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BUSCAN ABRIR UN CAMINO EN UN AREA PROTEGIDA DE CAMPANA
Asfaltando sobre la reserva

Parques Nacionales denunció
que una firma y el municipio
de Campana intentan abrir un camino que afectará una
reserva natural.

El camino 1 representa la propuesta de Parques Nacionales.
El 2, de la empresa. La zona grisada es la Reserva Otamendi.

Por Alejandra Dandan

Hasta ahora la fórmula parecía fantástica: un pueblo ecológico en venta, a la orilla del río Luján. Con esta promoción, una empresa privada salió al mercado a ofrecer terrenos para la construcción de un country en Campana. Las publicitadas tierras contarían con un acceso paradisíaco: la Reserva Natural Otamendi, uno de los últimos refugios del Plata habitado por especies exóticas. Todo funcionó bien hasta que el dueño de la reserva –esto es, el Estado– supo que el proyecto incluía la apertura de un camino, justo entre los animales. La Administración de Parques Nacionales, a cargo del área, denunció ayer que la apertura de ese camino es una “amenaza” para el ecosistema. Esa posición enfrentó a los funcionarios nacionales con el municipio de Campana y con la empresa, dispuestos ambos a desarrollar un proyecto considerado clave para el desarrollo urbano entre las islas del Delta.
La Reserva ocupa tres mil hectáreas de la zona norte del Delta. Y existe como tal desde que en el ‘90 la administración de Carlos Menem formalizó con el decreto 2149 las áreas destinadas a Reservas Naturales en todo el país. Cuatro años más tarde, por otro decreto, la orilla del río Luján se constituyó en uno de sus límites legales. Parte de los terrenos que bordean el río son requeridos ahora por los dueños del megaproyecto de viviendas con pretensiones ecológicas.
Se trata del proyecto Puerto Palmas, que promueve la empresa Brenna & Asociados. Para el emprendimiento es fundamental conseguir la apertura de un camino de doble vía, asfaltado y de 4500 metros lineales, desde el río hasta la entrada de las 300 hectáreas del complejo privado. Esta traza es un viejo camino de servidumbre abierto en 1903 y usado para el ganado por la familia Otamendi antes de la donación de las tierras. Ese camino ahora cerrado conecta la estación Río Luján con la ribera del río Paraná de las Palmas y fue declarado público por el gobierno provincial por un expediente de 1932.
Parte de ese marco legal es el argumento que esgrime la comuna local para exigir su reapertura. “Lo que se discute es la decisión de Parques Nacionales que cerró unilateralmente esa entrada”, protestó ante este diario Pedro Orquiguil, secretario de Gobierno. La Municipalidad pide la apertura además para darle “paso terrestre a las treinta familias que viven en 1800 hectáreas frente al río que han quedado encerradas desde la construcción de la Reserva”. El único camino de salida usado por esos pobladores es, según la comuna, el intempestivo río.
Para Parques, en tanto, la discusión es distinta. Daniel Somma, director de Conservación de Areas Programáticas de Parques Nacionales, precisó en su denuncia que la Reserva está dispuesta a ceder como opción un camino alternativo. Ese tramo se abre desde la entrada llamada Islas Malvinas, uno de los bordes periféricos de la Reserva. La reapertura del otro generaría un alto impacto ambiental: “Abrir allí el camino para el tránsito, asfalto y terraplenes –explicó Somma– corta el drenaje natural de los cursos de agua”. Pero además, según los estudios técnicos, ese camino barrería tanto la traza de yacimientos arqueológicos precolombinos como la existencia aún precaria de especies que apenas sobreviven en la región. “Se modificaría de manera terminal la dinámica de los pajonales y la definición de los sitios del lobito de río, gato montés, carpincho y nutrias pero sobre todo peligrarían dos especie singulares como el ciervo de los pantanos y un extraña ave conocida como pajonalera de pico recto”, insiste Somma.
Desde hace años, en la Reserva, un grupo de Parques Nacionales y otro equipo a cargo de Jorge Reale, un arqueólogo de Campana, buscan entre los sedimentos pegados al río restos de los indios pampas y tehuelches. Han encontrado allí puntas de flecha, vasijas rudimentarias y materiales de esas organizaciones recolectoras, habitantes ancestrales de las viejas extensiones del Otamendi. La Administración de Parques Nacionales conoció el proyecto de Puerto Palmas en el ‘99. Los responsables del empredimiento nunca obtuvieron de la Reserva autorización para la apertura buscada de la traza. De todos modos, en las publicidades siguieron anunciando el country ligado a ese espacio abierto sobre los márgenes del Plata. “Acá cerraron el proyecto con la provincia y nos largaron a nosotros el paquete terminado”, se quejó una fuente de Parques. De acuerdo a esta fuente, las tierras sobre el río habrían sido compradas a 25 y 50 centavos el metro cuadrado y “ahora las venden a 700 pesos”.
Aunque Parques considera negativo todo movimiento cercano, está dispuesto a entregar para el desarrollo del proyecto urbano uno de los extremos de la Reserva, cuyo traspaso se considera menos perjudicial. Para negociar esta posibilidad fue convocada una audiencia pública que se hará el próximo miércoles en Campana.

