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ANTICIPO EXCLUSIVO: LA BIOGRAFIA DEL GENERAL BOLIVIANO HUGO BANZER SUAREZ
El dictador elegido

Después de una investigación de cuatro años, que incluyó más de 100 entrevistas y la consulta de ocho mil documentos (en su mayoría inéditos), se publica esta semana en Bolivia y la próxima en nuestro país �El dictador elegido� (Plural-Continente), biografía de Hugo Banzer, escrita por el periodista argentino Martín Sivak. Aquí, algunos pasajes.

Hugo Banzer, calvo, demacrado y disminuido, se despidió el lunes de la presidencia de Bolivia.

Por Martín Sivak

“Personalmente, tengo una filosofía: al amigo, todo; al indiferente, nada; y al enemigo, palo.” Esta es una de las frases de cabecera de Hugo Banzer Suárez, el único dictador latinoamericano que consiguió retornar a la presidencia por la vía democrática: en 1997 ganó las elecciones con el 22 por ciento de los votos. El lunes pasado renunció por un cáncer de pulmón con metástasis en el hígado y no cumplirá el último año de mandato constitucional. Entre el joven coronel que golpeó hace 30 años (21 de agosto de 1971) y el anciano enfermo, una historia de represión, asesinatos por encargo, narcotráfico, caprichos, corrupción, nepotismo y el fallido intento de gestionar en democracia.

La Argentina: segundo hogar

Como estudiante del Colegio Militar de Buenos Aires, en 1946, Banzer le hacía morder el polvo a Antonio Domingo Bussi al grito de “¡Bussi, carrera march!”. El 19 de diciembre de 1946, recibió en manos de Juan Perón el sable de egresado. “Ni el sable con que vais a ser armados ni el grado que ostentáis constituyen de por sí la autoridad que debéis investir. Esta debe ser conquistada por cada uno de vosotros en el orden moral y espiritual.” Banzer suele repetir esa frase.
La Argentina, por sus amigos militares, el aprendizaje de los piropos y las mujeres, se transformó en su segunda casa. Su golpe de 1971 fue cofinanciado por la dictadura de Alejandro Agustín Lanusse, que aportó 200 millones de pesos argentinos en armas, según una serie de leyes secretas sancionadas entre 1966 y 1973. Entre sus amigos argentinos figuraban Alberto Villar, el organizador de la Triple A, Albano Harguindeguy, Alvaro Alsogaray y Jorge Rafael Videla.
Con la última dictadura militar la relación fue más estrecha aún: socios en la Operación Cóndor, intercambiaron prisioneros y fueron aliados regionales. En medio del conflicto argentino-chileno por el canal del Beagle, Banzer se reunió en secreto con Videla para informarle que Chile había fortificado su frontera y que había puesto minas en Arica, según reveló en una entrevista el entonces ministro del Interior Juan Pereda. El Estado Mayor chileno llegó a la conclusión de que un eventual conflicto debía trabajarse con HV3, la hipótesis vecinal según la cual un eje tripartito contra las fronteras chilenas se organizaría a partir de Argentina y Bolivia.
La participación directa de militares y paramilitares argentinos en el narcogolpe de Luis García Meza, en julio de 1980, fue gestionada ante Videla por Banzer, quien iba y venía de Santa Cruz a Buenos Aires. En público, el entonces dictador argentino dijo: “Entonces hemos visto con más simpatía la existencia de un gobierno militar porque no queremos tener en Sudamérica lo que significa Cuba para Centroamérica”.
En 1985 Banzer afirmó que su partido, Acción Democrática Nacionalista (ADN) –fundado en 1979–, había tomado como modelo a la Unión del Centro Democrático (UCeDé, el partido de Alsogaray).
Menem quiso continuar con las buenas relaciones argentino-bolivianas: en 1997 le prometió a Banzer que le regalaría uno de los aviones Tango. Quien hizo la gestión, en un encuentro de presidentes en Paraguay, fue Alberto Kohan. Pero el Congreso de la Nación, finalmente, no autorizó el presente. Como presidente constitucional Banzer visitó la Argentina en febrero de 1998. Fue todo de maravillas hasta que de casualidad se cruzó en la Corte Suprema de Justicia con Hebe de Bonafini. “Asesino, dictador, asesino”, le gritó.

