CHUBUT
La península de las maravillas
Una ventana a la naturaleza

En
la Península Valdés, el principal espectáculo se mira desde las costas.
Pero además de las ballenas y de la fauna marina, sin contar las aves
que se pueden avistar, el interior de la península tiene muchas otras
opciones para disfrutar, entre ellas propuestas de turismo rural.
Por
Graciela Cutuli
Por
una pequeña lengua de tierra, la Península Valdés
no fue una isla. Esta curiosidad de la naturaleza se aprecia al llegar
a las puertas de este fantástico escenario, cuando en el
punto más estrecho del istmo se pueden ver desde el mismo
punto, con sólo girar la cabeza, las aguas de los dos golfos,
el Nuevo y el San José, que bañan las orillas de la Península.
Más curioso aún es descubrir que las aguas de ambas costas
no responden al mismo ciclo de mareas, sino que cuando una está
alta la otra está baja. Este fenómeno natural es una suerte
de mensaje de bienvenida del lugar para sus visitantes, tal vez una
manera de decirles que ésta es sólo la primera de las
sorpresas que tiene para ofrecer.
El recorrido tradicional en la Península consiste en ir desde
el istmo hasta Puerto Pirámide, la verdadera capital del avistaje
de ballenas, ya que los barcos y catamaranes salen desde su pequeña
playa, y luego hasta Punta Cantor o Punta Norte para ver las colonias
de elefantes marinos. A partir de esta temporada, gracias a nuevos emprendimientos,
habrá muchas más posibilidades de vivir a pleno la Península,
uno de los lugares más singulares del mundo.

Puerto
ballenas Cuando se ingresa a la Península Valdés,
pasando el Centro de Interpretación Florentino Ameghino donde
se puede visitar un pequeño museo, subir a la torre mirador e
informarse sobre los principales puntos de la reserva se divisa
a la izquierda una silueta familiar. Tiene forma de sombrero, o de serpiente
que se tragó un elefante, y resulta ineludible pensar que
debió haber sido la inspiración del aviador y escritor
francés Antoine de Saint-Exupéry, que conocía bien
toda esta región, para las primeras páginas de El Principito.
Pero no es un sombrero ni una serpiente, sino la Isla de los Pájaros,
una reserva a la que está vedado el acceso para proteger las
numerosas colonias de aves que allí viven y anidan, aunque se
las puede divisar gracias a dos poderosos catalejos instalados junto
a la costa.
Mientras tanto, en Puerto Pirámides quedaron bien atrás
los principios de los 80, cuando el avistaje de ballenas era una aventura
para pocos iniciados. Hoy día numerosos operadores ofrecen paseos
en barcas y catamaranes, de aproximadamente una hora de duración,
con todas las condiciones de seguridad necesarias para acercarse a las
ballenas: a pocos metros de la gente, estos enormes cetáceos
juegan y se seducen, se miman entre madre e hijo y se divierten pasando
por debajo de algunas embarcaciones como sabiendo que en ese rincón
del Golfo cercado por las pirámides -.los grandes
acantilados amarillentos que bordean la costa nadie puede hacerles
daño, porque las ballenas son el niño mimado de lugareños
y turistas. Además de la ballena franca austral, a quienes los
biólogos siguen cada año para conocer sus costumbres,
y que pueden ser distinguidas (para ojos expertos) gracias a las callosidades
siempre distintas entre cada ejemplar que se les forman en donde los
seres humanos tienen las cejas y la barba, en estos paseos también
se pueden divisar especies como el delfín o la tonina overa.
Más suerte y paciencia habrá que tener para observar otra
de las reinas de estos mares: la temida y vistosa orca, que se vara
en las orillas en busca de alimento entre las crías de elefantes
y lobos marinos.

