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CHILE
Un paseo por una gran capital

Barrios de Santiago

Santiago: Los altos edificios de la capital chilena no pueden competir con la imponencia de los Andes.

Dividida en dos por el río Mapocho, la capital chilena combina la agitación de una ciudad moderna con el remanso de inmensos espacios verdes como el Parque Forestal y el umbroso cerro San Cristóbal. Desde la zona histórica, donde está el célebre Palacio de la Moneda, un recorrido por los barrios de esta ciudad que se prolonga en viñedos y campos de frutales.

En el largo y angosto territorio chileno, entre las imponentes cumbres de los Andes y la cordillera de la Costa, se encuentra la región de los Valles Centrales. Esta es la zona del folclore y de la gastronomía más típicos de Chile. De aquí la cueca y la tonada, y las casas con techos de tejas y corredores abiertos adornados con jazmines, camelias y flor de la pluma. De este suelo nacen el vino y las frutas más gustosas, el aroma de la albahaca y el cilantro, el pan amasado, las empanadas en horno de barro, el pastel de choclo y las humitas.
En contraste con este paisaje de campo sombreado por higueras, sauces y aromos a la orilla del camino, está Santiago, la capital, con el ajetreo de una ciudad con 5 millones de habitantes, dinámica y moderna, pero que no ha perdido su identidad latinoamericana. Emplazada a los pies de la cordillera de los Andes y en el centro del país, es la puerta de entrada de casi todos los vuelos internacionales y el punto de partida de infinidad de paseos que se encuentran “a la vuelta de la esquina”.

Una escapada a la costa –a sólo 100 km de la capital– para probar los mariscos y los vinos chilenos frente al Pacífico.

En invierno la nieve está al alcance de la mano y en menos de una hora se llega a los principales centros de esquí de Sudamérica, y un poco más de 100 kilómetros la separan de las playas del océano Pacífico. Numerosas plantaciones de viñas bordean la capital y muestran el proceso de fabricación del vino, y no lejos se encuentran haciendas de la época colonial, pintorescos pueblos rurales, termas y Parques Nacionales. Paseos a los que se agregan cabalgatas por la cordillera, picnics en el Santuario de la Naturaleza, trekking, rafting por el río Maipo, bungy o vuelos panorámicos en alas delta.
Actualmente, poco queda del Santiago del Nuevo Extremo fundado por Pedro de Valdivia en 1541 a los pies del entonces cerro Huelén –rebautizado Santa Lucía– y a orillas del río Mapocho. Hoy, Santiago cuenta con hoteles de excelente categoría, centros comerciales, grandes malls y enormes supermercados, restaurantes especializados en cualquier tipo de cocina y todas las atracciones que se espera encontrar en una metrópoli.
Santiago es también una ciudad de contrastes porque pese al progreso no quiere desprenderse de sus tradiciones. Así, junto a edificios de vidrio y acero, a ejecutivos con computadoras portátiles y a un tren subterráneo –el Metro– de última generación, convive el folclore urbano de los músicos y vendedores callejeros, de los cantores en los buses, de organilleros y fotógrafos ambulantes con su clásico caballito de madera.
Para conocer Santiago, nada mejor que recorrer sus barrios. En el centro están los edificios más antiguos y solemnes, las sedes de las instituciones de mayor importancia, los museos y monumentos más destacados. Vale la pena dar una vuelta por la Plaza de Armas rodeada por la Catedral del siglo XVIII y edificios coloniales; pasar por La Moneda, la casa de gobierno, entrar al Museo de Arte Precolombino, uno de los mejores de América, e ir a la iglesia y convento de San Francisco del siglo XVI, el conjunto arquitectónico más antiguo del país, cuyo claustro alberga al Museo de Arte Colonial.

Pescadores y artesanos: sabores y recuerdos de viaje.

El río Mapocho, orillado por el hermoso y romántico Parque Forestal, divide a la ciudad en dos. En el lado norte está el cerro San Cristóbal. Convertido en Parque Metropolitano, el cerro cuenta con un pintoresco y antiguo funicular, zoológico, teleférico, piscinas y lugares de picnic. A los pies de este cerro se extiende el barrio Bellavista –el sector bohemio de Santiago– con numerosos restaurantes, cafés y talleres de artistas donde se trabaja y vende el lapislázuli, la famosa piedra azul de Chile, que se emplea en diversos artículos de orfebrería. Hacia el sector alto surgen los modernos barrios de Providencia y Las Condes, entre ellos están también el Pueblo de los Artesanos “Los Graneros del Alba”, junto a la iglesia colonial de los Dominicos, imita un pueblo rural con calles de tierra, horno de barro y cientos de talleres y tiendas que venden artesanía de todos los rincones de Chile.
Siempre con la cordillera de los Andes como telón de fondo, y siguiendo hacia el sur, el paisaje se pone cada vez más verde con las plantacionesde frutales que crecen en estas tierras fértiles, las primeras reclamadas por los conquistadores españoles. Camiones cargados con cajones de manzana o uvas dan testimonio de que la fruta es uno de los principales productos de exportación del país. Y lo mismo ocurre con el vino proveniente de los viñedos de los llanos del Maipo, del valle de Colchagua y los alrededores de las ciudades de San Fernando, Talca y Chillán. Cerca de Santiago, son muchas las viñas que se pueden recorrer en un entretenido paseo de un día. También ésta es la tierra de las antiguas haciendas con hermosas casas patronales de corredores y tejas y grandes parques proyectados por paisajistas europeos. Algunas siguen en manos de las familias de origen, en tanto otras se han convertido en museos, en dependencias de importantes viña o en exclusivos y refinados hoteles que conservan todo el encanto y la atmósfera de antaño.
Informe: Corporación de Promoción Turística de Chile