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INVESTIGAN A 50 POLICIAS POR FRAUDE CON ESTETICAS
Ponerle el pecho al escándalo

Se implantaban siliconas, pero las hacían pasar por cirugías de várices para que las cubriera la obra social IOMA. El caso se destapó cuando una sargento tuvo problemas e hizo una denuncia. Ahora está detenida, igual que cuatro médicos, dos de ellos policías.


Entre las mujeres policías, las siliconas tienen éxito.
Algunas también pidieron liftings y estética de glúteos.

Por Horacio Cecchi

Las várices de la sargento primero de la Bonaerense Lidia Susana Sicher tienen un curioso modo de manifestarse. No lo hacen en sus piernas, sino en sus lolas. Tal parece surgir de la historia clínica de la mujer policía, secuestrada por la Justicia, donde figuraba que Sicher había sido operada precisamente de várices. Y tal manifestación sólo sería una curiosidad física y científica, jamás un delito, si no fuera porque la Fiscalía de Investigaciones Complejas platense determinó que várices, por decir várices, no eran, y que en realidad la sargento primero había decidido ponerle más pecho al drama de la inseguridad, operándose las lolas en una clínica privada. Implantación de siliconas, que le dicen. El problema para Sicher y los cuatro médicos intervinientes –uno de ellos comisario y otro, subcomisario– es que terminaron detenidos, acusados de hacer pasar lolas por várices para cobrar a la obra social IOMA el reintegro de la cirugía. Para sorpresa de la ciencia, el mal se desparramó entre el personal femenino de la Bonaerense, al borde del brote epidémico: los investigadores detectaron medio centenar de casos, várices altas como las de la sargento, pero también várices en glúteos, cintura y hasta en los párpados.
Todo surgió a partir de una denuncia presentada por la sargento ante la Justicia. No como arrepentida sino como víctima de mala praxis. Sicher aseguró a la fiscal María Scarpino, de la UFI 10, que había decidido operarse las lolas. No habló de motivos. Sargento primero de la seccional 1ª de La Plata, con 49 años, ex custodia de Duhalde y actualmente del edificio de la Suprema Corte, bien ganada tenía su pretensión de modelaje de su cuerpo.
Sicher fue atendida inicialmente en el spa Visage, de la calle 15, número 911. Según fuentes judiciales, entre los dueños del local figura el comisario Guillermo Fernando Luna. Visage se dedica a cosmetología, problemas de várices y atención de pacientes pre y posquirúrgicos. El 20 de noviembre pasado, la paciente fue internada en la Clínica Privada de Medicina Integral La Plata SA, ubicada en 41 y 2. Las mismas fuentes aseguraron a este diario que Luna, además de comisario y socio en el spa, es dueño de la clínica y cirujano general. Sicher se encargó de informar a Scarpino que fue el mismo Luna quien le implantó las siliconas, secundado por su colaborador, Víctor Ricardo Armesto y el anestesiólogo Pedro Pérez Bagnasco.
“Todo salió perfectamente bien”, sostuvo la sargento que le había asegurado Luna horas después de la intervención. Pero, una semana más tarde, el cirujano le habría comentado que la intervención en su lola izquierda se había encapsulado. Según fuentes judiciales, además de miedo la sargento sufría dolores tremendos y Luna le habría recomendado: “No le queda otra que masajearse, tírese al piso de boca y apoye la mama”. Pero el cuadro se agravó, se produjo una grave infección y Sicher debió ser operada dos veces más. En los papeles, la lola izquierda de la mujer policía había perdido su condición de várice para transformarse en hernia umbilical.
Como todo funcionario del estado provincial, Sicher cuenta con el servicio de obra social de IOMA. Y ninguna obra social, ni siquiera IOMA, cubre cirugías estéticas ni mucho menos implantes de siliconas en los senos. Pero sí queda cubierta la cirugía de várices. Para sorpresa de la fiscal Scarpino, IOMA había reintegrado a la sargento los gastos de cirugía de várices bilaterales, según señala su historia clínica. La extraña malformación no fue investigada por una academia de ciencias médicas, sino por la Fiscalía de Investigaciones Complejas, a cargo de Carlos Argüero y su adjunto Esteban Lombardo, ante la sospecha de que se estaba ante un fraude a IOMA.
Los fiscales sostienen que, con fecha 20 de noviembre, Luna elaboró un certificado médico en el que figura la cirugía de várices. Luego, Sichersolicitó licencia ante el Ministerio de Seguridad. Entonces, el subcomisario médico de Sanidad Policial, Daniel Marcelo Chaves, firmó en dos oportunidades –el 22 de noviembre y 6 de diciembre– el certificado para la licencia con goce de sueldo. Finalmente, Sicher tramitó el reembolso de los gastos de cirugía de várices con los certificados aportados, que IOMA concedió.
El martes pasado, a las 15, en operativos simultáneos ordenados por el juez de Garantías César Melazo, los fiscales detuvieron a Sicher, Luna, Chaves y los dos médicos civiles acusados de fraude a la administración pública, falsificación, falsedad ideológica e incumplimiento de los deberes de funcionario público. Luna se negó a declarar. El resto se declaró inocente. Bagnasco y Armesto sostuvieron que no tenían nada que ver con la facturación y cobro. Chaves, aseguró curiosamente que es habitual certificar lo que rubrica el médico de cabecera (en esta ocasión, Luna) sin contradecir, por cuestiones de ética. Sicher se declaró engañada, sostuvo haber pagado 1.500 pesos por el implante y cargó la responsabilidad de los certificados a los médicos.
Además de las detenciones, Argüero y Lombardo allanaron clínica y spa y allí descubrieron una “impresionante cantidad de documentación sobre otras operaciones”, confió una fuente policial. Medio centenar correspondía a mujeres policías de entre 27 y 45 años, “pero había también de otras áreas estatales”. Várices y hernias umbilicales, en lugar de siliconas, lipoaspiración, y lifting de párpados. Ayer, para demostrar que la Bonaerense pone pecho, el ministro de Seguridad, Ramón Verón, ofreció brindar apoyo a la investigación. Señaló, además, desconocer la cantidad de mujeres policías que tramitaron licencia por várices.

