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COSTA
RICA Verde costa, verde mar Parques nacionales, refugios y reservas ocupan gran parte del territorio de Costa Rica, el país centroamericano donde todo es verde, pacífico y cuidado. Y si del Pacífico se trata, un recorrido por las playas donde la vegetación disputa la arena con el mar y las tortugas: Del Coco, Brasilito, Conchal, Mal País y el exuberante Parque Manuel Antonio. Por Raquel Robles No es muy común elegir el destino de unas vacaciones por la existencia o inexistencia de ejército. Pero si éste fuera el caso, Costa Rica sería el destino ideal. Abolido en 1949, el ejército se convirtió en ese dinero que se usa para las cosas realmente necesarias, al decir de solícitos taxistas. La educación y la salud son las dos áreas más beneficiadas por esta redistribución de los fondos. Y la preservación de la naturaleza. Un cuarto de todo el territorio de este país pequeño, emplazado entre Nicaragua y Panamá, está bajo algún sistema de protección. Ya sean parques nacionales, refugios o reservas, casi todo en Costa Rica es verde, pacífico y cuidado. Favorecido por la naturaleza como pocos, tiene una de las mayores concentraciones del mundo en diversidad de mamíferos, de plantas y de pájaros. Lamidas blanda y sensualmente por el Mar Caribe de un lado y por el Océano Pacífico por el otro, las costas son una fiesta para disfrutar con todos los sentidos. La superficie de este país no es más grande que la de la provincia de Jujuy, por lo que es posible recorrerlo en profundidad, sin necesidad de tener demasiado tiempo. Si se alquila una 4 X 4, las condiciones son inmejorables. Para empezar por algún lado a degustar este plato exquisito, proponemos el Pacífico Norte y Medio donde, según dicen, van a descansar las estrellas.
El filibustero Para ser metódicos y no perdernos de nada, empecemos por el norte. El Parque Nacional Hacienda Santa Rosa, sobre la ruta Panamericana, a pocos kilómetros de la frontera con Nicaragua, es un buen punto de partida. Y como tal conviene tener en cuenta que en Costa Rica, como en todo Centroamérica, las estaciones se dividen en temporada de lluvias y temporada seca. Cuando toca temporada de lluvias (de mayo a noviembre), suele haber un chaparrón por día, que más que arruinar vacaciones, más bien las refresca. En esta época del año el parque puede ser todo lo verde que nos imaginamos. En la temporada seca, no cae ni una gota de agua, lo cual garantiza playa a toda hora, pero si se está en el bosque seco, hay que prepararse para sudar y empolvarse al mejor estilo milanesa. Este parque es uno de los lugares donde el patrimonio cultural y la naturaleza se combinan para ofrecer de sí el mejor espectáculo. En la Hacienda Santa Rosa tuvo lugar una de las pocas batallas que se libraron en este país: en 1855 miles de civiles costarricenses derrotaron al filibustero estadounidense William Walker y a su tropa de malandras y aventureros. El fuerte donde Walker quiso resistir la última embestida de los patriotas se conserva en perfecto estado, y es uno de los mayores atractivos de este parque. A 12 kilómetros de este fuerte-museo está la playa. El camino para llegar pone a prueba la resistencia, pero vale la pena. Si se va en temporada de lluvia se puede ver a unas 8000 tortugas poniendo sus huevos en la arena. Un espectáculo realmente increíble. La zona está estrictamente protegida en esa época y no se puede acceder sin autorización, pero no es difícil conseguir el permiso de los guardaparques. Los flashes y las linternas están estrictamente prohibidos. Las comodidades son las de un camping con todas las de la ley. Las comidas pueden arreglarse previamente con la administración del parque, o se puede cocinar al mejor estilo campamento. Hay quienes cuentan que desde el mar, en días muy tranquilos y sin gente, se pueden ver a los pumas jugar en la playa.
