hasta el mínimo detalle interior, todo impresiona: la decoración plateresca de la entrada, las rejas, tapices y camas con dosel se combinan para dar una idea exacta de cómo vivía la nobleza española en la época del descubrimiento de América. Construido por Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, está considerado como el hotel más antiguo del mundo. Nació en 1499 como Hospital Real, es decir, como un albergue para los peregrinos que se dirigían a Santiago. El parador posee una ubicación privilegiada: está situado en el casco antiguo de la ciudad, sobre la Plaza do Obradoiro, donde también se hallan otros monumentos históricos como la Catedral, el Ayuntamiento y el Colegio de San Xerome. En 1954 la Red de Paradores incorporó este magnífico edificio histórico a su acervo y le otorgó la categoría más alta: cinco estrellas G.L. (gran lujo).
La comida del hostal merece un capítulo aparte. Su espléndido comedor, llamado Libredón, ofrece platos tradicionales gallegos preparados siguiendo recetas ancestrales. Vieiras rellenas de erizos, algas en hojaldre o centro de solomillo gallego al queso del Cebreiro, son una parte de los manjares que aquí se ofrecen. Estas delicias se acompañan con el famoso pan de Santiago y se coronan con postres como las filloas (panqueques) de manzana y crema caramelizados o la tradicional tarta de Santiago, un auténtico homenaje a la almendra.

Precios, reservas y facilidades

Aunque parezca lo contrario, la tarifa de un parador es similar a la de cualquier hotel europeo de la misma categoría. Hay paradores de dos a cinco estrellas; en temporada alta (la más cara) los precios de las habitaciones dobles van de los 64 a los 96 dólares por persona, con desayuno buffet e impuestos incluidos. Las únicas excepciones son el Hostal de los Reyes Católicos (U$S 130), el Hostal San Marcos (U$D 105) -por ser ambos 5 estrellas G.L.– y el parador de Granada (U$S 157), por su jerarquía y su ubicación privilegiada.

Para consultas, informes y reservas, dirigirse a: Oficina Española de Turismo (en Buenos Aires). Florida 744, 1º p, Capital. Tel.: 4322-2805 / 06. Fax: 4322-5923. e-mail: oetbue@pinos.comCentral de reservas: Requena, 3; Madrid (28013); España. Tel.: (91) 5166666. Fax: (91) 516-6657 / 58. e-mail: info@parador.es Web site: www.parador.es

Una decisión difícil

Con tanta historia, elegir un parador puede ser un verdadero dilema. En la ciudad de León –en la Plaza de San Marcos y junto al puente sobre el río Bernesga– hay un monasterio que data de 1515. Esun monumental exponente del estilo plateresco español que hoy es el Hostal de San Marcos, otro cinco estrellas G.L. El mayor logro del hostal es conjugar a la perfección lo antiguo y con lo moderno: la nobleza del edificio, completo con claustro, iglesia y sala capitular, permanece intacta gracias a una equilibrada decoración en todas las suites y en los magníficos salones. La ambientación del restaurante, por ejemplo, es soberbia y entre sus especialidades están las ancas de rana, las mollejas de ternera, el chivo y las carnes de montaña.

Una de las habitaciones del hostal de Santiago de Compostela: cama con dosel, artesonados en el techo, lujo y tradición

Describir los ochenta y seis paradores que conforman la lista sería imposible porque cada uno es especial. El de Benavente, por ejemplo, es un castillo renacentista que aún conserva su magnífica Torre del Caracol, en donde hay un salón con admirables adornos mudéjares. A 60 km de Madrid, un convento agustino del siglo XVII es el asiento del parador de Chinchón. Son muchos los detalles que lo hacen espectacular: sus jardines con cipreses y rosas, la piscina y el hecho de que se encuentre en el casco antiguo de la ciudad, frente a la simbólica Plaza Mayor. Los que visiten Alcalá de Henares no pueden dejar de ir a almorzar o a cenar a la hostería, ubicada en el Colegio Menor de San Jerónimo. En este recinto histórico –por donde pasaron Cervantes, Lope de Vega y Quevedo– funciona un restaurante especializado en cocina castellana. Sopas de ajo, el famoso cocido madrileño, suculentos asados y la costrada de Alcalá, son algunos de los platos imperdibles que se sirven en el edificio de 1510.
Por fuera, paredes de ladrillo combinadas con cajones de mampostería (el típico “aparejo toledano”), terrazas con barandillas de madera y una magnífica piscina; por dentro, alfombras, azulejos y tallas que reflejan fielmente el estilo mudéjar. Se trata del parador de Toledo, un antiguo cigarral que se constituye en el más grandioso mirador de la ciudad. Está ubicado en el cerro del Emperador, a 4 km del centro, y por este motivo ofrece una panorámica inigualable de todo el conjunto urbano, con la catedral, el Alcázar y las sinagogas. Otro de los paradores más emblemáticos es el de Bayona, una fortaleza amurallada sobre las Rías Bajas, rodeada de mar y bosques de pino. En este enclave privilegiado el estilo medieval se fusiona con la arquitectura señorial gallega.
Ubicado entre la Alhambra y el Generalife, el parador de Granada es un convento del siglo XV construido por decisión de los Reyes Católicos. Las habitaciones, todas diferentes, brindan vistas únicas al Albaicín, a los jardines de Secano y al Generalife. Entre fuentes, jardines, terrazas y ventanales de arco con magníficas celosías, los huéspedes pueden recrear ese pasado donde se cruzaron el mundo árabe y con el cristiano.

