VIETNAM
De Hanoi al delta del Mekong
El
camino de Ho Chi Minh
Desde
el norte hacia el sur, un viaje en micro a través del angosto y verde
país del sudeste asiático. Un itinerario que empieza en Hanoi y el delta
del río Rojo, y desciende entre campos de arroz y pequeños poblados
hasta la ciudad Ho Chi Minh. Pagodas, mercados flotantes, los túneles
del Vietcong y una aproximación a la ancestral cultura y la ardiente
historia de Vietnam.
Por
Laura Isola
Si
se la mira en un mapa, la República Socialista de Vietnam parece
una ese muy verde que se recorta en el sudeste asiático
y baña sus costas en el Mar de la China. Una de las maneras de
recorrerla es por tierra en los micros que transitan ese único
camino que va de norte a sur, de Hanoi a Ho Chi Minh (ex Saigón)
y viceversa, mientras dibujan un sendero parecido a una columna vertebral
con escoliosis. Otra alternativa, el tren que trajina los mismos pueblos
bajo el nombre de Expreso de la Reunificación y une los mismos
puntos cardinales en un total de un día y medio de viaje, al
tiempo que se pueden ir haciendo escalas y retomar el camino, gracias
a un sistema de pasajes abiertos.
Sin embargo, aunque resulte difícil la elección, ya que
ambos tienen lo suyo, el recorrido en micro quizá sea aún
más interesante. Tampoco el punto de partida es indiferente y
comenzar por el norte, es decir Hanoi, es una manera de ir avanzando
sobre la historia política y económica del país.
La apertura al turismo en Vietnam es relativamente reciente, si se toma
la historia del turismo en general y la de este país en particular,
y coincide con la transformación hacia una lenta y singular economía
de mercado. Son pocos los lugares del mundo en los que todavía
se puede apreciar la cotidianidad de la vida sin la contaminación
que suele acarrear cualquier desarrollo turístico. De a poco,
los vietnamitas van armando sus redes para atraer a los eventuales visitantes.
Y, en mayor medida, en el norte está casi todo por hacerse. A
medida que se va bajando hacia el sur, el desarrollo es mayor. Así
es que, cuando uno llega a Ho Chi Minh, se encuentra con la ciudad más
occidental de este país y las nociones de confort
y de oferta turística empiezan a medirse bajo este término.
Además, esta travesía está muy marcada por una
cuestión histórica: tanto durante la guerra de la Independencia
como durante la ocupación norteamericana, el norte fue el lugar
de la resistencia y desde allí se encabezaron las campañas
libertadoras.
Eso de una carretera única es literal: la misma línea
logística que comenzó a trazarse en 1959 y luego sirvió
militarmente durante la guerra contra los norteamericanos, hoy se usa
para que, junto a los micros turísticos, vayan las bicicletas
transportando a un tripulante o a varios o un ropero o un fardo de paja
o cualquier otra cosa. También van los búfalos, lentos
e imponentes; los chicos que juegan a la salida de la escuela como si
la ruta fuera un patio y las motonetas que son, de un tiempo a esta
parte, el avance tecnológico que reemplaza a las bicicletas.
Cientos de miles de motonetas, tipo scooter, que regulan el ritmo del
tránsito a pura bocina aguda. A esto se le suma que el territorio
está densamente poblado (72 millones de personas en 329.559 km,
arroja un promedio de 218 por metro cuadrado) y se puede decir que tanto
por la cantidad de gente como por el ruido, la experiencia en ciudades
como Hanoi y Ho Chi Minh es para ver y sobre todo, para oír.

UN
CONVOY QUE ESTA EN HANOI Llegar al amanecer a Hanoi en plan turista
es similar a llegar a cualquier ciudad con algunos agregados. Se busca
alojamiento, un lugar para desayunar y se empieza a programar la recorrida
por los sitios de interés. Sin embargo, si cualquier ciudad a
las cinco de la mañana está prácticamente dormida,
Hanoi, no. Ya hay gente en los parques haciendo ejercicio; mujeres llevando
en sus hombros grandes cestas unidas por un palo cargadas con frutas
y verduras; señores en cuclillas en la vereda tomando su desayuno
(una sopa de fideos llamada pho) y chicos con uniformes escolares rumbo
al colegio. A todo este movimiento se le agrega la omnipresencia de
la radio que transmite noticias, ópera vietnamita y comunicados
estatales por medio de unos destartalados parlantes colgados en cada
esquina. Sin olvidarse, por supuesto, de las bocinas.
Una manera de orientarse en Hanoi es tomar como referencia el lago Hoan
Kiem que está en el centro de la ciudad y dar un paseo por el
parque quelo circunda. En este distrito se concentra la parte comercial:
bancos, oficina de correos, líneas aéreas y todo lo relativo
a estas actividades. Y aunque hay una gran cantidad de hoteles, el casco
antiguo que se extiende a partir del extremo norte del lago puede ser
una buena opción. Hanoi es la única ciudad que conserva
el barrio antiguo de comerciantes. Son calles pequeñas de trazado
irregular y muy bulliciosas que llevan el nombre del oficio que desarrollan:
Plata, Cestas de bambú, Azúcar, Objetos votivos de papel,
Medicinas naturales, Velas, etc. Aunque, por estos días, se puedan
ver en venta artículos electrónicos, zapatillas Nike y
otras delicias de consumo, sin que ello haya modificado el nombre de
la calle. Al sudeste del lago se despliega el barrio francés
que conserva esta típica arquitectura desde 1874, año
del primer emplazamiento. Amplios bulevares contrastan con la estrechez
de las calles del barrio antiguo y elegantes edificios como la neobarroca
Opera se erige a pocas cuadras de una típica casa vietnamita
increíblemente angosta y larguísima.

