Principal RADAR NO Turismo Libros Futuro CASH Sátira
KIOSCO12


LOS FISCALES APELAN LA DECISION QUE ARCHIVABA LA CAUSA DE LAS COIMAS
Reelección en terapia intensiva para ocho

Delgado y Freiler piden se procese a seis senadores del PJ y a uno de la UCR. Y que se cite a Genoud a prestar indagatoria. Aseguran que la coima existió. Los fiscales criticaron al Gobierno. De la Rúa y Storani les replicaron con dureza y explicaron que el Ejecutivo impulsó la investigación.

Ricardo Branda. No buscaba la reelección.

Remo Costanzo, otro peronista en apuros.

Angel Pardo, hasta ayer estaba en carrera.

Emilio Cantarero,
el más despres-tigiado.

Alberto Tell, un jujeño que ibapor más.

Augusto Alasino. Le piden pro-cesamiento.

Alberto Meneghini ya tenía pocas chances.

José Genoud. Quieren citarlo a indagatoria.

Por Adriana Meyer

“La trama de los sobornos constituyó una prolija empresa criminal perfectamente diagramada por algunos sectores del Poder Ejecutivo y de la Honorable Cámara de Senadores.” La frase pertenece a los fiscales federales que investigan el caso, Federico Delgado y Eduardo Freiler, y figura en el escrito de apelación presentado ayer, en el que piden el procesamiento por cohecho de siete senadores: los peronistas Augusto Alasino, Remo Costanzo, Alberto Tell, Angel Pardo, Ricardo Branda, Emilio Cantarero y el radical Alberto Meneghini. El juez federal Carlos Liporaci les había dictado la falta de mérito y ahora la Cámara Federal tendrá la palabra. Freiler y Delgado pidieron, además, la indagatoria del senador radical José Genoud porque “comandaba a su antojo uno de los bloques mayoritarios y llevó a cabo personalmente las negociaciones”. Según los fiscales, el dinero de los sobornos salió de la Secretaría de Inteligencia (SIDE), y denunciaron al secretario de Finanzas de ese organismo por haber ocultado pruebas a la investigación, aportado documentos falsos a la causa y encubierto la maniobra. Esta decisión judicial complica los planes de los senadores que soñaron con ser reelectos para seguir en sus bancas. De hecho los únicos que se habían autoexcluido hasta ahora eran Cantarero y Branda. Costanzo y Meneghini tenían chances irrisorias. Los demás perjudicados por el dictamen, Genoud incluido, seguían en carrera. Hasta ahora.
El último día hábil del año pasado, Liporaci resolvió que en el expediente sobre el escándalo del presunto pago de sobornos a algunos senadores a cambio de la aprobación de la Reforma Laboral no había elementos suficientes para procesar a los once legisladores y a los dos funcionarios parlamentarios imputados. Durante la feria judicial los fiscales trabajaron en la apelación para cuestionar esa medida.
“Estamos en condiciones de afirmar que el hecho existió y parte de los responsables son los imputados”, sostienen Freiler y Delgado en el texto al que tuvo acceso Página/12. A partir de esta aseveración hicieron una descripción para contextualizar el caso. Según ellos, a la nueva administración se le exigía que otorgara de manera rápida señales de “gobernabilidad” en la Cámara alta, para que no se convirtiera en un “frontón de las iniciativas del Gobierno”. Además, los acreedores externos pedían la “flexibilización laboral” como requisito indispensable para el crecimiento de una economía en recesión. También mencionaron el denominado “síndrome Mucci” como símbolo del fracaso del gobierno de Raúl Alfonsín en la modificación de las leyes laborales en 1984.
Los fiscales consideraron que este marco permitió a los senadores justicialistas y radicales “crear condiciones de un panorama político muy complicado” que generó “desesperación en el Poder Ejecutivo”. Para ellos hubo un trámite formal y otro informal para la aprobación de la Reforma Laboral. El formal consistió en “la dureza utilizada inicialmente por los senadores justicialistas agitando el fantasma de la ingobernabilidad, la apatía de sus pares radicales y la ultraactividad del entonces ministro de Trabajo Alberto Flamarique”, a quien acusaron de “ocultar las negociaciones paralelas” que llevaba a cabo en forma simultánea con sus batallas públicas en todos los frentes por la Reforma.