Lobos
y elefantes de Valdes A sólo un kilómetro y medio
del puerto donde se avistan ballenas, se pueden divisar desde un balcón
natural los lobos marinos de la Lobería de Puerto Pirámides.
Pero lo mejor está un poco más lejos, internándose
en las rutas desiertas y sembradas de ripio que llevan al interior de
la Península, allí donde sólo se cruzan guanacos
y ñandúes y el horizonte es una sola línea completamente
plana de la que apenas se despegan las matas típicas del suelo
patagónico. Tomando el camino que bordea las Salinas Grandes
-.excepcional por su ubicación varios metros por debajo del nivel
del mar y la Salina Chica, se llega a Punta Delgada, un apostadero
de lobos marinos dominado por un faro cuyasinstalaciones, en el pasado
pertenecientes a la Armada Argentina, albergan hoy un hotel abierto
entre setiembre y marzo. El sitio es excepcional por el paisaje, la
fauna y la soledad, sólo quebrada por los turistas que llegan
de todo el mundo para explorar la Península Valdés y eligen
alojarse en este lugar. Por las noches, cuando el viento desparrama
el eco de los rugidos de los elefantes marinos, la luz del faro se enciende
y parece penetrar hasta el infinito el cielo negro y eterno que cubre
esta porción de tierra y mar.
Nuevamente de día, hay que seguir rumbo a Punta Cantor, en la
costa este de la Península, para ver un apostadero de elefantes
marinos. Bajando suavemente hacia la costa, siguiendo un camino trazado
por barandas, la gente se aproxima a los elefantes echados sobre la
costa, generalmente ocupados en dormir, mamar si son pequeños
o pelearse por las hembras si son grandes machos de gran probóscide.
A veces, a lo lejos, se ve la aleta amenazante de alguna orca, pero
es difícil que se acerque mucho a la costa si hay demasiado público
en espera de verla en acción.
Si se sigue bordeando Caleta Valdés hacia el norte, se puede
llegar hasta alguna recóndita reserva de pingüinos de Magallanes,
los mismos que se ven por decenas de miles unos 100 kilómetros
al sur de Puerto Madryn y de la Península, en Punta Tombo, otro
de los lugares imperdibles de la costa patagónica chubutense.
Finalmente, en el extremo de la Península se encuentra el apostadero
de elefantes marinos de Punta Norte, donde hay también un centro
de interpretación. La geografía del lugar es bellísima:
desde los acantilados se observan, varios metros más abajo, las
lenguas de tierra que se adentran en el mar y donde viven los elefantes.
Si bien los animales no se ven tan de cerca como en Punta Cantor, los
increíbles matices azules y verdes del mar que se extiende sin
límites por detrás de los elefantes echados sobre la arena
forman un paisaje bellísimo, deslumbrante en esos días
de verano en que el sol reina sin rivales en el cielo.
Cerca de Punta Norte, recientemente abrió sus puertas al turismo
la estancia San Lorenzo, ubicada en un sitio excepcional que da a playas
de arenas finas, médanos, restingas y, sobre todo, una valiosa
pingüinera donde viven numerosos ejemplares de la especie de Magallanes.

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AYUDAR
A LAS BALLENAS
La filial argentina
del Whale Conservation Institute, el Instituto de Conservación
de las Ballenas, estableció un programa de adopción
en el que pueden participar todos aquellos interesados en ayudar
a la conservación de los grandes cetáceos que pueblan
las costas patagónicas. Informes sobre el programa en el
teléfono 4717-2800.
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DATOS
UTILES
Informes
turísticos en Puerto Madryn: Avenida Roca 223, (02965)
52148.
Avistaje de ballenas: (02965) 95016; (02965) 95012; (02965)
95010; (02965) 95050.
Faro Punta Delgada: Informes en Avenida Roca 141, Puerto
Madryn. Teléfono (02965) 471910.
Estancia El Deseado: (02965) 51940. Alojamiento y servicios
gastronómicos entre abril y noviembre.
Estancia San Lorenzo: Informes en Argentina Visión,
teléfono (02965) 451427.
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