Aguas del Coco La siguiente parada bien podría ser las playas del Coco. Un lugar donde suelen ir a descansar los ticos (como se llaman a sí mismos los costarricenses), y los precios son más nacionales. Las calles de arena y tierra, los bares sencillos pero diversos y la simpatía de la gente hacen de esta playa un sitio ideal para descansar. El buceo es otro de los deportes que se puede practicar en esta playa. Hay varios guías que se ofertan y todos rondan los U$S 65 las dos inmersiones. Si no se tiene carnet de buzo los bautismos puedenarreglarse. En este precio están incluidos el transporte en lancha, el equipo completo y un frugal refrigerio. Si se tiene mala suerte se pueden ver tiburones, aunque si uno no va a meterles la mano en la boquita no suele haber riesgos. Si se tiene suerte, que es lo que sucede más a menudo en estas aguas, se pueden ver cardúmenes de rayas, todo tipo de peces multicolores y pulpos que si se los toca se enrollan a nuestros brazos y se alejan tirando tinta ofuscados. Las tortugas curiosas suelen venir a merodear la expedición asomando sus cabecitas en la superficie. Una visita a otra dimensión, en la que la espectacularidad de los seres que la habitan y el silencio que lo envuelve todo, difícilmente puedan olvidarse. Dos playas que se pueden disfrutar haciendo base en la del Coco son Brasilito y Conchal. Quedan una pegada a la otra y, si el agua no está muy revuelta, es un buen lugar para hacer snorkeling. Con apenas una máscara y un tubito, sumergiéndose de rodillas en el mar, se pueden ver peces de todos los colores que arden de curiosidad por ese animal enorme que los visita. Si se golpea levemente una piedra contra otra, o se deja caer algún objeto, vendrán a la velocidad del rayo a ver de qué se trata. En Conchal está construido el hotel Meliá, aunque respetando las formas del lugar. Es decir, no es un gran edificio que no deja ver el cielo, sino un grupo de casitas muy paquetas (U$S 200 la noche), que rodean una piscina de aguas cálidas. La playa en la que desemboca es pública, y verdaderamente hermosa. Un cartel enorme que recibe a los huéspedes cuenta que han ganado un premio ecológico por ser el lugar más limpio de la costa. Llegando al final de la península de Nicoya, Mal País es una playa imprescindible si se gusta del surf (o de los surfistas). Amantes de las olas de todo el mundo, con sus tablas y músculos a cuestas, se pasean a todas horas buscando el mejor momento para treparse al mar. Un poco más allá, está Montezuma, también llamada Montefuma, famosa por su tolerancia hacia todo tipo de costumbres. Lo cierto es que los visitantes son mayormente jóvenes y se respira una atmósfera de libertad y laxitud. Por las noches las opciones son variadas, pero si se quiere disfrutar de una buena película mientras se cena, Sano Banano es el lugar.
El postre Pasando por otras tantas playas bonitas y todas con comodidades para alojarse y comer, se llega al Parque Nacional Manuel Antonio, en el justo punto del Pacífico Medio. Como quien deja para el final el corazón de la sandía en el costado del plato, esta es una excelente posible última estación de las vacaciones. Es el más pequeño de los muchos parques nacionales que tiene Costa Rica, pero probablemente uno de los más bellos y visitados. Tanto es así, que los guardaparques han decidido tomar medidas para reducir el impacto, cerrándolo los lunes, y permitiendo sólo 600 huéspedes en total el resto de los días. Los autos están prohibidos y se puede recorrer todo en unos 90 minutos de caminata. Los senderos bien demarcados llevan a tres playas maravillosas y a un mirador desde el cual se pueden apreciar las aguas intensamente verdes que lamen la costa. Las playas Espadilla Sur, Puerto Escondido y Manuel Antonio, son a cual más bonita y atractiva. Miden no más de 800 metros de ancho y la exuberante vegetación que las demarca permiten un descanso del sol. Desde las siete de la mañana hasta las cuatro de la tarde (hay que tener en cuenta que en este país a las seis de la tarde ya es de noche, y a las siete las mesas de los restaurantes ya están puestas para cenar) se puede disfrutar a pleno, no sólo del mar y la arena, sino de la gran variedad de flora y fauna que vive en este bosque húmedo. Entre los animales que se pueden ver, si se tiene un mínimo de paciencia y de recato, están los mapaches, las guatuzas, que son unas especies de liebres que golpean el trasero rítmicamente contra el piso, las prehistóricas iguanas, los perezosos de dos dedos, y los monos carablancas y titís. Estos últimos pueden ser muy confianzudos e invitarse de prepo a compartir la merienda con nosotros, o hacer grandes espectáculos de trapecistas casi delante de nuestrasnarices. Los pájaros son los otros grandes protagonistas. Si se tiene el equipo adecuado, o el guía correcto, se pueden ver hasta 350 especies de aves. El pueblo donde está el parque se llama Espadilla y tiene todas las comodidades. Una de las mejores opciones es instalarse en unas cabinas que llevan el mismo nombre del lugar, y son unas especies de departamentitos con dos camas dobles, un baño y una cocina equipada con todos los utensilios necesarios para arreglárselas sin tener que comer afuera. Además tiene una pileta con chorros de agua para hacerse masajes y está muy cerca de la playa. Si hay más tiempo hay mucho más que recorrer en este país pequeño que por algo Cristóbal Colón nombró como Costa Rica. Si no, con lo visto hasta aquí podremos volver a casa con la sensación de habernos dado una panzada de verde y belleza.
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