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LA CIENAGA DEL ANTISEMITISMO Y LA MENTIRA
Ser judío

Horacio Verbitsky fue descalificado por María Hebe Pastor de Bonafini por su crítica a quienes celebraron los atentados del 11 de setiembre, vieron a las víctimas como “figuras que caen”, exaltaron a una teocracia premoderna como supuesta vanguardia de la lucha de clases en el siglo XXI y a Osama Bin Laden como un líder revolucionario. En un reportaje afirmó que Verbitsky es judío y sirviente de los Estados Unidos, a sueldo de la Fundación Ford. Luego declaró (e hizo declarar a la vicepresidenta de su grupo) que no lo había dicho, pese a que sus palabras están grabadas. Lo que sigue es la respuesta del columnista de este diario.

Antisemitismo: El fundador del partido socialdemócrata alemán y líder obrero August Bebel lo caracterizó hace más de un siglo como “el socialismo de los imbéciles”.

Por Horacio Verbitsky

Por este único medio agradezco las comunicaciones de solidaridad y apoyo recibidas, de conocidos y desconocidos, de figuras públicas y de colegas, de militantes y de ciudadanos indignados, del país y del exterior. Esta vez las necesitaba, porque lo sucedido corta el aliento. También me disculpo por no aceptar las entrevistas pedidas por distintos medios. Escribí la columna del 11 de octubre a sabiendas de los costos que tendría y adelanté la dificultad de polemizar con una persona más proclive al insulto que al razonamiento. Pero consideré que las fuerzas y personas progresistas debían abrir un debate político imprescindible. No aceptaré ahora rebajarlo a gresca personal y no quiero decir nada que no haya meditado antes con cuidado y que no pueda expresar con respeto y serenidad.

Una de tres

El festejo por los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, la descripción de sus víctimas como” figuras que caen”, la exaltación de una teocracia premoderna como supuesta vanguardia de la lucha de clases en el siglo XXI y de Osama Bin Laden como un líder revolucionario, son disparates insostenibles. No tengo nada que agregar a lo que ya escribí sobre ellos. Pero sí deseo decir algo acerca del exabrupto antisemita utilizado como instrumento descalificador, en ausencia de cualquier razonamiento, por María Hebe Pastor de Bonafini en el reportaje a la revista 3puntos de esta semana. Para quienes no lo hayan leído: dice que “Verbitsky es un sirviente de Estados Unidos. Recibe un sueldo de la Fundación Ford y, además de ser judío, es totalmente pronorteamericano” .
Sólo una de esas afirmaciones es verdadera.
Mis únicos ingresos provienen de mi sueldo en este diario y de los derechos de autor por la venta de mis muchos libros. Hace quince años dediqué uno de ellos a la señora Pastor de Bonafini y a otras figuras del movimiento por los derechos humanos que ella en una época integró. “Por obstinados”, dice la dedicatoria. Nunca he recibido ni una lapicera de la Fundación Ford, que desde los años negros de la dictadura, cuando tantas puertas se cerraban a los perseguidos, sí financia algunos programas del Centro de Estudios Legales y Sociales. Por ello sólo le debemos gratitud, no acatamiento a directivas o vetos que nunca fijó y que no aceptaríamos.
El CELS es un organismo ejemplar, que se ha destacado en la lucha por la memoria y contra la impunidad del terrorismo de Estado, en la que ha conseguido la declaración judicial de nulidad de las leyes de punto final y de obediencia debida. También actúa en contra de la violencia institucional que se ejerce, por ejemplo, en cárceles y comisarías de la provincia de Buenos Aires. Su programa en defensa de los derechos económicos, sociales y culturales agredidos por la política de ajuste lo ha llevado a integrar el Frente Nacional contra la Pobreza (junto con las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, el Servicio de Paz y Justicia, los Familiares de Detenidos Desaparecidos, la Asamblea y el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos). Además asesora acerca de los recursos jurídicos internos e internacionales a todos quienes luchan contra las rebajas de salarios y jubilaciones o son perseguidos por su participación en protestas sociales. Fue elegido para elaborar el Contrainforme de las organizaciones no gubernamentales ante el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas, que refuta la rosada versión oficial. Mi desempeño como presidente del CELS es una actividad militante, no rentada. No sólo no cobro. Por el contrario, aporto.

