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OPINION
Por Sergio Moreno

Las pulseadas por el cierre
de listas en la Alianza y el ARI
fueron diferentes, pero igual dejaron heridos. Ibarra juega algo que no estaba en juego. Las bolillas negras del PSD. Liliana Chiernajowsky afuera. Chacho y Lilita Carrió.
Scioli, candidato de De la Rúa.

COMO FUERON LAS NEGOCIACIONES
Listas o no tan listas

El imprescindible ritual del cierre de listas de candidatos para las elecciones legislativas del 14 de octubre no ha escapado a la mayor crisis de mediación entre la sociedad y el poder que atraviesa la Argentina desde la recuperación democrática de 1983. La política y los políticos, obligados actores centrales de dicha mediación, han tejido sus coaliciones respetando necesidades, en algunos casos, tomando riesgos, en otros, desechándolos, en varios, pero todos, todos, sabiendo que el electorado argentino, agobiado por la crisis económica, la decepción, la falta de confianza en el sistema y carente de esperanzas, lejos está de congratularse con este comicio (este en particular).
He aquí un curioso comportamiento que no solo no escapa a este estado de ánimo generalizado sino que lo remarca: los partidos grandes y establecidos, los que menos conmueven los espíritus de la gente pero, oh paradoja, tienen más chances de acumular diputados y senadores en el Parlamento –el peronismo, la Alianza en los distintos distritos, y los partidos provinciales– cerraron sus nóminas en la mayoría de los casos con más de 24 horas de antelación. Contrariamente, los partidos o coaliciones en formación, paridos a la luz de la crisis de representación, del cansancio de un gran sector de la sociedad, el ARI y el Polo Social (con sus grandes diferencias), se debatían al cierre de esta edición en la pulseada por incorporar y arrancar de sus listas uno que otro pretendiente de uno que otro sector.
El Gobierno nacional miraba con desdén esta liturgia de la que fue expulsado ante la defección de sus hombres en distritos claves para su lucimiento público: la Capital Federal, donde Rodolfo Terragno se dio el gusto de ganarle al propio Presidente en su patria chica, y la provincia de Buenos Aires, donde la estructura del radicalismo es abiertamente hostil al Golem en que devino el Gobierno nacional, otrora de la Alianza.
No obstante, hay algunos funcionarios que, conocedores del oficio, mueven sus mesas de arena para obtener algún rédito el 15 de octubre o algunas semanas después. Allí encuadran al conteo por senador que obtendrán en todo el país –que mejorará en número a la bancada actual (a pesar de que nada dicen de las posiciones que sostendrán esos mismos senadores cuando deban votar en el recinto)–, y ese engendro en ciernes dado en llamar plebiscito para abaratar los costos de la política, una consigna más pertinente al CEMA, FIEL o cualquier autoritarismo que al de una clase dirigente necesitada de recobrar el favor popular (lo que podría lograr tomando medidas que favorezcan a la población y no a los intereses que defienden el CEMA y FIEL, por ejemplo).
El triunfo de Terragno en la interna radical porteña no sólo agrió el humor –ya de por sí económico– del Presidente y sus laderos; fue, además, un revulsivo en el Frente Grande de la Capital. Producido dos días después de la decisión de Elisa Carrió de no candidatearse a senadora por este distrito –que mantuvo a pesar de las presiones en contrario de los socialistas–, la victoria terragnista instaló un sentimiento de euforia en el viejo Palacio Municipal: ahora, con un candidato de discurso respetuoso del de aquella Alianza de 1997-99, y la ausencia de Lilita (preferida absoluta según los sondeos contratados hasta el momento), el triunfo estaría al alcance de la mano. Tal certeza impulsó a Aníbal Ibarra a ubicar a su hermana, Vilma, presidenta de la comisión de hacienda de la Legislatura porteña y una de sus operadoras cruciales, secundando a Terragno en la boleta. “Quiero a alguien mío en el Senado”, dijo Ibarra cuando cerró la polémica desatada entre sus colaboradores sobre la postulación de Vilma.
Antes de que Lilita rechazara su no-nata candidatura y Terragno dejase fuera de carrera a las mesnadas de Fernando de la Rúa, la estrategia planificada en la jefatura de Gobierno porteño era bien otra. Ibarra había optado por sobrevolar las elecciones, reconcentrarse en la gestión y bendecir a todas y cada una de las listas que respetasen la letra de la”Alianza original” y tributaran al “espacio de pensamiento progresista” de la Ciudad. De esa manera, el ex fiscal obtendría siempre un triunfo electoral. La excepción la hubiese constituido si alguna expresión explícitamente contraria al Gobierno porteña hubiera ganado la elección, esto es, Gustavo Beliz o el menemista Daniel Scioli.
En ese tiempo, dos importantes operadores del jefe de Gobierno se lanzaron a convencerlo sobre la necesidad y los beneficios que obtendría Ibarra si rompía la Alianza y llegaba a un acuerdo con el ARI de Carrió y Alfredo Bravo, antes de las elecciones. Ibarra desechó tal alquimia y optó por el apoyo ecuménico a todos los progresistas porteños. Hasta imaginó una nómina de peronistas progresistas a la que también patrocinaría. Alberto Fernández, referente del matrimonio Kirchner en la Capital, llegó a conversar tal posibilidad con el jefe de Gobierno. Pero Ibarra truncó la iniciativa: si Cristina Fernández de Kirchner no se candidateaba a senadora por esta ciudad, el intento carecería de sentido.
El escenario varió, los operadores ibarristas –ambos legisladores porteños– cambiaron de opinión, y el ex fiscal dispuso que su hermana acompañe a Terragno. Así, Ibarra pone en juego algo que no estaba en juego: una parte importante de su futuro político. Con la estrategia anterior, Ibarra hubiese ganado sea cual fuera el ganador –con las excepciones anteriormente mencionadas, que realmente no tenían demasiadas chances de concretarse–, y hubiera mantenido un lugar de privilegio entre las fuerzas triunfadoras de la elección. Ahora, juega su apellido. Tiene posibilidades de triunfar, es cierto –dos encuestas dan ganador a Terragno por apenas dos puntos– como las tiene de perder.
Ibarra le otorga al Senado, una de las instituciones más desprestigiadas y vergonzantes de la Argentina, una importancia que no supera entre los porteños la que atesora la buena gestión municipal. Ibarra privilegió una elección que sólo importa a la clase política, al hartazgo que la gente acuña con sus mandantes. Sus oraciones pronunciadas ayer en el congreso del Frente Grande porteño –donde asumió como presidente–, “No debemos caer en la tentación de ver adversarios donde no los hay. Tenemos que tener la inteligencia de ver más allá del 14 de octubre”, se antoja contradictoria con la audacia de su jugada electoral.
Si gana la Alianza, el jefe de Gobierno habrá obtenido un Senador, no habrá reafirmado su condición privilegiada en el distrito ya que nadie pone en duda eso, y deberá atender, de igual manera, al fenómeno emergente del ARI en la ciudad autónoma. Si pierde, revivirá algo muy parecido a la sensación de empezar de nuevo, con menos tiempo y más desgaste. Más lejos quedará su sueño de ser reelecto en 2003. Todo puede ocurrir.
Para Terragno, en cambio, todas serán brevas maduras en caso de que el 14 de octubre reitere su victoria de hace 15 días. El ex jefe de Gabinete estará en condiciones de reflotar su añejo sueño –incomprendido por muchos hasta no hace tanto– de tentar la suerte en la presidencial 2003.