 


 

INSOLITA PRESENTACION DE UN SINDICATO POLICIAL
El gremio donde gana la lista azul

Conformaron su comisión directiva, aprobaron su estatuto y presentaron su pedido de personería gremial ante el Ministerio de Trabajo. Ayer, quedó formalmente cumplido el trámite para constituir el sindicato con la presentación por mesa de entradas. El trámite es el habitual para todo gremio. El gremio, no: el pedido corresponde a representantes del primer sindicato de suboficiales y agentes de la Policía Federal. Según sostienen sus dirigentes, tanto el ministro de Interior, Ramón Mestre, como el jefe de la Federal, Rubén Santos, fueron notificados en tiempo y forma. “Me parece un verdadero disparate”, respondió Mestre. En la Federal descreen o niegan la posibilidad de su existencia. “Las leyes policiales, la Constitución, la Ley de Contratos de Trabajo excluyen toda posibilidad de un sindicato policial”, aseguraron en el Departamento Central. “Somos muchísimos”, se envalentonó ante este diario el secretario general del poligremio Héctor Rampoldi.
“No somos un movimiento. No tenemos el objetivo de desconocer las jerarquías de la institución. No estamos para eso –aclaró cuidadosamente Rampoldi a Página/12–. Lo que queremos es unirnos en beneficio del que trabaja. Todo empezó con charlas entre amigos, comentarios sobre nuestros problemas. Hasta que un día nos dimos cuenta de que éramos muchos. Entonces nos preguntamos por qué no darle una forma institucional. Y decidimos crear el sindicato.”
El 28 de abril pasado, el Sindicato Unico para el Personal Subalterno de la Policía Federal Argentina notificó su creación al ministro de Interior, Ramón Mestre, y al jefe policial, Rubén Santos. “No queríamos faltar el respeto”, dijo Rampoldi. Este diario consultó a Mestre, quien aseguró no estar enterado. De todos modos, clarificó: “Me parece un disparate”.
“Nosotros somos trabajadores, como cualquier trabajador”, aseguran en el sindicato en trámite. En el Departamento Central no coinciden. “Las leyes Orgánica y del Personal Policial prohíben reclamos grupales –explicó el comisario mayor Eduardo Prados, director de Planificación–. Cualquier queja debe seguir los carriles administrativos, en forma individual. El reclamo grupal es considerado una falta. Colisiona con la disciplina. Incluso la Constitución o la Ley de Contrato de Trabajo nos excluyen expresamente. Es cierto que a cualquiera le gustaría que le cambiaran la vivienda, le aumenten el sueldo, el trato con los deudos, las condiciones de trabajo. Pero no es posible legalmente. Habría que cambiar toda la estructura legal de la institución y las leyes laborales que nos excluyen con razón: es inimaginable un paro de policías armados. No es un contrato de trabajo cualquiera.”

 

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