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RECIFE
Colonial y muy tropical
Antiguos caserones, kilómetros de playas y una gran ciudad a orillas del Atlántico. Sol todo el año, piletas naturales en el mar y la música del nordeste brasileño. Sabrosa comida regional, hoteles, posadas, artesanías y paseos en la capital del estado de Pernambuco. Fotos: Agencia ObritoNews No es por casualidad que turistas de todo el mundo visiten el litoral del nordeste brasileño. Sol tropical todo el año en un escenario de bellezas naturales, con buena infraestructura hotelera y lugares destinados a la diversión y entretenimiento. En esa larga costa sobre el Atlántico está Recife, la capital del estado de Pernambuco, un lugar que concentra el atractivo de una ciudad, el placer de la playa y el espíritu festivo del pueblo. A lo cual hay que agregar que Recife, fundada en 1537, cuenta con un centro histórico donde se restauraron antiguos e imponentes caserones. Hoy, la imagen de esta zona cortada por puentes coloniales sobre los ríos Beberibe y Capibaribe devuelve a Recife los aires de décadas pasadas y dan un encanto especial a los bares y restaurantes del centro de la capital pernambucana. La playa de Boa Viagem, ubicada frente al barrio donde están los mejores hoteles, es la más frecuentada de la ciudad. Son diez kilómetros de costa bañada por el Atlántico, entrecortada por cocotales y arrecifes que forman tranquilas piscinas naturales donde los veraneantes están protegidos de la fuerza del mar abierto. En los quioscos y restaurantes de toda la costa se sirven platos típicos del nordeste brasileño, frutos de mar, cocteles de frutas y agua de coco. Así como Boa Viagem, también las playas de Piedad y de Pina están libres de la contaminación y ofrecen buen espacio para la recreación. Para los deportistas, andar en bicicleta es una buena alternativa que está muy a mano, ya que se alquilan en la rambla. Una de las principales referencias culturales de Recife es el atelier de Francisco Brennand, uno de los artistas plásticos reconocidos de Brasil, que cuenta con un parque en el que se exhiben pinturas y esculturas a cielo abierto de gran impacto visual. Para adquirir souvenirs, lo ideal es ir hasta la Casa de la Cultura, donde se encuentra una enorme variedad de piezas artesanales: tallas en madera, piedra jabón, grabados en serigrafía, además de tapicerías. Por supuesto, en Recife también hay shoppings, con tiendas, cines y confiterías modernas. Por la noche, la rambla y los barrios más tradicionales, como Casa Amarela, Derby, Torre y Graças, se encienden con la música y las fiestas.
Las atracciones de Recife, sin embargo, no terminan allí. A la orilla del mar interior hay otras alternativas. Bien cerca, a 7 kilómetros del centro, está Olinda, una ciudad en estilo barroco y uno de los más interesantes ejemplos del período colonial brasileño, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco. Situada en la cima de una colina, Olinda es un conjunto de antiguas iglesias y caserones. Los viernes por la noche, pequeñas bandas de música acompañan a los trovadores por las calles estrechas y las veredas de piedra. Pero en Olinda la cita es en Alto da Sé, donde los turistas se divierten en los bares al aire libre, saboreando bocaditos como tapioca, cuajada, camarones y diversas bebidas típicas de la región. Siguiendo para el norte están las playas de Maria Farinha, Pau Amarelo y la Isla de Itamaracá, así como Coroa do Aviao, la pequeña isla de arenas blancas, formada por el movimiento de las corrientes marinas, donde reina la animación en los bares y también en el mar: las lanchas y jet skies que pasan frente a la costa son una invitación a los deportes náuticos. Por otro lado, al sur se encuentran las más famosas playas de Pernambuco. Entre ellas, Calhetas, Gaibú, Paraíso y Suape, donde está en resort Blue Tree Park. Para completar el paseo, el visitante no puede dejar de ir a Porto de Galinhas, una de las estrellas del turismo brasileño, visitada por turistas de todo el mundo, con piscinas naturales formadas por los arrecifes en el mar azul. La delicia de la cocina local y el gran número de hoteles y posadas se suman a sus atractivos naturales.
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