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COSTA RICA
Playas y parques en la región oriental

Caribe Limón

Verdes montañas y exuberantes cocoteros sobre la costa caribeña.

Versión australiana del Orient Express, el Great South Pacific Express es un tren salido de una película de época, que recorre la costa paralela a la espectacular Barrera de Coral. Música, porcelanas y cenas de gala completan este viaje al lujo de otros tiempos.

Por Raquel Robles

Costa Rica es uno de esos países que suelen ser elegidos para finalizar el camino. Después de lidiar toda una vida con problemas de todo tipo, qué mejor que este lugar donde no hay ejército y que se jacta de una neutralidad eterna y de una estabilidad política y económica rara es esos lares del mundo. Además, una de las entradas más importantes de este país la provee la industria del turismo, por lo que los extranjeros gozan de los mejores tratos y de la atención más solícita. Cientos de jubilados estadounidenses y alemanes, y turistas de todas las edades, pueden dar testimonio de esto. Por elmismo motivo es un lugar inmejorable para vacacionar. Protector solar en mano se pueden encontrar todas las exuberancias centroamericanas que puede brindar la naturaleza, y todas la comodidades de un país con recursos. Sin embargo hay quienes quieren aprovechar su tiempo de descanso en algo más que tostarse en las playas más hermosas, compartiendo el espacio con aves multicolores, monos de varias especies, tortugas y peces curiosos. Quieren todo eso, pero además, quieren conectarse con sus habitantes como personas que vienen de lejos a compartir una forma de vida distinta. Quienes busquen eso, también lo encontrarán en Costa Rica.

Costa del este Del lado oriental, en la provincia de Limón, toda la costa del Caribe ofrece grandes diferencias con las costas bañadas por el Pacífico, mucho más preparadas parael turismo y con una infraestructura evidentemente más desarrollada. Desde San José, la ciudad capital, la distancia es breve; sin embargo, las rutas agrestes la hacen un poco más larga. En el trayecto, algunos baches y pequeños derrumbes enhebran, o separan, al puerto de Limón con las demás ciudades.
Traídos desde Jamaica a fines del siglo XIX para construir el ferrocarril y trabajar en las plantaciones de banana en condiciones de semiesclavitud, los inmigrantes negros formaron una gran colonia en la que se fueron transmitiendo costumbres y tradiciones a las generaciones que siguieron. En 1949 –un año significativo en el proceso de construcción democrática costarricense–, los negros y las mujeres de cualquier raza, color o religión, pudieron ejercer su derecho al voto.
Esta zona también es compartida por los aborígenes Bribrí y Cabecar que sobrevivieron a los embates de los conquistadores. El componente indígena y afrolatino de la región caribeña favoreció un cierto aislamiento que a su vez preservó rasgos propios. Quizá por eso es uno de los destinos de Costa Rica que más atrae a los europeos.
Si bien hay cabinas (habitaciones con baños individuales, limpias y correctas que no ofrecen desayuno), unos pocos hoteles y muchos restaurantes y bares, las calles de tierra que se convierten en barro los días de lluvia, y una cierta extravagancia en el orden de las calles y las manzanas, hacen notar que uno está de visita en un lugar donde la gente vive su vida, y no para el turista.
Desde la Barra del Colorado, pasando por Tortuguero, Puerto Limón y Cahuita, hasta Puerto Viejo de Talamanca, hay mucho para ver y disfrutar, tanto con el intercambio cultural como con la vida animal y vegetal que está cuidada al extremo de preocuparse por no pisar las hormigas.

Una gran tortuga marina se aleja “rápidamente” de los curiosos.

Tortugas en tropel Sin lugar a dudas la mayor atracción de esta pequeña ciudad es el Parque Nacional Tortuguero, donde cientos de tortugas marinas entierran sus huevos en la playa todos los años. El mejor momento para verlas es entre julio y octubre, aunque en menor número se las puede observar también en otras épocas del año. Verlas llegar en tropel desde el mar hasta la playa y poner sus huevos en las noches claras es uno de los espectáculos más increíbles que existen en la Tierra. Tanto es así que la cantidad de personas que se acercan está siendo un problema para la conservación de esta especie que, si siente la presencia de los humanos no se anima a dejar su cría y se vuelve al mar. Por eso, lo mejor es ir con un guía y seguir a rajatabla sus indicaciones, y por supuesto olvidarse desacar fotos con flash. Ir con películas de alta sensibilidad (desde 400 ASAS) es una buena solución para no molestarlas, y a la vez registrar ese momentos para la posteridad.
Pero no sólo tortugas viven en este lugar. Más de 400 especies de pájaros, tres clases distintas de monos, perezosos que cuelgan impávidos de los árboles y confianzudas iguanas que toman sol cual pequeños dinosaurios, completan el cuadro. Barra del Colorado, es una extensión de Tortuguero, y también el mayor refugio de vida silvestre de Costa Rica. Está entre los diez principales de los amantes de la pesca.

Rastas en Cahuita En este pueblo la influencia jamaiquina se siente en casi todo. Desde las rastas y el reggae hasta el creole (mezcla de castellano e inglés) y las “plantas medicinales” que se fuman y se comen en simpáticas tortitas. También aquí hay un Parque Nacional que bordea la costa ofreciendo playas tranquilas y hermosas, combinadas con el máximo cuidado ecológico. En Costa Rica todos los parques nacionales cobran una entrada de seis dólares para los extranjeros, pero aquí es posible acceder por una contribución voluntaria. Se puede recorrer en unas dos horas de caminata y es recomendable embadurnarse bien de repelente, porque los mosquitos también están excelentemente conservados. Hay mesas donde se pueden hacer picnics frente al mar y ver cómo la luz del día se va escapando, mientras los pájaros conversan, los monos se acercan para hacerse de una merienda suplementaria (que sería bueno no facilitarles porque se les puede transmitir enfermedades humanas) y los cangrejos de caparazón violeta y pinzas anaranjadas salen y entran de los agujeros de la playa.

Puerto Viejo y tranquilo A 18 kilómetros de Cahuita y casi llegando a la frontera con Panamá, Puerto Viejo de Talamanca es uno de los lugares más tranquilos de la costa Atlántica. Con mucha influencia de los aborígenes Bribrí, sus habitantes se dedican a la pesca y a la agricultura en pequeña escala. Las manzanas se resisten a ser cuadradas y las calles se ponen difíciles los días de lluvia, sin que a nadie esto le suscite el menor signo de mal humor. Hombres y mujeres de piel oscura y ojos verdes, nacidos de encuentros latino-europeos, viven una vida apacible y sosegada. En la playa, un barquito encallado en el que ha crecido un almendro ofrece la visión alucinada de un árbol al que maltratan las olas y los chicos que hacen surf a su alrededor. Un lugar para visitar sin apuro y sin exigir apuro a los demás. Valentina, una chica argentina que se enamoró de estas playas lo resume así: “Ahí te encontrás con gente de verdad, que te trata como a gente de verdad que está conociendo y tratando de aprender, no como a turistas que hay que decirles a todo que sí y mentirles simpatía”.
Si va a Costa Rica, no se pierda el Caribe. Tenga en cuenta que es más húmedo que el resto del país y que en las épocas de lluvia (de mayo a diciembre) llueve, y en la época seca también pueden tocar días mojados. Pero incluso teniendo que sacar el paraguas de vez en cuando y embarrarse las ojotas, vale la pena

Un paisaje más agreste y una población más caribeña.