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Tiempo muerto
Por Rodrigo Fresán

UNO El otro día vi en un noticiero al secretario de Defensa Donald Rumsfeld gritándoles a los noticieros. Los acusaba de que toda la culpa era de ellos, que no dejaban de pedir nuevas noticias desde el 11 de septiembre y que –todavía alucinados por ese inicio de las hostilidades– cuando no había nada salvo tiempo muerto se ponían a llorar pidiendo más y exigiendo que la guerra sea algo más vistoso y efectista y que, sí, por favor, rapidito ganen los norteamericanos. “¡Ustedes quieran que pasen cosas todo el tiempo!”, se indignaba el súbitamente existencialista Rumsfeld mientras CNN se quejaba de tener que comprar caro los servicios de Al Yazira News y Bush & Blair anunciaban la puesta en marcha de una agencia noticiosa gubernamental para ganar la guerra informativa (que van perdiendo) desde la que se “generarán” (verbo extraño cuando de informar se trata) noticias las 24 horas del día. Buenas noticias, claro, y no como esa revista subversiva y antipatriótica, The New Yorker, que dice que nos dieron una buena a la entrada de unas cuevas. Desmentir. La única buena noticia es la mala noticia muerta.

DOS La guerra va a ser larga y los noticieros se alargan y –mientras buena parte de mis canales favoritos han vuelto a la normalidad– Fox News ha optado por informar 24 horas sobre “War on Terror”. Claro que no siempre hay algo para decir. Tiempo muerto que emplean en hipótesis sobre qué ocurría, por ejemplo, si bombardearan el edificio del Congreso con todos los representantes adentro o si se escoge la mascarada de Halloween como ocasión perfecta para lanzar una guerra bacteriológica con caramelos infantiles o volar el puente con maratonistas de N.Y. Periodismo de anticipación. Sí, esa horrible conductora ex cheerleader de boca torcida diciendo bestialidades, ese tipo que pone cada rara cada vez que tiene que decir un nombre musulmán como si se tratara de un puñado de letras amargas y “entonces invitan al set a viejos generales retirados. Alguna momia de Vietnam, un raro fósil de Corea”. “Demasiada política y pocas bombas”, sonríen sus medallas arrugadas, y esa especie de Barbie infernal asiente satisfecha y beautiful y América.

TRES ¿Es el sueño tiempo muerto? Ayer soñé que yo era el vicepresidente Dick Cheney y me volvían a despertar para llevarme al bunker de máxima seguridad. Me hacían recorrer pasillos de hormigón con puertas blindadas, un largo paseo y, cuando llegábamos, ya era hora de volver a la superficie y, una vez en mi casa, en mi cama, ya era hora de volver al bunker. Idas y vueltas. Así todo el tiempo, tiempo muerto. A Kafka le hubiera encantado.

CUATRO Insomne, me pongo a pensar en películas que nadie se atreverá a filmar pero que serían un éxito: Clooney y sus amigos disfrazándose de bomberos para llevarse el oro enterrado en el World Trade Center; Hanks colándose en Ground Zero, escondiéndose bajo unos cascotes para que lo encuentren y hacerse famoso como único sobreviviente... Para volver a dormirse lo mejor no es contar ovejas. Lo mejor es contar películas mientras ahí afuera, en los noticieros del mundo, lanzan bombas “en alfombra” y barren la información debajo de la alfombra.

CINCO El domingo pasado mientras se jugaba el Real Madrid-Barcelona (otra forma de guerra), la chanteuse islandesa Björk hizo lo suyo por aquí en el teatro Liceo luego de escenas de histeria y adoración a la hora de conseguir entradas. Me dicen que corrió mucho por el escenario lanzando grititos y poniendo cara de duendecillo travieso. Consejo para Bush: meter a Björk en la cueva de Osama. Dejarla un ratito ahí y vas a ver cómo salen todos corriendo y con los brazos en alto.

SEIS Desde el 11 de septiembre que arrastro una tos y una gripe a la que no puedo ganarles. ¿Tos del World Trade Center? Si, como dicen, todos somos neoyorquinos, entonces todos tenemos tos. En cualquier caso: la gripe y la tos es la enfermedad del tiempo muerto: siempre lo mismo, pocas novedades, nada de “interrumpimos este programa para”. Bombardeo en alfombra y en racimo y en glóbulo con homeopatía. Se supone que voy ganando pero busco la información sobre lo que estoy tomando en un manual de homeopatía. Inquietud: mi remedio, dice, es “ideal para la paranoia y la blenorragia”. Un amigo desde Buenos Aires me informa que lo que estoy tomando “aparece como lo recomendado para la blenorragia y los brotes psicóticos”. Versiones contradictorias, estrategias extrañas. Tal vez, sí, yo esté haciendo las cosas mal, tal vez haya que hacer las cosas de un modo diferente a partir de ahora. Tal vez yo no sea el único y tal vez llegue el día en que extrañemos todo este tiempo muerto –Rumsfeld y periodistas incluidos– porque lo único que se conseguirá entonces será tiempo de morirse.

 

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