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LA ULTIMA ENTREVISTA DE JORGE AMADO A UN MEDIO EN ESPAÑOL
“Yo nunca me consideré un literato”

El 13 de febrero de 1998, el escritor brasileño recibió a Página/12 en su casa de Río Vermelho, en Bahía. Allí habló de sus autores favoritos, los problemas sociales de su país y los prejuicios que siempre despertó su obra, en una charla hasta ahora inédita.

Lo acusaron de ofrecer una
idea �exótica� de Brasil.

Por José Vales

El encuentro con Amado se retrasa un poco más de 24 horas a causa de una pequeña recaída. Aun así la espera se presenta como una excelente oportunidad para comprobar cuáles fueron las razones del fenómeno Amado desde que en 1931, con sólo 19 años de edad, publicó su primer libro, El país del Carnaval (en el que vaticinó cuál sería la idiosincrasia y la estética brasileñas de la segunda mitad de siglo), para comenzar a convertirse en un escritor de masas. El secreto de Amado reside en las calles y en cada uno de los bahianos. En los pobres y en las mujeres que ejercen el más viejo de los oficios (entre las que se encontraba, según el autor, “el más grande amor de mi vida”, María Paz). En el autoritarismo remanente de los coroneles y en el hambre de los mendigos. En cada borracho buscando la última gota y en sus políticos de corte populista como lo fue Mundinho Falcao en Illeus, la patria chica de Gabriela y Nacib. El secreto es su pueblo.
La entrevista tiene lugar, finalmente, en su atalaya de Río Vermelho, donde vive desde hace 35 años y desde donde observa todo lo que pasa en esa ciudad, útero cultural de Brasil. El mismo aroma a acajaré y a aceite de dende (palma) que impregna todo en Bahía llega de la cocina. La sala está colmada de estatuillas africanas y asiáticas y de imágenes de los dioses del candomblé, religión a la que ayudó a oficializar en su corto período como diputado en los años del Estado Novo varguista y por la que recibió el beneplácito de ser erigido como Oxa de Xangó, la máximo a lo que se puede llegar en esa religión de origen africano. Está en cueros, de entrecasa, conversando con esfuerzo, recordando con sacrificio. Pasa el tiempo paseando por el jardín cubierto junto a su inseparable esposa, Zelia Gatai, y a Fadul, su perro pug al que bautizó con el nombre del personaje de Tocaia Grande, o haciendo planes.
–Hay muchos personajes todavía y miles de historias por contar. Pero ahora estoy parado. No estoy escribiendo, pero lo haré en breve.
Con medio centenar de libros y traducido a 48 idiomas –sólo en Rusia llegó a vender más de 12 millones de ejemplares–, considerado uno de los máximos exponentes de la Generación del ‘30 o el “Realismo Socialista” junto a escritores como Jorge Lins Rego, Alcides Juramdir o Enrico Veríssimo, Amado se convirtió en el escritor brasileño más famoso y premiado en todo el mundo. En Brasil parece ser víctima de haber alternado literatura y política: la elite no le aceptó jamás la conjunción de ser best seller y comunista. Uno de los críticos más respetados de Brasil, Wilson Martins (autor de Historia de la inteligencia brasileña), lo acusó de exportar al mundo “la idea exótica de que Brasil es una isla de los mares del sur, donde la gente va en tanga con arcos y flechas cazando por la avenida Río Branco”.
–¿Qué opina de los conceptos sobre su trabajo planteados por Martins?
–Es la opinión de él y por cierto muy respetable. Yo siempre escribí lo que quise sin limitaciones de ningún tipo. Durante muchos años debí luchar contra los preconceptos del PC, por ejemplo en el Congreso cuando debí defender la libertad de cultos en una bancada atea. Nuestras elites son extremadamente preconceptuosas y a esta altura de mi vida no les presto atención. Yo nunca me consideré un literato, sino un novelista profesional sin abandonar mi posición al lado del pueblo, de los que sufren. Creo haber reafirmado mi posición y mi compromiso en todas las circunstancias.
–¿El hecho de ser popular, de que algunas de sus obras fueran convertidas en telenovelas, lo enfrentó aún más con la crítica?
