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Dos loros presos y 24 policías en cuarentena

Por una denuncia
de maltrato, la policía secuestró a dos loros.
Uno tenía psitacosis. Y
24 agentes terminaron con tratamiento. A los loros les fue peor: los sacrificaron. Hay una causa judicial, con secreto de sumario y todo.

Por Horacio Cecchi

El operativo de los federales se realizó el 23 de mayo con completo éxito, pero se mantuvo en el más hermético silencio hasta ayer. Aquel día, en sigilosa y ordenada formación, los uniformados tomaron por asalto una vivienda –con orden de un juzgado penal–, en zonas aledañas al ex ferrocarril Urquiza, en Chacarita, y capturaron a los dos sujetos in fraganti. Los sospechosos, dos loritos, fueron inmediatamente alojados en la División Urquiza de la Federal y mantenidos bajo estricta custodia. Después de estudios varios, el Instituto Pasteur determinó que uno de los detenidos portaba el mal de la psitacosis. Casi la totalidad de la División Urquiza quedó en cuarentena. Finalmente, el Pasteur decidió la suerte de los dos loritos bajo el rigor de la eutanasia. Ayer, la confusión había llegado al extremo: mientras una asociación vecinal protestaba frente al Pasteur, las fuentes policiales alegaban secreto de sumario y las judiciales rechazaban como norma todo tipo de consultas. Todos, en definitiva, hicieron mutis por el loro.
Pese a que el caso se evidenció complejo desde el inicio, Página/12 obtuvo la verdad de los hechos de una alta y fidedigna fuente que exigió el más estricto off the record. “La cosa empezó el 21 de mayo”, citó la fuente. Ese día, la Asociación Sensibilidad presentó una denuncia en la División Urquiza, dependiente de la Dirección General de Seguridad del Transporte, de la Federal. El objetivo eran dos loros, instalados “en un predio habitacional junto a personal ferroviario”, susurró la misma fuente. Según Sensibilidad, los parlanchines eran víctimas de maltrato. “Infracción a las leyes 14.346, de protección a los animales, y 22.421 de protección y conservación de la fauna silvestre”, agregó una fuente cercana a los Tribunales.
Inmediatamente, como corresponde, tomó cartas en el asunto la Justicia penal, por intermedio del Juzgado Correccional 5, a cargo de la doctora Elena Frilocchi, secretaría 73 de Claudia Cavalieri. Los reflejos fueron inmediatos: ese mismo día, los hombres de la División Urquiza contaban con la correspondiente orden de allanamiento. Una comisión rodeó la zona, y previa inteligencia, y a la voz de “ahora”, tomaron por asalto el lugar, sorprendiendo a los dos plumíferos en plena conversa. Fue imposible determinar si, en el mismo operativo, resultó identificado algún humano ferroviario.
“Los alojaron en la División”, reconoció otra fuente, ésta policial pero a regañadientes y sin detallar si fueron sometidos a interrogatorio. “Pero enseguida fueron derivados al Pasteur, siempre por orden del juzgado”.
En el Pasteur, los sospechosos acusados de víctimas pasaron por todos los análisis posibles. Extrañamente, tras las correspondientes fórmulas veterinarias, ambos fueron devueltos a los hombres de la División Urquiza.
–Los devolvieron –señaló apesadumbrado una fuente cercana a la Urquiza–. No andaban sueltos. Quedaron alojados en una jaula.
–¿Cuánto tiempo?
–Unos cuatro días... y hubo que alimentarlos y todo.
Al término de ese plazo, la investigación en el Pasteur arrojó resultados positivos. Uno de los detenidos, cuyos datos no fueron revelados por las autoridades, padecía psitacosis. “Es una forma rara de neumonía con alta temperatura”, revelaron altas fuentes veterinarias. “Si no se la trata con antibióticos, en algunos casos puede ser mortal”, descerrajó.
“Los loros, en libertad, pueden portar la bacteria –explicó Oscar Lencinas, interventor del Pasteur, y única fuente que admitió ser citada– Cuando los enjaulan se estresan, bajan sus defensas y pueden contagiar a personas desnutridas.” La suerte de los alojados tenía dos caminos: recibir un tratamiento o la eutanasia. “No estaban dadas las condiciones del primero”, aseguró elípticamente la fuente veterinaria. Entretanto, con nervios de acero, la División Urquiza se decidió por la prevención y declaró a casi todo el personal en cuarentena. Veinticuatro policías, incluyendo jerarquías, fueron objeto de chequeos en el Churruca.
“Hasta ahora no hay alarma. Todos ilesos”, aseguró después de ser chequeada una jerarquía.

 

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