 

Las siete rutas

Los paradores forman una red que cubre España a la largo de siete circuitos que abarcan todas sus regiones, de las ciudades mayores a los pueblitos más singulares:

La Ruta de la España Verde: sigue la costa del Mar Cantábrico, desde el Golfo de Vizcaya hasta las Rías Bajas, sobre el Atlántico. De los Pirineos a Galicia, todo el camino es un verdadero caleidoscopio de paisajes (con llanuras, montañas y playas suaves o acantiladas), culturas populares y gastronomía típica (paradores: Hondarribia, Santillana del Mar, Cangas de Onís, Gijón, Ribadeo, Ferrol, Santiago de Compostela, Cambados, Pontevedra, Bayona y Tui).

La Ruta de la Plata: la construyeron los romanos para unir el norte con el sur de España. Con el tiempo, este camino que va desde Asturias a Extremadura, pasó a llamarse Vía de la Plata. A lo largo del recorrido se ven ciudades y pueblos con un destacado legado cultural (paradores: Gijón, León, Benavente, Zamora, Salamanca, Ciudad Rodrigo, Plasencia, Jarandilla, Trujillo, Cáceres, Mérida y Zafra). El Camino de Santiago: es el itinerario más célebre de la Ruta Jacobea que se realiza durante las peregrinaciones a Santiago (paradores: Olite, Santo Domingo de la Calzada, Cervera de Pisuerga, León, Villafranca del Bierzo y Santiago).

La Ruta Pirenaica: desde Girona hasta Soria el camino recorre los Pirineos, la frontera natural de España con Francia. Montañas, bosques, valles, antiguos monasterios e iglesias románicas son algunos de los atractivos del trayecto (paradores: Vic, Cardona, Seu d’ Urgell, Artíes, Vielha, Bielsa, Sos, Olite, Calahorra y Soria).

La Ruta del Sistema Central: consiste en un itinerario circular por el corazón mismo de la meseta castellana. Los pueblos de los alrededores de Madrid conservan un acervo rico en historia (paradores: Sigüenza, Alcalá, Cuenca, Chinchón, Toledo, Oropesa, Gredos, Avila y Segovia).

La Ruta del Maestrazgo: se denomina así a un circuito adyacente al Golfo de Valencia por donde pasaron diversas culturas: íberos, visigodos, romanos y árabes. El recorrido propone descubrir ciudades amuralladas, castillos, plazas y fortalezas, todos testigos de ese cuantioso legado. (paradores: Alcañiz, Tortosa, Benicarló, Saler y Teruel).

La Ruta de los Pueblos Blancos: partiendo de las cercanías de Madrid hacia el sur, el destino es –obviamente–, Andalucía. Según los españoles, los pueblos blancos que salpican la región brillan siempre: “bajo el luminoso sol del mediodía o la claridad de la luna” (paradores: Chinchón, Ubeda, Granada, Nerja, Málaga Gibralfaro, Málaga Golf, Ronda, Cádiz, Carmona, Córdoba, Almagro y Toledo).

 

 

Cursos para ser parte de la historia

Durante todo el año 2000 la Red de Paradores de España ofrece el Programa de Actividades Artesanía en Paradores mediante el cual los huéspedes tienen la posibilidad de tomar cursos de antiguas técnicas artesanales y de manualidades. La propuesta es regresar al pasado para aprender oficios casi extinguidos, y recuperar tradiciones regionales que se remontan a la época medieval. En el parador de Salamanca diariamente se dicta un curso de pirograbado y policromía sobre madera, al que tienen acceso los pasajeros que se alojen allí durante tres o más días. El de Trujillo brinda un taller de dos clases de artesanías en mimbre (de dos horas cada una) e incluye, además, una visita guiada por la ciudad. De domingo a jueves, el parador de Avila ofrece un curso de encuadernación que sigue el mismo procedimiento que se utilizaba en la Edad Media. En el castillo del parador de Sigüenza todos los fines de semana hay un taller de fabricación de las típicas botas de vino.