–Cuando un libro es malo, una crítica mala lo termina destruyendo. Pero cuando es bueno, una crítica igualmente mala no lo afecta. Además, nadie mejor que yo conoce mis limitaciones como escritor.
–¿Qué espacio ocupa su obra en el marco del denominado boom de la literatura latinoamericana?
–La literatura latinoamericana como tal para mí no existe. Esa afirmación es falsa. Existen literaturas nacionales que no forman un bloque. Son muy diferentes entre sí, unas más próximas, otras más distantes de los problemas de la gente.
–Ha figurado en la nómina de candidatos al Nobel. ¿Cree que de llegar a obtenerlo los críticos locales modificarían su posición?
–No veo por qué tengan que cambiar. Vea, una vez un crítico con ánimo de ofenderme dijo que yo era un escritor de putas y vagabundos. Nunca escuché una verdad tan grande. Soy un novelista de putas y vagabundos y de los que sufren cualquier tipo de discriminación y de las causas dignas del hombre. De eso me siento orgulloso.
Llega el desayuno y aprovecha para apoyarse en la memoria de Zelia, también escritora. Se muestra radiante por el próximo debut televisivo del otro miembro de la familia, Fadul, quien participará en la telenovela más popular de la red Globo haciendo pareja con la mascota de la protagonista. También confiesa su amor repartido entre el Ipiranga (club de la Liga Bahiana) y el Botafogo de Mané Garrincha y habla de los cambios políticos que vivió el mundo en los últimos tres lustros. Se niega a opinar sobre el travestismo ideológico de algunos escritores latinoamericanos amigos suyos como Mario Vargas Llosa: “Cada uno tiene su manera de ser y de ver las cosas y el derecho a reaccionar como mejor le parece. Las personas somos muy diferentes las unas de las otras”. Se queja de la edad, de la vejez, pero si algo tiene de bueno es la oportunidad de hacer un balance. Desde adolescente, cuando amanecía en los bares de la ciudad Baixa amamantándose de las tertulias literarias, se le reconoce un gran poder de lectura. Devorador de clásicos, admite su preferencia por Cervantes, Gogol, Zola, Dostoievsky, Tolstoi, Joyce y Dickens, deja afuera a Flaubert o Balzac y confiesa que quienes más influyeron en su trabajo fueron Gorki y el propio autor de El hijo de la parroquia. “A Dickens le debo la influencia del humor que volqué en buena parte de mi obra y su sensibilidad para contar historias de marginados”, asegura, y manifiesta su fidelidad a Steinbeck, cuya obra “me ayudó enormemente” como Las uvas de la ira o Tortilla Flat.
–¿Y de los latinoamericanos?
–¿Cómo responder a eso? Cometería una injusticia si cito a unos y me olvido de otros.
–Usted fue testigo de muchos de los momentos cruciales de la historia de este siglo y frecuentó a muchos de las actores preponderantes en sus respectivos países. ¿Avala la tesis de, que a pesar del nuevo orden mundial, el pasado fue mucho más positivo?
–No, no creo en esa historia de que el pasado fue mejor. Comience a explorar el pasado y también descubrirá cosas terribles. Hoy me siento feliz de ver que la sociedad tiene mucho menos preconceptos contra los cuales luché en mi época de militante. Eso es un avance enorme, aunque hoy tengamos cada vez más miseria y exclusión.
–Si los problemas sociales son hoy tan o aún más acuciantes que en su época de militante, ¿cree que todavía la militancia tiene sentido, volvería a hacerlo si, digamos, tuviese 20 años?
–Claro que sí. En su momento yo entré en una lucha interior entre el escritor y el militante. Cuando fui diputado, no podía casi escribir. Debí optar y acá estoy.
–En sus libros se observa que usted resaltó diversos aspectos de la problemática social aún hoy vigentes. Pienso en Capitanes de arena y la situación de la infancia en Brasil y en otras partes del mundo es aún peor que entonces.
–Evidentemente el problema de la niñez empeoró. En su momento yo me proponía denunciar las penurias de los niños de las calles, pero 60 años después vemos que el problema se agudizó. Y se agudizó sobre todo por el incremento del consumo de drogas que en aquel tiempo no tenía influencia sobre los menores.
–Aun así, ¿sigue siendo optimista sobre el futuro de Brasil?
–Mucho... y cada vez más.

 

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