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SEGUNDA JORNADA DEL BUENOS AIRES HOT FESTIVAL
Beck y R.E.M., doblete histórico

Unas 30 mil personas vieron, por primera vez en la Argentina, al solista clave de los años ‘90 y a la banda que supo llevar la alternatividad rockera al éxito de los charts.

Beck, el último gran mutante de la música pop, ofreció su arsenal de posibilidades expresivas.

El paso de Beck y R.E.M. por la Argentina quedará, tras sus impactantes shows de anoche en el Campo Argentino de Polo, como una bocanada de actualidad musical. Clásicos y modernos (R.E.M. más clásico, Beck más moderno), ambos le transmitieron al público, unas 30 mil personas, la sensación de estar “conectados” con lo mejor que se produce allá (los Estados Unidos) y ahora en el rock y en el pop. Tanto el solista californiano como la banda de Athens mostraron en el Buenos Aires Hot Festival aristas disímiles y complementarias, y corroboraron, principalmente en el caso de Beck, una marca de época: la construcción de una nueva cultura rock sobre los escombros de sus viejos iconos.
Un ambiente decididamente “cool” no se prestaba, a priori, para la aplanadora de Divididos, habitualmente disparadora de pogo y baile generalizado y elegida en la ocasión como número fuerte local. El profesionalismo de la banda de Ricardo Mollo sorteó, de todos modos, cierta –lógica– frialdad del público, a través de un set de 45 minutos en el que sonaron temas viejos y nuevos: desde una versión dub de “Nene de antes” hasta el clásico de los Doors “Light my Fire”, con Gillespie como invitado en trompeta. Después de esa hermosa canción que es “Aladelta” cerraron con “Basta fuerte”, un tema poco conocido, de Otroletravaladna.
Poco después de las 21.30, y con sutil desaliño, enfundado en una remera de fútbol americano, Beck salió al escenario. Su desparpajo indolente, el movimiento irregular de sus miembros a la hora de un baile que bien podría interpretarse como una relectura mecanizada –pero con gracia– del break dance más primario, empezaron a armar el rompecabezas artístico de este joven-esponja de la música pop. Mientras la gente, en estado de inercia placentera, no terminaba de acomodarse a las diferentes situaciones que se le presentaban, la progresión del repertorio se mostraba como un caleidoscopio donde se reflejaban, en diferentes planos, las recetas musicales de esta suerte de gran mutante. Así, a un comienzo contundente, con canciones como “Novacane”, “New Pollution” y “Loser”, la evolución del show derivó en su mirada ¿paródica? de la mejor música negra, con una trilogía (“Lazy Flies”, la sugestiva balada “Debra” y el revival de “Let’s Dance”) en la que parecía ponerse el traje de un Prince aniñado, rubio y algo rebelde.
Sin una gran puesta visual, acompañado por una banda numerosa (en la que se destacaron Justin Medal-Johnsen, un bajista con increíble escena, Roger Manning Jr, en teclados y Lyle Workman, guitarra) que con sobrio virtuosismo tomaba nota de sus mutaciones rítmicas, Beck propuso un show de bajo perfil sonoro, en el que la atención, más allá de su extraño carisma, quedó atrapada en su coctelera genérica, tamizada en general por un tono de hip hop. Su particular visión de la música popular brasileña en “Tropicalia” o su folk psicodélico con reminiscencias dylanescas en “Jackass” se inscribieron en ese recorrido ecléctico. El público (especialmente los que estaban adelante y podían oír mejor) se enganchó sobre todo con la frescura de “Where it’s at” y quedó pasmada con el final: tras “Beercan” se produjo un desmadre escénico que tradujo el caos ilustrado que gobierna el mundo de Beck.
Pasadas las 23.30, el público estaba cansado y ansioso (muchos habían llegado a las cuatro de la tarde, porque la jornada incluyó la presencia de 18 grupos en distintos escenarios). Con una simpática escenografía en la que se destacaban palabras y dibujos hechos en luces de neón, R.E.M. subió por lo suyo. Un set balanceado, que incluyó desde “Finest Worksong” hasta los ineludibles “Losing my Religion” y “Everybody Hurts”, pasando por “The Great Beyond” (de la banda de sonido del film El mundo de Andy) y “What’s the Frecuency Kenneth?”, dejó conformes a todos, los que se engancharon con el viejo R.E.M. y los que apostaron por Michael Stipe y Cía. a partir de sus trabajos más recientes. A estos últimos, incluso, la banda de Athens dedicó “She Just Want to Be” y “The Lifting”, dos canciones que integrarán su próximo CD.