La dictadura: de puño y letra

Un documento revelador sobre cómo combatir a la guerrilla, firmado por Banzer en 1972, es uno de los pocos textos “metodológicos” de dictadores en ejercicio.
u Objetivos de Orden político militar: “1. Destruir la organización político-administrativa insurgente. 2. Aniquilar las fuerzas militares Insurgentes (Las mayúsculas son del autor). 3. Aislar nuestro territorio de países hostiles. 4. Apoyar al gobierno nacionalista”.
u En el apartado “aniquilar las fuerzas militares Insurgentes”, escribió: “Aniquilar a todo elemento extranjero que se compruebe su participación en actividades subversivas. Aniquilar a todo exiliado castrista que se compruebe su participación en actividades subversivas”.
u El punto 3 –“Aislar nuestro territorio de países hostiles”– es una clara aplicación de la doctrina de la seguridad nacional: “Acción decidida para el control de las fronteras, particularmente de Chile, Perú y Argentina en orden de prioridades; utilizando todas las organizaciones campesinas en coordinación con la Aduana Nacional, la GNSP., DIC., FF.AA. y partidos políticos. Todas las agencias gubernamentales están en la obligación de cooperar a la seguridad nacional”.
Las recomendaciones de Banzer fueron aplicadas durante sus siete años de dictadura (1971-1978). En el libro Nunca Más para Bolivia, el padre jesuita Federico Aguiló señaló que durante el banzerato se registraron 39 asesinatos políticos, 429 muertos en enfrentamientos y masacres y 100 torturados que salieron con vida (25 murieron antes o después de la tortura), 3059 detenidos, 1259 residenciados y confinados.

El general, según EE.UU.

Otro documento inédito y desclasificado hace pocos años fue preparado para la histórica visita de Henry Kissinger a Bolivia en junio de 1976. Es un curioso perfil de Banzer elaborado por el Departamento de Estado: “El presidente Banzer es un hombre pequeño que se para bastante erecto y tiene una compostura impresionante. Es amistoso, informal pero digno, y negociador. Conoce y le gustan los Estados Unidos y se ha desviado de su camino en varias oportunidades para demostrar su adherencia al liderazgo de EE.UU. en este hemisferio y en el mundo (...) El presidente Banzer es del área de Santa Cruz y fue apoyado en su movimiento revolucionario de 1971 por intereses políticos y económicos en Santa Cruz. Como tal, tiene obligaciones con este grupo, particularmente desde que ha indicado repetidamente que volvería a vivir en Santa Cruz luego de su alejamiento de la presidencia, en una fecha no especificada. Este es un punto importante ya que mucha gente cree que Santa Cruz es el centro para el tráfico de cocaína (...) Su esposa Yolanda es una mujer pesada, de piel oscura y apariencia simple, que no es particularmente sociable. Es la cabeza de un programa de acción social y por lo tanto está interesada en cualquier asistencia que pueda obtener para hospitales, clínicas, orfanatos y hogares de ancianos. No habla inglés y no ha sido amistosa con la comunidad diplomática extranjera. Sus relaciones con el Presidente, según se dice, son ahora satisfactorias, aunque en el pasado reciente fueron evidentes las dificultades por las atenciones de él hacia otra mujer”. (Confidencial)

El narcotráfico

UNO “Los mayores traficantes de narcóticos siguen operando con impunidad desde Bolivia, principalmente en el área de Santa Cruz. Estos individuos a menudo gozan de lazos familiares, políticos o de negocios con destacados oficiales del gobierno”, dice el Departamento de Estado, insospechado de querer perjudicar a Banzer. Su responsabilidad como gobernante en la inauguración de la veta blanca en Bolivia la certifica el quiebre histórico en el aumento de la producción. La producción de las hojas de coca aumentó de 6800 toneladas en 1971 a 16817 en 1977, lo que significó la elaboración de 62 toneladas de sulfato de cocaína que produjeron una ganancia de 300 millones de dólares a los traficantes. Hay que añadir los distintos estímulos desde el Estado a sectores de la burguesía cruceña que se dedicaron al narcotráfico de manera encubierta.
dos En enero de 1980 el jefe de la policía antidroga, mayor Carlos Fernández, recibió un llamado anónimo. Con esa pista y acompañado por un pequeño comando llegó hasta la hacienda “El potrero”. Encontró 300 kilos de pasta base y uniformes militares que, según testimonios de vecinos, eran utilizados por los choferes de los camiones que transportaban las hojas de coca hasta la prensa. El dueño de la propiedad era Hugo Banzer. “Están usando ilícitamente mi hacienda”, se defendió días después. Publicó grandes desplegados en los diarios en los que responsabilizó a “unos narcotraficantes”.
TRES A fines de junio de 1985, cuando aún no estaba definido quién sería el futuro presidente de Bolivia y Banzer tenía chances, hubo una reunión en la hacienda de Norberto Suárez, el rey de la coca. Estaban el anfitrión y Alfredo Arce Carpio, jefe de la bancada de diputados de ADN y mano derecha de Banzer por 25 años. Todo el encuentro fue registrado por una cámara oculta. El rey de la coca reconoció haber contribuido con 200 mil dólares a la campaña electoral de Banzer. Dijo que el problema fundamental era el blanqueo de dólares y que debía ser resuelto por técnicos en la materia. Arce Carpio lo tranquilizó: “Si somos capaces de crear mecanismos legales para que este dinero se incorpore a la economía, sería como dar luz verde a vuestra producción (...). Si creamos instituciones económicas, un sistema financiero para que el dinero sucio se convierta en dinero limpio, habremos logrado que el comercio funcione. No se trata de inventar un sistema económico para usarse una sola vez, sino en forma permanente”.
CUATRO En 1990, cuando el líder del partido Unión Cívica y Solidaridad Max Fernández dijo que tenía pruebas de que Banzer se dedicaba al narcotráfico, el ex dictador lo fue a buscar. “Desenfundé mi revólver –contó Banzer–, se lo mostré al señor Fernández, y le dije: ‘La dignidad no se negocia con maniobras políticas ni gubernamentales; ni siquiera ante el juez; se lava de otro modo.” Según Fernández, Banzer disparó un par de tiros al aire.

