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ESPAÑA
Andalucía en azul y blanco La Costa del Sol debe su nombre a los casi trescientos días de sol que recibe por año y su fama, a una combinación de paisajes que hacen que se pase directamente del mar azul y casas blancas del Mediterráneo a las montañas andaluces, en cuyos pueblos se descubren varios miles de años de historia. Por Graciela Cutuli En la muy tradicional Andalucía, la porción de costa mediterránea que va desde Gibraltar hasta Nerja, al este de Málaga, es conocida como la Costa del Sol. Resulta uno de los puntos de mayor relevancia internacional de Europa, comparable con Mónaco, la Costa Azul, la Riviera suiza o algunas islas del Caribe como Saint Barthélémy. La Costa del Sol tiene una de las densidades más elevadas en todo el mundo de residentes y veraneantes famosos y en sus hoteles y sus mansiones se habla una infinidad de idiomas, aunque todos pueden entenderse por los códigos de la fama y del dinero. Para resumirlo, si no vio a ningún rico y famoso durante el Festival de cine de Cannes, entonces vaya a Marbella, Estepona o Fuengirola, que en pocos días se cruzará con un actor, un cantante o cualquier figura del jet-set del mundo.
Malagueñas Por su ubicación en Europa, esta región siempre fue un lugar por donde pasaron muchos pueblos. Antes de los moros, los íberos vieron desfilar a los romanos, los fenicios y los cartagineses, varios pueblos germánicos y hasta vikingos que se instalaron o sólo pasaron en camino hacia Africa del Norte. Sin duda, los pueblos que la visitan actualmente tienen fines menos bélicos y más turísticos, aunque quizá sean los descendientes de aquellos viajeros de antaño (jeques árabes, ricos comerciantes libaneses, alemanes, escandinavos) o de una estirpe menos considerada por los libros de historia locales (americanos, japoneses, etc.). Por lo dicho, la Costa del Sol no sólo tiene una alta cotización por su cielo permanentemente azul y sus playas sino también por la historia que encierran las montañas que dominan toda la franja costera en sus pueblos y las principales ciudades, como Málaga. Esta ciudad, que cuenta con más de medio millón de habitantes, es la capital de todo el litoral sur de España. Ya era un puerto floreciente en tiempo de los fenicios, que le dieron su nombre: Malaca. De este pasado quedaron muchos objetos que hoy todavía pueden contemplarse junto con otros testimonios de las ocupaciones romanas y árabes en el Museo Arqueológico de la ciudad. También en la ciudad se ven rastros de sus construcciones: las ruinas de un teatro romano, una alcazaba del siglo VIII o la fortaleza árabe de Gibralfaro, del siglo XIV. Málaga también es recordada como la ciudad natal de Pablo Picasso. El que fue sin dudas su hijo más famoso recibe un reconocido homenaje gracias a una colección de dibujos en el Museo de Bellas Artes local y a una fundación que funciona en su casa natal. Si bien la porción de costa más famosa y más concurrida está entre Málaga y Estepona, una porción no menos interesante se ubica al este de la ciudad hasta llegar al pueblo de Nerja. Entre las dos ciudades, están los poblados de Rincón de la Victoria, un suburbio elegante donde los malagueños pasan el fin de semana, y Torre del Mar, una elegante estación balnearia, que recuerda en sus elegantes bulevares marítimos a Marbella. Nerja es conocida, sobre todo, por su Balcón de Europa un mirador que ofrece una vista impresionante de la costa y su gruta. De tamaño gigantesco, ésta combina intereses históricos y geológicos. En su interior lucen pinturas rupestres prehistóricas y salas con una profusión de estalagmitas y estalagtitas. Tan grande es la gruta, que se organizan espectáculos en sus salas. Entre Málaga y Nerja, a pocos kilómetros del Litoral, pero ya en las sierras, el pueblo de Vélez-Málaga tiene un castillo árabe del siglo XII y yacimientos arqueológicos griegos, fenicios y cartagineses.