 


 

LA TRANQUILIDAD DOMINO EL CLIMA DEL FESTIVAL
El arte natural de ser cool

Por Mariana Enríquez

Ni siquiera cortaron el tránsito por el Buenos Aires Hot Festival en el Campo de Polo. A los taxistas los sorprendía la tranquilidad de la gente, y la forma ordenada en que entraban al predio. Es que ninguna de las bandas convocantes en esta segunda noche del festival podría definirse como “popular”. Más allá de la importancia que pueden tener para la escena internacional, y de su condición de estrellas, Beck y R.E.M. no pueden compararse con, por ejemplo, AC/DC y los Rolling Stones. De la misma manera, no pueden compararse sus públicos.
No había, en el Campo de Polo, ni banderas ni multitudes exaltadas saltando ante las canciones clásicas de Divididos, el número fuerte nacional. Sólo un entusiasmo tibio y más de la mitad del público deambulando por los numerosos patios de comidas y otras atracciones, como la carpa de “ciencias ocultas” (apenas unas mesas con tarotistas y objetos esotéricos) y especialmente el stand de moda, donde el público revolvía la ropa de locales y diseñadores “modernos”.
La mayoría eran veinteañeros, y algunos que apenas pasaban la barrera de los 30. Las chicas con remeras coloridas y polleras apenas debajo de la rodilla, con brillo en la cara y tinturas de todo tipo. Los chicos, desde el predecible jean y remera hasta otros más arriesgados, con pantalones pescadores y remeras brillantes. De todos modos, es imposible generalizar: aquí no se trata de una “tribu” y mucho menos de un “palo” sino de una mayoría de clase media y alta, sintonizada con los estilos y la música más actual e internacional, lejos de la comunión del vino y las bengalas, y de las misas rockeras. En el escenario 2, al costado y a la derecha del principal, tocaban, cayendo la noche, María Gabriela Epumer, Babasónicos, Carca y otros. El escenario 3, más escondido tras el patio de comidas, recibió a bandas como Adicta y A Tirador Láser. En la carpa lounge tocaba, a las 18.30, Sergio Pángaro, con su lounge a la “Isla de la Fantasía”, logrando un clima imposible de recrear en otro ámbito.
“El lugar es precioso, re-tranqui”, decía un chico de 18 años, con anteojos sin marco de vidrios violetas. Otros pibes se maravillaban porque se vendía alcohol dentro del campo (3 pesos el vaso de cerveza, 5 el cuba libre y lo mismo el vaso de champagne). Por la puerta, mientras tanto, entraba tranquilamente Juana Molina. Estos eventos, como lo fue Primavera Alternativa con Sonic Youth, son ideales para los famosos, porque pocos se acercan a saludarlos. No es ése el clima: el clima es de picnic campestre. No de frialdad, y mucho menos de aburrimiento. No es un clima sin pasión sino definido por ese término intraducible: cool.

 

El pellizcón de Gallagher

Neil Young y Oasis serán esta noche las principales atracciones de la tercera y última fecha del Hot Festival, que presentará además a 19 artistas locales en los dos escenarios menores y una “carpa lounge”. El “padrino del grunge” abrirá hoy el tramo final del tablado principal a las 21.10, mientras que el grupo británico actuará a las 23.35. Oasis llegó a la Argentina con uno de sus típicos escándalos detrás: según denunció una azafata de tierra de la compañía aérea British Airways, en el embarque rumbo a Río de Janeiro (donde actuó el domingo pasado), el cantante Liam Gallagher despachó su equipaje y luego le pellizcó el trasero sin abandonar una amplia sonrisa. El episodio mereció una amplia cobertura del diario sensacionalista británico The Sun, donde se recogen testimonios según los cuales Gallagher “estaba claramente ebrio y olía a whisky cuando subió al avión rumbo a Río en el aeropuerto londinense de Gatwick, junto con otros veinticuatro miembros del equipo”. Antes del pellizco, Liam le preguntó a la joven por sus hombres preferidos “e hizo un gesto obsceno con los dedos de ambas manos”, según denunció la empleada a la empresa y el sindicato. British Airways confirmó que está investigando el caso y que se analizarán entre otras cosas las grabaciones en video del aeropuerto; aunque éste no es el primer conflicto de los Gallagher con los aviones: Liam y Noel tienen prohibido de por vida viajar en la compañía Cathay Pacific, luego de que lanzaran alimentos contra otros pasajeros y amenazaran al capitán de un avión con golpearlo. Un portavoz de Oasis, en tanto, declaró: “Debe haber una confusión. Liam no es tan tonto como para hacer una cosa así”. ¿No?

 

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