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El Napoleón chileno desafía al
destino con apoyo de Bordaberry

La defensa presentó la apelación a favor de Pinochet, quien fue respaldado por un alcalde y por el ex dictador uruguayo.

Napoleón: Para Labbé, personas como Pinochet “terminan solos y traicionados por quienes estuvieron a su lado. Eso es un hecho histórico. Le pasó a Napoléon”.

Un pinochetista vociferante
ante la casa de su Tata.
Para ellos, Joaquín Lavín y
el Ejército son “traidores”.

Finalmente, los abogados del ex dictador chileno Augusto Pinochet presentaron ayer dos recursos apelando el fallo del juez Juan Guzmán de procesar a su cliente por los crímenes de la Caravana de la Muerte. Sin embargo, ni siquiera los cercanos a Pinochet apuestan alguna ficha a este nuevo episodio judicial. Más bien, están colocando al ex dictador en algún altar de la historia que compense sus desgracias actuales. El alcalde de la comuna santiaguina de Providencia, Christian Labbé, comparó a Pinochet con Napoleón porque “está viviendo el sino de los hombres grandes, que después de haber entregado todo por el país son objeto de injusticias”. El ex presidente uruguayo Juan María Bordaberry (que abrió las puertas a la dictadura en su país en 1973, el mismo año del golpe de Pinochet) dijo en una entrevista al diario El Observador de Montevideo que llamó a su amigo chileno para apoyarlo. Por su parte, el gobierno salió a decir que el país “está tranquilo”, en respuesta a las declaraciones de anteayer del jefe de la Armada, almirante Jorge Arancibia, anunciando “tempestades” en el país.
Desde el lunes, día en que Guzmán dio a conocer la encargatoria de reo para Pinochet, la defensa del ex dictador no había respondido. Los abogados se debatían entre presentar recursos contra el fallo del juez y agregarle, además, un pedido de hábeas corpus por el estado de salud de su cliente. Gustavo Collao, coordinador de la defensa de Pinochet, anunció ayer que fueron dos los recursos contra la doble decisión de Guzmán de dictar el procesamiento contra Pinochet y de negarle al mismo tiempo la posibilidad de sobreseimiento por su estado de salud. “Creemos que el tribunal ha emitido una sentencia sobre bases equivocadas que no se ajustan al derecho”, declaró Collao.
A diferencia de otros recursos presentados por la defensa de Pinochet, éstos no tienen demasiadas perspectivas de prosperar, porque Guzmán, con exámenes médicos en la mano que le diagnostican a Pinochet una demencia “leve a moderada”, resolvió ni siquiera hacer alusión a la salud del ahora reo. Los abogados de Pinochet quizás se puedan hacer alguna esperanza gracias a que, durante la feria judicial de febrero, quienes deberán fallar sobre las apelaciones en la Corte de Apelaciones y de la Corte Suprema son salas de verano que nunca habían tomado el caso. Sin embargo, de la constitución de estas salas no se puede desprender que la orientación sea distinta a las titulares.
Fuera de los tribunales, el gobierno parece cada vez menos dispuesto a intervenir en la cuestión, sobre todo luego de las denuncias del propio Guzmán respecto a “presiones políticas”. “Todos los chilenos vemos un país tranquilo sobre el tema Pinochet. Incluso más, satisfechos de que la Justicia esté operando con autonomía y con la tranquilidad que hemos visto”, dijo Alvaro García, secretario general de la Presidencia. “El presidente manda a las Fuerzas Armadas”, agregó, en referencia a “la espiral de odio” que anunció anteayer el almirante Arancibia. García aprovechó para destacar la postura del líder de la derecha, el alcalde de Santiago Joaquín Lavín, que manifestó su acatamiento a las resoluciones del juez Guzmán porque su trabajo “es serio”.
Esto es lo que abre vendavales en la derecha. Para algunos pinochetistas acérrimos, ni la conducta de Lavín ni la de las Fuerzas Armadas (que bajaron notoriamente el perfil de su intervención en el caso) es aceptable, porque se aparta del papel tradicional de defender lo que ellos califican como “la obra del régimen militar”. Es el caso de Cristian Labbé, alcalde de Providencia, coronel retirado y gran defensor de su “Tata,” que se hizo famoso cuando, en tiempos de la detención de Pinochet en Londres, suspendió la recolección de basura en las zonas cercanas a las embajadas británica y española (ambas en Providencia) en señal de protesta. Labbé criticó a Lavín por su “ambigüedad” respecto a Guzmán y señaló que el Ejército fue engañado por el presidente Ricardo Lagos, porque siempre le decían a Pinochet “lo vamos a traer de Londres y no lo vamos a detener” y sin embargo los pasos juidiciales “se han dado invariablemente”. Para Labbé, es claro que personas como Pinochet”terminan solos y traicionados por quienes estuvieron a su lado. Eso es un hecho histórico. Le pasó a Napoléon”.

 


 

BARAK MANTIENE SU CANDIDATURA CONTRA LAS CRITICAS
“Vine, vi, vencí” en hebreo

Ya casi no hay marcha atrás. Los sectores pacifistas israelíes pedían a gritos al actual premier Ehud Barak que retirara su candidatura en favor de Shimon Peres, única posibilidad del campo de la paz para derrotar al derechista Ariel Sharon en los comicios del próximo martes. El plazo vence hoy y Barak, casi 20 puntos debajo de Sharon en las encuestas, dijo ayer enfáticamente: “No me retiraré, continuaré y al final ganaré”. El “vine, vi y vencí” del actual premier renunciante estuvo ayer rodeado de lo que terminó caracterizando la última parte de su gestión: cuatro muertos, dos israelíes y dos palestinos, y suspensión israelí del igualmente remoto encuentro entre Barak y el líder palestino Yasser Arafat.
El premier israelí o bien confía en que el casi 20 por ciento de los indecisos se vuelque enteramente a su favor, o bien desconfía totalmente de los números que dan los sondeos. En cualquier caso, la balanza de las probabilidades se inclina hacia Sharon y ahora hay que ver qué posibilidades de paz hay con él. Analistas, políticos israelíes y palestinos señalan que no hay ninguna. “La paz es completamente imposible con Sharon”, se amargó ayer el premier libanés Rafic Hariri, quien recuerda bien el papel del líder derechista como cerebro de la invasión israelí a su país en 1982.
Pero Sharon tiene un plan. “Puedo negociar con los árabes. De hecho, son ellos quienes me han contactado. Y no han dejado de hacerlo”, declaró ayer en un acto de campaña. Alguna vez Sharon habría negociado con los árabes. Según la revista Jerusalem Report, el presidente del Likud inició contactos con los palestinos en 1989, cuando estaba expresamente prohibido entablar contactos con la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Claro que lo que aceptaba entonces era un Estado palestino sólo en la franja de Gaza. Ahora, cuando Barak propone un 96 por ciento de Cisjordania para los palestinos, Sharon sólo arriesga un 42 por ciento (lo que actualmente está en poder de la Autoridad Palestina), agregando que los Acuerdos de Oslo “están muertos”.
Mientras tanto, la violencia continúa. Ayer murieron dos israelíes, uno de ellos de una colonia dentro de territorio palestino, y otros dos palestinos, uno en enfrentamiento con la policía israelí y otro acusado de colaboracionismo con Israel. Según las autoridades palestinas, los muertos de la actual Intifada son 407. Los heridos, más de 23 mil.

 

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