De Fukuyama a Sharon

Lo único cierto es que soy judío. La señora Pastor de Bonafini parece creer que eso explica alguna conducta u opinión. Si piensa que todos quienes rechazan lo sucedido el 11 de setiembre son judíos, debe sentirse muy sola.
La Nación reprodujo la columna de Andrés Oppenheimer para el Miami Herald que consigna mi oposición a los bombardeos estadounidenses sobre Afganistán, compartida por el 75 por ciento de los argentinos según la encuesta de Gallup. No lo dije sólo aquí; también en Estados Unidos, donde esa no es una posición muy apreciada. El jueves, transmití a la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Mary Robinson, el apoyo del CELS a su solicitud de alto el fuego, de modo de permitir la ayuda humanitaria antes del invierno afgano. También le comuniqué la posición que hicimos pública el 14 de setiembre, la primera de un organismo argentino de derechos humanos, de repudio a los atentados pero también de advertencia contra cualquier represalia estadounidense, falta de respeto a las normas del derecho internacional y políticas de seguridad que debiliten el estado de derecho, impliquen la persecución o el trato discriminatorio hacia grupos nacionales o religiosos o restrinjan los derechos humanos. Los lectores de estas páginas saben muy bien que he informado antes y con más detalle y persistencia que cualquier otro periodista sobre las presiones del Comando Sur del Ejército de los Estados Unidos para involucrar a la Argentina en el Plan Colombia, acerca de la propuesta para instalar una base misilística de los Estados Unidos en nuestro territorio, de los ejercicios que con el pretexto de las misiones internacionales de paz implicaron preparativos para la represión a los piqueteros, y de la intromisión castrense en cuestiones de seguridad interior que las leyes prohíben. La conclusión es que la señora Pastor de Bonafini me llama sirviente de Estados Unidos sólo porque no comparto su alegría por los atentados del 11 de setiembre y, sobre todo, porque me atreví a decirlo, en estas páginas y en televisión. Disimular en atención a los méritos de ayer la gravedad de semejante alineamiento hoy, sería coincidir con Fukuyama en que la historia terminó.
En abril de 1986 durante un homenaje al alzamiento del ghetto de Varsovia conté la impresión que me causó el libro “Ser Judío”. Su autor, León Rozitchner, planteaba el compromiso con la causa de los perseguidos, de los reprimidos, de los oprimidos, de los débiles, como consecuencia del ser judío. Me siento representado por esas palabras de Rozitchner. Muchas de las cosas que he hecho en mi vida recogen esa marca. Porque si participé de la vida política de mi país y me comprometí las veces que lo hice y en las causas en que me comprometí fue, entre otras razones, por ser judío. Por lo mismo he acompañado muchas veces en sus justos reclamos al representante de la Autoridad Palestina en Buenos Aires y, durante un homenaje a mi padre al que me invitó la AMIA, me he referido a Ariel Sharon como el Carnicero de Sabra y Shatila.

Un banquero y un general

Todo esto ha sido público, de modo que no hay lugar a confusión posible. Tan bien lo sabe la señora Pastor de Bonafini que no me llama israelí, sino judío, en un contexto inequívoco de insultos. Esto es puro y duro antisemitismo. No se trata de algo excepcional en la sociedad argentina, ni en mi propia experiencia. El escribano Raúl Juan Pedro Moneta me atribuyó sus desdichas: lo habría perseguido por su fervor mariano, junto con otros periodistas judíos. En abril de este año, el jefe del Ejército, Ricardo Brinzoni, envió a su abogado de confianza al CELS, con centenares de acciones de hábeas data. Mientras buscábamos los antecedentes de esos oficiales reparamos en los del abogado que los representaba: era el segundo jefe y apoderado nacional del partido neonazi Nuevo Triunfo. Moneta es un banquero bajo investigación judicial y parlamentaria, por vaciamiento de empresas y lavado de dinero. Brinzoni es un ex funcionario político de la dictadura, al que denunciamos ante la justicia por su participación en una de las peores masacres de aquellos años, la de Margarita Belén. Cuando sus manifestaciones antisemitas produjeron reacciones críticas, ambos se disculparon. Moneta llegó a decir que tenía amigos judíos y Brinzoni pidió perdón” a la DAIA. Brinzoni dijo que había sido sorprendido en su buena fe, pero no explicó de qué modo llegó a designar a semejante abogado de confianza ni sancionó a los responsables, que siguen siendo sus colaboradores.
Hay cierta coherencia en Moneta y Brinzoni. En todo caso, a nadie puede sorprenderle el antisemitismo de un banquero y de un general argentinos, porque forman parte de los sectores responsables de la masacre que ensangrentó al país hace un cuarto de siglo. Pero al menos, ninguno de ellos se postula como socialista o revolucionario. En cambio, la señora Pastor de Bonafini se considera la suprema encarnación de ambos atributos y desde ese pedestal descalifica a quien ose disentir con cualquiera de sus afirmaciones. Por eso, es más grave su verborrea antisemita que la de un banquero o un general.