UNA DE LAS PLASTICAS MAS PEDIDAS EN EL PAIS
La locura por las siliconas


La clínica donde fue operada la sargento primero Sicher.
Una silicona se le encapsuló y debieron volver a intervenirla.

Entre los especialistas, la reivindicación del principio estético en la tropa femenina de la Bonaerense no es una novedad. El jefe del departamento de Cirugía Plástica del Hospital Eva Perón, Héctor Lanza, fue uno de los primeros en advertir ese síntoma como tendencia. Sólo en los primeros meses de este año, explica, diez de las cirugías realizadas allí fueron solicitadas por comisarias, sargentos y personal femenino que hace guardias hospitalarias. Pero a decir verdad, ellas son sólo una parte de ese mundo de mujeres que corre fascinada a los quirófanos porteños en busca de curvas pronunciadas en su cuerpo. Por año, en el país se hacen cinco mil cirugías plásticas. De acuerdo a los datos manejados por la Sociedad de Cirugía Plástica de Buenos Aires, el implante de siliconas y el lifting han logrado barrer desde hace cinco años la primacía adquirida hasta allí por las correcciones de nariz. Así como entre las mujeres se amplió el segmento de consumidoras, entre los hombres apareció un nuevo fenómeno: ahora forman el 30 por ciento de los clientes.
Desde el ‘75 hasta ahora se cuentan en 50 mil las cirugías plásticas realizadas en el país “aunque en los dos o tres años últimos las mamarias se convirtieron en la número uno, desplazando al lifting y nariz”, indica Lanza. 
Para Horacio García Igarsa, presidente recién asumido de la Sociedad de Plástica porteña, el crecimiento constante obedece principalmente al avance tecnológico de los soportes: “Hace unos diez años –dice–, la membrana que envolvía la silicona era una lámina trasparente y lisa mientras que ahora es rugosa y el contenido no es semilíquido sino gelatinoso.” Esta modificación redujo el problema de encapsulamiento o endurecimiento, una de las principales complicaciones originadas por los implantes. “Antes en el 20 o 25 por ciento de los casos se producía encapsulamiento, hoy ese índice está en el orden del 2 o 3 por ciento.”
Otra de los motores de la demanda fueron los mismos resultados de las intervenciones: “Hasta hace seis o cinco años, cuando apareció el juicio mundial contra Dow Corning, una productora de prótesis, la gente pensaba que las intervenciones podrían provocar cáncer o reacciones inmunológicas”, explica García Igarsa. Sin embargo “no se ha podido demostrar ningún incremento demostrable que de cuenta de esos riesgos y se ha concluido que aquello no fue otra cosa que una guerra comercial”.
Dow Corning fue una de las fabricantes más poderosas de esos implantes que controlaba hasta allí algo más del 50 por ciento del mercado. Después de la demanda millonaria, la compañía cerró y hoy quedan cuatro grupos importantes produciendo aquello que las mujeres buscan insertarse. El costo de cada prótesis varía entre 700 y 1500 pesos. En hospitales públicos, la operación puede costar entre 700 y 800 pesos mientras que los privados pueden pedir entre 3 mil y 5 mil.
Una de los problemas más frecuentes, advertidos por los que trabajan en el tema, fue la aparición de una gran cantidad de pseudoespecialistas. “Nosotros creemos que si existen hoy 320 cirujanos reconocidos por la Sociedad, hay otros 400 o 500 que hacen barbaridades sin tener los conocimientos ni la formación ni los avales necesarios”, dicen.

 

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