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El mismo Biondini presentó al
abogado de Brinzoni como apoderado

En una entrevista previa al acto del 21 de septiembre de 2000, el líder neonazi presentó a Torres Bande como su apoderado. El abogado ahora lo desmiente y dice que fue un cliente más.

Estandartes, invitado chileno, Biondini y Torres Bande en el acto del 21 de septiembre.

Por Sergio Kiernan

Juan Torres Bande, el abogado que comparten militares como el jefe de Estado Mayor Ricardo Brinzoni y líderes neonazis como Alejandro Biondini, envió ayer una nota de renuncia a su cliente uniformado. En un estilo más que oblicuo y ciertamente pomposo, el abogado atacó a Página/12 por haber informado de sus vínculos políticos e intentó desmentir un “complejo armazón de falsedades y confusas alquimias”, negando ser apoderado “de partido político alguno”, admitiendo haber “dispensado asistencia jurídica” en “distintas contingencias” a Biondini y afirmando que es afiliado de la UCR desde 1984. Mientras que Torres Bande intentó aparecer apenas como un profesional que se gana la vida, su relación con los neonazis es más que ocasional y deja abiertas serias dudas sobre qué hace un asesor íntimo del principal líder nazi argentino trabajando para oficiales de alto rango en actividad.
Torres Bande participó de modo prominente en el acto del 21 de septiembre de 2000 con que Biondini relanzó su carrera política. Como recordó Página/12 este miércoles, el abogado se sentó a la mesa montada en el palco del salón del hotel Castelar junto a “Kalki”, como se hace llamar Biondini, a su secretario de organización Ricardo Macciono, y a su invitado de honor, el “camarada” chileno Alexis López Tapia, referente del fantasmal congreso neonazi de Santiago. Torres Bande no estaba sentado en una de las butacas de la sala, mezclado entre los asistentes. Tampoco esperaba en los pasillos del Castelar por si la policía arrestaba a su cliente. Torres Bande estaba sentado en la mesa de honor, junto a los dos máximos directivos del Partido Nuevo Triunfo, junto al aliado extranjero más importante, junto a los tres militantes que sostenían los estandartes con el “7” del Crislam, la esvástica mocha que representa la variante Biondini del nazismo.
En su carta de renuncia, el abogado afirma que “no soy ni he sido apoderado de partido político alguno” y dice que sólo “es exacto que en distintas contingencias judiciales he dispensado asistencia jurídica al señor Alejandro Biondini y que hube de ser consultado por cuestiones inherentes al fuero Electoral.” Esta “normalidad” que Torres Bande quiere vender es desmentida por su mismo cliente: el día anterior al acto, el 20 de septiembre de 2000, Página/12 entrevistó a Biondini en su pequeña oficina en la Avenida de Mayo, para discutir el significado de la convocatoria. Al lado de “Kalki” estuvo en todo momento Torres Bande, que fue presentado con toda naturalidad como el apoderado del Partido Nuevo Triunfo. Ni en ese momento ni en el acto de la noche siguiente Torres Bande desmintió, calificó o relativizó el título que le otorgó Biondini.
La entrevista de Biondini fue extensa y Torres Bande siguió la conversación atentamente, escuchando sin discutir las ideas del líder del PNT. Al día siguiente, el abogado –desde su posición de privilegio en la mesa del palco– pudo ver a los asistentes cantar el himno con el brazo en alto en el saludo nazi, pudo ver a muchos de uniforme: camisa parda, brazalete rojo, blanco y negro, corbata negra. También pudo escuchar el ideario que expresó Biondini en su discurso: el Centro Simon Wiesenthal, una importante institución judía, es un “cenáculo de delincuentes”; su representante local es “ese sujeto con odio fanático”; los “nacionalistas” comenzaban a disfrutar “una primavera nacionalista” porque “estamos aquí” y “ni el centro Wiesenthal, ni el Inadi, ni el sionismo internacional han podido impedir que hoy estemos aquí”.
Como asesor letrado de Brinzoni y de los otros 622 oficiales que realizaron un pedido de hábeas data al CELS, Torres Bande debe haber disfrutado en particular de la cita que hizo Biondini del Plan Andinia, la apócrifa acta de un supuesto cónclave judío –o sionista internacional, como dicen los nazis que se cuidan de la ley antidiscriminatoria– que preparaba la toma de la Patagonia. “Cuando el ejército tenga combustible para dos días, esa será la hora”, leyó “Kalki”. Por si a Torres Bande le quedaba, a esta altura, alguna duda, la ceremonia terminó con la frase: “El PNT anuncia que comienza a trabajarse en nuestro país por el triunfo del cuarto estado, nacionalsocialista. No nos vamos a detener hasta ver nuestras gloriosas banderas flameando sobre la casa de gobierno”.
Como puede verse en los casetes de Crónica TV –que transmitió sin crítica ni comentario un acto nazi, como si fuera lo más normal–, Torres Bande escuchó y vio todo esto sin alterarse. No protestó, no se retiró indignado, ni siquiera se distanció de su cliente. De hecho, se quedó quieto en el sitio de honor, como quien comulga con las ideas expresadas, como lo haría un abogado que es presentado como apoderado del partido.
Lo que mantiene la pregunta: ¿Qué hace este “afiliado radical desde 1984” representando, si no al Ejército como institución, ciertamente a 623 de sus oficiales?

 

Hay que mirar televisión

El general Ricardo Brinzoni intentó explicar su “ignorancia” de las ideas de Juan Torres Bande aclarando que no había obtenido sus “antecedentes personales, religiosos y/o políticos” porque en el Ejército “no realizamos inteligencia interna”. Tampoco, al parecer, ven demasiada televisión: varias cámaras de televisión mostraron al abogado compartiendo la mesa directiva del acto junto a dos notorios líderes nazis argentinos y a uno chileno. Es más, Crónica TV transmitió el acto entero, desde la entrada de los estandartes hasta la promesa de un estado “nacionalsocialista”. El larguísimo bloque le valió al canal un sumario del Comfer, que estimó que se vulneró la ley antidiscriminatoria. La acusación fue cubierta por la prensa y fue furiosamente contestada por Crónica, en el aire y en el diario. Llama la atención que Brinzoni se perdiera el detalle de que el abogado que seleccionó por “sus antecedentes profesionales” para hostigar al CELS figuró en forma tan prominente en el acto de otro cliente. No hacía falta quebrar la ley y hacer inteligencia interna: bastaba mirar la tele.

 

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