Principal RADAR NO Turismo Libros Futuro CASH Sátira
KIOSCO12


UN AUTO QUE HUIA CON DELINCUENTES MATO A UN BEBE
Un golpe duro para El Destino

Perseguidos por la policía, los ladrones chocaron con un auto en el que viajaba un matrimonio con su bebé de 4 meses, quien murió. Al padre lo confundieron y quisieron detenerlo.

La casa del matrimonio D’Angelo, en el barrio El Destino, de William Morris.
Tras el choque, dos de los delincuentes fueron detenidos y uno logró escapar.

El matrimonio D’Angelo vive en el oeste del Gran Buenos, en un barrio llamado “El Destino”. En la medianoche del lunes, el destino les jugó sucio: la pareja venía tranquila, con su bebé de cuatro meses, en un Ford Granada viejo y seguro, que fue destrozado por un Volskwagen Gol, veloz y liviano, que circulaba a 120 kilómetros por hora. Cristian D’Angelo, el bebé, viajaba en el asiento del acompañante, sobre la falda de su madre, y murió casi en el acto. El Gol había sido robado poco antes en Castelar y era tripulado por tres jóvenes ladrones que corrían porque desde hacía casi una hora sentían sobre sus espaldas la presión de varios patrulleros que los perseguían. En la confusión general que siguió al choque, dos de los ladrones fueron detenidos, el tercero logró escapar y el padre del bebé, a los gritos, tardó varios minutos en hacerle comprender su rol de víctima a un rutinario policía que lo había tirado sobre el capot destrozado del Granada y trataba de esposarlo.
Fuentes de la fiscalía de Morón a cargo del doctor Gustavo Robles, que interviene en el caso, confirmaron a Página/12 que el hecho fue caratulado como “homicidio simple”, con una pena de 8 a 25 años, a diferencia de la mayoría de los accidentes de tránsito, juzgados sólo como “homicidio culposo”, un delito menor y excarcelable. La persecusión policial y el robo previo del Gol hacen presumir que los tripulantes de ese automóvil, en poder de quienes la policía dice haber hallado un revólver calibre 32, iban en tren de cometer otros delitos. En cambio, el matrimonio compuesto por Roberto D’Angelo, de 23 años, y Silvia Moreno, de 20, se dirigía pacíficamente a su hogar, en William Morris, partido de Hurlingham, luego de haber participado de una tranquila reunión familiar.
La colisión se produjo en la esquina de Planes y Poeta Rizzo. Los dos autos venían por la primera de las calles, de doble mano, y justo en la esquina el Gol, incontrolable para su conductor, tomó muy fuerte un lomo de burro, se desvió hacia la mano contraria y se topó de frente con el ford Granada importado, color mostaza, modelo 1983. En el Gol iban Federico Gorosito, de 19 años, y Carolina Maidana, de 18, acompañados por otro hombre que escapó pero que ya estaría individualizado.
“El choque fue tremendo”, relató un vecino que lo presenció. Tal era la velocidad que llevaba el Gol que, tras convertir en bandoneón la trompa del Granada siguió su camino, subió a la vereda y se estrelló contra la pared de una casa. En el interior, comentaron los lugareños, había tres chicos durmiendo, uno de ellos otro bebé.
Cristian, el bebé fallecido, murió al golpear contra el parabrisas. Su padre lo levantó, dentro del auto, y en ese momento llegó un policía que lo apuntó con su arma reglamentaria, sin escuchar que el hombre gritaba “el bebé, el bebé”. El abuelo paterno, Miguel D’Angelo, confirmó que no bien su hijo bajó del auto “un policía trató de ponerle las esposas y él se enojó mucho, por la situación que estaba viviendo”. Precisó que incluso “lo llegaron a tirar sobre el pasto de la vereda y querían esposarlo, hasta que apareció un policía que lo conoce y aclaró la confusión”.
El bebé fue entregado a la madre, que se subió con él a un patrullero y se dirigió al hospital de Hurlingham, donde se comprobó que la criatura ya había fallecido. Los padres del pequeño también fueron internados y ayer por la mañana retornaron a su casa de William Morris, donde Roberto D’Angelo tiene un taller mecánico.
El joven de 22 años puede caminar ayudado por muletas o llevado casi en andas por sus familiares, pero su dolor va más allá de lo físico: “Están destrozados, en un primer momento quería salir a la calle para matar a todos”, relató el abuelo del bebé fallecido. En tren de confidencia, el hombre contó que Cristian era “el único hijo” de la pareja, que ahora “tendrá que esperar unos tres o cuatro años para intentar tener otro bebé”, ya que la mamá debe superar alguna secuela del anterior parto. “No hay derecho”, se lamentó el abuelo Miguel.
La familia dejó entrever la posibilidad de “realizar alguna presentación, más adelante” por algunas supuestas irregularidades en elaccionar policial. Miguel D’Angelo dijo que los policías “siguieron disparando después del choque y cuando la madre salía con la criatura en brazos”. Fuentes de la fiscalía aclararon que no existe “ningún cargo” en contra del personal policial, que comenzó a seguir al coche porque sus ocupantes estaban “en actitud sospechosa”. Luego, a través de la radio policial, confirmaron que el Gol era robado y el asedio se incrementó, con la intervención de otros patrulleros. Antes de la colisión hubo intercambio de disparos, según dijo la policía, aunque las fuentes de la fiscalía aclararon que los autos “no tienen impactos” que lo acrediten.

