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Caselli, entre la Orden 
de Malta y el Vaticano

El ex embajador de Menem ante la Santa Sede logró que su hijo sea nombrado embajador de otro país ante el gobierno argentino. 
Su participación en el viaje de De la Rúa al Vaticano.

Esteban “Cacho” Caselli, ex ministro de Menem ante el Vaticano y secretario general de Ruckauf.
Sus contactos en la Santa Sede le permiten abrir las puertas del purpurado. De la Rúa lo sabe.

 

Por Sergio Moreno

El término “cruzado” proviene de los caballeros europeos que combatieron en las Cruzadas, en lo que actualmente es Medio Oriente, desde comienzos del siglo XII hasta mediados del siglo XIV, y cuyo objetivo primigenio era reconquistar Tierra Santa, en especial Jerusalén (donde se encuentra el Santo Sepulcro) para la cristiandad. A esos tiempos se remonta la génesis de los Caballeros de la Orden de Malta y la Soberana Orden, un estado integrante del Commonwealth cuyos lazos con el Vaticano se internan en el pasado medieval. En esa imbricación está la clave para desentrañar por qué ese estado ha nombrado ante el Gobierno de Fernando de la Rúa no a un maltés sino a un argentino: el flamante embajador de la Soberana Orden de la Cruz de Malta en Buenos Aires es Antonio Manuel Caselli, hijo de Esteban “Cacho” Caselli, actual secretario general del gobierno de Carlos Ruckauf en la provincia de Buenos Aires y ex representante de Carlos Menem ante la Santa Sede y la Soberana Orden de Malta. Una historia que se mezcla con la visita que realizará el Presidente al Vaticano para encontrarse con el Papa, el próximo 5 de abril. 
El pasado 30 de noviembre, en el plazo record de 24 horas, el Gobierno de la Alianza otorgó el plácet a Antonio Manuel Caselli, un joven de 30 años que vive en Montevideo y llegará a Buenos Aires, a instalarse, entre mañana y el viernes de esta semana. El sitio que encuentre para vivir, su residencia, será, a su vez, la sede de la embajada de la Soberana Orden de Malta (SOM), un estado integrado a la Mancomunidad Británica de Naciones (Commonwealth), cuyo territorio son cuatro islas que conjuntamente no superan los 300 kilómetros cuadrados, ubicadas apenas al sur de la isla italiana de Sicilia, en pleno mar Mediterráneo.
¿Qué ocurrió para que el hijo de Caselli sea el elegido de los caballeros malteses como su embajador en Argentina?
El gobierno maltés no tiene su sede en La Valetta, su capital en la isla de Malta, sino en Roma, donde también se encuentra el Estado Vaticano. Los lazos entre la SOM y la Santa Sede provienen desde las Cruzadas y atravesaron –y se fortalecieron– a pesar de los vaivenes que la pequeña isla sufrió a largo de su historia (ver aparte). Los más fuertes centros de influencia sobre la Orden de Malta se encuentran en Gran Bretaña y, principalmente, en el Estado Vaticano.
La Soberana Orden integra las Naciones Unidas y mantiene relaciones diplomáticas con varias países del mundo, entre ellos la Argentina. El embajador argentino ante la Santa Sede es, a su vez, representante del gobierno criollo ante la Soberana Orden de Malta. Lo fue, entonces, Esteban Caselli como ahora lo es Vicente Espeche Gil.
“Cacho” o monseñor Caselli, como se lo llegó a nominar cuando era representante de Menem ante el Vaticano, supo utilizar esa doble función para hacerse un lugar entre los caballeros de la Orden. Además, su influencia fue –y es– lo suficientemente poderosa en la casa papal para que los malteses lo tratasen con sumo cuidado y estuviesen más que dispuestos a escuchar sus peticiones –y las que algunos cardenales hicieron en su nombre–.
Esa es una parte de la historia. La otra responde a la siguiente pregunta: ¿Qué ocurrió para que el Gobierno aliancista entregara el plácet de embajador de un Estado extranjero a un argentino?
La respuesta más obvia es que un Estado soberano puede nombrar como su representante a quien considere más adecuado o a quien le venga en ganas. El hecho, aquí, es que Antonio Caselli no es un argentino cualquiera, es el hijo de Cacho.
De la Rúa viaja rumbo al Vaticano a principios de abril y será recibido por el papa Juan Pablo II el 5 de ese mes. Desde un comienzo, la primera visita presidencial al Vaticano fue tomada en la Casa Rosada como una cuestión vital para los intereses del Estado. El canciller Adalberto Rodríguez Giavarini, un hombre de indudable llegada a la Iglesia, puso en movimiento todos los mecanismos para que la gira tuviese el máximo réditoposible para su amigo el Presidente. Instruyó al embajador ante la Santa Sede, Vicente Espeche Gil –un diplomático de carrera de excelentes lazos con la curia–, y al secretario de Culto, Norberto Padilla, para que utilicen sus influencias y amistades ante el arzobispo argentino Leonardo Sandri, secretario de Asuntos Generales del Vaticano, y su coterráneo monseñor Jorge Mejía, director de la Biblioteca y Archivo vaticano, además de trasegar los canales oficiales. La faena sería rematada con una visita que realizó el propio canciller, quien llegó a entrevistarse con Karol Wojtyla el pasado miércoles.
Pero un ruido se metió en las prolijas tareas de la Cancillería. El miércoles 27 de diciembre pasado, mientras los gobernadores peronistas comenzaban a llegar a la Quinta de Olivos para mantener una reunión con el Presidente, Cacho Caselli salía sigilosamente por una puerta lateral. Se había encontrado con De la Rúa por consejo de algunos de sus colaboradores. “Si hay que abrir alguna puerta en el Vaticano, la llave la tiene Caselli”, le dijeron, sabedores de la cercanía blindada que mantiene el operador ruckaufista con el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado y número dos en la jerarquía vaticana. De la Rúa guardaba un as en su manga: un mes antes había aceptado entregar el plácet al hijo de Caselli como embajador de la Soberana Orden de Malta en apenas 24 horas. La rapidez del trámite fue una gesto hacia los caballeros de la Orden, el Vaticano y “Cachito”, quien, llegado el caso, sabría agradecer la deferencia. 
No obstante los favores otorgados, el Presidente optó por la prolijidad y, antes de concretar la reunión con Caselli, sondeó a Ruckauf. El gobernador sintió que, una vez más, el gobierno nacional le dejaba el mejor escenario y no dudó en bendecir el encuentro. Caselli entró a Olivos una hora antes de que lo hiciesen Ruckauf y el resto de los gobernadores, y, entre café y jugos de naranja deslizó al oído de De la Rúa una lista de personas, purpurados y gentiles, que debía contactar para que la visita tuviese el brillo que el Presidente pretende obtener.
La presencia de “monseñor” en Olivos desató escozor en la Cancillería, en la Secretaría de Culto y en la legación argentina ante la Santa Sede. “Vicente (Espeche Gil) está incómodo”, fue la imagen, diplomática, que utilizó un diplomático argentino ante Página/12. Los nubarrones que atrajo el tour de Caselli se habían comenzado a agrupar cuando se conoció que su hijo había obtenido el plácet como embajador de un Estado extranjero. En el moderno edificio de Esmeralda y Juncal presagiaron la reaparición del operador del menemismo, a la vez que comenzó un debate de copetín: hay quienes sostienen que, siendo argentino, Antonio Manuel Caselli no puede tener inmunidad diplomática; y están los que sostienen que, como embajador de un Estado extranjero, está sujeto al derecho internacional, por lo tanto, tiene inmunidad diplomática.
Lo que nadie pone en duda es que, su condición de diplomático extranjero le otorga las siguientes prerrogativas:
Tiene valija diplomática: esto significa que puede ingresar al país –y sacar de él– documentación, objetos y valores sin ser controlado.
Tiene inmunidad fiscal: sus cuentas bancarias son inembargables.
Antonio Manuel desembarcará esta semana en Buenos Aires. Su oficialización como miembro de la comunidad diplomática extranjera fue el inicio de un intrincado tejido cuyo fin último es obtener una buena foto del Presidente saludando al beatísimo padre Juan Pablo II.