Esas “negociaciones paralelas” habrían contado con “la concurrencia no acreditada aún de Enrique Nosiglia” y habrían consistido en “reuniones secretas entre Augusto Alasino y sus entonces comandados, José Genoud por la bancada radical y los operadores del Poder Ejecutivo, principalmente Alberto Flamarique y Fernando de Santibañes, mantenían reuniones secretas en las que buscaban un consenso susceptible de apreciación pecuniaria”. Destacaron que “la prueba de la habitualidad de esas reuniones es la cena de enero de 2000 entre Flamarique y los sindicalistas Rubén Pereyra, Omar Viviani, Juan Manuel Palacios y Hugo Moyano en la que el ex ministro habría asegurado que no le preocupaba la mayoría justicialista del Senado pues ‘a los senadores los arreglo con la Banelco’”.
Freiler y Delgado no dudan de que el dinero de los sobornos salió de los fondos reservados de la SIDE. En tal sentido, recordaron que el ex jefe de los espías obtuvo una partida adicional de 30 millones de pesos “con el alegado objetivo de reformar la secretaría”. Según ellos, el retiro de dos cheques de 1 y 5 millones del Banco Nación hecho por empleados de la SIDE el 11 y el 14 de abril respectivamente “casualmente coinciden con el período de ‘reflexión’ de los imputados que se tradujo en un drástico y llamativo cambio de postura frente a la ley laboral”. Los fiscales aseguran que “Flamarique y De Santibañes acordaron con Alasino y Genoud el precio de la reforma laboral y, mediante mecanismos aún no acreditados, repartieron el dinero”. El síndico general de la Nación, Rafael Bielsa, produjo un informe denunciando irregularidades en la rendición del dinero de la SIDE. Esto se suma a que De Santibañes ocultó la existencia de dos cuentas del organismo que comandaba y los retiros de dinero mencionados. “No es aventurado concluir que los treinta millones de pesos pasaron a reponer al menos parte de lo gastado en el soborno”, resumieron los fiscales. Y acusaron al secretario de Finanzas de la SIDE, Juan Gallea, de haber ocultado el “gasto irregular”.
El escrito de los fiscales cuestiona los argumentos que usaron los senadores imputados en su defensa. “Las razones utilizadas para explicar a la sociedad el supuesto motivo por el que el peronismo permitía el desmembramiento de las conquistas laborales que son su bandera fueron una mera excusa”, sentenciaron Freiler y Delgado.
Freiler y Delgado consideraron que el ex secretario parlamentario del Senado Mario Pontaquarto y el secretario de Costanzo, Martín Fraga Mancini, deben ampliar sus indagatorias porque “necesariamente conocían la existencia del hecho y no efectuaron la denuncia”. Y pidieron a la Gendarmería el entrecruzamiento de las llamadas telefónicas de los senadores imputados, Flamarique, De Santibañes, Fraga Mancini y Pontaquarto. También insistieron en que es necesario escuchar lo que saben del asunto Carlos Menem, Carlos Ruckauf y Domingo Cavallo. Según consta en el libro El divorcio, el ex ministro de Economía tiene conocimiento de los mecanismos de distribución de fondos reservados para facilitar la sanción de leyes.
Además, reclamaron a la Policía Federal y a la Dirección Nacional de Migraciones que agilizaran la investigación patrimonial y sobre los viajes de los imputados que aún está inconclusa. Esto motivó un encendido cuestionamiento de los fiscales al Poder Ejecutivo. “Hoy, pasados cinco meses, el cotejo del proceso permite advertir que el compromiso de determinados sectores del Estado en el sumario no se condice con rimbombantes declaraciones mediáticas”, se lamentaron. La respuesta del Gobierno no fue menos contundente (ver página 2).
Ante cámaras y micrófonos Freiler manifestó que si bien hay “una opinión generalizada de que la causa por supuestas coimas en el Senado no avanzó desde la Fiscalía, vamos intentar llegar a la mayor porción de verdad”.