 


 

UNAS 200 PERSONAS PODRIAN HABERSE CONTAGIADO VIH
La venganza del peluquero colombiano

La posibilidad de un contagio masivo del virus del sida aterroriza a la ciudad colombiana de Cartagena, luego de conocerse que un peluquero que falleció a mediados de febrero mantuvo relaciones sexuales con más de cien personas como venganza por haber sido infectado. Como esas personas también pudieron contagiar a otras, la lista de quienes podrían estar infectadas ascendería a casi 200, indicó el jefe del programa del VIH del Departamento Administrativo Distrital de Salud (Dadis), Heraclio Díaz. El peluquero supo que tenía el virus en 1994 y a partir de ese momento intensificó su actividad sexual, llegando a pagar para mantener relaciones.
La víctima fatal de la enfermedad, y victimario de muchas otras personas, era un conocido peluquero de Getsemaní, un tradicional barrio del centro de Cartagena, y tenía 32 años cuando falleció en febrero. Nadie entre sus amigos y conocidos sabía que desde 1994 estaba infectado con el VIH. A partir de contraer la enfermedad, el peluquero comenzó a sentir un gran resentimiento y se propuso contagiar a la mayor cantidad de personas posibles. En su lecho de muerte confesó, con una increíble frialdad, que lo suyo era “una venganza”.
“Se dedicó a infectar a otros porque dijo que él no se iba ir solo, sino que detrás de él se iban otros”, explicó el médico que lo atendió. “Tal era la situación que cuando le preguntamos al paciente el nombre de sus últimos compañeros sexuales –agregó el profesional–, nos contestó que ya había perdido la cuenta y que no podría responder porque había roto todos los records”.
El médico del Dadis, Heraclio Díaz, explicó que ya les fue detectado el contagio a once personas, entre los cuales había tres menores de edad de 13 y 14 años, aunque advirtió que la cifra puede incrementarse, ya que faltan conocerse los datos de otras 40 personas examinadas, que fueron remitidas a otros institutos. “Además se debe considerar que hay muchas personas que han sido contagiadas indirectamente”, detalló Díaz.
La mayoría de los hombres que se acercaron al Dadis eran vecinos que habían tenido contacto sexual con el peluquero, y que el conocer la noticia de su enfermedad decidieron hacerse el análisis de VIH.

 

PRINCIPAL