De Tierra Santa al Río de la Plata

Por S.M.
La Soberana Orden de Malta es una orden militar que ha constituido un Estado soberano integrante del Commonwealth británico. Su origen se remonta a las Cruzadas, precisamente a la Orden Militar del Hospital de los Caballeros de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta, cuya función era proteger, precisamente, al hospital de la Ciudad Santa. La orden, conocida inicialmente como la de los Caballeros Hospitalarios –menos famosos que sus “primos” Templarios–, fue fundada después de la formación del reino Latino de Jerusalén y aprobado por el Papa Pascual II en 1113 y confirmada por el Papa Eugenio III en 1153. Tenían voto de castidad y lucharon en Tierra Santa hasta que fueron expulsados en la última cruzada por los árabes. Inicialmente se establecieron en la isla de Rodas en 1309 hasta que, en 1522 fueron vencidos y echados por el sultán otomano Solimán I, El Magnífico. Una vez en la isla de Malta, convertidos en gobernantes, dirigieron su defensa en la invasión turca de 1565. Tuvieron un papel destacado en la batalla de Lepanto, donde Miguel de Cervantes Saavedra, creador del Quijote, perdió su mano derecha. Terminando el siglo XVIII, después de haber perdido todas las propiedades europeas que les legaran los Templarios en 1312, fueron invadidos por Napoleón. La orden cambió su sede, que terminó en Roma en 1834. La invasión francesa hizo que los caballeros, desde el exilio, solicitaran la ayuda de Gran Bretaña, que logró vencer a las tropas del corso en 1799. Por los tratados de París de 1814, Malta pasó a formar parte del imperio británico como colonia, status que se modificó en 1961, cuando los caballeros constituyeron un autogobierno, llamado Soberana Orden de Malta, como miembro de la mancomunidad británica. Según el decreto de aprobación del Papa Juan XXIII de 1961, los caballeros siguen siendo una comunidad religiosa y una orden de caballería. Antonio Manuel Caselli es, ahora, su embajador ante el gobierno argentino.

 

 

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