 

Liporaci no piensa irse

“No tengo por qué renunciar”, les dijo ayer el juez Carlos Liporaci a sus colaboradores. Durante el primer día de trabajo tras la feria de enero, el magistrado escuchó varias veces la pregunta sobre el rumor de su inminente retiro. Liporaci está jaqueado por la investigación judicial sobre su reciente evolución patrimonial y por el juicio político que avanza en el Consejo de la Magistratura. Ese proceso dejaría de tener sentido si el juez renuncia pero, al parecer, esto no ocurrirá. En cambio, se prepara para fijar la semana próxima la fecha de las indagatorias de los ex funcionarios Alberto Flamarique y Fernando de Santibañes, los principales señalados del lado del Gobierno. También decidirá el momento en que se realizarán los careos del senador Antonio Cafiero con sus colegas Horacio Usandizaga y Pedro del Piero. Y podría citar al ex presidente Menem y al gobernador bonaerense Carlos Ruckauf, tal como propusieron los fiscales.

 

Los cuatro que zafaron

Aunque señalaron que la investigación de sus patrimonios debe continuar, los fiscales Eduardo Freiler y Federico Delgado consideraron que es correcta –por ahora– la falta de mérito que el juez Carlos Liporaci les dictó a los senadores Ramón “Palito” Ortega, Eduardo Bauzá, Alcides López y Raúl Galván. Estos fueron los argumentos:
Sobre Bauzá, “sólo se erige en su contra la versión de Cafiero y no existe prueba autónoma que la corrobore. Además no es posible vincularlo con las negociaciones”.
Sobre Ortega, tampoco hay pruebas de los dichos de Cafiero que lo involucran y, además, lo benefició el testimonio de Eduardo Duhalde sobre lo mal que se llevaba con el bloque justicialista.
Sobre Galván y López, “sólo han tenido una participación en el trámite formal de la reforma”.
Sobre Costanzo, Branda, Tell, Pardo, Cantarero y Meneghini los fiscales afirmaron que “han sido destinatarios de sumas de dinero”. Uno de ellos, representante de una provincia del norte, le aseguró a la agencia DyN que “esto se trata de un acuerdo entre algunos popes del justicialismo y del radicalismo. Nos dejan a nosotros que somos ‘peces chicos’ y lo sacan a Bauzá y a Ortega, que son dos peso pesados. Y en el oficialismo lo sacan a Galván y a López, que son referentes y lo dejan a Meneghini que está solo”.

 

Un abrazo a Tribunales

La organización Poder Ciudadano realizará un abrazo al Palacio de Tribunales para reclamar que se profundice la investigación sobre los presuntos sobornos en el Senado. El abrazo está convocado para las 12 del mediodía y a su término habrá un acto en la Plaza Lavalle, en el que está previsto que hablen el escritor Ernesto Sabato y el presidente de Poder Ciudadano, el ex fiscal Luis Moreno Ocampo. Nelson Castro será “maestro de ceremonia”. A la convocatoria al acto, encabezado por el lema “Para que se cumpla la Ley”, ya adhirieron decenas de organizaciones no gubernamentales como el Centro de Estudios Sociales y Legales (CELS), la Asociación Fiscales sin Fronteras, el Centro de Estudios de Políticas Públicas (CEPP), el Foro para la Reconstrucción Institucional, y Memoria Activa, entre otras. Según Moreno Ocampo, “el objetivo es que la opinión pública que tiene una imagen muy mala de la Justicia tenga herramientas concretas para transformar ese sentimiento en acción”.

 

Críticos del PJ

El vicegobernador bonaerense Felipe Solá, la ex ministra Susana Decibe y otros integrantes de la agrupación Nuevo Pensamiento Peronista reclamaron que se profundice la investigación sobre el supuesto pago de sobornos en el Senado haciendo lugar a la apelación de los fiscales. “La democracia está lejos de su consolidación si se ve obligada a convivir con la corrupción, la ineficacia de la Justicia y la impunidad” señalaron los dirigentes del PJ en un comunicado de prensa. También insistieron en que la necesidad de que la Justicia avance en el tema “a través de magistrados libres de toda sospecha, para contribuir a restablecer mínimos niveles de credibilidad institucional”.

