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COSTA RICA Caribe Limón
Versión australiana del Orient Express, el Great South Pacific Express es un tren salido de una película de época, que recorre la costa paralela a la espectacular Barrera de Coral. Música, porcelanas y cenas de gala completan este viaje al lujo de otros tiempos. Por Raquel Robles Costa Rica es uno de esos países que suelen ser elegidos para finalizar el camino. Después de lidiar toda una vida con problemas de todo tipo, qué mejor que este lugar donde no hay ejército y que se jacta de una neutralidad eterna y de una estabilidad política y económica rara es esos lares del mundo. Además, una de las entradas más importantes de este país la provee la industria del turismo, por lo que los extranjeros gozan de los mejores tratos y de la atención más solícita. Cientos de jubilados estadounidenses y alemanes, y turistas de todas las edades, pueden dar testimonio de esto. Por elmismo motivo es un lugar inmejorable para vacacionar. Protector solar en mano se pueden encontrar todas las exuberancias centroamericanas que puede brindar la naturaleza, y todas la comodidades de un país con recursos. Sin embargo hay quienes quieren aprovechar su tiempo de descanso en algo más que tostarse en las playas más hermosas, compartiendo el espacio con aves multicolores, monos de varias especies, tortugas y peces curiosos. Quieren todo eso, pero además, quieren conectarse con sus habitantes como personas que vienen de lejos a compartir una forma de vida distinta. Quienes busquen eso, también lo encontrarán en Costa Rica.
Costa del este Del lado oriental, en la provincia de Limón,
toda la costa del Caribe ofrece grandes diferencias con las costas bañadas
por el Pacífico, mucho más preparadas parael turismo y
con una infraestructura evidentemente más desarrollada. Desde
San José, la ciudad capital, la distancia es breve; sin embargo,
las rutas agrestes la hacen un poco más larga. En el trayecto,
algunos baches y pequeños derrumbes enhebran, o separan, al puerto
de Limón con las demás ciudades.
Tortugas
en tropel Sin lugar a dudas la mayor atracción de esta pequeña
ciudad es el Parque Nacional Tortuguero, donde cientos de tortugas marinas
entierran sus huevos en la playa todos los años. El mejor momento
para verlas es entre julio y octubre, aunque en menor número
se las puede observar también en otras épocas del año.
Verlas llegar en tropel desde el mar hasta la playa y poner sus huevos
en las noches claras es uno de los espectáculos más increíbles
que existen en la Tierra. Tanto es así que la cantidad de personas
que se acercan está siendo un problema para la conservación
de esta especie que, si siente la presencia de los humanos no se anima
a dejar su cría y se vuelve al mar. Por eso, lo mejor es ir con
un guía y seguir a rajatabla sus indicaciones, y por supuesto
olvidarse desacar fotos con flash. Ir con películas de alta sensibilidad
(desde 400 ASAS) es una buena solución para no molestarlas, y
a la vez registrar ese momentos para la posteridad. Rastas en Cahuita En este pueblo la influencia jamaiquina se siente en casi todo. Desde las rastas y el reggae hasta el creole (mezcla de castellano e inglés) y las plantas medicinales que se fuman y se comen en simpáticas tortitas. También aquí hay un Parque Nacional que bordea la costa ofreciendo playas tranquilas y hermosas, combinadas con el máximo cuidado ecológico. En Costa Rica todos los parques nacionales cobran una entrada de seis dólares para los extranjeros, pero aquí es posible acceder por una contribución voluntaria. Se puede recorrer en unas dos horas de caminata y es recomendable embadurnarse bien de repelente, porque los mosquitos también están excelentemente conservados. Hay mesas donde se pueden hacer picnics frente al mar y ver cómo la luz del día se va escapando, mientras los pájaros conversan, los monos se acercan para hacerse de una merienda suplementaria (que sería bueno no facilitarles porque se les puede transmitir enfermedades humanas) y los cangrejos de caparazón violeta y pinzas anaranjadas salen y entran de los agujeros de la playa. Puerto
Viejo y tranquilo A 18 kilómetros de Cahuita y casi llegando
a la frontera con Panamá, Puerto Viejo de Talamanca es uno de
los lugares más tranquilos de la costa Atlántica. Con
mucha influencia de los aborígenes Bribrí, sus habitantes
se dedican a la pesca y a la agricultura en pequeña escala. Las
manzanas se resisten a ser cuadradas y las calles se ponen difíciles
los días de lluvia, sin que a nadie esto le suscite el menor
signo de mal humor. Hombres y mujeres de piel oscura y ojos verdes,
nacidos de encuentros latino-europeos, viven una vida apacible y sosegada.
En la playa, un barquito encallado en el que ha crecido un almendro
ofrece la visión alucinada de un árbol al que maltratan
las olas y los chicos que hacen surf a su alrededor. Un lugar para visitar
sin apuro y sin exigir apuro a los demás. Valentina, una chica
argentina que se enamoró de estas playas lo resume así:
Ahí te encontrás con gente de verdad, que te trata
como a gente de verdad que está conociendo y tratando de aprender,
no como a turistas que hay que decirles a todo que sí y mentirles
simpatía.
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