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“Para poder tocar folklore
tuve que empezar de cero”

El bajista Willy González, que hoy presenta en vivo los temas de su disco solista “Tupa”, cuenta cómo fue su viaje desde el imaginario del jazz en que se formó al folklore, que escuchaba pero no podía tocar. 

“Estaba tocando una música ajena”, evalúa González sobre el jazz.
En su recital de este noche participa, como invitada, Liliana Herrero.

Por Karina Micheletto

Dentro de la música hay un cliché que asegura que el jazz es el género de los virtuosos: quien logra tocarlo bien, estará en condiciones de encarar cualquier desafío musical. La experiencia del bajista y compositor Willy González bien puede ser la prueba de lo errado de esta creencia que aún hoy opera fuertemente en muchas escuelas y conservatorios. Iniciado a los 11 años en el jazz, González integró junto a Juan “Pollo” Raffo el grupo de fusión Monos con Navajas, con el que llegó a obtener un premio Konex y tocar junto a Joe Zawinul, Scott Henderson y Frank Gambale. Después de dieciséis años de jazz, el bajista comenzó a explorar la música latinoamericana siguiendo el dictado de una necesidad personal de crecimiento y autenticidad. Para lograrlo, dice, tuvo que aprender todo de nuevo. Y abrir el folklore a un instrumento no tradicional como el bajo de seis cuerdas. La búsqueda se plasmó en actuaciones junto a Raúl Carnota, Rodolfo Sánchez, Mercedes Sosa, Lito Vitale, Liliana Herrero y Chango Spasiuk, entre otros, y en sus discos solistas Zamba para la compañera, Pergamino y, recientemente, Willy González Tupa.
Tupa (reunión, en quechua) alude a la participación creativa de todos los músicos en el proyecto (Mario Gusso en batería y percusión, Juan D’Argenton en piano y bandoneón, Pepe Luna en guitarra y charango y Fernando Barragán en aerófonos y percusión), y a la unión de la música con elementos del cine y la fotografía. La mayoría de los temas del disco, esencialmente instrumental, son de autoría de González. Hay un par de clásicos como El hornerito y Chacarera de un triste, a los que se suman las coplas de la cantante Laura Peralta. También una musicalización del famoso poema que Julio Cortázar le hizo al Che, Hermano Guevara. Editado por el sello independiente PAI y auspiciado por la Dirección de Música de la Ciudad de Buenos Aires, el disco será presentado hoy a las 20 en el Teatro Alvear, con una entrada popular de dos pesos. La madrina del proyecto es la cantante Liliana Herrero, quien los acompañará junto al guitarrista Diego Rolón. La actuación se repetirá el domingo 18 de noviembre a las 19 en el Anfiteatro del Parque Centenario. 
–¿Por qué decidió comenzar a tocar folklore siendo músico de jazz?
–Cuando empecé a estudiar, los músicos que iba conociendo tocaban jazz y rock, y fue eso lo que aprendí a hacer. Pero en mi casa era otra cosa, mi padre escuchaba mucha música de Buenos Aires y mi madre, folklore, y eso siempre estuvo latente. Empecé haciendo algo de rock sinfónico y seguí con el jazz, formé Monos con Navaja y La Banda Latina. Tuve la suerte de compartir escenario con tipos como Scott Henderson o Joe Zawinul, y ahí me di cuenta de que para poder sonar tan bien como ellos tenía que hacer mi propia música. Ellos sonaban así porque respiraban así, tenían una autenticidad diferente; yo estaba haciendo una maqueta de una historia que me era ajena. En el mejor momento de Monos con Navaja decidimos disolverlo, sencillamente porque no estábamos convencidos de la música que tocábamos. Fue doloroso, pero necesario porque ya no lo sentía. Me costó mucho sacarme de encima la influencia de Jaco Pastorius, que me partió el cerebro a los 13 años, para empezar a aprender de Atahualpa Yupanqui. Ahí me empecé a vincular con gente como Hugo Díaz, Chango Spasiuk y Raúl Carnota, que me enseñó de cero lo que es un gato o una zamba. 
-¿Qué fue lo que tuvo que aprender “de cero”?
–Casi todo. Yo estaba buscando un lenguaje que expresara lo que soy. Para eso, tuve que dejar la mochila del conocimiento que traía y empezarcon otra. Hacer borrón y cuenta nueva, cambiar de estilo, de público, de formas. Y asumir con humildad que de verdad es de cero: yo soy argentino, recorrí el país, escuché y estudié mucha música en mi vida, pero cuando quise tocar una chacarera tuve que aprender a hacerlo como cualquier otro. Dar un paso así significa cambiar de lenguaje, y no es facil. Hay muchos grupos de fusión que no lo entienden, quieren hacer aires de folklore y terminan sonando horrible. 

 

 

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