 

OPINION
Por Martín Granovsky

De Gaulle y De la Rúa

El Presidente se puso serio, más serio de lo que estaba, dejó la mesa de la conferencia de prensa y caminó hacia su derecha. La cámara lo siguió mientras buscaba algo en el piso, lo perdió cuando salió de foco y volvió a encontrarlo nuevamente. Fernando de la Rúa ya cargaba una pila de papeles, equivalentes a unas diez resmas de papel oficio. Pero no estaban en blanco.
–Esta es la versión objetiva de lo que hemos hecho –dijo un De la Rúa más grave aún que al principio, acariciando amistosamente la pila como si fuera un buen perro–. Estas son las actuaciones de la Oficina Anticorrupción en el caso del Senado.
La escena transcurrió ayer en la Casa de Gobierno, y a través del análisis de las palabras y los gestos del Presidente puede sacarse una deducción sobre su estrategia:
Mostrar que el Ejecutivo, o sea él mismo, siempre quiso investigar.
Utilizar como argumento de marketing a la Oficina Anticorrupción, que así queda presentada como un simple instrumento de cobertura política del Ejecutivo. (Dicho sea de paso, se puede pronosticar que el uso tan obvio de la OA terminará generando una crisis interna en el organismo, y el costo caerá sobre la credibilidad del Gobierno).
Centrar cualquier perspectiva en la investigación de la Justicia, y solo en ella, sabiendo que al menos el juez Carlos Liporaci no es un fanático de las pesquisas a fondo.
Despolitizar el escándalo al judicializarlo, que quiere decir mandarlo a vía muerta.
Pintarse la cara frente a los fiscales Eduardo Freiler y Federico Delgado, que llamaron “prolija empresa criminal” a las maniobras de algunos senadores y una parte del Ejecutivo y cuestionaron la voluntad persecutoria del Presidente.
Mostrar a Carlos “Chacho” Alvarez y al Frepaso que la única salida política admitida por el Gobierno y la Unión Cívica Radical (representada ayer de hecho ante la prensa por el ministro del Interior Federico Storani) son las próximas elecciones para renovar el Senado.
Es una estrategia perdedora, porque terminará generando un conflicto mayor dentro de la Alianza y, visto del lado de los fantasmas presidenciales, alimentará el costado más inorgánico de Chacho.
Hasta ahora, la Alianza confía en canalizar el conflicto dentro de la discusión sobre un nuevo Senado. Pero las presentaciones académicas no son creíbles cuando faltan los gestos políticos concretos. Y, además, el Gobierno ya debería haber aprendido que la crisis del Senado es permanente, tiene dinámica propia, actores importantes y múltiples, cruza los servicios de inteligencia, renace cuando parecía evaporada y es un gran tema de investigación periodística. Manejar tantas variables a la vez es una ilusión que le hubiera quedado grande a Winston Churchill, Charles de Gaulle y Nicolás Maquiavelo. ¿La situación económica es ya tan maravillosa que De la Rúa se siente superior a ellos?

 

Tiro por elevación del Presidente hacia Chacho

De la Rúa junto a Darío
Lopérfido y el vocero Ricardo
Ostuni entra a la reunión de gabinete.
Por detrás la ministra Graciela Fernández Meijide, una de quienes hablaron en el cónclave.