La fortuna

Una carta de su medio hermano Enrique Banzer Guzmán dirigida al ex dictador en 1999 señala: “Ahora que se han tergiversado los hechos y se han dado vuelta los papeles; por extrañas e irreflexivas razones de imagen, pretendes olvidar el desamparo y la pobreza que sufriste”.
Desde que llegó al poder en 1971 Banzer multiplicó su patrimonio. En Bolivia tiene una finca en San Javier, un departamento en la avenida Arce, una casa en el barrio de Irpavi y una mansión en Santa Cruz, que según su ex candidato a la vicepresidencia de 1985 Eudoro Galindo vale medio millón de dólares. En Argentina, un penthouse de Callao y Juncal en Buenos Aires, en el coqueto edificio Los Galgos, que vale cerca de 300 mil dólares. En Miami, otro departamento de veraneo. Hay que añadir cuentas bancarias, ganado y, en distintos momentos, acciones financieras en los diarios El Deber y Hoy, en el Banco Santa Cruz de la Sierra y en la Radio Progreso.

Reciclaje y retorno

Banzer no volvió al poder como el dictador despiadado, sino como el demócrata recibido en un curso acelerado de las Pitman. Trocó las chaquetas militares por los sacos oscuros, enterró su filosofía de “al amigo, todo; al indiferente, nada; y al enemigo, palo” por azucaradas palabras de abuelo tierno. Esa fue su genialidad: reinventarse (...) Ha sido muy hábil en un punto: adueñarse del mote de demócrata. Un comunicador social lo llamó “el viabilizador de la democracia”. El “viabilizador” quiere presentar a su ADN como sinónimo de democracia. Los hechos lo desmienten. En 21 años de existencia Banzer resolvió todo a dedo, hasta que en septiembre de 2000 realizó la primera elección interna de su historia. Debió suspenderlas por las denuncias de fraude de los propios adenistas.
(...) Banzer volvió a la presidencia con ministerios que se repartieron como botines, embajadas que valieron el triple que otras y la miserable pelea por los cargos menores. Esa es otra de las paradojas de Banzer. En 1971 se convirtió en el sepulturero de la Bolivia revolucionaria porque tenía bien claro contra quién y con quién iba a gobernar. En agosto de 1997 terminó su carrera política: una caricatura de lo que fue comenzó a pasearse errática por los pasillos del Palacio Quemado. (...) Ausencia de plan, pugnas con sus aliados y en su partido, pésimos resultados económicos, corrupción, nepotismo, incapacidad para resolver los conflictos sociales, los coletazos de la Operación Cóndor.
“Banzer ha tenido la suerte de tener muchos familiares muy calificados para que lo colaboren en el gobierno democrático: en funciones de mucha responsabilidad, diez; de responsabilidad relativa (que no sean ministros o directores nacionales), cuarenta”, dijo, en una entrevista para este libro, Luis “Chito” Valle, el esposo de la hija del ex dictador Patricia Banzer. Valle, quien se considera uno de los familiares “muy calificados”, durante la dictadura de Banzer fue nombrado encargado de negocios en Canadá, pero tuvo que volverse por un caso de narcotráfico. Los escándalos mayores de Chito se registraron durante su gestión de dos años y medio en la Prefectura de La Paz (intendente elegido por Banzer). Proliferaron los “chitocasos”. Un ejemplo: el “chitodormitorio”. Valle se hizo construir una lujosa alcoba en la prefectura. Los muebles fueron adquiridos, mediante adjudicación directa, a la empresa Occidental Bolivia, regenteada por el tesorero de ADN, Víctor Hugo Delgadillo. Su costo fue de 99.149 dólares. Para el dormitorio, destinó el 10 por ciento de la partida: despuntó la compra de un ropero de tres cuerpos por 3500 dólares y un colchón Simons de 1200 dólares (“reduce la presión sobre la espalda, las nalgas y las pantorrillas”), entre otros.

 

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