La pequeña burguesía

A fines del siglo XIX la pequeña burguesía alemana y sus expresiones radicales de izquierda desarrollaron un discurso de creciente antisemitismo. En el partido socialdemócrata alemán, vinculado con la Asociación Internacional de Trabajadores (la Primera Internacional fundada por Karl Marx en Londres), hubo quienes consintieron esa floración perversa. La veían como una puerta lateral de acceso al anticapitalismo. La clase obrera comenzaría por dispararles a los judíos y cuando levantara la mira descubriría detrás a la burguesía. El fundador del partido socialdemócrata alemán y líder obrero August Bebel objetó la condescendencia con el antisemitismo y lo caracterizó como “el socialismo de los imbéciles”, porque desviaba la atención popular de los enemigos de clase, era políticamente erróneo y moralmente reprobable. Lenin desterró esas tendencias del movimiento comunista internacional, pero a su muerte Stalin las elevó a política de Estado. En la Argentina el antisemitismo fue la norma durante la gestión de Isabel Perón y José López Rega y bajo la dictadura. El Turco Julián, que está detenido bajo proceso a raíz de la nulidad de la ley de obediencia debida, pasaba discursos de Hitler y marchas nazis a los prisioneros. Adolfo Pérez Esquivel (quien el jueves declaró que “no puedo aceptar lo que dice Hebe de Bonafini. Desde ningún punto de vista se puede justificar un atentado o el terrorismo”) vio una cruz esvástica en una dependencia policial donde estuvo secuestrado. En todos los campos de concentración hubo un ensañamiento especial con los judíos, fueran o no militantes. En el lugar de detención de Jacobo Timerman un adolescente era obligado a caminar en cuatro patas, dormir sobre un felpudo mugriento, comer del piso sin usar las manos, ladrar, y repetir “soy un perro judío”. A una señora judía la obligaban a arrastrarse golpeando una lata y diciendo: “Facturo la mitad en blanco y la mitad en negro”. En mayo de 1933 los nazis quemaron en una plaza de Berlín libros de autores antifascistas. Esa plaza se llama hoy August Bebel, en homenaje a aquel tornero alemán que murió antes del acceso del nazismo al poder. Todo esto constituye, desde luego, el tipo de “intelectualizaciones” que la señora Pastor de Bonafini desprecia porque, como dice en el mismo reportaje, ella habla “desde la cocina” .

Desdén por la verdad

Un comunicado del grupo que preside desmintió que hubiera pronunciado las palabras transcriptas por 3puntos y las atribuyó a una manipulación malintencionada de la revista. “Quienes se prestan a la burda maniobra de hacernos aparecer como antisemitas se están sumando a los derechistas y socialdemócratas que pretenden destruir nuestros proyectos”, dice. Según ese texto, firmado por ella y por la vicepresidenta Mercedes Meroño, “criticamos a Horacio Verbitsky por ser agente norteamericano, no por ser judío. La revista 3puntos, desde la misma tapa, falsifica nuestra declaración y publica algo que no hemos dicho”. Lejos de ello, “las madres nos sentimos orgullosas de que nos digan judías”, agrega.
Al conocer la existencia de esta declaración pedí a la revista una copia de la cinta grabada del reportaje. Se escucha con nitidez y sin interferencias. La audición no deja dudas respecto de quién habla y qué dice. La transcripción de la revista fue de una fidelidad absoluta, y cualquiera que tenga alguna duda puede escucharla. Una copia está a disposición de Mercedes Meroño, quien según informa la revista Trespuntos no estuvo presente durante la grabación. Es decir que la señora Pastor de Bonafini indujo a la propia vicepresidenta de su grupo a firmar una declaración cuya falsedad puede ser demostrada en forma irrefutable.
Cualquier idea puede ser expuesta, defender conceptualmente el terrorismo no equivale a ser terrorista, hasta los insultos pueden disculparse en el calor de un debate. Pero el recurso al antisemitismo, el engaño a sus propias compañeras y la falta de respeto por la verdad son pasos que internan a la señora Pastor de Bonafini enotra dimensión. ¿Qué valor tiene cualquier cosa que diga alguien que falta en forma deliberada a la verdad? “Me quieren destruir”, clama, con turbación. No ha sido ese mi propósito. Mi única culpa es haber prestado atención a sus palabras, haberlas extraído del círculo cerrado en que se pronunciaron y exponerlas a la luz para que todos puedan oírlas. No la he elegido como enemigo ni me alegra este debate ineludible.

 

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