Partos en el ARI

La faena del cierre de la lista porteña de diputados trajo más que una amargura dentro del ARI y una ganancia que despunta pírrica para el Socialismo Democrático, principal bastión de la estructura a la que da vida Elisa Carrió. La dura presión que metió el PSD a la diputada chaqueña dejó fuera de la nómina a Liliana Chiernajowsky. Apelaron, en su argumentación, a la portación de apellido (virtual) de la vicejefa de Gabinete de la Ciudad: es la mujer de Carlos “Chacho” Alvarez. Para el socialismo democrático, el ex vicepresidente es algo así como el minotauro en el laberinto de sus desdichas recientes.
Chiernajowsky mantiene un diálogo abierto con Carrió. Fue la chaqueña quien en dos oportunidades le ofreció la candidatura a diputada y peleó ayer, hasta el límite, para incorporarla a la lista. La pretoriana cerrazón de los socialistas no hizo posible el deseo de Lilita, que ya había llegado al extremo la semana pasada, en una batalla similar quemantuvo por la candidatura de Mario Cafiero en la provincia de Buenos Aires: Carrió llegó a amenazarlos con su renuncia al ARI si el peronista no ingresaba a la lista. Sólo entonces, los socialistas dieron el brazo a torcer.
Carrió se siente una deuda con el PSD; cuando ella estaba “sola y a los gritos” en el Congreso, ese partido la acogió, se separó del bloque de la Alianza y prestó su estructura para formar el ARI.
El favor envalentonó al PSD al punto tal de colocar primero en las listas de diputados de varios distritos a sus hombres. Los socialistas se sintieron con autoridad suficiente para repartir bolillas negras helter skelter. De ello sabe la frepasista Graciela Ocaña, mano derecha de Lilita en la comisión antilavado y una de sus principales investigadoras. Ocaña sufrió amargamente cuando sus compañeros fueros excluidos de la lista bonaerense por su condición de ser: frepasistas “de pasado peronista”.
La impugnación a Chiernajowsky congeló un movimiento en ciernes no menor. El diputado José Vitar, segundo referente del Frepaso en el Congreso (detrás de Darío Alessandro) estaba a punto de cruzar el Rubicón. Traía la misión de motorizar el ARI en Tucumán, su distrito, bajo el doble patrocinio de Carrió y de su jefe político, Chacho Alvarez, quien esta semana mantuvo varias conversaciones con la diputada. Sin Liliana en la lista, los frepasistas quedaron con un pie en el aire.
Este entramado obligará a Carrió, que no es candidata, a cargar sobre su espalda la campaña de al menos tres distritos: Capital, provincia de Buenos Aires y el suyo, el Chaco. El ARI logró el mérito no menor de presentar candidatos en casi todos los distritos del país.

Sapofagia

“Scioli va a crecer. No hay que perderlo de vista”, sugirió a Página/12 uno de los pocos funcionarios-amigos de Fernando de la Rúa. “Acá hay una lista de la Alianza y una lista de Acción por la República y esas son las alternativas”, dijo ayer el jefe de Gabinete, Chrystian Colombo. Fue así que, ayudado por la derrota del Presidente en la interna de la UCR porteña, como Daniel Scioli, aliado al partido de Domingo Cavallo en el distrito, se convirtió en el candidato del Gobierno.
El potaje se llama Frente Unión por Buenos Aires y son dosis equilibradas del más puro menemismo con el más oportuno cavallismo. Si usted, que está leyendo estas líneas, es un delarruista convencido, puede votar entonces a un menemista. Es una opción, a la letra de Colombo.


 

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