Sol al oeste Desde Málaga hacia el oeste, la Costa del Sol es más larga pero, sobre todo, más conocida. Hasta Estepona, casi cien kilómetros forman un bulevar marítimo sin interrupción. En una ilación de lujos se alinean los hoteles, las zonas residenciales, los terrenos de golf, las playas, los casinos y los puertos de yates, todos con una refinadainfraestructura urbana y siempre con las montañas sobre la derecha y el espejo azul del mar sobre la izquierda. El primer nombre de importancia que se encuentra al salir de Málaga es Torremolinos. Su nombre proviene de las torres y los molinos que existían en la zona hasta el siglo pasado. Esta ciudad fue el núcleo del desarrollo de la Costa del Sol en los años cincuenta. Allí se levantaron los primeros complejos turísticos y creó el estilo que caracterizaría a toda la costa: una sucesión de edificios blancos de varios pisos en un eclecticismo de estilos, frente a las playas y los puertos, como una franja blanca entre el ocre de las montañas y el azul del mar. En otras palabras, los defensores de las tradiciones de la regiones afirman que en Torremolinos se desfiguró todo el litoral de la Costa del Sol. Esta ciudad tuvo su apogeo en los años 60 y 70, y desde entonces sigue atrayendo a un turismo de jubilados, que vienen de toda Europa durante todo el año. Benalmadena sigue a Torremolinos y es difícil pensar que son dos municipios distintos, ya que ni la distancia ni ningún edificio parecen establecer diferencias. En su vera se levanta el puerto de yates más importante de la Costa del Sol, mientras en el pueblo (del otro lado de la autopista costera, al pie de las montañas) se yergue el Museo Precolombino con interesantes colecciones de objetos del Nuevo Mundo. Fuengirola es otra de estas estaciones balnearias típicas de la zona, donde las construcciones modernas que bordean las playas contrastan con la arquitectura más modesta y más discreta de los cascos antiguos, siempre vigilados por el campanario de alguna iglesia construida después de la reconquista. Como los demás municipios, tiene algunos vestigios aún más antiguos: en este caso las ruinas de un templo romano, casi sobre el mar, y las ruinas de una fortaleza árabe.
Marbella superstar Con los años, el principal sinónimo de la Costa del Sol fue Marbella. El pequeño pueblo que nació al pie de una fortaleza árabe desplazó a Torremolinos como principal centro balneario de la costa, y logró captar a gran parte del jet-set de todo el mundo, que tiene allí una casa o bien se hospeda en sus lujosísimos hoteles durante repetidas y sistemáticas vacaciones. Las estrellas del pop norteamericano se codean con los representantes de las dinastías europeas, con emires árabes o los nuevos capitalistas rusos. Como siempre hay que progresar, Marbella sola no alcanza y, últimamente, el lugar más moderno, donde hay que estar para figurar como se debe en Hola, es Puerto Banús, uno de los tres amarraderos de yates de Marbella, que se desarrolló a fin del siglo XX como un centro independiente de Marbella. Sin embargo, tiene las mismas marinas blancas, el mismo puerto de yates y las mismas cadenas de restaurantes fashion que en el resto de la costa. Por la otra cara, las sierras que aparecen detrás de Marbella merecen unas largas e exhaustivas visitas. Los pueblos Coin y Ojen no cambiaron mucho con el pasar de los siglos y la vida de sus pobladores todavía avanza al ritmo de los pasos de los burros que los campesinos cargan con sus utensilios para trabajar sus campos de avellanos y naranjos. El Parque Natural de la Sierra de las Nieves o el más lejano y renombrado pueblo de Ronda famoso como cuna del toreo moderno y por la vertiginosa roca sobre la cual está construido son otros puntos de interés para el visitante.
La Costa del golf A pocos kilómetros de Marbella, San Pedro de Alcántara vale tanto por sus playas como por su pasado. Quedan muchas ruinas de la ciudad romana de Slniana, como mosaicos y las termas. También hay basílicas paleo-cristianas, que recuerdan el paso de los visigodos por Andalucía. Estepona es el último balneario de importancia de la Costa del Sol. También tiene ruinas árabes y romanas, como los vestigios de los acueductos. Desde sus playas se puede avistar la silueta del Peñón de Gibraltar. Manilva, casi en el límite occidental de la provincia de Málaga, es una estación turística más discreta que las demás, y tal vez más armoniosa. Su puerto está enmarcado por elegantes construcciones que respetan mucho más la arquitectura local. El vecino campo de golf Valderrama, en Sotogrande, es uno de los más renombrados de los cuarenta green con que cuenta la costa, a la que los aficionados ya llaman la Costa del Golf. En dirección al oeste, la ruta prosigue, con menos edificaciones en la costa, en dirección a Gibraltar, Algeciras y Tarifa, en lo que los antiguos llamaban las Columnas de Hércules, que marcaban los límites entre cuatro mundos: el íbero, el africano y el mundo conocido del Mediterráneo con el desconocido mundo del Atlántico. Varios milenios después esta franja de costa todavía aparece como la cruz de todos los caminos, aunque las columnas marcan las diferencias entre sólo dos: el de los ricos y el de los pobres. Las proximidades de la Costa del Sol son uno de los puntos más conflictivos para la rica Europa, que quiere protegerse de las incursiones de los pobres del sur, quienes desean emigrar a toda costa. Andalucía también es una frontera entre estos dos mundos: los ricos viven al ritmo de las páginas de la prensa people en los casinos y las mansiones de la costa, mientras en el interior está la España olvidada por el progreso y el crecimiento económico. Los veraneantes la visitan y los folletos prometen autenticidad... Algo como para comentar mientras se transita con un caddy por un campo de golf. |