LEJOS
DEL MUNDANAL RUIDO Para armonizar un poco la ajetreada vida de Hanoi,
hay unas escapadas fuera de la ciudad muy convenientes: la pagoda del
Perfume, pagoda Thay y pagoda Tay Phuong. Más allá del
valor histórico de estas construcciones, el viaje por el delta
del Río Rojo es más que aconsejable: pequeñas embarcaciones
tripuladas por mujeres se deslizan por riachos entre los arrozales.
Allí, los hombres aran en el agua, noche y día, día
y noche, sobre laboriosos búfalos. (Vietnam es el tercer país
exportador de arroz y el trabajo es totalmente manual.)
La escala obligada, para ir bajando hacia la zona central, es Hoi An.
Una pequeña y bellísima ciudad por la cual la guerra casi
no ha pasado. El centro histórico, integrado por tres calles,
remata en el oeste con un puente cubierto japonés. En esta diminuta
ciudad conviven, sin problemas, un barrio chino con encantadoras casas
de madera con uno japonés que linda con el mercado de frutas,
verduras y demás alimentos. En cuanto a la comida, no se debe
abandonar esta maravilla sin probar el cao lau, típico plato
en base a fideos finos de arroz, brotes de soja, crostines, carne de
cerdo condimentados con anís y menta.
TOUR
BELICO La zona central de Vietnam, que antes era una tupida selva,
se encuentra devastada y agujereada producto de los bombardeos y la
defoliación durante la guerra con Estados Unidos. Este lugar,
llamado DMZ o zona de desmilitarización, se ha convertido en
un cuestionable atractivo turístico. En cualquiera de los cafés
que funcionan como agencias de turismo se puede contratar un paseo
de un día por Khe Sanh (sitio de la memorable batalla), los túneles
de Vinh Moc y miles de cráteres. Es difícil abstraerse
del genuino espíritu de la propuesta: por un lado, Vietnam es
un país de posguerra y la lucha monumental contra los norteamericanos
está muy presente. Pero, por otro lado, está el intento
de mostrar el coraje y la inmensa empresa popular para levantarse después
de semejante masacre.

MISS
SAIGON Antes de meterse de lleno en la ciudad, bien vale una pasadita
por la playa y Nha Trang es el sitio. El Mar de la China Meridional
es refrescante y en las playas de arenas blancas se puede disfrutar
de masajes, jugos naturales, mariscos o bien de no hacer nada.
Ya en viaje a Ho Chi Minh es bueno ir planeando la estadía para
destinarle un par de días al Delta del Mekong. La ciudad, en
lo que respecta a las necesidades de los turistas, está dividida
en zonas donde buscar alojamiento: Dong Khoi y el centro son recomendables.
Junto a los hoteles, se podrán encontrar restaurantes y los cafés
que funcionan como agencias para contratar excursiones al Delta, al
templo de Cao Dai y los túneles de Cu Chi, entre muchos. Para
recorrer la ciudad armarse de paciencia otra vez, el tránsito
es infernal y hay cientos de vendedores ambulantes ofreciendo los mismos
libros y las mismas remeras que en todoel país y de calzado
cómodo porque hay mucho que caminar. La ciudad, que se alza junto
a la orilla oeste del Río Saigón, es la antítesis
de Hanoi: un frenesí de luces en el que relucen las fortunas
florecientes de Vietnam. Nuevos edificios en construcción que
se mezclan con la arquitectura francesa y las pagodas. Jóvenes
yuppies hablando por teléfonos celulares que se chocan con monjes
budistas. Exceptuando el barrio chino con su consabida concentración
comercial, el resto de los lugares de interés están desperdigados
por una ciudad que no se limita a barrios homogéneos y turísticos.
Por lo que se recomienda un buen mapa y diseñar itinerarios personales
para visitar el Hotel Continental, la catedral de Notre Dame, el Hotel
de Ville y más en las afueras, la pagoda Giac Lam y la del Emperador
de Jade.
Este es, entonces, el punto final para un recorrido que se va adentrando
en los paralelos, al mismo tiempo que recorre una geografía y
un modo de vida tan diferente.

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DATOS
UTILES
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Para viajar a Vietnam es necesaria la visa. El trámite
se hace en la Embajada de Vietnam, 11 de Septiembre 1442, tel.
4782-0412
- Consultar en Medicina del Viajero del Hospital Muñiz,
por vacunaciones y prevenciones necesarias.
- La moneda es el dong: 1 peso es igual a 14.000 dongs, que puede
variar por el proceso inflacionario.
- La línea aérea que hace el viaje es Malaysia Airlines,
con conexión en Kuala Lumpur. Precio estimativo U$S 1600.
- El precio de un hotel medio es de $ 20 por habitación
para dos personas. Una comida completa cuesta aproximadamente
$ 5 por persona. Cabe aclarar que la comida vietnamita es todo
un tema de deliciosa experimentación y por muy pocos pesos
se puede comer típicos platillos de pescado y carnes (hasta
de perro) con arroz bien condimentados por excelentes especias.
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