Por José Natanson

Terminaba la conferencia de prensa. Fernando de la Rúa interrumpió la frase que venía pronunciando, a su manera, en voz baja y se levantó. Ministros y periodistas pensaron que habían concluido las explicaciones. Pero no. El Presidente caminó unos pasos, se agachó y volvió con una pila de papeles de unos 40 centímetros de espesor. “Estas son las actuaciones de la Oficina Anticorrupción”, explicó. El gesto apuntó a subrayar las declaraciones que había pronunciado minutos antes y que tuvieron dos destinatarios distintos. Por un lado, Carlos “Chacho” Alvarez, que insiste en discutir el perfil del nuevo Senado (y de los nuevos senadores). “El Presidente no puede digitar las candidaturas”, aseguró De la Rúa, que también cuestionó a Eduardo Freiler, el fiscal que en su apelación acusó al Gobierno de no hacer nada por agilizar el caso.
De la Rúa se lo había anticipado a Chacho durante uno de los momentos más tensos del asado de la semana pasada. Como reveló Página/12, en aquella ocasión el Presidente le reprochó sus críticas sobre la supuesta inacción del Ejecutivo en el escándalo de los sobornos. Le recordó que él había dado instrucciones a la OA y que impulsó la causa por enriquecimiento ilícito. “Vos, en cambio, le llevaste todo a Liporaci”, aseguró De la Rúa. Y añadió que tenía pensado emitir algún gesto para dejar en claro todo lo que había hecho en pos de la investigación.
La señal ocurrió ayer. Rodeado por casi todos sus ministros, De la Rúa se refirió al Senado en una conferencia de prensa en la Casa Rosada. “Refirmo la voluntad del Gobierno de hacer todo lo posible para que esta investigación llegue a su término, respetando la separación de los poderes”, aseguró. Y, cuando le preguntaron por los futuros candidatos de la Alianza, adujo que él no es quién para decidir los nombres.
El argumento del Presidente –que se repite como un dogma en la Rosada– es el principal punto de discordia con Chacho. Aunque en la reunión del miércoles se limitó a reclamar la construcción de un “nuevo modelo de Senado”, el ex vice quiere excluir de los candidatos de la Alianza a los legisladores cuestionados por los sobornos. “Chacho quiere que el Gobierno y la UCR tomen conciencia de la importancia del asunto. No se trata sólo de hacer nombres”, explicaban cerca de Alvarez. De todos modos, mencionaban como los más conflictivos a dos legisladores afectados en el affaire y que, además, tienen posibilidades de convertirse en candidatos: Raúl Galván (ex jefe del bloque) y José Genoud (ex presidente provisional, a quien ayer los fiscales pidieron que se lo indague).
La respuesta del Presidente no será la única. Hoy se reunirá la mesa del Comité Nacional de la UCR presidida por Alfonsín para analizar el primer encuentro del “grupo de trabajo” y evaluar la perspectiva electoral. Ayer, cerca del ex presidente intentaban bajarle el perfil al encuentro. “Es algo de rutina”, explicaban. De todos modos, en una reunión preparatoria que se desarrolló el miércoles en el departamento de Alfonsín, el titular de la Cámara de Diputados, Rafael Pascual, el presidente provisional del Senado, Mario Lozada, y el jefe del bloque radical, Jorge Agúndez, coincidieron en que el partido ratificará su postura: el radicalismo no está dispuesto a vetar la candidatura de ningún senador.
El otro destinatario del mensaje de De la Rúa es Freiler. Ayer, el fiscal no sólo apeló la falta de mérito a todos los senadores involucrados. También acusó al Gobierno de una “falta de compromiso” que -según expresó– terminó complicando la pesquisa (ver nota central).
El Presidente respondió en un tono duro. “Todo lo que sea investigación judicial, esclarecimiento de la verdad, es importante. Pero lo que sea politización de una cuestión tan grave es negativo. En alguna parte, ellos (los fiscales) se refirieron a la fuerza de la opinión pública como determinante de las investigaciones, lo que desde el punto de vista judicial no responde a los parámetros que se deben seguir”, señaló De la Rúa. Y le pasó el micrófono a Federico Storani. “Este fiscal planteó hace tiempo que los fondos (de las supuestas coimas) podían venir de los ATN.Luego se corroboró que se trataba de una maniobra”, sostuvo el ministro del Interior. Y cerró con una frase contundente. “Es un fiscal poco serio desde mi punto de vista.” Cuando Fredi terminó, De la Rúa buscó la carpeta con los papeles para subrayar sus declaraciones.
Aunque poco habitual, el gesto de De la Rúa sintoniza con el estilo ejecutivo y frontal que busca transmitir últimamente. Y, aunque su objetivo evidente fue no perder la iniciativa, también podría contribuir a profundizar las divergencias internas en torno del escándalo del Senado, el tema más delicado para la convivencia de la Alianza.

 

Graciela y la Agencia

El miércoles fue notoria la ausencia de Graciela Fernández Meijide en la primera reunión del grupo de trabajo de la Alianza. Aunque es la única ministra de su partido, Carlos “Chacho” Alvarez prefirió llevar a Darío Alessandro y Hermes Binner, dos frepasistas que, hasta hace poco tiempo, tenían menos peso interno que la funcionaria. Como para compensarla, ayer Fernando de la Rúa la invitó a sentarse a su lado durante la conferencia de prensa que ofreció en la Rosada. Y Graciela no dejó pasar la oportunidad: dijo que para evitar “oscuridades” quería aclarar que la Agencia Social fue una idea original de su cartera. En realidad, el proyecto fue elaborado por Alvarez, que se lo alcanzó a De la Rúa en un paper en incluía otras iniciativas. Más allá de los derechos de autor, lo cierto es que la puesta en marcha de la Agencia implicará un achicamiento de su Ministerio y abre dudas sobre el político de su actual titular.

 

PRINCIPAL